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“Nos sentíamos mareados después de tanto matar…”

Tiputini YasuniBethany Horne

Una masacre, una niña raptada dos veces y un gran yacimiento petrolero son todos parte del desastroso drama que estremece al Ecuador.

Nada más aterrizar dos helicópteros de tipo militar en un poblado remoto de las selvas de Ecuador, varios enmascarados armados saltan de ellos e irrumpen en un colegio conformado por un solo habitáculo. Allí capturan a su objetivo: una niña de seis años que no habla su idioma y ni siquiera sospecha por qué la están secuestrando. Conta, la aterrorizada niña, es introducida en uno de los helicópteros que despega inmediatamente. En el vientre de lo que ella siempre ha visto como un demonio rugiente que atraviesa el cielo, vuela hasta una ciudad cercana. Una vez allí, los hombres armados la llevan a un hospital, que para la niña es un caldo de cultivo 1 de gérmenes contra los que no posee defensas, ya que nunca ha estado antes en una ciudad.

Es la segunda vez en siete meses que esta niña, criada en una tribu que aún no usa herramientas de metal, ha sido arrancada violentamente de su vida cotidiana y arrojada a un mundo nuevo y aterrador.

Conta forma parte de una tribu pequeña y poco conocida llamada ‘taromenane’. Ella y su hermana menor Daboka son las únicas sobrevivientes que se conocen de un grupo familiar perteneciente a un pueblo indígena no contactado – tribus que no comercian ni se relacionan con forasteros y rechazan ferozmente cualquier intento de contacto exterior – que vivía en la selva del Parque Nacional Yasuní. Según los expertos, en el Ecuador hay unos 200 pueblos no contactados, pero se sabe muy poco sobre su ubicación y sus costumbres.

Las tribus no contactadas de Ecuador constituyen un caso excepcional incluso si se comparan con otros pueblos aislados de la Amazonia brasileña o peruana: viven en una zona de selva relativamente inhóspita, sin grandes ríos que faciliten la caza, la pesca y la recolección de alimentos. Nunca fueron numerosos desde los tiempos de la conquista española, así que los 200 pueblos que aproximadamente sobreviven hoy no son restos de una gran tribu, sino que han conservado su bajo nivel de población durante siglos sobreponiéndose a plagas y a guerras que han amenazado su existencia. Hay lingüistas que aseguran que su grupo lingüístico carece de relación con ningún otro, así que la falta de contacto con el exterior no responde a una política reciente. No llevan ropa, son seminómadas y no han desarrollado muchas herramientas. No obstante, como por arte de magia, comparten el planeta con seres que envían y reciben información a través del espacio, o mediante cables interoceánicos, para recibir las últimas fotos de gatitos y compartir vídeos virales.

El pasado mes de Marzo, el grupo familiar de Conta, unas 20 personas en total, fue masacrado por guerreros de una tribu vecina – los huaorani – y Conta y Daboka fueron tomadas como rehenes por los mismos que asesinaron a su familia.

Los pormenores de aquel horrible ataque se difundieron por todo Ecuador a primeros de Abril, pero transcurrieron ocho meses antes de que el gobierno los reconociera. Durante este tiempo, el gobierno ocultó la historia por activa y por pasiva, evitando mencionarla. Los comunicados oficiales ponían en duda la realidad de la masacre y hasta la propia existencia de los taromenane. El presidente Rafael Correa restó importancia a los acontecimientos de aquel sangriento día de Marzo mostrándolos como un simple conflicto tribal, sin mencionar que casi ocasionaron la total extinción de una etnia.

Los guerreros huaorani que habían tomado parte en la masacre hicieron inicialmente alarde de su hazaña en la televisión nacional y vendieron al mejor postor fotos de la matanza sistemática de decenas de taromenane: hombres, mujeres y niños desarmados y desnudos, abatidos con rifles, pistolas y lanzas. Pero cuando la atención que recibían se hizo hostil, callaron, prohibieron el acceso a sus aldeas y amenazaron con lancear a cualquiera que se acercara a su territorio.

Imagen de Yasuni Waorani

Imagen de: Yasuni Waorani

En vez de proceder contra los atacantes, o por lo menos investigar la masacre, el gobierno construyó casas tradicionales de paja para las familias huaorani que secuestraron a Conta y Daboka, supuestamente para que las niñas pudieran vivir en un entorno que les resultara familiar. A una de las familias huaorani se le permitió adoptar legalmente a Daboka.

Entonces llegaron los helicópteros: sin previo aviso, el gobierno arrebató otra vez a las crías y cuatro días después, el 30 de noviembre, Correa defendió la intervención armada en la televisión nacional, diciendo que “no podían dejar que la niña viviera con los asesinos de su familia”, ni que los crímenes de aquellos que mataron a los taromenane y guardaron a las niñas como trofeos de guerra “quedaran impunes”. Seis huaorani fueron detenidos y enfrentan ahora cargos de genocidio.

Miguel Ángel Cabodevilla, sacerdote capuchino español que durante años ejerció labor misionera entre los huaorani, señala que el cambio de actitud de Correa ha empeorado aún más las cosas. El religioso ha criticado ferozmente la forma en que el gobierno ha tratado el conflicto entre los taromenane y los huaorani. Alegando que no hubo una investigación adecuada del incidente y sus causas, ha escrito un libro sobre la masacre, que incluye gran parte de las pruebas que Correa presentó en televisión para justificar el secuestro de Conta.

La masacre tiene enormes implicaciones para el gobierno de Ecuador y todas son negativas, porque el gobierno está obligado legalmente a proteger tanto a los taromenane como a quienes pudieran sufrir daños a manos de ellos. En ambos casos ha fracasado estrepitosamente.

“¡Voy a morir cuando me saquen esta lanza!”

El 5 de Marzo, en un sendero de la aldea de Yarentaro, fueron hallados los cuerpos de dos ancianos huaorani atravesados por lanzas taromenane. El hombre, Ompure, ya había muerto cuando llegaron sus angustiados familiares. Buganey, su esposa, estaba apenas con vida, pues cuatro astas de cinco dedos de grosor le atravesaban el tronco. La agonía de sus últimos momentos fue captada en vídeo por un celular: “Agua, échenme agua en la cabeza”, gritaba: “Aún vivo, pero voy a morir cuando me saquen esta lanza”. Al fondo, puede escucharse llorar y gritar a su hijo: “¡Voy a matarlos! ¡Mataré a todos los taromenane!”.

Algunos huaorani comenzaron a viajar a la ciudad para comprar munición, y el 24 de Marzo una docena de guerreros salieron dispuestos a dar caza al enemigo. Tras siete días de rastreo encontraron una choza taromenane (esta etnia vive en una estructura comunitaria única). Los huaorani rodearon la vivienda y cargaron sus armas.

Cabodevilla cuenta lo que sucedió luego en su libro “Una tragedia olvidada”, basado en testimonios verbales de los cazadores y en las fotografías que vendieron a los medios después de los hechos. “Empezaron a salir de la casa y disparamos…”, dijo uno de los guerreros. “Los matábamos conforme salían, como si fuesen ganado… sangre, mucha sangre, sangre que corría como agua… A uno le di en el estómago; no sé si vivió o murió. Me quedé sin balas… Un taromenane intentó atacar a K. con dos lanzas, pero no lo alcanzó. Ya sabe que la bala es mucho más rápida… Sentíamos vértigo después de matar a tantos”.

Una mujer taromenane se acercó a los cazadores huaorani con sus dos hijas de la mano pidiendo clemencia. Se ofreció como esposa de uno de los asesinos para salvar su vida y la de sus hijas, pero los hombres mataron a la madre frente a ellas y luego se las llevaron.

Al menos 20 taromenane fueron asesinados ese día, entre ellos 14 mujeres y niños. “Fueron muertes horribles, de infinita crueldad, de personas absolutamente inocentes”, dice Cabodevilla. “Fueron muertes viles e increíblemente inútiles”.

