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Occupy, la deuda y los límites históricos del capitalismo

Arthur de Grave y Benjamin Tincq entrevistan a David Graeber

Es ineludible pagar las deudas contraídas… ¿no es así? David Graeber, antropólogo y figura destacada dentro del movimiento Occupy, cree que es hora de cuestionar la validez de este planteamiento moral. Graeber propone una nueva perspectiva sobre la deuda y recupera el concepto del jubileo de la deuda.

Conocido –a su pesar– como “antropólogo anarquista”, David Graeber fue uno de los primeros partícipes de Occupy Wall Street, donde creó el proyecto de Strike Debt (Tacha la Deuda), descrito por la revista Shareable como “el primer rescate financiero P2P”. Desde entonces se ha unido a la facultad de antropología de la London School of Economics. ¿Has oído hablar de los “curros inútiles”? Graeber acuñó el término en un artículo que se ha vuelto viral en las últimas semanas, y que se ha traducido a más de 14 idiomas.

En su libro “En deuda: Una historia alternativa de la economía”, Graeber analiza los fundamentos básicos del sistema económico actual, basado en la deuda y el crédito, y presenta un análisis tan perturbador como influyente en la red. Al igual que Charles Eisenstein, Graeber está redefiniendo nuestras nociones sobre el capitalismo, la deuda y el dinero, y proponiendo alternativas para un sistema mejor.

La mayoría de los economistas creen que los sistemas económicos de la antigüedad se basaban en el trueque. Tú, sin embargo, argumentas lo contrario.

¡Exactamente! Todo el mundo conoce el relato del trueque primitivo. La primera persona en divulgarlo fue Adam Smith. Tampoco le podemos echar la culpa, dado que por aquella época no contaba con ningún tipo de información etnográfica fiable sobre las dinámicas sociales y monetarias de estas sociedades. Sus teorías sobre el trueque y el intercambio directo estaban basadas en sus propias deducciones: la gente llamaba la puerta del vecino y decía: “Te voy a dar veinte gallinas a cambio de esa vaca, diez cabezas de flecha por ese arado…”. Evidentemente, en una economía como la que describe Smith, no tardarías en toparte con un gran problema: ¿qué pasa si nadie quiere tus gallinas? Así, transacción tras transacción, el dinero emergió gradualmente para resolver ese problema de falta de liquidez.

Es un cuento muy bonito pero tiene un problema: ¡es totalmente falso! Asume que las comunidades tienden a comerciar con lo que los economistas han dado en llamar “transacciones inmediatas” y entre desconocidos. No hay ningún tipo de crédito. Al examinarlo detenidamente veremos que es absurdo: digamos que tu vecino tiene una vaca que necesitas para un festín mientras que tú no tienes nada que ofrecerle… en ese momento. Pero bueno, dado que es tu vecino, lo más lógico es que tarde o temprano tengas algo que le sea de utilidad. Ahora todos sabemos que le debes algo, y puede que regrese un año más tarde para reclamarte una vaca, o incluso pedirte que tu hija se case con su hijo. De hecho, te podría pedir cualquier cosa y existen muchos motivos por los que al vecino le conviene que estés endeudado con él. Lo que encontramos en estas comunidades pequeñas son series de deudas informales. Distintos tipos de deuda y jerarquías de favores. Lo único que no vas a encontrar es un equivalente matemático exacto y esto último es lo que caracteriza al dinero.

 El trueque normalmente surge cuando se agota el dinero en comunidades acostumbradas a utilizar dinero en metálico.

Graeber

David Graeber

En conclusión, el problema no tiene que ver con que el dinero proceda del trueque, dado que el trueque normalmente tiene lugar entre personas que jamás volverán a verse. El quid de la cuestión es: ¿por qué tipo de proceso se empiezan a cuantificar estas series de deudas informales? ¿En qué contexto empiezan las personas a realizar cálculos matemáticos para obtener equivalencias perfectas? En situaciones potencialmente violentas. Imagínate una pelea de bar donde le cortan la oreja a alguien. Los códigos de conducta de las sociedades pre-estatales a menudo contaban con plazos y condiciones muy detalladas para el pago de multas por haber roto una nariz, cortado una oreja, herido una pierna, etc. En estos casos las multas impiden que se cometan otros actos violentos. Es un contexto en el que la gente exige exactamente lo que se le debe. Si alguien mata a tu hermano y no tienes muchas ganas de perdonarle, el código legal dice que te debe veinticinco vacas, pero puede darse el caso de que no tenga suficientes vacas para pagarte. Llegados aquí, vas a exigir un equivalente exacto con el que empezar a hacer cálculos.

Históricamente hablando, así es como creemos que emergió el dinero. El mito tradicional es falso: de hecho, en los primeros recuentos históricos sobre sistemas monetarios complejos de la antigua Mesopotamia, lo que hallamos es un sistema de crédito. Los sumerios no tenían balanzas lo suficientemente precisas como para pesar pequeñas cantidades de dinero; nadie llegaba al mercado con pepitas de metal. El crédito era lo más habitual dentro de las transacciones normales. El trueque normalmente surge cuando se agota el dinero en comunidades acostumbradas a utilizar dinero en metálico. La Rusia de los años noventa es buen ejemplo de ello.

En tu libro también dices que todas las revoluciones y movimientos sociales de la historia surgen a raíz de la deuda. Lo primero que hacían era destruir cualquier registro sobre la deuda. ¿Crees que estamos en una situación similar ahora mismo?

La verdad es que sí. Moses Finley dice que, desde la antigüedad, hay una demanda revolucionaria que es constante: cancelar la deuda y redistribuir las tierras. La página de We are the 99% llevó a cabo un estudio y esas eran las demandas más generalizadas. Ya no se trata tanto de exigencias radicales de autogestión o dignidad laboral, sino de la cancelación de las deudas y la devolución de los mecanismos básicos de sustento. Es como si la deuda hiciera las veces de foco moral para una rebelión, un foco con implicaciones radicales y capaz de movilizar coaliciones que no existirían en otras circunstancias.

Por un lado, la ideología de la deuda es una de las herramientas más poderosas jamás creadas para justificar situaciones de desigualdad exorbitante y, no sólo se les da un tamiz moralmente aceptable, sino que además hacen creer que la víctima tiene la culpa. Pero cuando todo estalle, estallará a lo grande. Ha ocurrido una y otra vez en la historia de la humanidad, y creo que este es uno de los aspectos más extraordinarios de Occupy Wall Street.

