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Hacia un glosario para el procomún

Un Glosario 2

De entrada sabemos que es imposible congelar en una serie de términos finitos lo que en la práctica es mutante, vivo y denomina prácticas y saberes de muy diversos entornos. Sin embargo, fomentar el debate y la discusión puede ser una vía de acercamiento a ese lenguaje que necesitamos para nombrar y comunicarnos.”

¿Cómo nombrar lo que es de todos y a la vez de nadie? Así como nos cuesta definir qué es (¡y qué no es!) el procomún, nos da iguales quebraderos de cabeza utilizar palabras con las que nombrar lo común y lo colectivo. Después de la primera reunión de Un glosario para el procomún, nos vamos al verano con más dudas que respuestas, pero con la maleta llena de reflexiones, significantes y significados para pensar.

El pasado 23 de julio Guerrilla Translation convocó a través del Laboratorio del Procomún de Medialab-Prado a pensar sobre los términos que utilizamos en castellano para denominar lo que en inglés fácilmente se llama “commons”. Con motivo de la traducción a español del libro Think like a commoner. A Short Introduction to the Life of the Commons, de David Bollier, nos reunimos con activistas, periodistas, traductores, lingüistas y académicos para intentar configurar un glosario de términos habituales en lengua inglesa, pero menos extendidos o que tienen matices y connotaciones históricas diferentes en castellano.

coverDe entrada sabemos que es imposible congelar en una serie de términos finitos lo que en la práctica es mutante, vivo y denomina prácticas y saberes de muy diversos entornos. Sin embargo, fomentar el debate y la discusión puede ser una vía de acercamiento a ese lenguaje que necesitamos para nombrar y comunicarnos. Hace meses ya tuvimos un pequeño debate interno para traducir el vídeo y el texto ¿Qué es el procomún?, de Helene Finidori. Aunque nos decantamos por “procomún” incluso para el título, en el cuerpo de texto hay una serie de juegos lingüísticos, perífrasis y adaptaciones para referirnos a un mismo significante. Habitualmente nos topamos con estas mismas preguntas y aunque es complicado acotar respuestas, creemos que sirve más a todos compartir y pensar en común.

Aunque GT planteó algunos términos y expresiones habituales (commons, commoner, peer-to-peer, gift economy, sharing economy…), gran parte de la charla derivó hacia los significantes y no tanto hacia los significados. Era previsible  y de cualquier manera, un primer contacto para conocernos, charlar y plantear la cuestión sobre la mesa siempre es necesario. A la vuelta del verano volveremos a reunirnos con más preguntas y tal vez una serie de palabras clave sobre las que trabajar.

Si queréis averiguar más sobre los contenidos del libro, leed nuestra traducción de una entrevista a fondo con el propio David Bollier. Finalmente, estad atentos este otoño a nuestra campaña de crowdfunding en Goteo.org. La campaña no se limitará a la traducción del libro, dado que también impulsará una red de fabricación y distribución regional con la que imprimir copias del libro físico en nodos distribuidos del mundo hispanohablante.

El vídeo completo de la sesión se puede ver en el siguiente enlace: Vídeo del evento.

  • Texto: Carmen Lozano Bright

La paradoja del capitalismo y la estrategia revolucionaria magnética

Magnetism

Este artículo publicado por Alex Knight en su blog The End of Capitalism propone una interesante teoría sobre cómo nos enfrentamos a la paradoja vital que, según él mismo, supone el sistema económico en que estamos actualmente inmersos, y cómo podríamos mejorar dicho enfoque para conseguir verdaderos cambios.


1. Existe una paradoja en el corazón de esta estructura de poder global en la que vivimos, conocida como capitalismo. Es el resultado de dos verdades contradictorias.

2A. La primera verdad es que el capitalismo está destruyendo nuestro planeta. Nos está matando a través del calentamiento global, la extinción de las especies, el empobrecimiento, el racismo, el sexismo, la homofobia, la propaganda, la guerra, el creciente Estado de la seguridad, el aislamiento computarizado y mucho más.

2B. La segunda verdad es que dependemos del capitalismo para nuestra supervivencia inmediata. Ya sea a través de los salarios, las pensiones o los servicios sociales, nuestra subsistencia depende de los ingresos que nos proporciona el mismo sistema que nos está matando.

3A. A la mayoría de nosotros nos gustaría dejar de tener que hacer frente a esta paradoja, así que nos escudamos en la apatía, el nihilismo y el cinismo. Aceptamos dejarnos llevar por la fantasía que nos ofrece el sistema y silenciamos nuestro conocimiento intrínseco de las profundas injusticias que impregnan el mundo real.

3B. Algunas almas valientes entre nosotros se enfrentan a la primera verdad y, por ello, hacen lo que pueden para evitar ser cómplices del engranaje de muerte y destrucción. Es posible que adopten una dieta ética, frenen sus hábitos de consumo, o incluso intenten vivir ‘desenchufados’ de los suministros urbanos (al menos en la medida en que se lo permita la estructura de poder global, cuyos tentáculos llegan a todos los rincones de la Tierra). Llevado hasta el extremo, esta es la ruta del escapismo. Su objetivo es la pureza moral, huir de la culpa, la satisfacción individual de saber que ya no formas parte del problema.

Aceptamos dejarnos llevar por la fantasía que nos ofrece el sistema y silenciamos nuestro conocimiento intrínseco de las profundas injusticias que impregnan el mundo real.”

El fallo del escapismo es que eludir la responsabilidad del problema también significa eludir la responsabilidad de la solución. Puede que encuentres tranquilidad en esa postura moral, pero, con o sin tu participación, el capitalismo continúa su marcha, destruyendo miles de millones de vidas.

3C. Un grupo diferente de personas está más concienciado con la segunda parte de la paradoja: el hecho de que estamos atrapados en este sistema, sea como sea de malo, y por tanto lo mejor que podemos hacer es mejorarlo o hacerlo más justo. Posiblemente luchen por cambios en la política a través de grupos de presión o incluso presentándose a las elecciones. En su forma pura, esta es la ruta del reformismo. El objetivo es trabajar “dentro del sistema”, influenciar a la gente en el poder y, tal vez, con el tiempo, convertirse en uno de ellos. En teoría, una vez en una posición de poder, podrían ser capaces de dirigir el barco en una nueva dirección.

El fallo del reformismo es que necesita que abandonemos nuestros ideales para derribar realmente el sistema o crear un mundo sin capitalismo. No hay nada malo en mejorar la vida dentro del sistema, pero cuando nos convertimos en parte del sistema nos traicionamos a nosotros mismos y ya hemos perdido.

4. Por sí mismos, ninguno de estos dos polos, escapismo o reformismo, nos ofrece esperanza alguna de abolir el capitalismo y salvar nuestro mundo. Sin embargo, ninguna otra manera de proceder puede existir sin ambos elementos. En vez de escapar de esta paradoja, si aceptamos lo absurdo de nuestra situación podemos aprovechar la energía de la contradicción para crear algo nuevo.

Imagina esos dos polos llevando corrientes eléctricas en direcciones opuestas –una es “negativa”, la otra “positiva”–. Si las ponemos cerca la una de la otra, se creará un campo magnético. Si un imán se colocara entre los dos polos, tendería a girar de tal forma que se alinearía con el campo magnético. Tesla descubrió que un campo magnético no necesita ser estático, con lo que el imán no tendría que permanecer inmóvil una vez alineado. Si las corrientes eléctricas generadas por el campo son corrientes alternas (AC), queriendo eso decir que su polaridad cambia de un lado a otro, el imán tendrá que mantenerse girando para adaptarse al campo magnético en movimiento permanente. La cadencia puede ser alineada de tal forma que el imán podrá girar a gran velocidad, aprovechando la energía de cada polo alterno a medida que supera el giro. Así es como funciona un motor eléctrico.

Como sucede en este ejemplo teórico, la revolución real debería ser posible si hacemos uso del campo magnético invisible entre los polos opuestos. Más que descartar entre escapismo o reforma debido a sus obvias deficiencias, habría que considerar la energía vital que gira alrededor de cada una. El ímpetu de confrontar y hacer cambios en el sistema nos puede empujar lejos del individualismo para acercarnos a las necesidades ecológicas y sociales. A la inversa, el deseo de escapar de la sujeción del sistema puede motivarnos a crear modos autónomos de supervivencia y reproducción que no sean dependientes del beneficio o de las subvenciones de las fundaciones.

¿Cómo podríamos orientar del mejor modo nuestra política para ganar impulso desde esas alas magnéticas sin llegar a estancarnos en una rutina estática que nunca genera energía? ¿Podemos tomar impulso tanto del escapismo como de la reforma, sin llegar a convertirnos ni en escapistas ni en reformistas?

 

Magg5. Creo que una política revolucionaria necesita una estrategia para abrir caminos con el fin de que millones de personas normales puedan movilizarse y empoderarse a sí mismas. Sin duda, esto no requiere que todo el mundo haga lo mismo, sino que cada cual nos empeñemos en liberar nuestro conocimiento del mundo y de nosotros mismos. Todos los que leen este ensayo probablemente ya están haciendo esto, creando proyectos que nos elevan de modo tangible aunque insuficiente, ya sea cuidando un jardín, organizando una campaña sobre un tema específico o escribiendo un blog.