Seis meses después, cuando Cabodevilla estaba a punto de publicar su libro sobre la masacre, alguien solicitó una orden judicial desde la Fiscalía del Estado alegando que contenía fotos no censuradas de las niñas secuestradas (lo que no era cierto), y un juez prohibió el libro el 25 de Septiembre, 15 minutos antes de salir a la venta.

Parece que el tribunal no captó lo irónico que resultaba censurar un libro titulado “Una tragedia olvidada”, pero muchos ecuatorianos sí. La indignación estalló en los medios de comunicación. Las versiones digitales del libro se hicieron virales y estuvieron disponibles para su descarga minutos después de anunciarse la prohibición. A las 7 de la mañana siguiente algunos altos ministros de Correa tuitearon su oposición a la prohibición y a las 9 el juez había rescindido su orden.

A pesar de su corta existencia, la prohibición del libro indignó al país porque confirmaba las sospechas de muchos: el gobierno estaba avergonzado por la masacre. No quería que se hablara de ella y mucho menos que se investigara, porque detrás de esa horrible matanza hay una verdad incómoda que puede derribar el gobierno de Correa.

Ecuador se secuestra a sí mismo para pedir un rescate

La tierra es la causa del antiguo conflicto entre taromenane y huaorani. Desde el primer boom petrolero de las décadas de 1960 y 1970 y la integración inicial de la tribu huaorani en la sociedad ecuatoriana, el tamaño de su población se ha disparado en la Amazonia. Hoy existen más de 2000 huaorani, y tal explosión demográfica ha empujado poco a poco a los taromenane al interior de la selva. Las petroleras como Repsol, a las que los huaorani permiten entrar en su territorio, también presionan en este sentido. Según la confederación indígena de Ecuador, muchos de los conflictos entre huaorani y taromenane se deben a la llegada de las petroleras. Al ser la última etnia que practica la caza y recolección de alimentos como medio de subsistencia, los taromenane son los más vulnerables a los grandes cambios en el uso del suelo selvático, y cuando se sienten presionados recurren a la violencia, matando con sus lanzas a trabajadores del petróleo, madereros, huaorani, misioneros y demás ‘cowori’ o forasteros, igual que han venido haciendo desde el principio de la colonización del Amazonas.

Esto constituye evidentemente un problema, pero los taromenane no tendrían por qué pelear para proteger sus tierras o su espléndido aislamiento. La Constitución ecuatoriana establece que sus tierras son “irreductibles e intangibles”, que el Estado garantiza su retiro voluntario del mundo, y que cualquier actividad extractiva en tierras de pueblos no contactados habrá de considerarse etnocidio.

Pese a esa protección constitucional, pocos meses después de la masacre huaorani la Asamblea Nacional votó a favor de permitir la extracción de petróleo en Yasuní­ITT, una extensión de 200.000 hectáreas que se solapa con esa “zona intangible” que la ley reserva para los pueblos no contactados. A fin de autorizar el proyecto de perforación, dicho cuerpo legislativo tuvo que hacer una reinterpretación ‘creativa’ de la Constitución, y con ello desencadenó una oposición pública masiva.

El sector Yasuní­ITT del Parque Nacional Yasuní siempre fue una zona muy politizada. Desde 2007, con la elección de Correa y su gobierno “socialista del siglo XXI”, el Estado ha gastado más de un millón de dólares para promover la Iniciativa Yasuní­ITT: un plan para que gobiernos y empresas extranjeras inviertan dinero para suplir la explotación de ITT. La Iniciativa publicitaba la región como “el lugar de mayor biodiversidad en la tierra” y como el hogar de miles de especies en peligro de extinción, así como de pueblos no contactados. La audaz oferta que hacía al mundo era ésta: si el fondo ITT reunía 3000 millones de dólares durante ese año –la mitad del valor estimado de los 845 millones de barriles de crudo del yacimiento Yasuní­ITT– Ecuador se abstendría de perforar.

La prensa internacional ridiculizó la Iniciativa ITT calificándola de chantaje, por el que Ecuador se hacía rehén de sí mismo para obtener un rescate. Sin embargo, los ecuatorianos creían que salvar el Yasuní demostraría que es posible crear un mundo nuevo, y que los contaminadores primermundistas podían redimir sus pecados evitando mayores daños al planeta. En suma, la Iniciativa ITT daría una imagen de los ecuatorianos como conciencia moral, verde y anticapitalista de la tierra.

Imagen de: patrikalex

Imagen de: patrikalex

Alberto Acosta, economista y antiguo miembro del círculo interno de Correa que ayudó a crear la iniciativa, dice que la propuesta suponía un llamamiento a la comunidad internacional como forma de impedir las emisiones que producen el efecto invernadero. Pero también respondía a un problema ambiental local del Amazonas, donde cuatro décadas de extracción de crudo en la prolífica provincia de Sucumbíos habían dejado una tasa de pobreza del 85 por ciento, una incidencia de cáncer de 31 por ciento y una demanda judicial –presentada hace 20 años– contra Chevron, por una contaminación tan devastadora que aún no ha podido resolverse.

El verano pasado, concluido el plazo para la iniciativa, Correa anunciaba que “el mundo nos ha fallado”. En agosto solicitó y obtuvo la aprobación de la Asamblea Nacional para la perforación de Yasuní­ITT.

“Si Yasuní­ITT era el buque insignia de este gobierno y ha fracasado, entonces este gobierno ha fracasado”, declaró Acosta en octubre ante el abarrotado auditorio de la Universidad Central de Quito.

Aunque Correa había pasado de decir “¡Salvemos a Yasuní y los taromenane!” a “¡Perfora, nena, perfora!” en cuestión de semanas, la mayoría de los ecuatorianos no estaban dispuestos a dar este salto. Hubo marchas de protesta que bloquearon las vías principales; las mujeres del Amazonas marcharon durante cinco días desde la selva hasta Quito para presentar sus quejas ante la Asamblea Nacional. El fin de la iniciativa Yasuní­ITT precipitó las protestas más organizadas y elocuentes que Correa había enfrentado hasta entonces.

Diabluma, un grupo activista de la izquierda radical que había apoyado a Correa, es uno de los que no están dispuestos a renunciar al sueño. En su cuartel general frente a la sede de la Asamblea Nacional, sus integrantes planean cómo romper dignamente con sus antiguos aliados del gobierno. “Estoy abatido”, dice su líder Felipe Ogaz. “Tuvimos una oportunidad real de emprenderla contra los ricos, y ahora la emprendemos contra los taromenane”.

Para Ogaz, la iniciativa Yasuní­ITT era para Ecuador la esperanza de acabar con su dependencia económica del petróleo y encontrar una fórmula alternativa y sustentable para su desarrollo. Rota esta esperanza, la reforma radical de Correa se ha vuelto una mentira.

“En este país los ricos se están haciendo más ricos que nunca”, acusa. “¿Por qué no les pedimos que ellos pongan el dinero, en vez de seguir presionando a los pueblos más vulnerables?”.

Un grupo llamado Yasunidos está recogiendo firmas para exigir un referéndum nacional vinculante sobre la perforación del Yasuní. Para ello, tendrán que conseguir el apoyo del 5 por ciento del electorado: un total de 600.000 firmas. Yasunidos calcula que puede obtener 4.500 firmas diarias de todo el país y de los ecuatorianos residentes en el extranjero, y confía en alcanzar su objetivo en la fecha límite de enero. Sin embargo, aún si logra esa colosal proeza, tanto los tribunales constitucionales como el consejo nacional electoral podrían sembrar de obstáculos su camino para evitar la votación sobre el tema, y aún cuando logre incluirlo en la papeleta electoral, tendrá que derrotar a la enorme máquina propagandista del Estado para ganar en las urnas.