Por un lado, la ideología de la deuda es una de las herramientas más poderosas jamás creadas para justificar situaciones de desigualdad exorbitante y, no sólo se les da un tamiz moralmente aceptable, sino que además hacen creer que la víctima tiene la culpa.

Los estudiantes son uno de los colectivos más grandes dentro del movimiento y lo que vienen a decir es: “somos los niños buenos, pedimos un préstamo y estudiamos mucho para entrar en la universidad. Hemos seguido las reglas. Y aquí estamos. Pero  a nosotros no nos han rescatado. Por el contrario, los banqueros –los que nos han traicionado y mentido, además de destruir la economía mundial– se han beneficiado de un rescate gubernamental, mientras que nosotros vamos a pasar el resto nuestras vidas escuchando que somos una banda de vagos irresponsables porque les debemos dinero. ¡Eso no tiene ningún sentido!”

Más interesante aún es que hace 40 años ni un obrero ni un funcionario del transporte público se hubiesen hecho eco de los problemas de un estudiante universitario endeudado. Pero hace dos años comprobamos que la clase obrera apoyó a Occupy de forma masiva. Eso sólo se puede comprender entendiendo el poder que ejerce la deuda y el tipo de indignación que es capaz de suscitar. Facilita alianzas de clase que no habrían existido de otra manera. Tras el 2008, los ciudadanos estadounidenses se esforzaron al máximo por dejar atrás la deuda, pero hay dos categorías de deudas inextricables: los préstamos estudiantiles y las hipotecas basura. Tanto los estudiantes como los pobres de la clase obrera se encontraron en una situación relativamente parecida, y por eso formaron estos lazos de unión dentro del movimiento. ¡Así de poderosa es la deuda!

En la antigüedad, si no podías devolver una deuda podían forzarte a vender a tus hijos e hijas como esclavos. ¿Está esto relacionado con tu artículo sobre los “curros inútiles”?

Si alguien te contratara para lanzar una piedra por encima de un muro para, acto seguido, ir al lado contrario para tirarla de vuelta, y así durante todo el día, nos parecería absurdo. Pues resulta que casi todos nuestros trabajos son igual de inútiles. Cuando escribí el artículo sobre los “curros inútiles” estaba hablando hipotéticamente. Yo no trabajo en el sector corporativo pero cuando hablo con gente de ese sector les veo muy agobiados y de forma muy específica. ¡Pregúntale a cualquier abogado corporativo sobre su contribución a la sociedad! Parece que hay un tipo de trauma moral muy específico como consecuencia de tener un empleo que, en el fondo, sabes que ni siquiera debería existir. Hay millones y millones de personas atrapadas en esta situación. Curiosamente, me recuerda un poco al tipo de trabajos obligatorios e inútiles que se inventaban en la Unión Soviética –justo lo que, en teoría, jamás debería ocurrir en el capitalismo. Pero, aun así, se han inventado todos esos trabajos que ni siquiera deberían existir y la gente que los desempeña es plenamente consciente de ello.

En The Economist se ha criticado tu hipótesis.  Según ellos, estos trabajos sólo existen para gestionar la creciente complejidad de la economía global. ¿Cómo respondes a eso?

Mi respuesta es muy sencilla. Hay un ejemplo perfecto para contradecir su argumento: las universidades. Están añadiendo cada vez más cargos administrativos. Más decanos asistentes, más asesores de publicidad, etcétera. Si lo comparamos con cómo estaban las cosas hace 40 años, ahora tenemos cuatro veces esa cantidad de puestos administrativos. ¿Acaso la enseñanza es cuatro veces más complicada que antes? La producción no se ha vuelto más complicada, solamente hemos añadido más capas para repartir el botín. Estos trabajos inútiles son, en esencia, un tipo de renta: distribuimos parte de los beneficios de la extracción financiera a un grupo social que recibe un salario a cambio de aparentar que anda muy ocupado.

Una de las soluciones que propones es la organización de un jubileo de la deuda. ¿Cómo lograrlo en términos prácticos? ¿Cómo construir un nuevo sistema sin caer en los mismos errores?  

DebtCuando hablo de un jubileo de la deuda, lo veo más bien como una limpieza conceptual, no una solución práctica. Si nos damos cuenta de que el dinero no es más que un acuerdo social, podemos hacerlo desaparecer o volver a crearlo, hacer lo que nos dé la gana con él. Evidentemente, nadie elimina completamente todas las deudas. Siempre hay mecanismos que deben permanecer activos. Pero no me cabe la menor duda de que hay economistas profesionales capaces de proponer estrategias factibles: gente como Michael Hudson y Steve Keen ya han propuesto modelos concretos.

Evidentemente, tendríamos que mantener las pensiones. Uno de los aspectos más pérfidos del neoliberalismo es que coacciona a la gente a ser cómplice del sistema debido a la privatización de los fondos de pensiones. Tenemos que regresar al sistema de pensiones públicas. Pero eso son detalles técnicos que creo que podemos solventar si tenemos a la gente apropiada trabajando en ello. Los problemas económicos no son tan difíciles de resolver, aunque no se puede decir lo mismo de los políticos.

Si hablas con gente sincera de la clase dominante, verás que saben perfectamente que tarde o temprano habrá algún tipo de cancelación de la deuda. No hay manera de evitarlo.

Si hablas con gente sincera de la clase dominante, verás que saben perfectamente que tarde o temprano habrá algún tipo de cancelación de la deuda. No hay manera de evitarlo. La pregunta es: ¿cómo se va a realizar? ¿Será de forma honesta, donde los gobernantes admiten que van a cancelar las deudas, o van a encontrar alguna forma de ingeniárselas para volver a engañarnos? A lo largo de la historia hemos visto ejemplos de ambos. En la antigua Mesopotamia las cancelaciones de la deuda se empleaban a menudo para evitar estallidos sociales y preservar las estructuras básicas de la autoridad. Pero no olvidemos que la democracia griega y la República romana también fueron resultado de la quita de deudas. Es crucial que, en vez de discutir sobre si va a haber una cancelación de la deuda o no, hablemos sobre cómo va a llevarse a cabo.

En mi opinión, no hay manera de mantener el sistema financiero existente sin socavar los principios básicos del capitalismo. Creo que el capitalismo ha llegado a los límites de su potencial histórico. Lo único que me preocupa es que el siguiente sistema sea aún peor.

¿Crees que la descentralización del proceso de creación de dinero sería un buen punto de partida?