Lo que falta es la alternancia de corrientes, o mejor dicho, la circulación de luchas. De nada nos sirve especializarnos en un campo revolucionario y convertirnos en expertos atrincherados en un rol inmóvil. El movimiento depende de la interrelación de fuerzas divergentes, y principalmente del fortalecimiento de relaciones a través de la diferencia. [1].

¿De qué forma nos desafiamos constantemente a aprender nuevos modos de producir cambios? ¿De qué manera socializamos nuestros proyectos para que no dependan únicamente de nuestros propios esfuerzos? ¿Cómo encaramos a aquellos que ven el mundo desde una perspectiva contraria a la nuestra y cómo los aceptamos en nuestras vidas? Y de forma similar a los imanes, ¿de qué manera estamos construyendo un impulso duradero a largo plazo a base de alternar la movilización tanto de energía negativa en forma de ira y rabia contra el sistema que nos domina, como de energía positiva en forma de reproducción comunal y de la supervivencia fuera del sistema?

6. En la práctica, dado el grado de abatimiento/contracción en que se encuentran los movimientos sociales en este país, debemos ser realistas en cuanto a los desafíos que supondrá el afrontar una estrategia bidireccional.

¿Cómo luchar contra un sistema basado en los beneficios económicos para garantizar nuestra supervivencia (y dejar de hacer tanto daño), por ejemplo a través de la asistencia sanitaria universal, al tiempo que construimos estructuras reproductivas comunales que proporcionen alimentos, vivienda, sanidad, cuidado de niños, información, apoyo a la salud mental, etc., fuera de la lógica del beneficio? ¿Todo ello mientras enajenamos nuestra mano de obra a nuestro día a día laboral simplemente para sobrevivir y mantener intactas nuestras familias? ¿De dónde sacaremos las energías?

“¿Podemos mantener nuestros corazones revolucionarios ardiendo con la esperanza de un futuro liberado cuando el sistema es tan competente a la hora de ignorar y asfixiar nuestros esfuerzos, e incluso cuando nuestros movimientos se autodestruyen por nuestros propios fallos y nuestra cobardía?”

¿Podemos evitar las trampas de una postura moralizante y aceptar que la gente tiene necesidades reales y percibidas que sólo pueden satisfacerse a través de la participación en el sistema? ¿Podemos implementar prácticas de justicia restaurativa para asumir nuestra responsabilidad por actitudes y comportamientos opresivos sin tener que depender del sistema penitenciario? ¿Podemos mantener nuestros corazones revolucionarios ardiendo con la esperanza de un futuro liberado cuando el sistema es tan competente a la hora de ignorar y asfixiar nuestros esfuerzos, e incluso cuando nuestros movimientos se autodestruyen por fallos y cobardía propia?

Yo creo que podemos, si aceptamos el reto de construir una estrategia magnética, auto-reproductiva y revolucionaria. Si continuamos reajustando nuestras prácticas para alinearnos mejor con las cambiantes necesidades ecológicas y sociales que nos rodean, creo que al final nos aportará más energía de la que demanda, en forma de nuevas relaciones, conocimientos nuevos y nueva auto-confianza. Si podemos orientar nuestros movimientos de modo que ofrezcan a la gente medios para una verdadera autonomía y auto-realización, si pueden descubrirse a ellos mismos y a una humanidad más profunda a través de la implicación en una lucha, entonces creo que el proceso atraerá a cada vez más gente y el verdadero poder empezará a fluir.

¿Qué queremos decir cuando hablamos de poder? No estamos intentando construir un nuevo sistema de ‘poder-sobre’ que pueda destruir el viejo capitalismo y crear una dominación más eficiente. Nuestro objetivo es la descentralización del poder en forma de ‘poder-con’ [2]Esto significa que mientras nuestros esfuerzos circulan y se combinan entre sí, deben hacerlo en modos no jerárquicos y probablemente no permanentes. El objetivo no es que algunos de nosotros lo resolvamos todo y salvemos el mundo en nombre de todos: el objetivo es que cada uno, cada persona, cada comunidad se empodere por sí misma en conexión con un proceso espiral y dinámico de auto-liberación.

7. Vivimos en un mundo paradójico; las verdades más importantes son las más difíciles de descubrir y el mundo entero está ahogándose en mentiras. ¿Cómo podemos esperar soluciones fáciles y unipolares a nuestro atolladero actual? Cuanto más simple y más mercantilizable es una idea, más vacía tiende a estar. La verdad vive en la complejidad y en la contradicción. Para liberar al mundo y a nosotros mismos, debemos ser capaces de sostener a la vez dos opuestos en nuestra mente, reconociendo que ninguno es suficiente y, sin embargo, ambos son necesarios.

Por alguna razón, los latinoamericanos parecen estar mejor equipados para manejar la paradoja que nosotros los norteamericanos, ensimismados en perseguir la pureza. Los zapatistas lo entienden bien: “Caminando, preguntamos”[a]“Lidera obedeciendo”, “Un mundo en el que caben muchos mundos”.

Y este ensayo ha sido inspirado por el poeta nicaragüense Rubén Darío, autor de estas hermosas palabras que describen perfectamente nuestro dilema:

“¡Si me lo quitas, me muero; si me lo dejas, me mata!”


Notas del artículo original

[1].  Audre Lorde describió una analogía muy similar en el ensayo “The Master’s Tools Will Never Dismantle the Master’s House” (literalmente Las herramientas del amo nunca desmantelarán la casa del amo”)

“La diferencia no debe ser meramente tolerada, sino que debe ser vista como un fondo de polaridades necesarias entre las cuales nuestra creatividad puede desatarse/prender como una dialéctica”.

[2].  Starhawk en su libro clásico “Dreaming the Dark” (literalmente Soñando la oscuridad) distinguía entre ‘poder-sobre’ y ‘poder-dentro’. Prefiero ‘poder-con’ porque quiero enfatizar el hecho de que nos empoderamos a través de nuestras conexiones a otras personas y a la naturaleza.

N. del T.

[a].  Esta sería la traducción correcta respetando las palabras del autor, aunque en realidad la frase zapatista dice “preguntando caminamos”.

Artículo traducido por Cristopher Morales y editado por Susana Oñate y Paulina Castellanos – Guerrilla Translation!
Imágenes: Dayna MasonWindell Oskay

Cómo el crecimiento económico se ha vuelto anti-vida

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Vandana Shiva es una científica, filósofa y escritora india. Gracias a su andadura de más de 40 años en pos del activismo, se ha convertido en una representante muy importante del ecofeminismo.

En 1982 creó la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica. Entre las variadas iniciativas que maneja (biodiversidad, compromiso de las mujeres con el movimiento ecologista, regeneración del sentimiento democrático, etc.) destaca el programa Navdanya. Su nombre significa “nueve cultivos” y es una organización revolucionaria constituida por ecologistas y agricultores indios cuya iniciativa principal es el impulso y difusión de la agricultura ecológica a través del apoyo a agricultores locales y el  rescate y conservación de los cultivos que están siendo empujados hacia la extinción.

Vandana_shiva_20070610Actualmente es líder del Foro Internacional sobre la Globalización, así como miembro destacado del movimiento antiglobalización, desde donde lucha activamente contra la política neoliberal de globalización y a favor de los derechos de los pueblos, denunciando que la codicia de las corporaciones usurpan los recursos naturales, como la tierra y el agua, y violan los derechos fundamentales de la gente. En su libro reciente Manifiesto por una democracia de la tierra, Vandana ha propuesto el concepto y la causa de la democracia de la tierra como alternativa al capitalismo.

Para desarrollar su tesis ecofeminista plantea varias ideas como la presentada en el siguiente artículo, originalmente publicado en The Guardian: el desarrollo de otro tipo de herramientas más allá del Producto Interior Bruto (PIB) que evidencien la mejora en el desarrollo de las poblaciones.


La obsesión por el crecimiento ha eclipsado nuestras  preocupaciones por la sostenibilidad, la justicia y la dignidad humana. Pero las personas no son desechables; el valor de la vida no radica en el desarrollo económico. El crecimiento económico oculta la pobreza que genera a través de la destrucción de la naturaleza, que a su vez desemboca en comunidades incapaces de autoabastecerse.”

El crecimiento ilimitado es la fantasía de economistas, empresas y políticos, quienes lo consideran una medida de progreso. Como consecuencia, el producto interior bruto (PIB) —que supuestamente mide la riqueza de las naciones— se ha convertido en la cifra más poderosa y en el concepto más dominante de nuestros tiempos. Sin embargo, el crecimiento económico oculta la pobreza que genera a través de la destrucción de la naturaleza, que a su vez desemboca en comunidades incapaces de autoabastecerse.

El concepto de crecimiento fue propuesto como medida para movilizar los recursos durante la Segunda Guerra Mundial. El PIB se basa en la creación de un límite artificial y ficticio, dando por hecho que producir lo que se consume no es producir. En efecto, el “crecimiento” mide la transformación de la naturaleza en dinero y del patrimonio común en mercancías.

De esta forma, los asombrosos ciclos naturales de renovación del agua y de los nutrientes se clasifican como no productivos. Los campesinos del mundo, que nos proporcionan el 72% de los alimentos, no producen. Las mujeres que cultivan el campo o hacen la mayoría de las tareas domésticas tampoco encajan en este paradigma de crecimiento. Un bosque vivo no contribuye al crecimiento, pero cuando se talan y se venden sus árboles como madera, entonces sí hay crecimiento. Las sociedades y comunidades saludables no contribuyen al crecimiento, pero la enfermedad origina crecimiento a través de la venta de medicamentos patentados, por ejemplo.

