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El fenómeno de los curros inútiles

https://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/09/constructivist-job-illustration-e1379098388568.jpgDavid Graeber

En el año 1930, John Maynard Keynes pronosticó que, llegados a fin de siglo, la tecnología habría avanzado lo suficiente para que países como Gran Bretaña o Estados Unidos pudieran implementar una semana laboral de 15 horas. No faltan motivos para creer que tenía razón, dado que nuestra tecnología actual nos lo permitiría. Y sin embargo, no ha ocurrido. De hecho, la tecnología se ha encauzado, en todo caso, para inventar formas de que todos trabajemos más. Para lograrlo se han creado trabajos que, en efecto, no tienen ningún sentido. Enormes cantidades de personas, especialmente en Europa y Estados Unidos, se pasan la totalidad de su vida laboral realizando tareas que, en el fondo, consideran totalmente innecesarias. Es una situación que provoca una herida moral y espiritual muy profunda. Es una cicatriz que marca nuestra alma colectiva. Pero casi nadie habla de ello.

¿Por qué no se ha materializado nunca la utopía prometida por Keynes –una utopía que se seguía anhelando en los sesenta? La explicación más extendida hoy en día es que no supo predecir el aumento masivo del consumismo. Ante la disyuntiva de menos horas o más juguetes y placeres, hemos elegido colectivamente lo segundo. Nos presentan una fábula muy bonita pero, con sólo reflexionar un momento, veremos que no puede ser cierto. Indudablemente, hemos presenciado la creación de un sinfín de nuevos trabajos e industrias desde los años 20, pero muy pocas de ellas tienen que ver con la producción y distribución de sushi, de iPhones o de calzado deportivo de moda.

Entonces, ¿cuáles son exactamente estos nuevos trabajos? Un informe en el que se compara el desempleo de EE.UU. entre 1910 y el 2000 nos da una imagen muy clara (que, recalco, se ve prácticamente reflejada con exactitud en el Reino Unido). Durante el último siglo, ha disminuido drásticamente la cantidad de trabajadores empleados en el servicio doméstico, la industria y el sector  agrario. Simultáneamente, “los puestos profesionales, directivos, administrativos, en ventas y en el sector de servicios” se han triplicado, creciendo “de una cuarta parte a tres cuartas partes de la totalidad de la fuerza laboral”. Es decir, tal y como estaba previsto, muchos trabajos productivos se han automatizado (aunque se tome en cuenta la totalidad de trabajadores industriales del mundo, incluyendo la gran masa de trabajadores explotados de India y China, estos trabajadores ya no representan un porcentaje de la población mundial tan elevado como antaño).

Pero en vez de permitir una reducción masiva del horario laboral de modo que todo el mundo tenga tiempo libre para centrarse en sus propios proyectos, placeres, visiones e ideas, hemos presenciado una dilatación, no tanto del “sector de servicios” como del sector administrativo. Esto incluye la creación de nuevas industrias, como son los servicios financieros o el telemarketing, y la expansión de sectores como el derecho corporativo, la administración de la enseñanza y de la sanidad, los recursos humanos y las relaciones públicas. Estas cifras ni siquiera reflejan a toda las personas que se dedican a proveer apoyo administrativo, técnico o de seguridad para esas industrias, por no mencionar toda la gama de sectores secundarios (cuidadores de perros, repartidores de pizza nocturnos) que tan solo deben su existencia a que el resto de la población pase tantísimo tiempo trabajando en otros sectores.

Estos trabajos son lo que propongo denominar “curros inútiles”.

Es como si alguien estuviera inventando trabajos sin sentido solo para tenernos a todos ocupados. Y aquí precisamente es donde reside el misterio. Esto es exactamente lo que no debería ocurrir en el capitalismo. Es cierto que en los antiguos e ineficientes estados socialistas como la Unión Soviética, donde el empleo era considerado tanto un derecho como una obligación sagrada, el sistema creaba todos los empleos que hicieran falta (éste es el motivo por el que en las tiendas soviéticas “se necesitaban” tres tenderos para vender un solo filete). Pero claro, se supone que este tipo de problemas se arregla con la competitividad de los mercados. Según la teoría económica dominante, derrochar dinero en puestos de trabajo innecesarios es lo que menos interesa a una compañía con ánimo de lucro. Y aún así, no se sabe muy bien por qué, pero ocurre.