Ya hay mucha gente experimentando con monedas sociales y complementarias y veo en ello mucho potencial. Está claro que no es la única solución, pero me parece un elemento esencial dentro de cualquier solución. Antes de descartar el dinero por completo, creo que habría que experimentar con nuevos tipos de dinero. Jamás nos libraremos de él por completo. Pero si el dinero, en esencia, no es más que un cupón de racionamiento, creo que es preferible racionar lo menos posible y, como poco, eliminar el dinero en ciertos aspectos de la vida.

Pero el dinero está tan enraizado en nuestros cerebros…

La gente adopta distintas formas de dinero cuando no les queda otra: si el sistema monetario existente colapsa, hay que hacer algo. En épocas de quiebra económica puede pasar cualquier cosa.

A todo esto, ¿qué te parece la idea de una renta básica universal e incondicional para toda la ciudadanía?

La idea esencial detrás de la renta básica es que, dado que todos estamos produciendo valor constantemente, se vuelve necesario desligar el concepto de productividad del lugar de trabajo. Si proporcionas una renta básica emites un mensaje muy poderoso: nadie se quiere quedar ahí sentado sin dar palo al agua; confiamos en que busques una actividad provechosa. Este concepto del trabajo como algo moralmente intocable es una de las herramientas más detestables que ostenta el poder, y no hace sino agravar el fenómeno de los curros inútiles.

La verdad, es que el capitalismo ya ni siquiera se justifica a sí mismo. Se supone que es un sistema que mejora la calidad de vida de los pobres, haciendo que las desigualdades sean aceptables. Pero ya no es así. Se supone que produce más seguridad. Pero tampoco es así. Se supone que fomenta la democracia. Pero esto ya no ocurre. Todas las justificaciones positivas clásicas ya no son pertinentes. Ya sólo quedan los argumentos morales: que trabajar es bueno y que las deudas hay que pagarlas, no hay alternativa. Hemos llegado a un punto en el que estos argumentos sólo conducen a la autodestrucción del sistema. El barco se está hundiendo por sobrecarga de trabajo y de deuda.

Has estado muy activo en Occupy Wall Street desde sus principios. En su reciente libro ‘Swarmwise’, Rick Falkvinge compara el Partido Pirata [sueco] a Occupy. Una de las mayores diferencias que señala es que no tenéis ni líderes ni demandas específicas. ¿Cómo obtener resultados sustanciales con un liderazgo totalmente descentralizado?

Pero si en Occupy teníamos muchísimos líderes: ¡más de 100.000! La verdad es que todo depende de la estrategia. Tenemos una estrategia a largo plazo: estamos intentando transformar la cultura política. Para lograrlo, hay que crear nuevas instituciones, nuevos hábitos y nuevas sensibilidades. Esto es un objetivo ya ambicioso de por sí. Pero también supone dejar de centrarse en resultados concretos e inmediatos (aunque esto no excluye que no los alcancemos por el camino). De hecho, apostamos por una estrategia basada en deslegitimizar.

Me gusta utilizar la analogía de Argentina: lo que acabó con el reino del FMI en Latinoamérica fue el impago argentino. Antes de que el gobierno de Kirchner llegara al poder, se sucedieron tres gobiernos distintos, cada uno de ellos derrocados por levantamientos populares. El propio Kirchner tampoco era un radical, sino un socialdemócrata bastante apaciguado. Pero tuvo que hacer algo radical porque el movimiento social deslegitimizó por completo a toda la clase política. La gente empezó a organizarse y a crear su propia economía alternativa. Es un ejemplo perfecto de no necesitar la clase política para nada pero, aun así, seguir obteniendo resultados políticos.

Llegó un punto en el que los políticos eran tan odiados por todos que ni siquiera podían ir a un restaurante. Tenían que ir disfrazados o la gente les tiraba comida. Llegados aquí, la clase política no tuvo otra opción sino enfrentarse a la mismísima idea de que las instituciones políticas ya no tenían relevancia alguna en la vida del pueblo. Tuvieron que tomar una decisión radical que no hubieran tomado bajo otras circunstancias. Esta es la estrategia básica que estamos siguiendo con Occupy: en vez de impulsar candidatos y hacer reivindicaciones, estamos creando un sistema político propio capaz de funcionar sin políticos y que los políticos nos demuestren que aún tienen algún tipo de utilidad.

En vez de impulsar candidatos y hacer reivindicaciones, estamos creando un sistema político propio capaz de funcionar sin políticos y que los políticos nos demuestren que aún tienen algún tipo de utilidad

Norteamérica ha llegado a un punto de inflexión con Occupy. En Estados Unidos tenemos un largo historial de represión de movimientos sociales pero, históricamente, los movimientos que se han reprimido más violentamente han sido los de la clase obrera o los de personas de color, no los de blancos de clase media… O no sin provocar algún tipo de escándalo por parte de la izquierda moderada y la progresista (pensemos en la época de McCarthy, las protestas estudiantiles de los 60 etc.). Está claro que Occupy fue un movimiento muy diverso, pero también había muchos blancos de clase media y se llevaron sus palizas como todos los demás.

Pero esta vez parece que no le importaba nadie: las alianzas regionales entre los liberales y los radicales están rotas. Por otra parte, creo que hemos logrado más en dos años que cualquier otro movimiento social que se me ocurra en la misma cantidad de tiempo: la idea de clase social y del poder basado en clases ha vuelto a la agenda –a esto se refiere el eslogan “Somos el 99%”– y hemos denunciado la corrupción inherente al sistema político estadounidense. Hemos cambiado el ámbito político: recordemos que, al planear su campaña, Mitt Romney veía su trayectoria financiera de Wall Street como algo positivo… En Nueva York ya estamos empezando a ver las consecuencias políticas: Bill de Blasio, quien tiene toda probabilidad de ser el próximo alcalde, apoya a Occupy. Parece que nuestra estrategia está funcionando después de todo.


Guerrilla Translation/Relacionado:https://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/10/factory-e1383171595590.jpgEl desempleo es la cura de todos los malesPaul B. Hartzoghttps://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/11/strip-curros-inc3batiles-e1383341047312.jpgEl fenómeno de los curros inútilesDavid GraeberGuía práctico-utópica del inminente colapso/ David Graeber


Esta entrevista también se ha publicado en:

Game over, Bitcoin: Buscando la moneda digital con valores humanos

bitcoin32Stanislas Jourdan

Traducido por Stacco Troncoso, editado por Arianne Sved – Guerrilla Translation!