Si el agua estuviera disponible como bien común compartido libremente y protegido por todos, habría suficiente para todos. Sin embargo, eso no origina ningún crecimiento. Pero cuando Coca-Cola abre una planta industrial, extrae el agua y rellena botellas de plástico con ella, la economía crece, si bien este crecimiento se basa en la creación de pobreza, tanto para la naturaleza como para las comunidades locales. El agua que se extrae por encima de la capacidad de la naturaleza para renovarse y recargarse genera escasez de agua. Las mujeres se ven obligadas a andar distancias cada vez mayores en busca de agua potable. En la aldea de Plachimada, en Kerala, cuando la distancia que debían recorrer en busca de agua llegó a los 10 km, Mayilamma —una mujer de la comunidad tribal— dijo basta: “No podemos caminar más lejos: la planta de Coca-Cola debe cerrar”. Al final, el movimiento emprendido por las mujeres desembocó en el cierre de la planta industrial.

Del mismo modo, la evolución nos ha regalado la semilla. Los agricultores la han seleccionado, cultivado y diversificado; es la base de la producción alimentaria. Una semilla que se renueva a sí misma y se multiplica produce, además de alimentos, semillas para la próxima temporada Sin embargo, no se considera que las semillas cultivadas y cuidadas por los agricultores contribuyan al crecimiento. Originan y renuevan vida, pero no producen beneficios. El crecimiento empieza cuando las semillas se modifican, se entrecruzan genéticamente, lo que obliga a los agricultores a comprar más cada temporada.

La naturaleza se empobrece, la biodiversidad se deteriora y un recurso común y gratuito se transforma en una mercancía patentada. La compra anual de semillas supone el endeudamiento asegurado para los campesinos pobres de la India. Desde la instalación de los monopolios de semillas, la deuda de los agricultores ha aumentado. Más de 270.000 agricultores indios atrapados en la trampa de la deuda se han suicidado desde el año 1995.

El modelo dominante de desarrollo económico se ha vuelto anti-vida. Cuando las economías se miden exclusivamente en términos de flujo monetario, los ricos se hacen más ricos y los pobres, más pobres. Y aunque el rico sea rico a nivel monetario, es también pobre en el sentido más amplio de lo que significa ser humano.”

La pobreza también se extiende cuando los sistemas públicos se privatizan. La privatización del agua, la electricidad, la sanidad y la educación sí genera crecimiento mediante beneficios. Pero también origina pobreza al obligar a las personas a gastar grandes cantidades de dinero en bienes y servicios que estaban a su alcance a precios razonables como bien común. Cuando todos los aspectos de la vida se comercializan y mercantilizan, la vida se encarece y la gente se vuelve más pobre.

Tanto la ecología como la economía surgen de la misma raíz: “oikos”, palabra griega que significa casa. Cuando la economía se centraba en lo doméstico, reconocía y respetaba sus cimientos basados en los recursos naturales y los límites de la renovación ecológica. Se centraba en satisfacer las necesidades humanas básicas dentro de esos límites. La economía basada en el hogar también era gestionada por la mujer. Hoy en día, la economía es algo ajeno y opuesto a los procesos ecológicos y las necesidades humanas. Mientras la destrucción de la naturaleza se justifica en aras de la creación de crecimiento, aumentan la pobreza y la expropiación. Al mismo tiempo que insostenible, es también económicamente injusto.

El modelo dominante de desarrollo económico se ha vuelto anti-vida. Cuando las economías se miden exclusivamente en términos de flujo monetario, los ricos se hacen más ricos y los pobres, más pobres. Y aunque el rico sea rico a nivel monetario, es también pobre en el sentido más amplio de lo que significa ser humano.

Mientras tanto, las exigencias del actual modelo económico están derivando en guerras por recursos como el petróleo, el agua y la comida. El desarrollo insostenible implica tres niveles de violencia: el primero es la violencia contra la tierra, que se manifiesta como crisis ecológica; el segundo es la violencia contra las personas, que se refleja en pobreza, indigencia y desplazamientos; y el tercero es la violencia de las guerras y los conflictos, cuando los poderosos echan mano a recursos que se encuentran en otras comunidades y países para saciar sus apetitos ilimitados.

El aumento del flujo monetario en función del PIB se ha desvinculado del valor real, pero aquellos que acumulan recursos financieros pueden reclamar los recursos reales de la gente: sus tierras, su agua, sus bosques y sus semillas. Esta sed les lleva a  saquear la última gota de agua y el último centímetro de tierra del planeta. No se trata del fin de la pobreza. Es el fin de los derechos humanos y la justicia.

Los premios Nobel de economía Joseph Stiglitz y Amarty Sen han admitido que el PIB no refleja la condición humana e instado a la creación de diferentes herramientas que midan el bienestar de las naciones. Esa es la razón por la que países como Bután han adoptado el índice de felicidad nacional bruta en lugar del producto interior bruto para calcular el progreso. Necesitamos crear medidas más allá del PIB y economías más allá del supermercado global para revitalizar la riqueza real. Debemos recordar que la verdadera moneda de la vida es la vida misma.

Artículo traducido por Lara San Mamés y editado por Arianne Sved – Guerrilla Translation!

Imagen de Thierry Ehrmann.

Cooperativismo abierto para la era P2P

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Hoy presentamos un breve texto originalmente publicado en la web de la P2P Foundation por Michel Bauwens (fundador de la Foundation for P2P Alternatives (P2P Foundation), presagiando la visión de un nuevo tipo de cooperativismo acorde con la filosofía P2P. Dado que es el planteamiento con el que estamos forjando nuestra propia estructura cooperativista en Guerrilla Translation, son unas nociones muy especiales para nosotros.


Es cierto que las cooperativas son más democráticas que sus equivalentes capitalistas, basados en la dependencia salarial y la jerarquía interna. Pero las cooperativas que trabajan dentro del mercado capitalista tienden gradualmente hacia una mentalidad competitiva, e incluso si no es así, trabajan para el beneficio de sus propios miembros y no para el bien común.”

El movimiento cooperativo y las empresas cooperativas están en pleno resurgimiento aunque algunos de sus representantes más arraigados estén en declive. Este resurgimiento es propio de los vaivenes del cooperativismo, estrechamente relacionados con los propios vaivenes de la economía capitalista predominante. Tras la crisis sistémica del 2008, hay mucha gente buscando alternativas.

Aun así, no podemos limitarnos a observar los modelos antiguos y recrearlos. Hemos de tener en cuenta las nuevas posibilidades y necesidades de nuestra época, especialmente en relación a las ventajas que aportan las redes digitales.

A continuación, enumeraré varias ideas desde una perspectiva P2P, o entre pares, tal y como las estamos desarrollando en el contexto de la Peer to Peer Foundation.

Empecemos con una crítica de los modelos cooperativos tradicionales:

Es cierto que las cooperativas son más democráticas que sus equivalentes capitalistas, basados en la dependencia salarial y la jerarquía interna. Pero las cooperativas que trabajan dentro del mercado capitalista tienden gradualmente hacia una mentalidad competitiva, y aunque no sea así, trabajan para el beneficio de sus propios miembros y no para el bien común.

En segundo lugar, la gran mayoría de las cooperativas no crean, protegen, ni producen bienes para el procomún. Al igual que sus equivalentes con ánimo de lucro, normalmente trabajan con patentes y copyrights , favoreciendo así el cerco al procomún.

En tercer lugar, algunas cooperativas tienden a encerrarse en sí mismas en torno a su pertenencia nacional o local. Con ello, dejan el campo global libre a las grandes multinacionales con ánimo de lucro.

Tenemos que cambiar estas características, y podemos cambiarlas hoy mismo.

Estas son nuestras propuestas:

1. A diferencia de las empresas con ánimo de lucro, las nuevas cooperativas han de trabajar para el bien común, un requisito que debería figurar en sus propios estatutos y documentos de gobernanza. Esto conlleva que las cooperativas no pueden tener ánimo de lucro, que tienen que trabajar por el bien social y que todo lo anterior debería reflejarse en sus estatutos. Las cooperativas de solidaridad que ya funcionan en regiones como el norte de Italia y Quebec son un paso importante en la buena dirección. El modelo de mercado capitalista actual ignora las externalidades sociales y medioambientales, pasando la responsabilidad de regularizarlas al Estado. En el nuevo modelo de mercado cooperativo, las externalidades están estatutariamente integradas y son legalmente obligatorias.

2. A diferencia de las cooperativas cuyos miembros son las únicas partes interesadas, las nuevas cooperativas abrirán su gestión a múltiples grupos de interés. Esto supone que la condición de “miembro” ha de extenderse a otros tipos de membresía o que se necesitan alternativas al modelo de membresía tradicional, como el nuevo modelo de Fairshares.