Aunque muchas empresas se dediquen a recortar sus plantillas despiadadamente, estos despidos, y el correspondiente aumento de responsabilidades para los que permanecen, invariablemente recaen sobre quienes se dedican a fabricar, transportar, reparar y mantener las cosas. Debido a una extraña metamorfosis que nadie es capaz de explicar, la cantidad de administrativos asalariados parece seguir en expansión. El resultado, y esto ocurría también con los trabajadores soviéticos, es que cada vez hay más empleados que teóricamente trabajan 40 o 50 horas semanales pero que, en la práctica, solo trabajan esas 15 horas que predijo Keynes porque pasan el resto de su jornada organizando o atendiendo talleres motivacionales, actualizando sus perfiles de Facebook o descargándose temporadas completas de series de televisión.

Evidentemente, la respuesta no es económica sino moral y política. La clase dirigente se ha dado cuenta de que una población productiva, feliz y con abundante tiempo libre representa un peligro mortal (recordemos lo que empezó a pasar la primera vez que hubo siquiera una aproximación a algo así, en los años sesenta). Por otra parte, la noción de que el trabajo es una virtud moral en sí mismo y que todo aquel que no esté dispuesto a someterse a una disciplina laboral intensa durante la mayor parte de su vida no merece nada, les resulta de lo más conveniente.

En cierta ocasión, al observar el aumento aparentemente ilimitado de las responsabilidades administrativas en las instituciones académicas británicas, me imaginé una posible visión del infierno. El infierno es un grupo de individuos que pasan la mayor parte de su tiempo desempeñando tareas que ni les gustan, ni se les dan especialmente bien. Imaginemos que se contrata a unos ebanistas altamente cualificados y que éstos, de repente, descubren que su trabajo consistirá en pasarse gran parte de la jornada friendo pescado. Es más, se trata de un trabajo innecesario –solo hay una cantidad muy limitada de pescados que freír. Aun así, todos se vuelven tan obsesivamente resentidos ante la sospecha de que algunos de sus compañeros pasan más tiempo tallando madera que cumpliendo con sus responsabilidades como freidores de pescado, que pronto nos encontramos con montañas de pescado mal cocinado desperdigado por todo el taller, y acaban dedicándose a eso exclusivamente.

Creo que es una descripción bastante acertada de la dinámica moral de nuestra propia economía.

Soy consciente de que argumentos como éste se toparán con objeciones inmediatas: “¿Quién eres tú para determinar qué trabajos son ‘necesarios’? ¿Qué es necesario, a todo esto? Eres profesor de antropología, explícame qué necesidad hay de eso.” (De hecho, muchos lectores de prensa-basura valorarían mi trabajo como la definición por excelencia de una inversión social desperdiciada.) Y, en cierto sentido, esto es indudablemente cierto. No hay forma objetiva de medir el valor social.

No me atrevería a decirle a una persona que está convencida de aportar algo importante a la humanidad que, en realidad, está equivocada. Pero, ¿qué pasa con quienes tienen la certeza de que sus trabajos no sirven de nada? Hace poco retomé el contacto con un amigo de la escuela que no veía desde que teníamos 12 años. Me quedé atónito al descubrir que, primero, se había hecho poeta y, más adelante, fue el vocalista de un grupo de rock indie. Incluso había escuchado algunos de sus temas en la radio sin tener ni idea de que el cantante era mi amigo de la infancia. No cabe duda de que era una persona innovadora y genial, y que su trabajo había mejorado y alegrado la vida de muchas personas alrededor del planeta. Pero, tras un par de discos fracasados, perdió su contrato discográfico y, con la presión añadida de numerosas deudas y una hija recién nacida, acabó, tal y como él lo describió, “eligiendo la opción que, por defecto, eligen muchas personas sin rumbo: matricularse en derecho”. Ahora es abogado mercantil para un prestigioso bufete neoyorquino. Mi amigo no titubeó en admitir que su trabajo carecía de valor alguno, que no contribuía nada al mundo y que, según su criterio, ni siquiera tendría que existir.