Artículo original

Aunque, como demostración de concepto, se trata de un ejemplo extraordinario, hay quienes alegan que la cripto-moneda distribuida Bitcoin tiene serias carencias como alternativa viable al sistema monetario. Ha llegado el momento de que los monetaristas verdaderamente radicales vayan más allá de este experimento técnico para avanzar hacia el siguiente nivel de la  revolución monetaria: un sistema monetario digital basado en las necesidades humanas.

Desde su lanzamiento en el 2009, Bitcoin ha pasado de ser un proyecto cripto-anarquista a ser un candente tema de debate en la red y fuera de ella. Desde las casas okupas londinenses, hasta el barrio Kreuzberg  de Berlín, no es que todo el mundo esté pagando con Bitcoins, pero todo el mundo está hablando de ello.

El Bitcoin puede ser descrito como una cripto-moneda entre iguales, o P2P. Es decir, se trata de un sistema monetario distribuido que facilita transacciones anónimas y relativamente seguras sin necesidad de una autoridad centralizada. En lugar de emitirse a través de un sistema bancario opaco, son los propios usuarios de Bitcoin quienes generan la moneda a través de un software de código abierto y un algoritmo inteligente que facilita la seguridad y anonimidad de todo el sistema distribuido. Como resultado, no hay necesidad de una autoridad central que gestione el Bitcoin. El sistema se controla a sí mismo.

Infografía traducida por Matheus Frik

Todo el mundo está de acuerdo en que Bitcoin, desde un punto de vista técnico, es una prueba de concepto excepcional y que ha conseguido despertar conciencia sobre las imperfecciones del sistema monetario actual. La cuestión es si Bitcoin es capaz de dar solución o no a estos problemas. Cada vez hay más economistas prominentes y activistas que dicen que no.

“Un sistema diseñado para crear billonarios de Bitcoin”

El Bitcoin se enfrenta a dos tipos de crítica. La primera es técnica: el Bitcoin es una moneda anónima y sin supervisión, algo que puede llegar a ser muy útil para traficantes de droga, vendedores de armas o cualquiera que negocie en el mercado negro. Sebastiano Scròfina, el fundador de Dropis, ha enumerado una serie de críticas adicionales, pero la mayor crítica no es de carácter técnico sino económico y tiene que ver con la concepción del Bitcoin como moneda.

“El Bitcoin está diseñado por gente que cree en cierto tipo de economía, está concebido para ser como el oro, para favorecer su atesoramiento.” Michel Bauwens, P2P Foundation

Podría decirse que el Bitcoin es una moneda deflacionaria, o incluso una mera “mercancía virtual”. Al igual que el oro, el Bitcoin deriva su valor de la escasez — la circulación de Bitcoins está limitada a 21 millones de unidades. Aunque los libertarios y defensores del patrón oro ven esta escasez como una ventaja, resulta problemática para muchos. El prestigioso economista griego Yannis Varoufaki ha publicado recientemente un estudio muy inteligente sobre los problemas que esto suscita:

“En términos sencillos, si el Bitcoin tiene éxito y penetra en el mercado, una cantidad creciente de nuevos bienes y servicios se intercambiarán en Bitcoin. Por definición, el ritmo al que se incrementará esa cantidad será más rápido que el incremento en la cantidad de Bitcoins. En resumen, una cantidad restringida de Bitcoins estaría intentando seguirle el paso a una cantidad creciente de bienes y servicios. De esta forma, la cantidad de Bitcoins disponibles por unidad de bienes o servicios caería, causando la deflación.”

Y eso, según Felix Salmon, no es nada bueno:

“La inflación es mala, pero la deflación es aún peor. El motivo es que nadie gasta dinero en una coyuntura deflacionaria ya que todo lo que quieras comprar va a ser más barato en cuestión de días o semanas. La gente acumula el dinero y solo lo gasta, a regañadientes, en necesidades absolutas. Desde luego que no se lo van a gastar en contratar  a empleados —da igual lo productivos que sean, sigue siendo más beneficioso agarrarse a ese dinero y no pagarle nada a nadie.”

Expresado de otra manera, como las unidades de Bitcoin se están creando a un ritmo cada vez más lento mientras que aumenta el número de usuarios de la moneda, el valor de cada unidad siempre irá en alza. Por tanto, los nuevos usuarios tendrán una parte proporcional menor de la masa monetaria, a menos que sean lo suficientemente ricos para comprar Bitcoins a cambio de monedas oficiales.

“Bitcoin sirve para crear asimetría y desigualdad donde antes no la había”, concluye la periodista del Financial Times  Izabella Kaminska. “Es un sistema diseñado para crear millonarios de Bitcoin.”

La élite del Bitcoin: 78 entidades

Los millonarios de Bitcoin no son ningún mito. Al examinar la totalidad del gráfico de Bitcoin (pdf) desde el 12 de julio de 2011, los investigadores Dorit Ron y Adir Shamir han llegado a una serie de conclusiones reveladoras. Primero, estimaron que un 59,7% de las monedas Bitcoin están inactivas, lo cual significa que la mayoría se están ahorrando en vez de gastarse en el sistema. En segundo lugar, averiguaron algo aún más interesante: que un 97% de las cuentas de Bitcoin contienen menos de 10 unidades, mientras que un reducido grupo de 78 entidades están amasando más de 10.000 Bitcoins. Por último, los investigadores identificaron solo 364 transacciones que superaban los 50.000 Bitcoins. Su análisis concluye: “Todas estas grandes transacciones surgieron como consecuencia de una sola transacción llevada a cabo en noviembre del 2010”.

“Tabla 3. Distribución actual (13 de Mayo, 2012) del balance de Bitcoins por entidad y por dirección”

En resumidas cuentas, existe un pequeño grupo de afortunados que controla la gran mayoría de los Bitcoins del mundo. ¿Pero de quién se trata? Las investigaciones de Sergio Lerner sugieren que uno de los millonarios de Bitcoin no es otro sino el enigmático Satoshi Nakamoto, supuesto inventor de esta cripto-moneda. Dado que Nakamoto fue, sin lugar a dudas, el primer usuario en realizar una transacción en Bitcoin, Lerner ha podido rastrear toda la actividad de la cuenta de éste. Lerner concluye que Nakamoto debe de poseer unos 980,000 Bitcoins, el equivalente a unos 110 millones de dólares según el índice de cambio actual. Si no sabes muy bien qué pensar de todo esto, aquí está la opinión de Julian Assange sobre el asunto:

“Esto significa que tendrías que introducirte en el sistema de Bitcoin ya mismo, cuando aún es pronto. Es mejor ser uno de los primeros usuarios,  porque algún día, tus Bitcoins tendrán un valor enorme.”  Julian Assange, Junio 2011

“¿De qué manera va a ayudar el Bitcoin a los griegos?”