Un exterminio increíblemente sistemático

Imagen de: patrikalex

Imagen de: patrikalex

La salvación del Yasuní tal vez tenga que venir de fuera del Ecuador, y podría apoyarse en los derechos humanos de los taromenane. La abogada Verónica Potes informa que se ha presentado una demanda legal para que intervenga la Corte Interamericana de Derechos Humanos, porque considera que el gobierno está aprobando la extracción de petróleo en su territorio sin estudiar toda la gama de repercusiones para los pueblos no contactados. Es decir, hay argumentos para una intervención internacional.

“Cuando promovíamos la Iniciativa Yasuní­ITT y éramos la conciencia moral del mundo, la primera razón para mantener el petróleo bajo tierra era el respeto por el aislamiento voluntario de esos pueblos. Pero ahora resulta que ese objetivo se ha descartado, y cuando las tribus dejan de ser convenientes se las hace desaparecer del mapa”, acusa.

Y no hay duda de que lo harán, dicen los expertos, a menos que algo cambie. “Estamos presenciando el fin de unas tribus que han existido durante miles de años”, dice Cabodevilla.

“Han sobrevivido a terribles matanzas, a epidemias, plagas y a un exterminio increíblemente sistemático desde los tiempos de la conquista. Y ahora están siendo exterminados, en nuestra época”.

Un mundo que ella no entiende

Conta no sabe que la selva de donde fue arrebatada por aquellos hombres armados llegados en helicópteros es el grito de guerra de 15 millones de personas en Ecuador; ni sabe que los derechos sobre la tierra y los derechos humanos de su pueblo son la causa de un movimiento masivo para obligar al presidente ecuatoriano a hacer algo que no quiere; y tampoco comprende el impacto de lo que Correa tanto desea de los taromenane: el petróleo crudo que yace bajo sus chozas, un bien que alimenta a un mundo que ella no entiende y que amenaza con devorarla.

La niña que fue secuestrada dos veces en un año se ha convertido, sin querer, en el símbolo de la peor pesadilla de Correa: una oposición sustancial con verdaderos motivos de descontento en su contra. Activistas de derechos humanos, ambientalistas, movimientos estudiantiles y fuerzas políticas de oposición se han unido en defensa de lo que Conta representa: el Yasuní, libre e impoluto, salvaje y protegido.

1. [Habla en realidad de una “placa de Petri”, un instrumento para cultivar gérmenes con propósitos científicos, pero creo que la solución propuesta por el traductor es más clara y acertada, puesto que mantener la expresión original supongo que requeriría una nota explicativa.]


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Revolución Integral

Imagen: Lisa FurnessMichel Bauwens de la Fundación P2P, Neal Gorenflo de Shareable, y el autor John Restakis entrevistan a Enric Duran, de la Cooperativa Integral Catalana

En esta entrevista, Neal Gorenflo, editor de la revista ShareableMichel Bauwens, de la Fundación P2P y John Restakis (experto internacional en cooperativas) hablan con Enric Duran. Duran es un activista anticapitalista catalán conocido por su acción de “desobediencia civil financiera”. El 17 de septiembre del 2008, Duran anunció haber conseguido préstamos bancarios por valor de casi medio millón de Euros y su intención de repartir los fondos entre movimientos sociales anticapitalistas. El objetivo de la acción fue denunciar y crear debate en torno a los privilegios y las ventajas legales de las élites financieras y al carácter depredador e injusto de un sistema capitalista que: “nos está llevando al caos y a crisis humanitarias y ecológicas sin precedentes”.

Como consecuencia, Duran se ganó el apelativo de “Robin de los bancos” y 16 entidades financieras le denunciaron por estafa, enfrentándose a desproporcionadas penas de  prisión. Tras no comparecer al juicio, Duran vive en la clandestinidad pero asegura plantearse regresar a la vida pública si se dan las circunstancias adecuadas. A pesar de la precariedad de su estatus legal, no ha dejado de trabajar incansablemente y desde la distancia en el desarrollo de la Cooperativa Integral Catalana (CIC), una iniciativa “transnacional y en transición para la transformación social desde abajo mediante la autogestión, la autoorganización y el trabajo en red”. Aquí tenemos a Enric Duran hablando de su vida y su trabajo.

INTRODUCCION: ENRIC DURAN Y LA COOPERATIVA INTEGRAL CATALANA

Michel Bauwens: Hablemos de tu evolución personal, desde tus intervenciones activistas a lo “Robin Hood” hasta los planes constructivos de la CIC. Por otra parte, ¿cuáles son tus objetivos actuales?

Enric

Enric Duran

Bueno, de hecho cuando empecé a planear la acción de expropiación ante los bancos (año 2005) ya tenía como objetivo primario promover la creación de una alternativa de sociedad basada en la cooperación y autogestión. Llevaba desde el año 2002 ideando planes de construcción y en el 2003 había empezado un primer intento a través de Infoespai.  Entonces no sabía cómo llamaríamos a esa alternativa de construcción ni qué forma tendría, pero tenía claro que la acción desobediente tenía que servir para acumular fuerzas en todos los sentidos para crear algo, como lo que ahora es la CIC.

En el año 2006 cogimos de referencia el movimiento por el decrecimiento para generar ese proceso de construcción desde abajo y, a finales del 2008, ese proceso de ideación culminó en la concreción del proyecto de lo que sería una cooperativa integral, hasta que la CIC se fundó en mayo del 2010.

Actualmente sigo volcado en el desarrollo de la CIC y en tratar de extender las ideas y prácticas de revolución integral alrededor del mundo.

Neal Gorenflo: A nivel de conciencia, ¿qué cambios has notado como consecuencia de tu célebre acción y toda la atención pública que recibiste? ¿Qué aprendiste y cómo influye eso en lo que haces ahora?

Mi conciencia fue evolucionando, experiencia tras experiencia, desde que en 1998 decidí dedicar mi vida al activismo social. Lo que significó personalmente la repercusión pública de esa acción, lo que supuso a ese nivel, fue sentirme más responsable y asertivo aún de cara a lo que estaba por crear. Seguramente me dio la determinación necesaria para mover todo lo que tenía que mover para que la CIC llegara a ser una realidad.

Aunque nunca he sido una persona temerosa o prudente ante los grandes retos, el éxito de la acción me hizo aún más valiente y decidido ante lo que estaba por llegar.

Cuando empecé a planear la acción de expropiación ante los bancos (año 2005) ya tenía como objetivo primario promover la creación de una alternativa de sociedad basada en la cooperación y autogestión. Tenía claro que la acción desobediente tenía que servir para acumular fuerzas en todos los sentidos para crear algo, como lo que ahora es la CIC.”

MB: ¿Cuál es tu situación legal y qué perspectivas tienes para los próximos años? ¿Qué pasaría con la CIC si te encarcelaran?

Actualmente estoy declarado rebelde por el estado español tras no presentarme al juicio por el que me pedían 8 años de cárcel. Desde febrero del 2013 vivo en la clandestinidad, aunque tengo planes de volver cuando estemos preparados para asumir los riesgos que pueda conllevar. Esta situación no me ha detenido en absoluto para estar implicado en el proceso de la CIC, tanto desde  la coordinación como en diferentes comisiones de trabajo y varios proyectos clave.

Aun así, la CIC ya está totalmente preparada para seguir sin depender de mi tiempo. Existen cerca de dos centenares de personas con una implicación alta en el proceso global de la CIC y, si falta alguna, siempre se puede notar, pero ninguna, ni siquiera yo, somos imprescindibles.

1: CIC EN LA ACTUALIDAD A NIVEL LOCAL Y GLOBAL

MB: Háblanos de las peculiaridades de la CIC en cuanto a modelos de gobernanza y propiedad y, ¿a qué os referís exactamente con “integral”?

En castellano  Integral significa holística, completa, es decir, para todos los ámbitos de la vida, que es el significado que nosotros le damos.

Lo que pretende la CIC es generar una sociedad autogestionada y libre fuera de las leyes y control del estado y de las reglas del mercado capitalista.

En este sentido más que un modelo de sociedad es un modelo de transición, donde progresivamente vamos construyendo prácticas y tomando decisiones que nos van alejando del punto de partida, dentro del sistema, y acercando al mundo que queremos.