Llegados aquí, podemos plantearnos una serie de preguntas. La primera sería: ¿qué dice esto de nuestra sociedad, que parece generar una demanda extremadamente reducida de poetas y músicos talentosos, pero una demanda aparentemente infinita de especialistas en derecho empresarial? (Respuesta: si un 1% de la población controla el grueso de las rentas disponibles, el denominado “mercado” reflejará lo que ellos, y nadie más que ellos, perciben como útil o importante). Es más, esto demuestra que la gran mayoría de estos empleados son conscientes de ello en realidad. De hecho, creo que jamás he conocido a un abogado mercantil que no pensara que su trabajo era una sandez. Podríamos decir lo mismo de casi todos los sectores nuevos mencionados anteriormente. Existe toda una clase de profesionales asalariados que, al toparte con ellos en una fiesta y confesarles que te dedicas a algo que podría considerarse interesante (como, por ejemplo, la antropología) evitan hablar de su profesión a toda costa. Pero después de unas cuantas copas, te sueltan toda una diatriba sobre la inutilidad y estupidez de su trabajo.

Aquí contemplamos una profunda violencia psicológica. ¿Cómo vamos a plantearnos una discusión seria sobre la dignidad laboral cuando hay tanta gente que, en el fondo, cree que su trabajo ni siquiera debería existir? Inevitablemente, esto da lugar al resentimiento y a una rabia muy profunda. El peculiar ingenio de esta sociedad reside en el hecho de que nuestros dirigentes han hallado la manera –como en el ejemplo de los freidores de pescado– de que esa rabia se dirija precisamente en contra de quienes desempeñan tareas provechosas. Por ejemplo, parece que existe una regla general que dictamina que, cuanto más claramente beneficioso para los demás es un trabajo, peor se remunera. De nuevo, es muy difícil dar con una evaluación objetiva, pero una forma fácil de hacernos una idea sería preguntando: ¿qué pasaría si todos estos sectores laborales desaparecieran sin más? Se diga lo que se diga de las enfermeras, los basureros o los mecánicos, es evidente que si se esfumaran en una nube de humo, los resultados serían inmediatos y catastróficos. Un mundo sin profesores o trabajadores portuarios no tardaría en encontrarse en apuros, e incluso un mundo sin escritores de ciencia ficción o músicos de Ska sería, sin duda, un mundo peor. No está del todo claro cuánto sufriría la humanidad si todos los inversores de capital privado, grupos de presión parlamentaria, investigadores de relaciones públicas, actuarios, vendedores telefónicos, alguaciles o asesores legales se esfumaran de golpe. (Hay quien sospecha que todo mejoraría notablemente). No obstante, exceptuando algunos ejemplos bastante manidos, como el de los médicos, dicha “regla” se cumple con sorprendente frecuencia.

Aún más perversa es la noción generalizada de que así es como deben ser las cosas. Este es uno de los secretos del éxito del populismo de derecha. Podemos comprobarlo cuando la prensa sensacionalista suscita el recelo contra los trabajadores del metro londinense por paralizar el servicio durante una disputa contractual. El solo hecho de que los trabajadores de metro pueden paralizar todo Londres demuestra la necesidad de la labor que desempeñan, pero es precisamente esto lo que parece incordiar tanto a la gente. En Estados Unidos van aún más lejos; los Republicanos han tenido mucho éxito propagando el resentimiento hacia los profesores o los obreros del sector automovilístico al llamar la atención sobre sus salarios y prestaciones sociales supuestamente excesivos (y no hacia los administradores de las escuelas o los directivos de la industria automovilística, que son quienes causan los problemas, lo cual es significativo). Es como si les estuvieran diciendo “¡Pero si tenéis la suerte de enseñar a niños! ¡O de fabricar coches! ¡Hacéis trabajos de verdad! Y, por si fuera poco, ¡tenéis la desfachatez de reclamar pensiones y atención sanitaria equivalentes a las de la clase media!”.

Si alguien hubiera diseñado un régimen laboral con el fin exclusivo de mantener los privilegios del mundo de las finanzas, difícilmente podría haberlo hecho mejor. Los verdaderos trabajadores productivos sufren una explotación y una precariedad constantes. El resto se reparte entre el estrato aterrorizado y universalmente denigrado de los desempleados y esa otra capa más grande que básicamente recibe un salario a cambio de no hacer nada en puestos diseñados para que se identifiquen con la sensibilidad y la perspectiva de la clase dirigente (directivos, administradores, etc.) –y en particular, de sus avatares financieros– pero que, a la vez, fomentan el creciente resentimiento hacia cualquiera que desempeñe un trabajo de indiscutible valor social. Evidentemente, este sistema no es fruto de un plan intencionado sino que emergió como resultado de casi un siglo de ensayo y error. Pero es la única explicación posible de por qué, a pesar de nuestra capacidad tecnológica, no se ha implantado la jornada laboral de tres o cuatro horas.