“¿De qué manera va a ayudar el Bitcoin a los Griegos?” pregunta Scròfina con escepticimo. Se supone que una moneda P2P (entre iguales) debería ofrecer algo más ante la desigualdad económica.

El economista griego Yanis Varoufakis llega a la conclusión de que el concepto de una “moneda apolítica  capaz de ’energizar’ una sociedad industrial avanzada” es una fantasía:

“¿Sería posible calibrar el suministro de Bitcoins a largo plazo de tal forma que compensara sus efectos deflacionarios, a la vez que inclinamos la balanza de la demanda especulativa a la demanda de transacciones con Bitcoin? Para lograrlo, se necesitaría un banco central de Bitcoin, lo que, por supuesto, echaria por tierra el propósito de tener una moneda digital totalmente descentralizada como el Bitcoin.”

¿Significa esto que no hay futuro para el ideal de una moneda descentralizada? No todos los detractores de Bitcoin están de acuerdo.

La Fundación P2P de Michel Bauwens fue uno de los primeros organismos en utilizar el Bitcoin, pero Bauwens decidió, sensatamente, retirar su apoyo a la moneda digital y expresó  duras críticas durante una presentación en OuiShare Fest, en Mayo del 2013. No obstante, a diferencia de Varoufakis, sigue siendo optimista:

“Gracias Bitcoin por haber hecho esto, porque ahora podemos hacer algo mejor”  Michel Bauwens, Fundación P2P.

La declaración recibió un gran aplauso por parte del público, reflejando dos días de intensas discusiones en torno a monedas virtuales y un consenso generalizado sobre la necesidad de crear nuevas alternativas.

(Pulsar sobre el rectángulo en la parte inferior derecha para activar los subtítulos en español)

Después de Bitcoin y más allá de la escasez

En uno de los debates sobre monedas virtuales celebrados en el OuiShare Fest, todos los partícipantes estuvieron de acuerdo en que las monedas del futuro deberían estar basadas en la confianza y ayudar a la economía real. Pero, ¿por dónde empezar?

“Tenemos que desmantelar la idea de que el dinero ha de ser una mercancía, o un valor acumulable a largo plazo”, explica Dropis Scròfina. En estas interesantes diapositivas, Scròfina argumenta a favor de un sistema monetario de post-escasez.

Un análisis mayormente compartido por Izabella Kaminska:

Tenemos que dejar de pensar en términos monetarios, tenemos que fijarnos en la riqueza real que nos rodea. El crecimiento general de la calidad de vida en el mundo. El valor ya existe, pero necesita una distribución mejor.

Al igual que Varoufakis, Kaminska cree que esta distribución es responsabilidad de las instituciones públicas, pero ¿podría llevarse a cabo con una moneda descentralizada y apátrida?

Existen muchos proyectos de monedas digitales alternativas que están intentando lograrlo. Freicoin y Litecoin, por ejemplo, son dos proyectos derivados del código fuente de Bitcoin pero con diferencias tangibles. Litecoin tiene una mayor masa monetaria (hasta 84 millones de unidades) y, por tanto, es más fácil de minar, mientras que Freicoin (“Moneda Libre” en alemán) se puede expandir hasta 100.000 unidades. Además, Freicoin lleva una tasa de demora incorporada: las monedas pierden un 5% de su valor todos los años. En su página web explican:

“La tasa de demora obliga a que toda la acumulación de capital circule, independientemente del afán de acumulación de los más ricos. Dado que la sobrestadía de divisas funciona a modo de impuesto sobre dinero estancado, banqueros, financieros y corporaciones no pueden seguir amasando fortuna a la espera de un incremento en los índices de interés o un clima de inversión más favorable. El dinero está perdiendo valor continuamente, con lo que se incentiva a gastarlo lo antes posible en las necesidades de la vida o invertirlo en proyectos a largo plazo que también estimulen el crecimiento de la economia verdadera, creando empleo en el proceso.”

Mientras escribía este artículo, me han hablado muchas veces de otro proyecto llamado Ripple.  Ripple no es sólo una moneda virtual, es, por encima de todo, un protocolo de pago que se puede utilizar con cualquier moneda como el Bitcoin, o incluso el Euro o el Dólar. Ripple realza los sistemas de pago P2P basados en redes sociales existentes, transformándolas en redes de confianza y rutas de transacciones.

El proyecto francés Open Universal Dividend Currency (Moneda Abierta de Dividendo Universal u Open UDC) es incluso más radical. Durante su presentación en el OuiShare Fest, Michel Bauwens nos recordaba: “¿Con quién realizamos ese intercambio P2P en Bitcoin? Intercambiamos con el ordenador”. Open UDC, en cambio, opera de forma totalmente opuesta.

Al igual que Bitcoin, Open UDC es un protocolo de moneda descentralizada que impide el doble gasto y el fraude. Pero lo que distingue a esta moneda es el hecho de que cada miembro recibirá periódicamente un dividendo de igual cantidad, una especie de renta básica. ¿Cómo funciona? A diferencia de otras monedas digitales que incorporan una renta básica, como el OCCCU, la moneda alternativa de Occupy Wall Street, ni siquiera necesita recurrir a la tasa de demora o a impuestos para repartir dinero. Open UDC sencillamente se dedica a emitir el dinero “de la nada” —  pero de manera responsable.

Open UDC aún no está operativa, pero su proporción de creación de capital estará definida por un algoritmo, determinado por dos factores: el número de participantes que utilizan Open UDC y la expectativa de vida media dentro de la comunidad. La idea es que, a lo largo de su vida,  cada miembro de Open UDC obtenga la misma cantidad proporcional de dinero que los demás. Como consecuencia, “su masa monetaria está en continua expansión y así se evita que una minoría amase demasiadas unidades en detrimento de la mayoría” me contaba uno de los contribuyentes al proyecto. “El sistema crea suficiente espacio para gente nueva, de tal forma que cualquiera puede empezar a comerciar sin tener que endeudarse antes.”

La descripción en la página oficial del proyecto reza: “Las implementaciones de Open UDC permiten que seres humanos intercambien bienes y servicios digitales con un espíritu de equitatividad espacial entre los miembros, y temporal entre miembros actuales y futuros.”

Cambiar la cultura del dinero

¿Hemos dado con el sistema monetario perfecto? Sebastiano Scròfina es más cauteloso: “En teoría, Open UDC funcionaría pero, en la práctica, se necesita más que un protocolo. Antes, se necesita una comunidad de personas que confíen entre sí.