El modelo de gobernanza incluye las asambleas generales que tienen dos formas: jornadas asamblearias cada mes, con una asamblea monográfica sobre un tema en el que queremos profundizar para seguir avanzando, y asamblea permanente que funciona con un orden del día abierto, al que cualquier persona puede aportar. Éstas son cada 15 días y una de cada dos se hace en el marco de una jornada asamblearia.

Lo que pretende la CIC es generar una sociedad autogestionada y libre fuera de las leyes y control del estado y de las reglas del mercado capitalista. En este sentido más que un modelo de sociedad es un modelo de transición, donde progresivamente vamos construyendo prácticas y tomando decisiones que nos van alejando del punto de partida, dentro del sistema, y acercando al mundo que queremos. Para nosotros lo que hacemos es activismo, un activismo para la construcción de alternativas al capitalismo.”

Por otra parte, nuestro modelo de gobernanza se basa en la descentralización de toda la organización, tratando de potenciar el empoderamiento de los núcleos locales para que desarrollen su propia autogestión integral, al mismo tiempo que se apoya la autonomía de cada proyecto autónomo (comunidad, proyecto productivo, nodo de salud, etc.) para que se autoorganice en asamblea y sea soberano para lo interno de su proyecto, siempre en el marco de los principios comunes de la CIC.

En cuanto a la propiedad, la colectivización de recursos para generar bienes comunales es una de nuestras líneas de acción. Fomentamos propiedades comunes a toda la CIC que sean gestionadas en base a una asamblea soberana para cada proyecto.

La propiedad privada es entonces una de las formas en las que se puede proteger la propiedad pero no la única. Nosotros promovemos formas de propiedad comunal y propiedad cooperativa, como fórmulas que entendemos que enriquecen la autoorganización y autogestión de los individuos y que nos dan mucha más fuerza para derrocar al estado y al sistema capitalista que si simplemente decimos que defendemos la propiedad privada.  Al mismo tiempo, el tipo de propiedad que defendemos es, en todo caso, relacionada con el uso y, por tanto, estamos en contra de la existencia de multipropietarios que se dediquen a enriquecerse con abusivos contratos de alquiler, sin tener ningún interés en el uso de una finca.

Una de nuestras estrategias contraeconómicas es la colectivización de fincas a través de la compra cooperativa o de las donaciones de sus propietarios individuales y, para ello, usamos una cooperativa que llamamos patrimonial y que no tiene ninguna actividad económica para que el estado no tenga ninguna excusa para atacarla con multas. 

John Restakis: Aunque vuestro proceso de toma de decisiones incorpora principios como los de la democracia directa, la descentralización y la igualdad, me resulta algo aparatoso y parece muy lento. Querría saber cuánto duran las asambleas permanentes, si pensáis seguir con el mismo proceso y si ha decaído el nivel de participación.

Entre las asambleas permanentes y las monográficas, podemos decir que dedicamos unas 16 o 20 horas al mes a grandes asambleas, mientras que en grupos pequeños son muchas más.

Creo que podemos estar satisfechos de que nuestra dinámica asamblearia se ha podido sostener con un buen nivel de participación estos años y, de hecho, la tendencia ha sido creciente.  Actualmente encontramos una media de 50 participantes presenciales por asamblea, mientras que algunos lo hacemos a distancia.

Al mismo tiempo la calidad de los acuerdos es un gran éxito y no ha habido grandes conflictos en la toma de decisiones durante estos años.

Puesto que la mayor parte de participantes elige ser parte de algún proyecto o área concreta de la CIC pero no de todo el global, el número de participantes en las asambleas no crece tanto como el de los participantes en algún ámbito de la CIC, que son algunos miles de personas. Usamos también una serie de herramientas de comunicación como son la red social y las listas de correo, que permiten a muchas personas aportar a los ámbitos que les interesan aunque no estén en estas asambleas presenciales.

MB: ¿Qué relación hay entre la CIC y sus proyectos subsidiarios, como Calafou, etc.? Háblanos del alcance de la red de la CIC.

Existen unos 300 proyectos productivos entre individuales y colectivos, unos 30 núcleos locales y ecoredes, unos 15 proyectos de vida comunitaria, unos 1700 socios individuales y colectivos y, como dije antes, aunque es difícil de cuantificar, unos miles de participantes en total, quizás unos 4.000 o 5.000.

En función de su nivel de relación con la CIC, hay tres tipos de proyectos: los autónomos, los PAIC y los proyectos públicos. El que tiene un nivel de matiz más importante de aclarar son los PAIC, proyectos autónomos de iniciativa colectivizada. Lo que significa esto es que, aunque en la práctica su funcionamiento es autónomo a partir de una asamblea soberana, existe una relación de reciprocidad más estrecha con el común de la CIC porque ese esfuerzo del común ha sido importante para hacerlo posible, destinando diversos tipos de recursos a que sea una realidad y, además, suele responder a objetivos estratégicos de la propia CIC.

Calafou es uno de los PAIC de la CIC y, a la vez, uno de los proyectos más emblemáticos. 

MB: ¿Tenéis planes internacionales para la CIC? ¿Cómo relacionas el activismo con la construcción de alternativas y la constitución de movimientos sociales?

Para nosotros lo que hacemos es activismo, un activismo para la construcción de alternativas al capitalismo.

La CIC ha venido promoviendo activamente desde su inicio la creación de cooperativas integrales alrededor del mundo, facilitando toda la información que hemos sido capaces y acogiendo a visitantes de muy variados lugares.

A inicios del 2013 se hizo público el llamamiento a la revolución integral, cuyo grupo promotor está formado en parte por miembros de la CIC.

También se está trabajando desde hace unos meses en Radi.ms un colectivo y proyecto de medio de comunicación digital, impulsado por personas vinculadas a la CIC para generar una ventana de la revolución integral al mundo.

El compromiso con la expansión planetaria de nuestras ideas y prácticas seguirá aumentando en la medida de nuestras posibilidades. Ahora para el 2014 ya hemos puesto en marcha una comisión de trabajo que tiene en este objetivo una de sus prioridades.

Dicha comisión “extensión de la revolución integral y enredamiento sin fronteras” también es la que se va encargar de trabajar en las relaciones con otros movimientos sociales de nuestro entorno.

Hasta ahora hemos tenido una implicación esporádica fuera de nuestra práctica habitual, como fue con el movimiento 15-m, pero esperamos que, a medida que cogemos más fuerza, podamos establecer vínculos más estables con otros movimientos sociales de base.

2: CIC EN LA ACTUALIDAD A NIVEL ECONÓMICO 

JR: ¿Qué tal funciona el mercado social y cómo se relaciona con el sistema LETS? Me gustaría saber cómo se valoran los intercambios del mercado social y si existen mecanismos no-monetarios para asignar y medir los valores ¿Cómo funcionan? ¿Habéis identificado algún punto débil?

Desde antes de los inicios de la CIC, la cuestión de los intercambios locales y las monedas sociales ha sido uno de los motores del movimiento de economía alternativa que se ha ido generando, con unas 20 monedas sociales en funcionamiento vinculadas a las ecoxarxas, que son contrapartes bioregionales de la CIC.

Nuestro sistema de moneda social, a la que en general llamamos eco, utiliza como herramienta informática el CES (community exchange system). Se basa en las mismas características de un sistema LETS, sumado a la posibilidad de ampliar o disminuir la creación de moneda a través de cuentas públicas que dependen de las decisiones de las asambleas.

Tenemos algunos acuerdos en cuanto a la valoración máxima de las horas dedicadas a lo común, como son las 5 unidades monetarias por hora pero, en general, en estos mercados internos, los precios se ponen de forma libre y es informalmente la gente que participa quien sugiere o ejemplariza buenas prácticas colectivas.

La implementación concreta del Bitcoin y de la mayoría de criptomonedas genera diferencias sociales importantes en función de la capacidad adquisitiva y el control de medios de producción. Por lo tanto, siendo innovadora a nivel de libertad, no lo es a nivel social, sino que por sí sola da continuidad al status quo, quizá incorporando a los más hábiles tecnológicamente entre los más ricos.”