3. La innovación más importante dentro del contexto actual es la siguiente: las cooperativas deben (co-)producir bienes para el procomún y estos bienes han de ser de dos tipos:

a. El primer tipo son bienes inmateriales. Es decir, bienes que utilizan licencias abiertas y compartibles, extendiendo así el proceso de innovación cooperativa a toda una comunidad global dispuesta a enriquecerlo mediante sus contribuciones. En la P2P Foundation hemos introducido el concepto de “licencias de reciprocidad basadas en el procomún”. Estas licencias están diseñadas para crear coaliciones de empresas éticas y cooperativas alrededor del procomún que co-producen. Los aspectos clave de estas licencias son: 1) Este procomún permite el uso no comercial 2) Este procomún permite el uso por parte de instituciones orientadas hacia el bien común 3) Este procomún permite el uso por parte de empresas con ánimo de lucro que contribuyen al procomún. La excepción radica en que aquellas empresas con ánimo de lucro que no contribuyen al procomún tendrían que pagar por el uso de la licencia. No se trata de una estrategia para generar ingresos, sino de una manera de introducir la noción de reciprocidad en la economía de mercado. Es decir, su objetivo es el de crear una economía ética, una dinámica de mercado no capitalista.

b. El segundo tipo es la creación de un procomún material. Aquí nos planteamos establecer sistemas de financiación orientados al procomún para, por ejemplo, fabricar maquinaria. Inspirándonos en las propuestas de Dmytri Kleiner, las cooperativas podrían emitir bonos mediante la contribución de todos los miembros de todas las cooperativas que forman parte del sistema, creando así un fondo comunal para la producción. La cooperativa que pide los fondos obtendría la maquinaria sin condiciones, pero los propietarios serían todos los cooperativistas que, con el paso del tiempo, obtendrían una renta básica derivada de los intereses obtenidos a través del fondo.

4. Finalmente, debemos abordar la cuestión del poder político y social a nivel global. Siguiendo la estela de la transnacional Sociedad Cooperativa de las Indias Electrónicas, proponemos la creación de filés globales. Una filé es un ecosistema global de empresas para facilitar la sostenibilidad del procomún y de la comunidad que contribuye a él. Funcionaría de la siguiente manera: imaginemos una comunidad global de diseño abierto que produce planos de maquinaria agrícola abierta (o cualquier otro producto o servicio imaginable). Esta maquinaria se fabricaría y se produciría mediante un sistema de micro-fábricas abiertas, distribuidas y situadas cerca de los lugares donde se utilizará la maquinaria. Pero estas micro-cooperativas no funcionarían de manera aislada, relacionándose solo a través de una comunidad global de diseño abierto “orientada hacia lo inmaterial”. Por el contrario, estarían todas conectadas entre sí como partes de una cooperativa global que abarcaría a toda la red de micro-fábricas. Estas filés, interconectadas y globales, serían el germen de una nueva modalidad de poder político social y global representativo de la economía ética. Las coaliciones empresariales éticas y las filés podrían volcarse en la coordinación post-mercantilista de la producción física, adoptando gradualmente prácticas de contabilidad y cadenas de producción abiertas.

En resumen, aunque las cooperativas tradicionales han jugado un papel importante y progresista dentro de la historia de la humanidad, tenemos que actualizar su formato para adaptarlo a la era de las redes mediante la introducción de una orientación P2P y del procomún.

Nuestras recomendaciones para la nueva era de cooperativismo abierto son:

1. Estas cooperativas han de estar estatutariamente (internamente) orientadas al bien común.

2. Estas cooperativas precisan modelos de gobierno que incluyan a todas las partes interesadas.

3. Estas cooperativas necesitan acometer activamente la co-producción de bienes materiales e inmateriales para el procomún.

4. Estas cooperativas han de organizarse social y políticamente de forma global, incluso en el caso de que su producción sea local.

 

Artículo traducido por Stacco Troncoso y editado por María Rodríguez – Guerrilla Translation!

         Imagen “Ayrshire Autumn”de Graeme Law.

Compartir: Acción directa para una nueva economía

Hoy nos complace poder compartir este artículo, originalmente publicado en STIR Magazine, de la periodista y activista estadounidense Mira Luna, que actualmente trabaja como directora de organización y escritora para la revista Shareable, cubriendo todo lo relacionado con la economía popular y colaborativa. Con la experiencia de haber fundado, dirigido y coordinado, a lo largo de los años, un buen número de talleres y proyectos comunitarios (mercados gratuitos, intercambios de habilidades, bancos de tiempo, presupuestos participativos, etc.), analiza aquí, de forma breve, las distintas utilidades y repercusiones de algo tan sencillo como compartir y cómo esta forma de acción directa podría estimular una nueva economía.


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Si la codicia es uno de los principales atributos de la actual economía moribunda, el compartir es un elemento clave en el diseño o ADN de la nueva economía. En vez de una economía de goteo vertical gestionada por políticos y legisladores, ahora hay una nueva generación que se divierte construyendo la nueva economía, desde abajo, a través de proyectos colaborativos.”

Empecé mi recorrido como activista trabajando en asuntos políticos, del tipo que hacen hervir la sangre. Viví en carnes propias los intentos, por parte del gobierno y ciertas empresas, de envenenar el mayor acuífero de Estados Unidos con desechos radioactivos. Luchamos en frentes sumamente importantes y ganamos algunas batallas temporalmente, pero a menudo las perdíamos más adelante cuando estábamos despistados o carecíamos de organización. Luego, mientras trabajaba en legislación estatal y política local, me di cuenta rápidamente de que, con frecuencia, las victorias son cuestión de suerte: cuando le plantas cara a los intereses comerciales, el juego del dinero casi siempre está a su favor. Esto lleva a un sentimiento creciente de desempoderamiento dentro de nuestro sistema político, algo indudablemente realista pero que no deja de ser una profecía que se cumple a sí misma.

Está claro que el sistema está roto y hay que cambiar las normas del juego: necesitamos un nuevo plan operativo para la economía y una nueva infraestructura y cultura empresarial que lo apoyen. Después del colapso financiero de 2008 el panorama empezó a cambiar con la aparición [en EE UU] del movimiento Occupy y la creación de una economía propia por parte de un número cada vez mayor de jóvenes, basándose en la ética del “hazlo tú mismo” (o, para ser más precisos, “hagámoslo juntos”), y en compartir lo que tienen (materiales) y lo que saben (conocimientos) con sus colegas, entre iguales. Si la codicia es uno de los principales atributos de la actual economía moribunda, el compartir es un elemento clave en el diseño o ADN de la nueva economía. En vez de una economía de goteo vertical gestionada por políticos y legisladores, ahora hay una nueva generación que se divierte construyendo la nueva economía, desde abajo, a través de proyectos colaborativos.

Puede que la idea de compartir suene un tanto light como estrategia de cambio social, pero tiene un atractivo muy amplio y presenta la ventaja de trascender los límites de la política tradicional. La idea de compartir ya se impartía como un principio moral básico en la guardería, cuando, siendo niños, nos peleábamos por los juguetes; incluso Dios nos pidió en la Biblia, una y otra vez, que compartiéramos, nombrando la avaricia como uno de los siete pecados mortales. Es muy difícil argumentar en contra de la idea de compartir, incluso en una cultura basada en la competencia y la economía de libre mercado; y si lo haces, quedas como un avaricioso, sin más.

Otro aspecto preponderante de compartir es el hecho de que muchas de sus manifestaciones, como son los jardines comunitarios, las viviendas cooperativas, las escuelas gratuitas, los colectivos de cuidado infantil, las clínicas de acupuntura comunitarias o los bancos de semillas o herramientas, suelen abordar mejor la jerarquía de las necesidades humanas de Abraham Maslow que las formas de gratificación altruistas y de acción retardada generalmente presentes en el activismo convencional. Esto hace que compartir sea a la vez más atractivo y más sostenible, especialmente para la endeudada y económicamente precaria “Generación Y”. Compartir te puede ayudar a satisfacer tus necesidades físicas en cuanto a comida, vivienda y transporte, como también tus necesidades de seguridad económica y emocional, relaciones afectivas, autoestima, autorrealización y creatividad. También puede colaborar a reducir drásticamente tus costes de vida y los de otras personas, lo que significa que nos volvemos menos dependientes de unos empleos que operan en contra de nuestros principios.

¿Cómo podemos usar los intercambios alternativos para hacer posible la realización de proyectos, cuando estos estén respaldados por el trabajo y la confianza de la comunidad, en lugar del dinero?”

Compartir también es una forma de acción directa: en muchos casos, no requiere tener que pedirle a un representante político que haga algo por nosotros, y esperar que algún día ocurra; lo haces y ya está. Es algo más complicado si lo que te propones es, por ejemplo, conseguir que tu ciudad o universidad apoye una iniciativa de cierta envergadura, como un programa de bicicletas compartidas. Incluso entonces, es un concepto que se vende por sí solo: ahorras dinero y otros recursos, proteges el medio ambiente y sirves mejor a tus votantes. ¿Quién puede discutir con eso?

Compartir puede ser una herramienta que permita llevar a cabo otros proyectos comunitarios o campañas políticas. La disminución de los recursos económicos destinados al cambio social, tanto por parte de las fundaciones como de los donantes —simplemente no hay suficientes dólares de origen filántropo para cubrirlo todo—, nos obliga a ser más ingeniosos. Tenemos que pararnos a pensar y preguntarnos: “¿Cómo podemos hacer esto sin dinero?”. En casos como este, compartir puede ser la inspiración que nos lleve a resolver los problemas de forma creativa. También deberíamos preguntarnos: “¿Qué recursos tienen nuestros aliados, y qué recursos tenemos nosotros que podamos compartir con ellos? ¿Cómo podemos usar los intercambios alternativos para hacer posible la realización de proyectos, cuando estos estén respaldados por el trabajo y la confianza de la comunidad, en lugar del dinero?”. Esta es una estrategia que fue utilizada extensamente durante la Gran Depresión y que hoy en día está experimentando un renacimiento innovador. ¿Cómo podemos hacer que el dinero limitado del que disponemos dé más de sí por medio del trabajo cooperativo, el software de código abierto, el trueque de servicios, el intercambio de los recursos que nos sobran —el espacio, por ejemplo—, la propiedad colectiva o el pedir prestado, y no por medio de la adquisición individual de bienes costosos? Este reto se puede abordar como un juego: ¿qué grado de fluidez puedes darle a tus recursos, tanto a los que entran como a los que salen?