Es irónico que el éxito del Bitcoin esté basado en un concepto opuesto: la desconfianza. El Bitcoin está diseñado para que nadie le tenga que deber nada a nadie. Los usuarios llevan sus transacciones a cabo y desaparecen.

“En ese sentido, Bitcoin es una moneda antidemocrática. Está basada en la desconfianza, en vez de la confianza, no asume ningún tipo de responsabilidad. Es más, ni siquiera hay un responsable como tal. Es nihilista y sólo resulta deseable como alternativa a otros sistemas manifestamente peores.”  Felix Salmon

Llegados aquí, dado que Bitcoin tiene tantos aspectos negativos,  puede que nos preguntemos por qué lo utilizan tantas personas.

Seguramente se deba a que, a fin de cuentas, el dinero es una cuestión cultural: mientras haya quien piense que el dinero ha de ser una mercancía, se seguirán promoviendo monedas aptas para la acumulación, la especulación y la competencia.

Afortunadamente, el auge de la economía colaborativa está impulsando un cambio cultural al promover más abundancia y considerar al ser humano como elemento esencial dentro de la economía. Si realmente creemos en los valores sobre los que se sustenta la economía colaborativa, ha llegado la hora de llevar nuestra ambición más allá para crear los sistemas monetarios descentralizados y humanos que merece la nueva economía emergente.

Esta traducción también ha aparecido en:

Reclamando el crédito como bien común

CcommnImagenes: Marina Gullón

Reclamando el crédito como bien común/Hacia una sociedad-mariposa

Thomas H Greco

Traducido por Stacco Troncoso, editado por DFC – Guerrilla Translation!

Artículo original

Traducción a español iberomericano

Hoy en día, las monedas locales y los sistemas de intercambio alternativos se han convertido en un tema familiar en los medios de comunicación, incluso en los periódicos con más difusión, como el Wall Street Journal, The Guardian, y Der Spiegel, o en canales de televisión locales y nacionales. Estas reseñas están principalmente enfocadas sobre los intentos de mantener estas monedas circulando de manera local, y que el dinero no sea “drenado” de la zona, dado que así refuerzan la vitalidad de las economías locales y mejoran las perspectivas de los negocios de la zona en su lucha por competir con las grandes multinacionales.

Todo esto se trata de un fenómeno positivo, pero que evade un análisis más profundo sobre los problemas que afectan a nuestras comunidades y a nuestro mundo en general. Pues los problemas a los que se enfrentan nuestras comunidades, y la civilización en general, tienen su origen en la mismísima naturaleza del dinero y los mecanismos según los cuales se crea y se distribuye mediante la intervención del cártel más poderoso que jamás ha existido. Los regímenes globales del dinero y la banca han sido diseñados para centralizar el poder y concentrar la riqueza en las manos de una élite gobernante; se trata de un proceso que viene de muy atrás en el tiempo y que se ha hecho cada vez más efectivo (en exclusivo beneficio de  esa élite).

En todas las economías desarrolladas, las profesiones están muy especializadas. Apenas elaboramos o construimos nosotros mismos aquello que necesitamos. Esta situación provoca que el intercambio de bienes y servicios sea una necesidad de subsistencia. Pero el trueque primitivo es ineficaz y depende de una coincidencia  entre carencias y necesidades – “yo tengo algo que quieres tú y tú tienes algo que yo quiero.” Si una de las dos partes no tiene lo que quiere la otra, no hay  trueque posible.  El dinero se inventó para facilitar intercambios más allá de la cercanía inherente de una comunidad local -donde priman las transacciones informales- y así el dinero facilita un modo de comercio que es ocasional y impersonal.

El dinero es, en primer lugar y ante todo, un medio de intercambio, una especie de substituto que permite que el vendedor suministre algo de valor para el comprador, a cambio de dinero, y después, usar el vendedor ese dinero recibido para obtener del mercado aquello que necesite para sí mismo, o para otros.

En la antigüedad, se usaron como moneda materiales útiles para la comunidad. Yo, por ejemplo, no tengo necesidad  de poseer tabaco pero, al saber que hay muchos que lo desean, lo puedo aceptar como pago a cambio de mis manzanas. Lo mismo se puede decir del oro y la plata, que, en el transcurso del tiempo, se convirtieron en los materiales predilectos como medio de intercambio.

Pero el dinero ha evolucionado con el tiempo; el dinero ya no es “una cosa”. Es crédito dentro de un sistema de contabilidad que se manifiesta principalmente a través de “depósitos” en los bancos y, secundariamente y en pequeñas cantidades, en forma de papel moneda. Toda moneda nacional se apoya en el crédito colectivo de todos los que están obligados por la ley aceptarlo como tal.

En otras palabras, hemos tolerado la privatización del bien común del crédito, y de tal manera que sólo podemos acceder a éste cuando pedimos a un banco a que nos conceda un “préstamo”. Para poder crear dinero es requisito previo que alguien contraiga una deuda.  Pero no se está prestando nada; la banca sencillamente crea el dinero basado en la promesa de que el “prestatario” va a devolverlo. Resumiéndolo a mi manera,  hemos entregado nuestro crédito colectivo a la banca para, después, suplicarle que nos preste parte  de vuelta–y les pagamos intereses por ese privilegio. El resultado es una escasez crónica de dinero dentro del sector productivo de la economía, aún cuando se otorga dinero a los gobiernos centrales para sostener un déficit público con el que financiar guerras, rescates bancarios, y todo tipo de derroches inútiles.

Pero el peor aspecto del sistema monetario es su requisito intrínseco de crecimiento continuo–lo que yo llamo el imperativo del crecimiento. Esto proviene del hecho de que el dinero se crea sobre una base de deuda sujeta a intereses, de tal manera que la cantidad a devolver se va incrementando con el paso del tiempo. Pero el interés compuesto es una función de crecimiento exponencial y eso significa que la deuda no crece de forma estable y regular, sino de forma cada vez más acelerada. El sistema monetario global precisa de la expansión continua de la deuda a fin de evitar un colapso financiero. Por eso los ciclos de burbujas y colapsos son cada vez más extremos, y la competencia entre prestatarios por un suministro insuficiente de dinero conlleva un incremento acelerado  en la expoliación medioambiental y la degradación social.