Los mecanismos no monetarios los ensayamos en los ámbitos comunitarios y de afinidad, siendo quizá nuestro principal ámbito de innovación en este aspecto el proceso para sacar del mercado las necesidades básicas. Así, en las áreas de salud y educación, sobre todo, estamos ensayando sistemas mutualistas mancomunados, o lo que es lo mismo, que para cubrir los gastos de los proyectos cada participante aporte según sus posibilidades económicas, siendo esto a veces espontáneo y otras veces en base a una tabla que tiene en cuenta los ingresos y el número de personas que dependen de ello.

Por otra parte, en el ámbito del acceso a alimentos, tenemos una estructura formada por la CAC (la central de abastecimiento de Catalunya) y las despensas, que son espacios locales de abastecimiento. Cada uno interacciona con campesinos y elaboradores de alimentos en función de su ámbito y juntos aseguran una equitativa distribución de alimentos en todo el territorio.

Estas diversas acciones están apoyadas por una segunda moneda social a la que llamamos ecobàsics y que, a diferencia del eco, la moneda que no se usa a final de mes no se puede acumular con las que se ingresen en el mes siguiente. Con esa moneda se accede a los alimentos, vivienda y otros gastos relacionados con necesidades básicas según la situación de cada participante.

Finalmente comentar que tenemos previsto poner en marcha durante este año diversas acciones estratégicas en relación a potenciar el mercado interno entre  los miembros de la CIC, que esperamos que culmine generando un sistema económico más autónomo y robusto. Hasta ahora no hemos tenido capacidad de empezar a profundizar en algunos aspectos clave.

JR: Cuando decís cosas como: “…necesitamos empoderarnos y pasar del asistencialismo al cooperativismo; superar el estado de bienestar deseado por un sistema de redes de apoyo mutuo. El estado nos quiere dóciles y dependientes; nosotros apostamos por la acción de cooperar desde la autonomía, decidiendo colectivamente cuáles son nuestras necesidades materiales y no materiales…” me da la impresión de que la CIC ve al Estado como un mal irremediable o como si fuera el enemigo por antonomasia del bien común. La asistencia social recae en los mecanismos comunitarios de ayuda mutua y en las redes de confianza. Pero, ¿qué ocurre si una de las comunidades puede crear estos sistemas mientras que otra no? ¿Qué mecanismos utilizáis para la difusión del bienestar social como bien público dentro de un modelo descentralizado y comunitario? ¿Se puede prescindir del Estado para esto?

Entendemos que el sistema político actual, al que llaman democracia, pero que está dominado por pequeñas oligarquías políticas y económicas, es caduco y que tratar de reformarlo no va a servir para llegar a una sociedad basada en el bien común.

Al mismo tiempo observamos que el modelo de Estado-Nación con control exclusivo de un territorio por parte de un sistema político exclusivista, basado en una nacionalidad de forma obligatoria, está quedando obsoleto y superado por las herramientas tecnológicas que permiten comunicarse y hacer actividades económicas en cualquier parte del mundo.

Nuevas formas de organización voluntarias, basadas en valores y principios que los propios participantes suscriben, deben ir haciéndose paso.

Igualmente, nosotros asumimos que el Estado seguirá siendo mejor que nada para aquellos que no sepan o no quieran autoorganizarse a nivel de comunidad y apoyo mutuo; en este sentido no hacemos nada para destruir el Estado, sencillamente lo desobedecemos de forma integral en nuestras prácticas.

Desde febrero del 2013 vivo en la clandestinidad, aunque tengo planes de volver cuando estemos preparados para asumir los riesgos que pueda conllevar. Actualmente sigo volcado en el desarrollo de la CIC y en tratar de extender las ideas y prácticas de revolución integral alrededor del mundo.”

En lo que estamos centrados es en llevar a la práctica nuestra decisión consciente y abierta de organizarnos al margen del Estado y en hacer valer nuestro derecho soberano a hacerlo sin que ningún poder estatal o económico tenga derecho a impedirlo.

Entendemos que generar nuestro ejemplo de autoorganización es lo mejor que podemos hacer para que mucha más gente, ya sea con este modelo de organización o con otros que sean creados, pueda llegar a sentir y vivir que el Estado no es necesario en su vida.

JR: ¿Cómo interpreta la CIC su rol político? ¿Está plenamente enfocado sobre la construcción y la puesta en práctica de una economía alternativa o incluye también un plan para cambiar la política pública? ¿Creéis que los procesos políticos tradicionales tienen algún valor o los rechazáis por completo?

La CIC tiene un rol político fundamental en la construcción de una alternativa de sociedad y en hacer de ese tipo de práctica una corriente política a extender a nivel planetario, la cual llamamos revolución integral y entendemos como un cambio transversal en todos los niveles de la vida, como son político, social, económico, cultural y personal, entre otros.

Creemos que ésa es la principal responsabilidad de la CIC a nivel político y en ese sentido nuestra acción en relación a movimientos sociales afines está encaminada a apoyarles en su empoderamiento para generar prácticas de emancipación, autogestión, empoderamiento, y así ir más allá de únicamente reivindicar ante el Estado.

Si nos implicamos en alguna acción encaminada a presionar al Estado será de forma táctica, principalmente para proteger proyectos de construcción y a las personas que participamos en ellos o en algún momento dado, como fue con el 15-M, para concienciar y generar visión de construcción a personas y grupos implicados en procesos de movilización.

En este sentido nosotros no aceptamos que por la palabra “público” se entienda lo que proviene del Estado, así que nos hemos reapropiado de esa palabra para usarla en relación a todo lo que tiene que ver con el bien común y el cubrimiento de las necesidades básicas de las personas.

En cuanto al uso de medios de comunicación, tratamos sobre todo de potenciar los medios propios y afines, así como las redes sociales, pero también tácticamente no renunciamos a difundir en medios de comunicación masivos siempre y cuando veamos, según el caso, que el mensaje va a ser útil para llegar a más gente.

JR: ¿Cómo evitáis el oportunismo? ¿Habéis tenido problemas con esto a nivel territorial o dentro de la economía comunitaria?

Como punto de partida vamos aprendiendo a tratar a los seres humanos en todas sus dimensiones, y escuchándonos y tratándonos de comprender unos a otros en nuestros diversos comportamientos. Es decir, que entendemos que las personas que aparentan un comportamiento aprovechado también son seres humanos a respetar y que pueden necesitar apoyo.

A partir de ahí el oportunismo quizá estuvo más presente al inicio, cuando nos conocíamos menos unos a otros y la desconfianza tenía más capacidad de extenderse, pero a medida que ha ido pasando el tiempo, esta cuestión ha quedado en el espacio que le corresponde que es el de los conflictos entre las personas tanto a nivel de espacios de vida como en espacios de trabajo.

A medida que la CIC genera más recursos a redistribuir, podemos ir dedicando una parte de ellos a apoyar a las personas en sus necesidades y relaciones humanas. Por ello actualmente tenemos en marcha tres niveles de apoyo: uno destinado a personas individuales que tengan problemas en cualquier dimensión de la vida, otro de mediación dentro de espacios de trabajo y un tercero de mediación y apoyo en comunidades. 

MB: ¿Veis una posible convergencia entre el modelo de la CIC y la orientación P2P/Procomún de otros movimientos? ¿En qué se relaciona la CIC con el concepto de producción entre iguales orientada al procomún?

Nosotros vemos con más que simpatía los movimientos p2p, de hecho estos valores están incorporados a nuestro modelo organizativo, quizá a veces bajo otros nombres y de forma entremezclada con otras prácticas organizativas.

El concepto de producción p2p basada en el procomún se ha demostrado impresionante en iniciativas como la de Linux, la Wikipedia y muchas más.

Es algo de los que nos sentimos parte y que ha inspirado muchos de nuestros planteamientos.