No pretendo subestimar el activismo político, que es crucial para cambiar las reglas del juego. No obstante, no estoy segura de que se pueda cambiar el juego hasta que recuperemos nuestras economías y devolvamos la energía, los recursos y el poder a nuestras comunidades, para luego construir a partir de ahí. Hemos perdido los fundamentos de nuestra sociedad, y necesitamos recuperarlos. Una parte de la ecuación es el activismo político, de cara a cosas como salarios justos, viviendas asequibles (preferiblemente cooperativas) o una sanidad y una banca públicas, y otra parte podría ser la toma de control directa y colectiva de nuestros recursos y mano de obra. Mientras sigamos esclavizados por la deuda y trabajando a jornada completa, nuestra capacidad real para generar cambio social será limitada; aunque seamos activistas incansables y desinteresados, no tardaremos en acabar quemados. Compartir reduce al instante parte de nuestra carga financiera y, a la vez, mejora nuestra calidad de vida al darnos más acceso a recursos, habilidades y relaciones.

Compartir también puede ser una forma positiva de reforzar nuestro empoderamiento psicológico. Cualquier organizador experimentado te dirá que, en la mayoría de los casos, es mejor empezar con pequeñas victorias para conseguir que la gente confíe en que, trabajando duro, puede ganar batallas más grandes. Pero en casi todos los proyectos basados en compartir, perder es algo que raramente ocurre. Incluso si en algún momento cerrara el taller comunitario de bicicletas, por ejemplo, mucha gente ya habría aprendido a arreglar su propia bici y dispondría de un medio de transporte económico, sostenible e independiente que ya nadie les podría negar. Esa gente podría seguir la cadena, enseñándole lo aprendido a otra gente y, como miembros de un proyecto colectivo, probablemente habrían aprendido a llevarse mejor con los demás, a estar más conectados con su comunidad, y se sentirían más empoderados, lo cual, como paso hacia delante, no es poca cosa. La experiencia de compartir puede generar, por un lado, una mayor sensación de confianza mutua y, por el otro, la convicción de que otro tipo de economía puede llegar a funcionar. Tal y como pasa en la terapia de grupo, compartir puede cambiar drásticamente —y para mejor— nuestra psique, nuestra visión del mundo y nuestros principios, algo particularmente positivo en nuestra cultura de individualismo y alienación.

Por último, es una estrategia a la que sería difícil oponerse, incluso en el caso de que hubiera grandes sumas de dinero y concentraciones de poder en su contra. Si contamos todos los jardines comunitarios, las cooperativas de viviendas y trabajadores, los espacio de trabajo y creación colaborativos, los proyectos de código abierto, los bancos de horas y las monedas locales, los talleres de bicis e informática, las iniciativas de intercambio de ropa y libros, o sea, los mercados verdaderamente gratuitos, existen millares —quizás incluso millones— de proyectos. Estos adoptan formas muy distintas en diferentes lugares del mundo, y se están creando iniciativas nuevas constantemente. La gente de un lado del planeta puede aprender, de forma rápida y sencilla, cómo funciona un modelo de proyecto creado en la otra punta del globo, reproducirlo, y adaptarlo a su propio contexto. Estos proyectos suelen ser independientes y gestionados de forma local. Es este un movimiento diverso, resiliente , adaptable y sin líderes, lo cual significa que, en su conjunto, es imposible de detener. Esto también quiere decir que es más difícil de planificar u organizar. No obstante, la buena noticia es que ya se está dando, y está creciendo a pasos agigantados.

Artículo traducido por Travis O’Shea y editado por Susa Oñate – Guerrilla Translation!

 

Traducción comunicativa vs traducción semántica

Convesations

Imagen: Gwen Vanhee

Parte de nuestro cometido en Guerrilla Translation es compartir traducciones lo más fieles posibles al material original que seleccionamos. Uno de los criterios que utilizamos es preguntarnos: “…Si el autor o autora original hablara español perfecto y conociera este trasfondo cultural tan bien como nosotros… ¿Cómo hubiera escrito ese mismo artículo?”

Teniendo esto en cuenta, hoy presentamos una contribución de nuestro colaborador Manuel Troncoso Cabeza sobre los conceptos de traducción comunicativa y semántica expuestos por el teórico de la traducción Peter Newmark.


Una buena traducción puede iluminar el original y revelar todo lo que el autor de la lengua fuente quería expresar. Así, existen traducciones de gran calidad que transmiten con exactitud el mensaje original, logrando un equilibrio perfecto entre dos lenguas, dos mundos de distinta experiencia histórica y cultural. Cuando se ve una traducción semejante, se puede decir que estamos ante una obra de arte.”

La teoría de la traducción es el marco de referencia para traducir y valorar una traducción. Ella sirve para identificar y definir cualquier problema de traducción, para valorar todos los factores que hay que tener en cuenta a la hora de afrontar ese problema, para relacionar todos los posibles procedimientos de traducción, y finalmente, para recomendar el más adecuado y la traducción que más se ajuste al original.

Bajo esta perspectiva, una de las aportaciones más importantes a la teoría de la traducción es la del análisis de los conceptos de traducción comunicativa versus traducción semántica aportada por Peter Newmark, teórico de la traducción, que establece las siguientes diferencias entre ambos tipos de traducción:

1ª. La traducción comunicativa trata de producir en el receptor de un texto un efecto lo más cercano posible al que obtienen los lectores del texto original (también se define así la equivalencia dinámica).

2ª. La traducción semántica, como indica su nombre, intenta reproducir el significado contextual exacto del original, tan cerca como permitan las estructuras semánticas y sintácticas de la segunda lengua (la lengua término).

Si existe un problema de interpretación, la traducción comunicativa debe enfatizar el efecto del mensaje, antes que el contenido del mismo. Una es más directa, más efectiva y simple, mientras que la otra es más concentrada, más conceptual y se dirige al pensamiento más que a la intención del transmisor. Por ejemplo: en “Dog that bites”, la traducción comunicativa diría “¡Cuidado con el perro!” o “¡Perro peligroso!” La traducción semántica, en cambio, atendería al concepto y traduciría “Perro que muerde; que como se ve, es una traducción literal, pero más fría. El autor, Newmark, considera la traducción semántica inferior a la comunicativa, ya que pierde fuerza y emotividad. La comunicativa, al contrario disipa la ambigüedad del texto, puesto que pretende que el lector de la lengua término obtenga la misma sensación que obtenía el de la lengua fuente.

Como se observa por lo anteriormente expuesto, el problema de la traducción se centra en el hallazgo de términos equivalentes para la lengua término, definir y encuadrar estos términos y establecer los modelos correspondientes. Por lo tanto se plantea el problema de cuál es el grado de equivalencia ideal.

Las épocas, modas, tendencias y estilos hacen que varíen constantemente los grados de equivalencia. Unas veces se pone de moda la traducción literal (estaríamos entonces frente a la traducción semántica) y otras la traducción comunicativa, e incluso un cambio total del texto. Lo ideal sería conseguir una versión literal que reproduzca las mismas sensaciones del texto original; pero claro, esto rara vez se consigue debido a las peculiaridades de cada lengua.

Sin apartarnos del tema que nos ocupa que es la diferencia entre dos modos distintos de enfocar la traducción, vemos que la situación ideal se produce cuando coinciden los dos métodos. Sin embargo, Newmark, ahondando más en el problema, llega a establecer ocho categorías diferentes en cuanto a modelos de la teoría de la traducción entre las cuales están incluidas la comunicativa y la semántica. En cualquier caso todas son ilustrativas de los tipos de traducción que se pueden plantear; bien sea atendiendo a su contenido conceptual o a su contenido formal. Estas categorías son:

a) Palabra por palabra o interlinear. Coloca la versión de la lengua término debajo de la de la lengua fuente, sin variar el orden. Por ejemplo: “This is a pen” = Esto es un lápiz. Se usa, este método, para averiguar los mecanismos de la lengua fuente, o como preparación para una traducción difícil.

b) Literal, convierte las construcciones gramaticales de la lengua fuente en las de la lengua término. Se utiliza como proceso previo a la traducción; identifica los problemas para solucionarlos después.

c) Fiel, intenta reproducir el significado contextual preciso del original dentro de los límites establecidos por las estructuras gramaticales de la lengua término. Trata de ser lo más fiel posible a las intenciones y al propósito del escritor.

d) Semántica, contempla más los valores estéticos del original, es más flexible con el significado de manera que su versión no tenga repeticiones, juegos de palabras y asonancias, y admite la excepción creativa.

e) Adaptación, es la más libre de las formas de traducción y se emplea en poesía y obras teatrales.

f) Libre, es la que reproduce el contenido sin la forma del original. Suele ser una paráfrasis más extensa que la del original; apenas puede considerarse una traducción.

g) Idiomática, reproduce el mensaje del original pero tiende a deformar los matices del significado, al dar preferencia a los modismos y al lenguaje coloquial.

h) Comunicativa, de ésta ya nos hemos ocupado en el tema y que como se ha dicho intenta ofrecer exactamente el significado contextual del texto original, de modo que tanto el contenido como el lenguaje sean fácilmente comprensibles por el lector.