El crédito “de origen Comunitario” ha sido el aspecto más ignorado de los aspectos del “Bien Común” pero es el más crucial, porque el crédito es el mismísimo cimiento y medio de subsistencia del dinero moderno, y el dinero es el medio esencial para el intercambio de bienes y servicios. Aquél que controla el dinero controla virtualmente todo aquello que existe en el mundo material. La privatización del bien común del crédito no sólo ha permitido que unos pocos hayan explotado al resto, también ha provocado una expansión económica mucho más allá de cualquier límite razonable, a la par que ha causado conflictos por el control de recursos en todo el planeta.

En el pasado, las estructuras del poder mundial estaban basadas en los “acuerdos” de defensa de los intereses comunes de las autoridades políticas y religiosas. Los reyes, emperadores y príncipes dependían de la jerarquía eclesiástica para legitimar su mandato. Siempre que el pueblo dependiera de la Iglesia, y sus sacerdotes, para su salvación y posterior admisión en el reino de los cielos, éste aceptaba dócilmente el estado de las cosas. Pero, según empezaron a cambiar las creencias, las autoridades eclesiásticas perdieron prácticamente toda su influencia. Hoy en día, la estructura de poder global está basada en los “acuerdos” de defensa de los intereses comunes entre autoridades políticas y financieras. Incluso en países nominalmente democráticos, son los banqueros y los financieros -y sus súbditos en los medios de comunicación, la educación, la medicina y otros campos- los que seleccionan a los líderes políticos y determinan el desarrollo de la política pública. Mientras el pueblo dependa del dinero que crea la banca para su “salvación” material y admisión al reino de “la buena vida”, este estado de las cosas continuará provocando que las masas –los avalistas de la deuda gubernamental– continuen hundiéndose cada vez más rápido en as arenas movedizas de la esclavitud por endeudamiento.

Ese interés que ha de pagarse para “ tomar prestado” nuestro propio crédito del banco no es el único elemento parasitario de este sistema. Otro es la inflación del suministro de dinero que acompaña el gasto de déficit público por parte del gobierno. Prácticamente todos los gobiernos nacionales gastan constantemente mucho más de lo que ingresan, extrayendo recursos reales de la economía a cambio del dinero “falso” que la banca crea para ellos bajo la tutela de la ley. Esta devaluación de la moneda inevitablemente conlleva a un aumento del precio de las necesidades básicas en el mercado. A este “drenaje” de recursos económicos le podemos añadir los salarios obscenos y las primas y “bonus” que estos privilegiados se otorgan a sí mismos por gestionar el sistema, además de los rescates financieros periódicos que obtienen de los gobiernos.

La situación, para cualquiera que se haya molestado en observarla de cerca, es muy clara: el sistema monetario y bancario, basado tal y como está en la usura y la centralización del poder y la riqueza, ha provocado una serie interminable de miserias e injusticias sobre la raza humana y toda la naturaleza del planeta Tierra. Es un sistema que no puede reformarse; sólo puede ser superado.

¿Superar el actual sistema monetario?

Las buenas noticias son que no tenemos por qué ser las víctimas de un sistema que, sin lugar a dudas, nos está fallando. Tenemos en nuestras manos el poder de reclamar el Bien Común del crédito. Lo podemos hacer de manera pacífica y sin necesidad de atacar este régimen tan arraigado y poderoso. Tan sólo requiere que cada uno de nosotros tome el control de nuestro propio crédito y lo entregue a aquellos individuos y negocios merecedores del mismo, a la vez que lo mantenemos lejos de las manos de aquellos que no lo merecen; y que entreguemos nuestro talento, dedicación y energía a aquellas iniciativas que repercutan positivamente sobre la capacidad de adaptación  de la comunidad, su sostenibilidad, su auto-suficiencia y, el bien común en general.

Todos hemos sido condicionados en la búsqueda del dinero como medio con el que mantener a nuestras familias y a nosotros mismos para suplir las necesidades materiales de la vida. Pero el dinero se ha convertido en un instrumento del poder, un ardid que permite a unos pocos controlar el desarrollo de los asuntos humanos. Mientras sigamos atrapados en esta persecución constante del dinero, todos seremos meras marionetas al servicio de esos titiriteros–esa pequeña élite que, concediéndoles la mejor de las intenciones, actúan desde una perspectiva miope del exclusivo interés propio, presos del error y la ignorancia.

Quizás vean la luz algún día, pero no nos podemos permitir el lujo de esperar. La respuesta está en aprender a compartir, a cooperar, y a organizar para crear lo que a mí me gusta describir como “la Sociedad Mariposa”. Las monedas y los sistemas de intercambio comunitarios suponen una caja de herramientas esencial a la hora de forjar comunidad–y auto-suficiencia, pero tienen que ser diseñados de tal forma que nos permitan ser menos dependientes del dinero “político” y de la banca. Un medio de intercambio privado debería crearse tomando como base el valor creado e intercambiado entre productores locales, especialmente cuando se trata de aquellos negocios pequeños y medianos que forman la base de cualquier economía. Esto supone que una moneda debe ser gastada al ponerse en circulación, que no vendida a cambio de más dinero. Podemos ser capaces de organizar estructuras nuevas para el dinero, la banca, y las finanzas, libre de intereses y descentralizadas. Estructuras que no estén controladas por la banca ni por los gobiernos centrales, sino por individuos y empresas que se asocian y organizan dentro de redes de comercio no monetizadas.

En resumen: cualquier grupo de personas puede organizarse para adjudicar un sistema de crédito colectivo entre sí mismos y libre de interés. Se trata de la mera extensión de una práctica habitual en muchos negocios: vender en base a una cuenta abierta– “Te mando el género ahora, y ya me pagarás más adelante”, sólo que no estaría organizada sobre una base bilateral, sino dentro de una comunidad de múltiples compradores y vendedores. Este sistema debería llevarse a cabo a una escala lo suficientemente grande e incluyendo una cantidad suficientemente amplia de bienes y servicios. Sistemas como éste pueden evitar las disfunciones inherentes en los sistemas monetarios y bancarios convencionales. Pueden abrir el camino a relaciones más armoniosas y mutuamente benéficas con las que propiciar la construcción de una verdadera democracia económica.

Compensación mutua de crédito – Comerciar sin dinero

Lo que estoy describiendo no es un sueño utópico sino una realidad demostrada y bien establecida. También conocido como “compensación mutua de crédito”, se trata de un proceso empleado por cientos de miles de negocios en todo el mundo, miembros de una multitud de sistemas de trueque comercial que proveen la contabilidad necesaria, junto a otros servicios, para el comercio sin dinero. En este proceso, las cosas que vendes te permiten pagar por las cosas que compras sin tener que utilizar el dinero como mecanismo de cambio. En vez de andar persiguiendo dólares, utilizas lo que tienes para pagar por lo que necesitas.