Está claro que para la producción de información y conocimiento colectivo es el método que mejor combina la funcionalidad y la participación sin jerarquías, incluso muchas veces sin centro. Lo que es más complejo de asumir es hasta qué punto es posible una descentralización absoluta, no ya para intercambiar datos y crear contenidos, sino para organizar toda nuestra sociedad y modelo de gobernanza.

Algunos de los debates con mis compañeros de hace más de 10 años ya giraban en torno a cómo trasladar los métodos organizativos por los que se creó Linux a otros ámbitos de organización social y, de alguna forma, fue también uno de los elementos que al final llevó a crear la CIC.

De hecho, por ejemplo, en el artículo de referencia sobre gobernanza P2P se cita a Mayo Fuster, que era una de las compañeras y amigas con las que teníamos estos debates en aquel entonces.

Hay que situar y poder diferenciar cuando la escala de la colaboración p2p es global y, por tanto, no tiene relación con las formas de organización de la vida cotidiana, de cuando la escala de la colaboración es local y, por tanto, la forma de manejo de la vida en todas sus vertientes es una parte central del debate.

Creo que la experiencia de la CIC puede aportar mucho a esta cultura de la colaboración entre pares a escala local.

A ese nivel creo que cualquier perspectiva de comercio y producción entre pares se podrá dar cuenta de que entre las opciones libres está la de asociarse con otros humanos y construir comunidad, ya que, si no, a lo que nos llevaría el p2p es a un individualismo totalitarista, en el sentido de que se crearían formas de organización social en las que solo se sentirían bien las personas que priorizan la creación a partir de decisiones individuales, pero no así las que necesitan al colectivo para encontrar su función y sentirse realizadas.

Desde antes de los inicios de la CIC, la cuestión de los intercambios locales y las monedas sociales ha sido uno de los motores del movimiento de economía alternativa que se ha ido generando, con unas 20 monedas sociales en funcionamiento vinculadas a las ecoxarxas, que son contrapartes bioregionales de la CIC.Los mecanismos no monetarios los ensayamos en los ámbitos comunitarios y de afinidad.”

Siempre, por tanto, una perspectiva ideológica que defienda la libertad entre iguales tiene que prever que, como parte de esta libertad individual, está la posibilidad de generar asociaciones voluntarias para cualquier cosa por la que los humanos nos podamos asociar, la libertad de organizarse en comunidad y la de hacerlo al margen del Estado, etc.

Creo que un movimiento social que tiene al bien común como uno de sus objetivos primordiales tiene la responsabilidad de generar formas de autoorganización que puedan incorporar a todas las personas de una comunidad, entre ellas las más desfavorecidas y las más débiles (niños, ancianos, enfermos, etc.)

Por tanto, la orientación p2p de los más proactivos tiene que ser complementaria con espacios comunes desde los que se puedan redistribuir recursos que lleguen a todas las personas.

Quizá, hasta ahora, buena parte de este movimiento p2p se lo ha planteado a nivel teórico pero no ha llegado a profundizar por la falta de ejemplos prácticos que estén trabajando a todos los niveles para no necesitar al Estado.

Por ello, lo que estamos tratando de generar con el modelo de cooperativa integral puede ser un marco práctico muy interesante para los debates en relación a la gobernanza p2p basada en el bien común.

3: PROYECCION DE FUTURO DE LA CIC 

NG: ¿Hasta qué punto documentáis el diseño y desarrollo de la CIC? ¿Dónde podemos averiguar más?

Tenemos muchos materiales que documentan nuestra experiencia.

Hemos hecho diversos cursos de capacitación en el marco de nuestra cooperativa integral y también para ayudar a desarrollar otras cooperativas integrales y eso ha servido para generar una amplia documentación y materiales que se han ido actualizando por cada evento.

Quizá el déficit es que muchos de ellos están solo en catalán y castellano, aunque actualmente estamos trabajando en traducir cada vez más materiales a diversas lenguas y desde hace unos meses nuestra web está, por ejemplo, también en inglés e italiano.

También varios documentales están en camino con subtítulos a varias lenguas.

En cualquier caso, la herramienta más permanente para estar al día de la CIC es la página web, primero la versión en castellano, y luego la versión en inglés que actualiza parte de los contenidos.

4: CRIPTOMONEDAS, CAPITALISMO Y LOS PRÓXIMOS 20 AÑOS

Kidstick MB: ¿Qué opinas de Bitcoin?

La tecnología que está detrás del blockchain y de la cadena de bloques, además del concepto de moneda p2p descentralizada, son grandes avances en el camino de descentralización del poder y vemos que tienen potencial para hacer obsoleto el sistema bancario y financiero actual.

En cambio, la implementación concreta del Bitcoin y de la mayoría de criptomonedas genera diferencias sociales importantes en función de la capacidad adquisitiva y el control de medios de producción. Por lo tanto, siendo innovadora a nivel de libertad, no lo es a nivel social, sino que por sí sola da continuidad al status quo, quizá incorporando a los más hábiles tecnológicamente entre los más ricos.

Aun así, estas criptomonedas como el Bitcoin tienen un lugar en nuestro modelo de transición porque son muy útiles para liberarnos de los bancos y del control del Estado.

Entendemos también que nos pueden servir para hacernos más rápidamente menos dependientes del euro, con lo cual pueden contribuir a acelerar nuestro proceso de transición hacia la soberanía económica.  Por ello el bitcoin, el Litecoin y el Freicoin son monedas aceptadas ya en la CIC para diversos pagos de los servicios comunes y quizá a la larga podamos conocer mejor las posibilidades que nos da la tecnología para generar nuestra propia criptomoneda que sí reúna los requisitos que entendemos debe tener una moneda social.

De momento, volviendo al presente y al futuro cercano, algunas personas de la CIC participan en proyectos de desarrollo de Bitcoin, como Dark Wallet, y como avanzaba, tenemos previsto generar una red, entre otras herramientas, para que nuestros miembros puedan aceptarlas y convertirlas a euro si lo desean, sin pasar por los bancos

MB: ¿Cómo interpretas categorías como “capitalismo”, “mercado” o “Estado” y qué te gustaría que pasara con ellas?

Entiendo el capitalismo como un sistema de dominación basado en una minoría que ostenta el poder económico y, con ello, controla el acceso a los recursos y a los medios de producción.

El Estado es un sistema de dominación y control de la población que, tras diversas fases imperialistas, ha generado en la época reciente la democracia como apariencia de traspase de la soberanía a los ciudadanos para facilitar la convivencia. Pero, tal y como comenté anteriormente y es comúnmente sabido y analizado, no es así. El Estado actualmente está al servicio del capitalismo, que es un sistema de dominación mayor. Sigue existiendo una casta de privilegiados que, a través de la acumulación de recursos, tiene un poder mucho mayor que el voto. Esto además se ha acrecentado tras la globalización que hace mucho más complicado para cualquier país salir de la corriente dominante.

Mercado es una forma de comercio basada en la libertad y la igualdad de oportunidades que a lo largo de la historia se ha ido manipulando en función de los sistemas de dominación que lo han utilizado.

De aqui a 20 años, creo que vamos a vivir la pérdida de la exclusividad del Estado en la gobernanza y la desvinculación del concepto de Estado con la de dominio exclusivo de un territorio. La soberanía individual va a recuperar su significado real de libertad completa en positivo y va a llevar a que múltiples soberanías se junten en grandes procesos colectivos autónomos y totalmente legítimos.”

En la actualidad el sistema capitalista genera unas situaciones que hacen que el mercado contribuya a generar mayores desigualdades y se generen grandes ventajas competitivas de los más grandes en relación a los pequeños, lo que a muchos de ellos les impide sostenerse y seguir comerciando de forma libre.

El mercado, en el contexto del Estado y capitalismo, se ha convertido en una excusa para promover y extender las desigualdades.