Pero ¿qué método o métodos son los que cumplen el ideal de la Teoría de la Traducción?, es decir: la precisión y la economía. Para Newmark, únicamente, el semántico y el comunicativo cumplen los objetivos propuestos. La traducción semántica se usa para textos expresivos y la comunicativa para textos informativos y vocativos; la primera es personal e individual y la segunda social.

En conclusión podemos decir que existen una gran variedad de clasificaciones y criterios en los modelos de traducción. Pero a pesar de ello, hay una coincidencia común: una buena traducción puede iluminar el original y revelar todo lo que el autor de la lengua fuente quería expresar. Así, existen traducciones de gran calidad que transmiten con exactitud el mensaje original, logrando un equilibrio perfecto entre dos lenguas, dos mundos de distinta experiencia histórica y cultural. Cuando se ve una traducción semejante, se puede decir que estamos ante una obra de arte.

El dinero que la banca crea de la nada

Burning Money
“La banca privada puede crear dinero de la nada”. En esencia, ese es el mensaje de unas declaraciones recientes del Banco de Inglaterra que tiran por los suelos los fundamentos teóricos de la austeridad. Aún así, y, como explica Susana Belmonte en su web “…no estamos ante nada nuevo. Numerosos pensadores independientes como la recién fallecida Margrit Kennedy, Bernard Lietaer, Ellen Brown o Thomas Greco llevan décadas denunciándolo.” En el siguiente artículo, firmado por David Graeber y originalmente publicado en The Guardian, Graeber hace un análisis tan breve como impactante sobre el significado de esta admisión.


Entender esto es lo que nos permite seguir hablando sobre el dinero como si fuera un recurso limitado como la bauxita o el petróleo; nos permite decir que “no hay suficiente dinero” para invertir en programas sociales, nos permite hablar de la inmortalidad de la deuda pública o decir que el gasto público “desplaza” al sector privado. Lo que ha admitido el Banco de Inglaterra esta semana es que nada de esto es cierto.”

Se dice que ya en los años 30 Henry Ford comentó que era bueno que la mayoría de los americanos no supiesen cómo funcionan realmente los bancos porque de saberlo “estallaría una revolución antes de mañana por la mañana”.

La semana pasada ocurrió algo excepcional. El Banco de Inglaterra destapó la liebre. En un artículo llamado “La creación de moneda en la economía moderna” tres economistas de la Dirección de Análisis Monetario del Banco Central declararon abiertamente que las suposiciones más comunes sobre cómo funcionan los bancos son sencillamente falsas. Y que las posturas heterodoxas y un tanto populistas como las asociadas por lo general a grupos como Occupy Wall Street están en lo cierto. De esta forma, tiraron por tierra todos los fundamentos teóricos en los que se basa la austeridad.

Para hacernos una idea de lo radical que es la nueva postura del Banco, tengamos en cuenta la visión común que continúa sirviendo de base a todo debate respetable sobre políticas públicas. La gente mete su dinero en bancos y los bancos prestan dicho dinero con intereses (tanto a clientes como a empresarios que quieran invertirlo en un negocio rentable). Es cierto que el sistema de reserva fraccionaria permite a los bancos prestar considerablemente más de lo que poseen como también es cierto que si los ahorros no son suficientes, los bancos privados pueden pedir más préstamos al Banco Central.

El Banco Central puede emitir tanta moneda como desee aunque se cuide de no hacerlo demasiado. De hecho, se nos suele decir que este es el motivo principal por el que los bancos centrales existen. Si los mismos gobiernos pudieran imprimir moneda, seguramente emitirían demasiada, lo que podría desembocar en una inflación que llevaría la economía al caos. Instituciones como el Banco de Inglaterra o la Reserva Federal de Estados Unidos se crearon para regular con cuidado la masa monetaria y evitar la inflación. Esta es la razón por la que tienen prohibido financiar directamente a los gobiernos, por ejemplo, comprando letras del tesoro, y sin embargo sí pueden financiar la actividad económica privada en la que el gobierno apenas aplica impuestos.

Entender esto es lo que nos permite seguir hablando sobre el dinero como si fuera un recurso limitado como la bauxita o el petróleo; nos permite decir que “no hay suficiente dinero” para invertir en programas sociales, nos permite hablar de la inmortalidad de la deuda pública o decir que el gasto público “desplaza” al sector privado. Lo que ha admitido el Banco de Inglaterra esta semana es que nada de esto es cierto. Por citar el resumen preliminar: «Más que recibir los depósitos que las familias ahorran y volver a prestarlos, los préstamos bancarios crean depósitos»…«Normalmente el Banco Central ni fija la cantidad de dinero que debe circular, ni su dinero se multiplica para crear más créditos o depósitos».

En otras palabras, lo que sabemos no solo es falso sino precisamente todo lo contrario. Cuando los bancos prestan créditos están creando dinero. Esto es porque el dinero es simplemente un pagaré. El papel del Banco Central es presidir un orden legal que garantiza de forma efectiva que los bancos tengan la exclusividad a la hora de emitir pagarés de determinado tipo. Dichos pagarés son los que el gobierno reconoce como oferta legal y acepta de buen gusto recibirlos de vuelta en forma de impuestos. En realidad, no hay ningún límite a la cantidad que un banco podría emitir mientras siga encontrando a alguien a quien darle un préstamo. Nunca se van a quedar cortos de dinero por la simple razón de que, por lo general, los prestatarios no cogen dicho dinero y lo meten debajo del colchón. En última instancia todo el dinero que un banco presta acabará de nuevo en otro banco. Por tanto, para el conjunto del sistema bancario, cada préstamo se convierte en otro depósito. Y lo que es más, en cuanto un banco necesita adquirir fondos del Banco Central, puede pedir prestados todos los que quiera ya que este último, en definitiva, no determina la cantidad de dinero sino el interés, el precio del dinero. Desde comienzos de la recesión, los bancos centrales de Estados Unidos e Inglaterra han reducido el coste a prácticamente cero. De hecho, con la “facilitación cuantitativa” lo que han estado haciendo es inyectar todo el dinero posible en los bancos sin producir efecto inflacionario alguno.

Lo que esto significa es que el límite real de moneda en circulación no está determinado por cuánto quiera prestar el Banco Central sino por cuánto quieran tomar prestado gobierno, empresas y ciudadanos de a pie. La clave de todo esto está en el gasto público (el artículo admite, si se lee atentamente, que el Banco Central financia al gobierno). Por tanto, no cabe lugar para decir que la inversión pública desplaza a la inversión privada. De hecho, es justamente al revés.

¿Por qué el Banco de Inglaterra ha admitido todo esto de pronto? Una razón es que se trata de una verdad muy obvia. El trabajo del Banco es precisamente el de dirigir este sistema y últimamente no ha funcionado demasiado bien. Es posible que el Banco haya decidido que seguir manteniendo la versión de cuento de hadas de la economía, que ha resultado muy conveniente para los ricos, se haya convertido en un lujo que ya no se puede permitir.

Sin embargo, esto supone un gran riesgo en términos políticos. Pensemos en qué pasaría si los titulares de hipotecas se dieran cuenta de que el dinero que el banco les ha prestado no es aquello que un pensionista ahorrador ha juntado durante toda su vida, sino algo que el banco inventó por arte de magia gracias al dinero que nosotros le entregamos.

Históricamente el Banco de Inglaterra ha tendido a ser líder en la apuesta de posturas, aparentemente radicales, que a la larga se convierten en las nuevas doctrinas. Si esto es lo que está pasando ahora, es posible que pronto sepamos si Henry Ford estaba en lo cierto o no.


Artículo traducido por Paloma Sánchez Criado, editado por Alsi Canales – Guerrilla Translation!

Imágenes de epSos. de 

Guerrilla Translation nominada a los OuiShare Awards 2014

Es todo un placer informaros de que Guerrilla Translation está nominada a los premios Ouishare 2014. Si aún no conocéis Ouishare, se trata de una organización que, en sus propias palabras, “…es un Think-and-Do-Tank (Incubadora y Creadora de proyectos) cuya misión es la de empoderar a ciudadanos, instituciones públicas y empresas para crear una Economía Colaborativa: una economía basada en el hecho de compartir, colaborativa y abierta, que se sustente en redes horizontales y comunidades.”

Uno de los motivos principales que nos ha impulsado a presentar la candidatura es el sentido de comunidad que hay entre lectores, contribuidores, autores, traductores y correctores. En este último año, hay quien ha desempeñado alguno o varios de estos roles, mientras que otros habéis colaborado en todos los aspectos… y estamos encantados y agradecidos. Realmente creemos que hemos construido una comunidad en torno al proyecto y queremos seguir desarrollándola con vuestra ayuda.

Sólo hemos tenido unos días para montar un video rápido (de menos de un minuto) con el que describir el proyecto ante los jueces y atraer los votos de nuestros lectores. Ahora os queremos pedir vuestra ayuda para estar entre los cinco finalistas premiados. Primero, compartid este post y el vídeo que lo acompaña con vuestros contactos y, segundo, visitad este enlace para votarnos directamente. NOTA: Para votar sólo tenéis que escribir una dirección de correo, darle al botón de “Vote!” y, acto seguido, se os pedirá un código “capcha”. Eso es todo, no hay que registrarse ni nada y es bastante fácil. Adicionalmente, si vais a viajar a Ouishare Fest en París, allí estaremos para conoceros en persona.