A diferencia del trueque tradicional, que depende de la coincidencia de requisitos y necesidades entre dos comerciantes que poseen bienes que necesitan mutuamente, la compensación mutua de crédito ofrece un sistema de contabilidad para créditos de comercio, una especie de moneda interna que permite que los comerciantes vendan a ciertos miembros mientras que compran de otros. Se estima que hay más de 400,000 compañías en el mundo que intercambian más de 12.000 millones de dólares en bienes y servicios siguiendo estas directrices y sin utilizar ningún tipo de moneda nacional.

Quizás, el mejor ejemplo a largo plazo de un intercambio de compensación de crédito sea la Cooperativa-círculo económico WIR[1]. Creada como organización de auto-ayuda en Suiza y en medio de la Gran Depresión de 1929, WIR provee un medio para que sus asociados puedan seguir comprando y vendiendo entre ellos, independientemente de que haya una escasez de francos suizos en circulación. Durante los últimos tres cuartos de siglo a través de épocas buenas y malas, WIR (ahora conocida como el Banco WIR) ha continuado prosperando. Sus más de 60,000 miembros a lo largo de Suiza intercambian aproximadamente 2.000 millones de dólares en bienes y servicios todos los años, pagándose entre ellos no con dinero oficial suizo, sino con sus propias unidades de contabilidad, los créditos WIR.

El Crédito del Bien Común: una revolución pacífica para una sociedad más feliz.

Credit CommonsEl desafío para cualquiera de estas redes es, por supuesto, obtener suficiente escala para ser verdaderamente útiles. Cuanto más grande sea la red, más oportunidades se crearán para el intercambio sin dinero. Puede que, al iniciar esta andadura, se requiera cierto grado de ayuda para encontrar esas oportunidades, pero según se vayan conociendo los miembros entre sí, y sepan lo que puede ofrecer cada uno, los beneficios de la participación se harán cada vez más evidentes y atractivos. Al igual que Facebook, Twitter, MySpace y otras redes que son puramente sociales, las redes de comercio sin dinero eventualmente experimentarán un crecimiento exponencial que marcará un antes y un después revolucionario en el empoderamiento político y económico. Será una revolución discreta y pacífica y no provocada por protestas en las calles o peticiones dirigidas a políticos que sirven a sus “amos”, sino trabajando juntos para ostentar un poder que ya es nuestro–aplicar los recursos que tenemos para apoyar la productividad propia y otorgar crédito allá donde se necesite.

A través de la participación en una red de intercambio abierta, transparente y democrática, los miembros disfrutarán de beneficios como:

    • Una fuente de crédito fiable y amistosa,  libre de intereses y controlada por la comunidad.
    • Menos necesidad de dólares, euros, libras, yenes o cualquier otro dinero “político” y escaso.
    • Incremento en ventas.
    • Una clientela leal.
    • Proveedores fiables.
    • Una comunidad más próspera y viva.

¿Qué se necesita para que las redes de compensación mutua de crédito se vuelvan virales y crezcan rápidamente, de la misma forma que lo han hecho las redes sociales? Esa es la pregunta clave, y la respuesta sigue siendo difícil. Mientras que el WIR ha sido un éxito incontestable, parece haberse visto intencionadamente limitado y destinado a no propagarse más allá de las fronteras suizas. Y, mientras que el fenómeno del trueque comercial ha sido  y sigue siendo significativo, con un crecimiento constante durante los últimos 40 años, sigue teniendo una repercusión mínima al compararse con la totalidad de la actividad económica.

Bajo los sistemas con los que operan hoy en día, las redes de intercambio comercial se limitan a sí mismas y, típicamente, imponen una serie de obligaciones sobre sus miembros. Éstas incluyen cuotas de participación onerosas, membresía exclusiva, escala y rango limitado en cuanto a los bienes y servicios disponibles en cada intercambio, la utilización de software propietario y una estandarización insuficiente de operaciones que limita la habilidad de los miembros de un sistema de intercambio a la hora comerciar con los miembros de otros sistemas similares.

Prácticamente todos los sistemas de intercambio comercial son pequeños, locales, y operados con afán de lucro. La escala pequeña, el control local, y el modelo de empresa independiente son todos características deseables. Pero si hablamos de construir un nuevo sistema de intercambio se necesita algo más. Lo que el mundo necesita ahora mismo es un medio de pago controlado localmente pero con utilidad global. Esto supone otorgar a los miembros del intercambio comercial local la habilidad de comerciar con miembros de otros intercambios fácilmente, de manera barata y sin apenas asumir riesgos.A continuación propongo una serie de medidas necesarias para que el comercio sin dinero basado en la compensación mutua de crédito se vuelva viral:

    1. Los miembros han de poner a disposición de la red, no sólo las mercancías de menos demanda o los servicios de lujo, sino todo su catálogo de bienes y servicios y a sus precios habituales. Esto afianzará el valor de los créditos de comercio interno y les dará una utilidad verdaderamente práctica.
    2. Como cualquier “portador del bien común” los sistemas de intercambio deberían abrir sus puertas a cualquiera que desee participar en los mismos, sin trabas y sin un exceso de requisitos previos.
    3. Las líneas de crédito (es decir, el privilegio de tener un descubierto en la cuenta monetaria) han de definirse según la habilidad y la voluntad de cada miembro de actuar con reciprocidad, una reciprocidad cuantificada, por ejemplo, por su historial de ventas dentro de la red.
    4. Los sistemas de intercambio han de ser operados por y para los miembros y de manera transparente, abierta, y con capacidad de adaptación.
    5. Los miembros han de ejercer sus responsabilidades para proveer la supervisión adecuada de aquellos designados para gestionar las transacciones.
    6. Ha de haber una estandarización mínima en los intercambios comerciales para asegurar que los créditos internos mantengan un valor comparable.

Cuando los sistemas de intercambio hayan optimizado su diseño y operatividad, se convertirán en modelos a seguir para los siguientes sistemas. En ese momento experimentarán una fase de crecimiento rápido, llevándonos eventualmente hasta una red de comercio local similar a Internet que hará que el dinero se vuelva obsoleto y permitirá la emergencia de una sociedad más libre y armoniosa.

Referencias y recursos (en inglés)

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[1]  WIR, abreviación de “Wirtschaftsring-Genossenschaft”, también significa “Nosotros” en alemán.”