En cambio, en el caso de la cooperativa integral, lo que estamos haciendo es generar un proceso de construcción de otra sociedad de base comunal. Tras un proceso asambleario y abierto establecemos unos criterios políticos según los cuales determinadas actividades económicas pueden ser parte o no de la cooperativa integral.

En base a ese proceso podemos decir que la cooperativa integral promueve una economía “con” mercado, pero no una economía “de” mercado. En nuestro movimiento la actividad económica está supeditada al proceso político o, dicho de otra forma, la asamblea está por encima del mercado.

Esto no quiere decir que haya una intervención habitual de la asamblea en relación a las actividades comerciales de los socios. Hasta ahora la intervención política en el mercado sobre todo ha estado centrada en los criterios de aceptación de nuevos proyectos productivos y en el incentivo a los proyectos más alineados con la revolución integral, pero no tanto en el desarrollo diario de las actividades.

Aun así, el principio lo que implica es que cuando sea oportuno o necesario podemos intervenir.

MB: ¿Dónde estaremos de aquí a 20 años?

No sé dónde estaremos, pero confío en que seremos más libres y más diversos, pudiendo elegir entre un gran ramillete de opciones de vida.

Estoy convencido de que vamos a vivir una transformación del Estado y del capitalismo tal y como los conocemos, consolidándose otras formas de vivir en sociedad y de establecer relaciones económicas más solidarias y cooperativas.

Creo que vamos a vivir la pérdida de la exclusividad del Estado en la gobernanza y la desvinculación del concepto de Estado con la de dominio exclusivo de un territorio. La soberanía individual va a recuperar su significado real de libertad completa en positivo y va a llevar a que múltiples soberanías se junten en grandes procesos colectivos autónomos y totalmente legítimos.

Esa significativa frase de los zapatistas, “por un mundo donde quepan muchos mundos” va a ir haciéndose realidad en las próximas décadas y para ello es para lo que estamos construyendo con tanta energía en la actualidad.


Guerrilla Translation/Relacionado:Occupy, la deuda y los límites históricos del capitalismo/David GraeberEl principio de autoridad/ Scott NobleHacia un procomún material/Michel Bauwens Dmytri Kleiner John Restakis

 

Dmytri Kleiner y la financiación del procomún material

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Tercer y último extracto de nuestra traducción del diálogo a tres bandas entre Michel Bauwens, Dmytri Kleiner y John Restakis. Hoy, Dmytri Kleiner, comunista de riesgo y especialista en tecnologías de descomunicación, intenta dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿Cómo vamos a crear empresas para beneficiar al procomún si no disponemos de capital para ponerlas en marcha?


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Dmytri Kleiner

Asimismo quise explicar en qué consistía el comunismo riesgo, mi propio proyecto que precede a la acuñación del término “producción entre iguales” pero que pueda aportarle muchos beneficios, dado que estamos hablando de lo mismo, aunque utilicemos términos distintos para describirlo. Como tecnólogo, siempre me he inspirado en las dinámicas de las redes entre iguales y en los proyectos de software libre. Todo esto influyó en la creación del  comunismo riesgo.  Dado que ya teníamos TCP/IP y demás para distribuir bienes inmateriales, me propuse crear un protocolo apto para la producción y distribución de bienes físicos. Internet es una plataforma muy eficaz para compartir, distribuir y crear riqueza inmaterial colectiva y para ayudarnos en nuestro afán de ser productores independientes basados en este procomún colectivo.

Henry George

Henry George

El objetivo del comunismo riesgo es seguir el mismo patrón con la riqueza material. Tiene influencia de muchas tradiciones, y no sólo de la tradición anarco-comunista. Uno es el ideal georgita de utilizar las rentas económicas como base fundamental de la distribución mutua de riquezas. En términos sencillos, esto significa que podemos distribuir las rentas pasivas. Bajo esto concepto, los trabajadores, además de obtener ingresos mediante la producción de bienes, agregan rentas por ser dueños de los medios de producción, por ser dueños de activos productivos.

Vivimos en una sociedad desigual porque tenemos una distribución desigual de activos productivos. Incluso si hablamos del movimiento cooperativo  —que siempre he admirado y que siempre he utilizado como ejemplo a seguir— es evidente que la distribución de activos productivos también es desigual. Lo mismo pasa en otros tipos de producción; si nos fijamos en la influencia social de los trabajadores del sector de la tecnología en contraposición a la de los trabajadores del sector agrícola, es evidente que el colectivo de trabajadores del sector tecnológico tiene mucho más peso e influencia que el de los trabajadores agrónomos. Hay desigualdad en el capital y en los recursos humanos de estas cooperativas. Este protocolo busca normalizar estas desigualdades sin necesidad de administración externa.

La reacción típica del comunismo de Estado ante el movimiento cooperativo es decir que las cooperativas se explotarían y se excluirían mutuamente. La solución pasa por crear cooperativas gigantes, como Mondragón, o Estados socialistas; pero entonces, como hemos visto a lo largo de la historia, surge algo llamado la clase administrativa, y esa clase administrativa que gobierna el conjunto de cooperativas de un Estado socialista se puede convertir en algo tan contraproducente y explotador como la propia clase capitalista. ¿Cómo creamos reciprocidad entre cooperativas y distribuimos sus ganancias sin engendrar una clase administrativa? Para esto me he inspirado en las teorías de Henry George y Silvio Gesell respecto a la idea de compartir las rentas.

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Silvio Gesell

El concepto es que las cooperativas seguirían siendo independientes, igual que las cooperativas de hoy en día. Serían productores independientes pero, en vez de ser dueños de sus propios bienes productivos, cada miembro de la cooperativa sería copropietario de estos bienes, junto a todos los demás miembros de todas las demás cooperativas enmarcadas dentro de Federación. Las cooperativas arrendan la propiedad de la comuna colectivamente. Esto se lleva a cabo a través de un protocolo, que no una estructura administrativa. Si la cooperativa requiere un activo como, por ejemplo, un tractor, la comuna central entra en funcionamiento como una especie de mercado de bonos. El planteamiento del bono sería: “Necesitamos un tractor y estamos dispuestos a pagar 200 dólares al mes por él en concepto de rentas”, y los demás miembros de la cooperativa pueden decir: “Sí, nos parece buena idea, es una buena distribución de estos bienes productivos y vamos a comprar estos bonos.” La comuna aprueba la venta de bonos, la cooperativa se lleva el tractor y el dinero generado por las rentas de éste se reinvierte en saldar los bonos.

Una vez recuperada la inversión, cualquier otro ingreso percibido por la renta del tractor, junto a todas las demás rentas acumuladas, se distribuye de manera equitativa entre todos los trabajadores, no sólo los trabajadores la cooperativa que lo ha pedido. Esto no se limita a tractores, podríamos decir lo mismo sobre edificios, tierras o cualquier otro activo productivo.

Esto supone que todos los ingresos pasivos, es decir aquella porción de ganancias derivada de la propiedad de bienes productivos, se distribuyen proporcionalmente entre todas las partes interesadas dentro de todas las cooperativas. Y ese es el protocolo básico del comunismo riesgo: pagas una renta sobre los activos productivos que utilizas, esa renta se divide equitativamente entre todos los miembros de la comuna, no entre las cooperativas independientes sino entre toda la comuna.

Esto supone que si utilizas la cantidad exacta per cápita de tu acción en estas propiedades, ni más ni menos, la cantidad que pagas en concepto de renta y lo que recibes como dividendo social será exactamente igual. Si eres un trabajador normal esto tendrá un funcionamiento previsible y constante pero, si ya no trabajas tanto —o bien por la edad o porque estás desempleado— utilizarás muchos menos bienes productivos que la persona media. En este último caso, recibirás mucho más en concepto de dividendos que lo que pagas por renta y, en ese sentido, sí es una especie de renta básica. Por el contrario, si eres un productor súper motivado y estás expandiendo tu capacidad productiva, entonces la cantidad que pagas por los activos productivos será mucho más alta de lo que recibes como dividendos, aunque, como has apuntado, también obtienes ingresos de la aplicación productiva de esa propiedad. El comunismo riesgo no busca controlar el producto de las cooperativas. El producto de las cooperativas es totalmente suyo para utilizar como quieran. No busca limitar el control o contabilizar o ni siquiera decirles cómo tienen que distribuir el producto o bajo qué condiciones. Lo que producen es totalmente suyo, se limita exclusivamente a la gestión colectiva del procomún de activos productivos.