El cínico y el constructor de barcas

Charles Eisenstein

Traducido por Javier Hurtado, editado por Joan Quesada Navidad – Guerrilla Translation! Imágenes de Carlos A. Martínez

Hace unos días estaba en Estocolmo, paseando por la orilla, cuando se acercó un jovenzuelo irlandés y me llamó por mi nombre. No es algo que me pase a menudo —parece que el muchacho forma parte del pequeño grupo de la humanidad que ha leído mi libro Sacred Economics [Economía Sagrada]—, así que me tomé esta coincidencia como señal de que debía detenerme y conversar con él.

Resultó que estaba en Suecia para participar en un programa de dos años de construcción de barcas, aprendiendo técnicas tradicionales para construir pequeñas barcas artesanalmente. Su historia me inspiró de varias formas. En primer lugar, ahí estaba una persona joven e inteligente, comprometida con un trabajo que no ofrece posibilidad alguna de estatus social o riqueza. En segundo lugar, no sólo estaba profundamente entregado a su propia destreza, sino también a la idea de acercar su práctica a otros jóvenes irlandeses a través de una organización que él mismo había cofundado: La Asociación para la Construcción de Barcas Tradicionales Nórdico-Irlandesas. En tercer lugar, cuando me presentó al resto del equipo y me enseñó las barcas que estaban creando, quedé fascinado por el meticuloso trabajo artesanal y la vitalidad de las barcas, que ejemplificaban el «nuevo materialismo» que forma parte de la resacralización del mundo material.

 Cuando me marché 15 minutos más tarde, me sentía realmente esperanzado y optimista sobre el estado de la humanidad.

 ¿Qué me había hecho sentir de manera tan positiva?

¿Qué tiene de bueno que renazca la construcción tradicional de barcas en un contexto de cambio climático, fracking, residuos nucleares, destrucción de los bosques, neoliberalismo, estados obsesionados por la seguridad, hambruna infantil, tráfico de seres humanos, talleres de explotación laboral, encarcelamiento juvenil y el resto de horrores que se extienden por nuestro planeta?

¿Por qué sentía ese optimismo? Aquí va una teoría: el sentimiento me nubló la razón. En un momento de descuido, me dejé engatusar por una pequeña flor que brotaba del vasto vertedero tóxico de nuestra sociedad. Un destello de belleza me distrajo de la fealdad para proporcionarme una gratificante excursión emocional fuera de la lógica irrefutable de la desesperanza. Como sucede con cualquier buena noticia, aquel encuentro me dio falsas esperanzas al sugerir que las cosas no están tan mal después de todo. Y eso, en teoría, es peligroso, porque solo si somos sobriamente conscientes del atroz aprieto en que nos encontramos, seremos capaces de responder apropiadamente, en lugar de fingir despreocupadamente que todo va bien.

Pensemos ahora en una teoría alternativa: el constructor de barcas me dio esperanzas porque forma parte de un cambio masivo de valores que se está produciendo bajo de la superficie de la normalidad. No es una excepción; es más bien una persona aventajada dentro de un extenso movimiento. Aunque su vocación no supone un desafío directo al poder establecido, la redirección de su energía vital ayuda a crear una especie de camino o patrón para que otros hagan lo mismo. Su ejemplo anima a otras formas de no-participación. Cuando uno de nosotros conoce a otra persona que también rechaza las normas y valores dominantes, se siente menos loco por hacerlo. Cualquier acto de rebelión o de no-participación, aún a muy pequeña escala, es por lo tanto un acto político. Construir barcas artesanalmente es un acto político. Eso no quiere decir que el sector bancario, Monsanto, el complejo militar-industrial, etc. vayan a cambiar sus formas de operar como por arte de magia, solo porque fuéramos cada vez más los que nos dedicáramos a construir barcas. Quiere decir que la construcción de barcas y otras formas de provocar cambios provienen del mismo sitio.