IMPORTANTE: Hay gente que ha tenido bastante problemas para votar. La página no se lleva bien con ad-blockers y anti-trackers. Si no os coge el e-mail, probad con otro navegador.

Vota GTDe nuevo: apoyadnos con vuestro voto en la página de los premios Ouishare 2014. Podéis votar hasta el domingo 4 mayo. Vuestra colaboración nos daría la posibilidad de ganar el premio: una semana de preparación y trabajo colaborativo en París, que creemos supondría un gran impulso para la consolidación del proyecto.

Por último, también os animamos a votar a otros proyectos. Hay cinco categorías y, al final de la votación, se seleccionarán cinco ganadores de entre todas (ver la página de nominados). También encontraréis otros amigos y compañeros de nuestra comunidad extendida, entre ellos GoteoLoomioHuertos Compartidos, el Open Value Network, y unMonastery. Creemos que, si todos nos beneficiamos de esta oportunidad de compartir nuestro trabajo y aprender mutuamente, ganaremos todos.

Cuando hackers y agricultores unen fuerzas

El fundador de la Fundación P2P, Michel Bauwens, nos sugirió que tradujéramos esta pieza corta: una entrevista con Philippe Langlois, en la que habla sobre el mundo de los “hackerspaces” y la aplicación de la mentalidad colaborativa del open-source (código abierto) a la solución de problemas en el medio rural.

Originalmente publicada en Transural Initiatives, una revista colaborativa sobre el mundo rural, y republicada en Bastamag, un medio independiente que se centra principalmente en temas sociales y medioambientales, las realidades que se exploran en esta entrevista son un buen ejemplo de lo que podemos conseguir cuando trabajamos juntos – ¡y lo bien que nos lo podemos pasar en el proceso!


Artistas, ingenieros, investigadores, hackers y agricultores nos preguntamos cómo se podían asociar las tecnologías digitales a la naturaleza, al patrimonio, a la agricultura. Nuestros hackerspaces urbanos, su filosofía y sus prácticas, se pueden trasladar perfectamente al medio rural.”

Sacan de su aislamiento a territorios azotados por la exclusión digital. Desarrollan redes de Internet autónomas en zonas montañosas, instalan paneles solares orgánicos o posibilitan la aparición de emisoras de radio locales por internet. Incluso pueden transformar abrevaderos abandonados en jacuzzis ecológicos. Los “hackerspaces”, espacios distendidos de creación y difusión de herramientas tecnológicas en pleno medio rural. Entrevista con Philippe Langlois, uno de los fundadores del primer hackerspace francés.

¿Podrías definir qué son los hackerspaces?

Philippe Langlois: Un hackerspace es un lugar físico autónomo que reúne a personas alrededor de proyectos relacionados con la tecnología. En los medios de comunicación se habla a menudo de los “perversos piratas informáticos”, pero los hackerspaces están lejos de ser algo así: simplemente somos personas que se re-apropian de la tecnología de manera distendida, independiente y creativa. El objetivo es crear por uno mismo herramientas reapropiables y replicables por todo el mundo, difundidas de manera libre y gratuita y que puedan ser modificadas o mejoradas.

Los hackerspaces nacieron en Alemania en los años 1990, pero no se desarrollaron de verdad hasta 2005. Hoy en día existen más de 500 alrededor del mundo y reúnen cerca de 40.000 personas: Gente que provenía de los entornos del open source y el software libre, 1 que ha trasladado su forma de hacer al mundo físico, democratizando esos conocimientos tecnológicos.

¿Qué proyectos surgen de los hackerspaces? ¿Cómo encajan en el contexto de vuestra relación con la tecnología?

Se han desarrollado proyectos sobre la autonomía energética, la cartografía participativa, el arte digital incluso sobre el reciclaje de plástico a nivel local o la descontaminación. Nuestra relación con la tecnología se centra alrededor de varias ideas. La primera de ellas es la de disfrutar creando, de manera positiva. Después está el hecho de que lo que hacemos no debe beneficiar solamente a un grupo limitado de personas, sino a todo el conjunto de la sociedad. Por último, no buscamos meternos en proyectos demasiado conceptuales: lo nuestro, ante todo, es “hacer”. En los hackerspaces encontramos una ética basada en la práctica, el bricolaje, el derecho a equivocarse, el todo sin dogmatismo.

¿Cómo han llegado los hackerspaces al medio rural?

En primer lugar, porque es difícil mantener un sitio así en la ciudad: es caro y para crear hacen falta espacios grandes a la vez que duraderos. Han tenido lugar eventos puntuales alrededor de hackerspaces (ver más abajo) como en Péone en los Alpes Marítimos en 2010: el objetivo, entre otros, era saber si podíamos crear un espacio 100% autónomo partiendo de cero en plena naturaleza. Varios de estos encuentros rurales efímeros terminaron por dar lugar a la creación de espacios permanentes, los “hackerlands”. Hay decenas de ellos en Francia, como el proyecto Vallée à Conques (Cher) o ZAP1 en Allier.

Artistas, ingenieros, investigadores, hackers y agricultores nos preguntamos cómo se podían asociar las tecnologías digitales a la naturaleza, al patrimonio, a la agricultura. Nuestros hackerspaces urbanos, su filosofía y sus prácticas, se pueden trasladar perfectamente al medio rural. Nos dimos cuenta de que mucha gente en el campo ya experimentaba con la tecnología digital o provenía de esa cultura en primer lugar.

¿Cómo se integran, a nivel local, los hackerlands? ¿Qué pueden aportar a los territorios rurales?

Los pueblos rurales a menudo son víctimas de abusos por parte de las oficinas de consultorías técnicas y las grandes empresas, que tienen intereses financieros. Ciertos hackerlands se presentan como alternativa a esas estructuras, convirtiéndose un poco en asesores locales sin ánimo de lucro. Responden a las necesidades del medio rural, particularmente al “des-aislamiento” digital, creando redes Internet independientes que funcionan en zonas de montaña aisladas, poniendo en marcha servidores democráticos, radios territoriales por internet, etc. Muchos de estos “hackerlands” trabajan en torno a prácticas agrícolas o energéticas. Son espacios abiertos donde se acoge sin prejuicios, de acuerdo con la filosofía del “hacer las cosas juntos”. Algunos crean módulos de autoconstrucción reproducibles, paneles solares orgánicos, invernaderos automatizados. ¡Incluso jacuzzis a partir de abrevaderos abandonados! A veces hay iniciativas más puntuales como proyectos de agroforestería, con la creación de sensores para analizar la actividad fúngica alrededor de los árboles. En resumen, podríamos definir estos lugares como laboratorios de investigación locales y abiertos.


“A Pado loup”, un hackerspace efímero en medio de las montañas

“Queremos animar a la gente a pasar a la acción, a hacer cosas que les permitan ser más autónomos… El desarrollo y la democratización del saber hacer tecnológico en el contexto rural era el objetivo principal de A Pado Loup”, explica Ursula Gastfall, una de las organizadoras de este festival autogestionado que tuvo lugar por primera vez del 12 al 22 de agosto de 2012 en Breuil (Alpes Marítimos). A más de 1500 metros de altitud, un centenar de personas de procedencias diversas (España, Bretaña, Nord-Pas-de-Calais, Canadá…) se reunieron para constituir este hackerspace rural y efímero, tras la solicitud de propuestas difundida por el hackerspace urbano “/tmp/lab/”, instalado en Vitry-sur-Seine (departamento Val-de-Marne).

En la aldea de Pado, cerca del pueblo de Beuill, los asistentes al festival debatieron e intercambiaron entre representaciones artísticas y talleres de electrónica y ecología experimental, animados por la cultura del “Do it Yourself” (Hazlo tú mismo). En el programa: fabricación de molinos de viento y hornos solares, investigación sobre la fermentación, construcción de impresoras 3D, creación de software libre, a la vez que conciertos, laboratorio de fotografía tradicional e iluminación… Todo esto en pleno corazón de las montañas alpinas.

“Si miramos la etimología de la palabra ‘hacker’, ésta significa ‘cortar madera’”, comenta Ursula Gastfall. “La autonomía se consigue buscando soluciones prácticas que respondan a nuestras necesidades en un contexto específico”. En Pado, no hay ni agua ni electricidad. Los asistentes al festival desarrollaron un sistema de recuperación del agua de la lluvia, que se filtraba antes de ser consumida; colocaron paneles solares conectados a baterías para alimentar los aparatos electrónicos del evento. “Espero que A Pado loup tenga retoños”, anhela Ursula Gastfall, “que haya más gente que se motive a organizar eventos en terrenos distintos, para dejar vía libre a la curiosidad y la inventiva de cada uno”.


1. El “open source” designa una práctica de elaboración de software en la que el código de base es accesible (pero no necesariamente de forma gratuita) y, por lo tanto, transformable. El movimiento del software libre promueve principios de libre acceso a la información, de mutualización o incluso de gratuidad.


Artículos traducidos por Travis O’Shea y editados por Mamen Martín y Rosana Fernández – Guerrilla Translation!

Propuestas recogidas por Mickaël CorreiaTransrural Initiatives

Fuente de las imágenes.