Originamente traducido por Stacco Troncoso y editado por Mamen Martín y Rosana Fernández. La entrevista completa se puede leer aquí, y el extracto en el blog de la Fundación P2P está aquí.

El fin del ecocidio

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Tala de árboles en los últimos bosques vírgenes de Europa, situados en los Cárpatos Rumanos. La madera se utiliza para fabricar muebles o se convierte en virutas para quemar en chimeneas. Desde 1990 se han talado ilegalmente unas 366.000 hectáreas de bosques protegidos, casi la mitad del área metropolitana de Barcelona.

Hasta ahora, la Iniciativa Ciudadana Europea contra el ecocidio tan solo ha obtenido alrededor de 100,000 firmas –una figura bastante inferior al mínimo necesario (1 millón) para qué la Comisión Europea la estudie formalmente. ¿Mirarán atrás las generaciones futuras de un planeta arruinado preguntándose por qué sólo un 0.02% de los europeos ejercieron su derecho democrático a detener el ecocidio? Nos merecemos algo mejor que eso.”

En este artículo, originalmente publicado en The Guardian, Charles Eisenstein analiza detenidamente las consecuencias económicas y legales de una ley anti-ecocidio. Es evidente que hay que proteger al planeta pero, si nuestros sistemas económicos y legales no son compatibles con una ley así, ¿no deberíamos plantearnos cambiarlos? Visitad este enlace para averiguar más sobre la Iniciativa Ciudadana Europea contra el ecocidio.


En una reciente conferencia de prensa, la diseñadora Vivianne Westwood ha expresado su angustia y preocupación por el alarmante empeoramiento del estado del planeta. “La aceleración de la muerte y la destrucción es inimaginable,” dijo “y ocurre cada vez más rápido”.

Hablando en apoyo de la Iniciativa Ciudadana Europea contra el ecocidio, sus palabras reflejan un sentimiento creciente de tener que hacer algo al respecto. Una opción sería consagrar la santidad de la biosfera por medio de una ley.

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Consecuencias de la fracturación hidráulica

Que el ecocidio –la destrucción de ecosistemas– ya sea un concepto establecido apunta a un enorme cambio en la relación entre la civilización industrial y el planeta. La capacidad de matar algo, en este caso la Tierra, presupone que ese algo está vivo. Hoy en día, empezamos a ver al planeta y a todos sus subsistemas como seres que merecen la vida, y no sólo como un catálogo de recursos o un vertedero. Al darnos cuenta de que somos parte de un planeta vivo e interdependiente, conceptos como los de “derechos de la naturaleza” o la “ley del ecocidio” acabarán siendo de sentido común.

Desgraciadamente, vivimos en un sistema económico y legal que contradice esa percepción. Las corporaciones, con plena impunidad legal y a cambio de grandes beneficios, arrasan con sus buldóceres, cortan, taladran, extraen hidráulicamente, minan a cielo abierto e incendian el planeta, provocando el ecocidio una y otra vez. Existe la tentación de atribuir estos horrores a la avaricia corporativa, pero ¿qué vamos a esperar de un sistema legal y económico que justifica y apremia tales actividades? Además, dentro de esta sociedad industrial, todos somos cómplices. Por eso necesitamos una ley contra el ecocidio: sería un símbolo concreto del consenso creciente sobre la necesidad de detenerlo.

En términos morales, el asunto está muy claro pero ¿qué pasa con los términos económicos? ¿Cuál es el sentido práctico de prohibir el ecocidio? ¿Podemos permitírnoslo? La objeción económica implica que: “Claro, deberíamos dejar de asesinar al planeta, pero no es el momento. Tenemos que esperar a que mejore la economía para poder permitírnoslo.” ¿Qué quiere decir esto exactamente? ¿Que deberíamos acelerar nuestra extracción continua del capital natural hasta agotarlo para que, en un futuro imaginario, tengamos suficiente dinero para restaurarlo? ¿De verdad hay quien cree que sólo deberíamos conservar un planeta viviente siempre y cuando no suponga un impedimento al estatus quo?

La dura verdad del asunto —y una verdad que no será del gusto de muchos ecologistas— es que una ley en contra del ecocidio dañaría a la economía tal y como la conocemos. Una economía que depende de mayores niveles de consumo y un volumen creciente de bienes y servicios para que la demanda esté a la altura de las mejoras en productividad y lograr el pleno empleo. Hoy en día, esto supone arrebatar más minerales, madera, peces, petróleo, gas y demás recursos de la Tierra, con la pérdida inevitable de hábitats, especies y, en última instancia, la salud y viabilidad de toda la biosfera.

Charles-Eisenstein

Charles Eisenstein

Cambiarlo no es un asunto trivial. ¿Qué ocurre con esos estimados 500,000 puestos de trabajo que se crearán gracias a la extracción del alquitrán de las arenas bituminosas en Alberta, Canadá, por mucho que esta última suponga una catástrofe ecológica? Tenemos que cambiar nuestro sistema económico para que el empleo no siga dependiendo de la conversión de la naturaleza en productos. Tendremos que remunerar a la gente por desempeñar tareas que no generarán los bienes y servicios que conocemos hoy en día; tareas como replantar bosques, en vez de talarlos indiscriminadamente, o restaurar las marismas, en vez de construir sobre ellas. Todas las facetas de la vida moderna contribuyen al ecocidio; por tanto es de esperar que todas las facetas de la vida cambiarán en la era post-ecocida.

Sería más acertado decir que una ley contra el ecocidio transformaría la economía, en vez de dañarla. Forma parte de la transición a una economía con menos productos desechables y más objetos elaborados con cariño, más bicicletas y menos coches, más huertos y menos supermercados, más tiempo libre y menos producción, más reciclaje y menos vertederos, más compartir y menos propiedad.

¿Qué pasa con el argumento que afirma que Europa, si criminalizara el ecocidio, tendría una desventaja competitiva con los países que lo permitieran? Cierto es que la liquidación rápida del capital natural suele producir grandes beneficios a corto plazo.

¿Cómo va a competir la madera de cosecha sostenible de un lugar con la madera barata proveniente de la talas indiscriminadas de otro? No puede –a menos que la ley contra el ecocidio se incluya en los acuerdos de comercio internacional y las políticas de aranceles. Por desgracia, los acuerdos de comercio internacional que se negocian hoy en día, como el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP) y el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TPIP) amenazan con hacer justo lo contrario: las corporaciones podrían invalidar las leyes contra el ecocidio alegando que son un obstáculo al comercio.

Hay que darle la vuelta a este proceso. Una ley europea anti-ecocidio establecería las bases legales y morales de un consenso global para acabar con el ecocidio y preservar el planeta para generaciones futuras. Incluso si no se impusiera de inmediato, la iniciativa supondría una poderosa llamada de atención. Es inevitable que, tarde o temprano, se apruebe una ley de estas características y aquellas empresas con más visión de futuro, las que son capaces de anticipar los cambios que conlleve, se beneficiarán a la larga, aunque suponga transiciones muy duras a corto plazo.

Hasta ahora, la Iniciativa Ciudadana Europea contra el ecocidio tan solo ha obtenido alrededor de 100,000 firmas –una figura bastante inferior al mínimo necesario (1 millón) para qué la Comisión Europea la estudie formalmente. ¿Mirarán atrás las generaciones futuras de un planeta arruinado preguntándose por qué sólo un 0.02% de los europeos ejercieron su derecho democrático a detener el ecocidio? Nos merecemos algo mejor que eso.

Traducido por Stacco Troncoso, editado por Miki Decrece – Guerrilla Translation