El constructor de barcas no eligió ese camino porque pensara que así cambiaría el mundo. Si condicionamos las decisiones al poder práctico que estas poseen para cambiar el mundo, a menudo nos quedamos paralizados, porque los cambios que habría que hacer hoy mismo son tan enormes que no tenemos ni idea de cómo llevarlos a la práctica efectivamente. Todo plan es inviable y toda esperanza es ingenua.

El cínico se cree que es una persona práctica, y que el idealista no lo es. En realidad es al revés. El cinismo es paralizante, mientras que la gente inocente intenta llevar a cabo lo que el cínico dice ser imposible, y a veces lo logra.

Paradójicamente, el mundo cambiará gracias a esos miles de millones de actos inútiles. Debemos obedecer una lógica distinta de aquella que nos hace preguntar: «En el gran orden de cosas, ¿causará esto alguna diferencia?» En el gran orden, por ejemplo, del cambio climático, ni siquiera las acciones que se llevan a cabo para reducir las emisiones de CO2 nos llevarán a ningún lugar. Si vas en bici y reduces la contaminación, ¿de qué sirve eso cuando miles de millones de personas que «no entienden lo que está pasando» continúan sin cambiar de hábitos? Así pues, hay quien dice que, en lugar de montar en bici uno mismo, lo único que merece la pena es intentar convencer a millones de personas para que usen la bici, o presionar como lobby para cambiar las políticas gubernamentales. Sin embargo, por esta regla de tres, nadie empezaría a ir en bici. Necesitamos otra razón, una razón no-instrumental, para hacer cosas de esta manera. Lo que quiero decir es que necesitamos una razón que no dependa del resultado final previsto según la forma habitual de entender las relaciones causa-efecto.

Con esto no quiero decir que no debamos intentar cambiar mentes y sistemas. Es solo que con eso no basta, y tampoco está hecho para todo el mundo. Debemos ser conscientes también del poder de las pequeñas elecciones invisibles..

Mientras me alejaba del constructor de barcas, pensaba: «No puedo permitirme vivir en un mundo donde lo que esta persona hace no tiene ninguna importancia». En nuestra visión del mundo, casi todas nuestras pequeñas decisiones personales resultan intrascendentes. Pero, al tomarlas, no nos sentimos así . ¿Vamos a ignorar ese sentimiento de lo que es importante aquí y ahora, en favor de otros medios de tomar decisiones basados en un cálculo racional de los efectos finales?

Quizás esa mentalidad sea la raíz de nuestros problemas. Para empezar, es la mentalidad del dinero: en nombre de una cifra que representa un fin, desviamos tiempo y recursos de las cosas que nos importan de verdad. Los estudiantes lo hacen constantemente cuando eligen una carrera «práctica» en lugar de estudiar lo que realmente les importa (o dejar la escuela para dedicarse a lo que les apasiona). Es también por esa mentalidad por lo que procuramos volvernos insensibles y sacrificamos ese árbol, ese bosque, ese animal o ese ser humano que se interponen en la vía del progreso.

Cuando dejamos de hacerlo y nos fijamos en lo que tenemos ante nuestras narices, a veces nos parece irracional. ¿Cómo es eso conciliable con la importancia que atribuimos a nuestras pequeñas decisiones?

Optimism CynicLa aparente irracionalidad de esas pequeñas acciones llenas de belleza y de servicio a los demás proviene del hecho de hallarnos inmersos en una visión del mundo que define lo que es racional, práctico y lógico. Básicamente, esta da a entender que cada uno de nosotros es un yo separado en un universo externo y objetivo sometido a diversas fuerzas. Dada la relativa debilidad de nuestra propia fuerza, en ese universo externo, nada cuanto hagamos importa demasiado. Pero esa forma de ver el mundo está quedando obsoleta. Cuando, por el contrario, nos vemos a nosotros mismos como seres inseparablemente conectados con todo lo que es, cuando consideramos que nuestro yo y el mundo son espejos inseparables el uno del otro, entonces la sensación de que nuestros actos personales poseen un significado cósmico deja de ser irracional. Eso confiere cierta lógica a la creencia de que cuando algo cambia, todo cambia. Y eso confirma la idea de que el constructor de barcas está creando un camino, un patrón, para que otros también cambien.