De ciudades colaborativas a un mundo colaborativo

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Presentamos un texto de Adam Parsons, autor británico y editor de la página web Sharing the World’s Resources (Compartiendo los recursos del mundo). Parsons da buena cuenta de las distintas corrientes englobadas bajo el apelativo de “Economía/consumo colaborativo”, tanto las más entusiastas como las más críticas. Es una postura con la que nos sentimos identificados en Guerrilla Translation: pasar de un paradigma competitivo a uno colaborativo nos parece esencial, pero creemos que ese espíritu colaborativo se tiene que extender y calar en todos los aspectos de la economía, no sólo en el ámbito de la producción y la mutualidad de recursos, sino como parte del propio tejido empresarial. Parsons va más allá y propone extender lo mejor de estas prácticas al ámbito social y a lo largo del planeta para crear, en sus palabras: “…un auténtico revulsivo para que todas las naciones del mundo empezaran a compartir de forma masiva e inclusiva, tanto a nivel nacional como transnacional.”


Una red de ciudades asimiladas dentro de la economía colaborativa podría ser el germen de una red de regiones colaborativas y, con el tiempo,  de naciones colaborativas y así sucesivamente hasta llegar a un planeta colaborativo. Esta red global de economía colaborativa propiciaría un cambio de paradigma absoluto y cambiaría las reglas del juego, tanto para la humanidad como para el planeta. Bajo esta perspectiva, nos corresponde a todos investigar el potencial del movimiento colaborativo de efectuar una transformación social y económica lo suficientemente poderosa como para afrontar los retos del siglo XXI.”

Ahora que la economía colaborativa recibe cada vez más atención pública y mediática, empieza a surgir un valioso debate sobre su importancia general y la dirección que tomará en el futuro. Como paradigma emergente, no cabe duda de que el acto de compartir recursos crecerá y se transformará en los años venideros, especialmente dentro del contexto actual de recesión económica de carácter continuado, austeridad gubernamental y preocupaciones medioambientales. Prácticamente todo el mundo reconoce que se necesitan cambios drásticos en esta época de economías colapsadas en un planeta saturado. La vieja idea del sueño americano deja de ser factible en un mundo de afluencia creciente y donde se barajan previsiones de una población mundial de 9.600 millones de personas de aquí al 2050.

Por eso son cada vez más las personas que rechazan las actitudes materialistas que definieron las últimas décadas y que gradualmente se aproximan a una manera distinta de vivir basada en la conexión y el compartir, en vez de la propiedad y el consumo desmesurado. “Compartir más y ser dueño de menos” es la ética que subyace en un cambio discernible en las actitudes de las sociedades más prósperas, un cambio liderado por una generación joven, familiarizada con la tecnología, conocida como la “generación Y” o los milenarios.

oxfam-east-africa-a-family-gathers-sticks-and-branches-for-firewood_lAun así, muchos pioneros de la cultura colaborativa también se plantean una visión expandida del potencial del movimiento en relación a los problemas más urgentes del planeta, como el crecimiento de población, la degradación medioambiental y la seguridad alimentaria. Ryan Gourley, de A2Share, argumenta que una red de ciudades asimiladas dentro de la economía colaborativa podría ser el germen de una red de regiones colaborativas y, con el tiempo,  de naciones colaborativas y así sucesivamente hasta llegar a un planeta colaborativo: “Una red global de economía colaborativa propiciaría un cambio de paradigma absoluto y cambiaría las reglas del juego, tanto para la humanidad como para el planeta.” Bajo esta perspectiva, nos corresponde a todos investigar el potencial del movimiento colaborativo de efectuar una transformación social y económica lo suficientemente poderosa como para afrontar los retos del siglo XXI.

Las dos caras del debate sobre la colaboración

Poco puede argumentarse en contra de los aspectos beneficiosos de compartir recursos entre comunidades o municipios, pero ha surgido cierta controversia en torno a una visión más amplia del movimiento de la economía colaborativa y su papel a la hora de construir un mundo justo y sostenible. Muchos defensores del incipiente paradigma de colaboración económica en la urbe moderna mantienen que esta economía va más allá del couch-surfing, de compartir coches o de las bibliotecas de herramientas y que podría potencialmente trastocar los fundamentos individualistas y materialistas del capitalismo.

Otros proponentes ven la economía colaborativa como un primer paso crítico para allanar el camino hacia una prosperidad universal y respetuosa con los límites naturales de la tierra y para facilitar la transición hacia economías más locales y sociedades más igualitarias. Pero también hay mucha gente que ni siquiera se plantea si participar en la economía colaborativa —dentro de sus parámetros y prácticas actuales— constituye un acto político realmente capaz de hacer frente a la economía consumista actual y su cultura del individualismo. Varios comentaristas argumentan que la proliferación de nuevas iniciativas aglutinadas bajo el paraguas de “lo colaborativo” no representan nada más que “una continuación de la adaptación perpetua de los mecanismos de oferta y la demanda a nuevas tecnologías y nuevas oportunidades” y que la “economía colaborativa” como tal se ha convertido en un foco de atracción para intereses comerciales –un debate que adquirió aún más relevancia cuando Avis, la multinacional de alquiler de coches, compró Zipcar, empresa pionera en el sector de compartir vehículos.

En su columna para el Financial Times, el autor Evegeny Morozov ha llegado incluso a decir que la economía colaborativa tiene un efecto dañino sobre las condiciones de trabajo básicas y la igualdad, dado que se adecúa perfectamente a la lógica mercado, dista mucho de favorecer las relaciones humanas por encima de los ingresos, e incluso incrementa los peores excesos del modelo económico dominante.

Compartir como un camino para el cambio sistémico

beautiful-wind-turbine-for-renewable-electricity-generatorAunque reconciliar estas perspectivas polarizadas sería una tarea imposible, sigue habiendo buenos motivos para plantearse la dirección que tomará el nuevo movimiento colaborativo en los años venideros. Tal y como reconocen algunas de las mayores partidarias de la economía colaborativa, como Janelle Orsi y Juliet Schor, el movimiento ofrece tanto motivos para ser optimistas como una serie de obstáculos y preocupaciones. Por una parte, es sintomático de un cambio creciente en nuestros valores e identidades sociales que se ve reflejado en la transición de “consumidores” a “ciudadanos”. Por otra, nos ayuda a replantear nuestras nociones de propiedad y prosperidad en un mundo de recursos limitados, niveles escandalosos de desperdicios y enormes desigualdades económicas.

Igualmente, los críticos tienen todo el derecho a cuestionar si la economía colaborativa, tal y como la conocemos hoy en día, supone un reto a la injusticia de las estructuras de poder existentes, o si engendrará un movimiento ciudadano capaz de propulsar los cambios radicales que necesitamos para construir un mundo digno. En vez de reorientar la economía hacia una mayor igualdad y mejor calidad de vida, tal y como proponen autores como Richard Wilkinson, Herman Daly, Tim Jackson, o Andrew Simms, cabe considerar que muchas de las dinámicas colaborativas existentes —y gestionadas mediante redes P2P— corren el riesgo de caer presas de prácticas comerciales convencionales.

No se trata de un resultado inevitable, pero, mientras no promovamos la colaboración económica dentro de un contexto de derechos humanos, de lucha contra la desigualdad, de democracia, de justicia social y de cuidado del medio ambiente, todo pronunciamiento sobre el potencial paradigmático del movimiento colaborativo para solventar las crisis interrelacionadas que afectan al planeta carece de substancia.

De compartir localmente a hacerlo globalmente

Un planteamiento de lo colaborativo bajo el criterio de la sostenibilidad social, tal y como proponen muchos individuos o grupos como Shareable, supondría un auténtico revulsivo para que todas las naciones del mundo empezaran a compartir de forma masiva e inclusiva, tanto a nivel nacional como transnacional. Serviría para incrementar la igualdad, reconstruir comunidades, mejorar el bienestar, democratizar la gobernanza nacional y global, defender y promover el procomún global e incluso allanar el camino hacia estructuras internacionales más cooperativas que reemplazaran el paradigma actual de globalización neoliberal competitiva.

Aún no hemos llegado ahí, por supuesto, y es evidente que la acepción común de “colaboración económica” que conocemos hoy en día está primordialmente enfocada sobre dinámicas personales de dar y recibir entre individuos, o a través de plataformas comerciales online. Pero, el mero hecho de que la conversación se haya ampliado para incluir el papel de los gobiernos nacionales en cuestiones como compartir infraestructuras públicas, poder político y recursos económicos, representa un indicativo esperanzador de que el incipiente movimiento colaborativose mueve en la dirección adecuada.

También hay quien se plantea cuáles serían las implicaciones de una política de compartir recursos en países menos desarrollados y con altos índices de pobreza, y si el resurgimiento de la colaboración económica en países desarrollados, y a nivel global, puede suponer una solución ante la convergencia de crisis que nos afectan. Quizás, de aquí a un tiempo, el concepto de colaboración económica a escala global –impulsado por la conciencia de una inminente catástrofe ecológica, por los extremos en desigualdad y la mortalidad que provocan, y o por la intensificación de los conflictos en torno a los recursos naturales– sean el tema de conversación más habitual en cada reunión de amigos o dentro del propio entorno familiar.

Artículo traducido por Stacco Troncoso y editado por Rosana Fdez y Mamen Martín – Guerrilla TranslationTexto original, pubicado en Shareable

Imágenes de Free Grunge Textures, Oxfam East Africa / Foter y epSos.de / Foter