 Aunque podría ofrecer muchos más ejemplos que sugieren que las acciones individuales inciden sobre el mundo de formas que suponen un desafío a la manera habitual de entender la causalidad, y aunque podría citar también algunos cambios de paradigmas científicos que parecen invalidar esa radical distinción entre el yo y los otros con que operamos, estos tampoco  ofrecen ninguna certeza ni existen pruebas al respecto. El cínico puede seguir argumentando que no tiene ninguna importancia ni va a servir de nada. Probablemente ya habrás tenido alguna discusión con cínicos así, con ese tipo de realistas que pretenden razonar la imposibilidad práctica de ciertas ideas. Quizás hayas discutido también con el propio cínico que llevas dentro, que te dice lo mismo sobre cualquier cambio que pretendas introducir en tu vida. Bien, todos esos cínicos tienen razón. Desde dentro de los límites de su explicación del mundo, es improbable que funcione. Tendría que ocurrir una especie de milagro, como por ejemplo; que la persona adecuada intervenga desinteresadamente para ayudar en el momento oportuno, o que alguien cambie de opinión y actúe en contra de su propio interés racional.

Si queremos que el planeta sea habitable dentro de 50 años, tendrán que pasar cosas así de forma masiva.

En ausencia de certezas o pruebas, ¿cómo podemos derrotar al cinismo (ya sea interior o exterior)? No podemos. Podemos, sin embargo, tratar la herida que genera. El cinismo protege la herida del idealismo frustrado y la esperanza traicionada. Cualquier cosa que vuelva a despertar esa ingenua creencia de que un mundo más bonito es posible genera, junto a un inspirador sentimiento de esperanza, grandes cantidades de miedo, pena y dolor. Tenemos miedo de sentirnos decepcionados de nuevo. Es más seguro no creer, más seguro desestimarlo como idealista, impráctico o imposible. De ese dolor proviene el escarnio que normalmente acompaña al escepticismo. Puede que ése sea el motivo por el que las teorías científicas heterodoxas, o los fenómenos que sugieren que hay orden, inteligencia y propósito en el universo más allá de nosotros mismos, atraen tantas críticas agresivas.

Vamos a hacer un pequeño experimento. Repite la frase “Eisenstein es un auténtico ingenuo” en tu cabeza varias veces, y déjate llevar por ese planteamiento crítico y sentencioso. ¿Cuál es la mezcla de sentimientos que le acompaña? Puede que sientas cierta gratificación. No hay quien te tome el pelo. Eres práctico, racional, inteligente. No te vas a dejar engatusar por emociones ingenuas para creer en algo. ¿Qué dolor cubren esos sentimientos y juicios? ¿Qué te duele?

Solo cuando nos enfrentemos y curemos esa herida que hay por debajo, podremos alzarnos en nuestra capacidad como agentes del cambio. Solo entonces seremos verdaderamente capaces de creer en aquello que queremos crear, y nos entregaremos por completo a la creación de ese mundo más bonito que nuestro corazón nos dice que es posible. El cinismo, la tristeza, la desesperación no son obstáculos a superar.


Esta traducción también ha aparecido en:

Strength and Power Reimagining Revolution

deshaucios_OLmoCalvo_Diagonal-585x390Image by Olmo Calvo

Amador Fernández-Savater

Translated by Stacco Troncoso, edited by Jane Loes Lipton – Guerrilla Translation!

Original text in Spanish

How is it possible that fifty people can stop a forced eviction? Not just once, but over and over again (as many as six hundred times). This question has been on my mind for a while. During the 25-S protests in Madrid 1, we saw for ourselves that the police can evict any number of protestors from anywhere. So, exactly what sort of strength allows those fifty people to stop a foreclosure eviction? What does it mean to have strength, if it’s not quite the same as having power (physical, quantitative, economic, institutional, etc.)? The following is my attempt at an answer that, by no means, fully exhausts the question. That is to say, there’s room for more answers and, above all, to keep asking the question – this, I believe, is the most important thing.

War of Position and War of Maneuver

I’m veering offroad for a bit before heading back to the highway, that being the question of how a handful of people have the strength to defend a home. Let´s look at the debate on the meaning of revolution carried out in Marxism between the two World Wars, where we’ll focus on the approach favoured by the Italian Marxist, Antonio Gramsci. At first it may seem like an odd jump, but it concerns a debate that is markedly contemporary, that the past doesn’t quite “pass”; it’s a rich deposit of images and knowledge, prone to updates and renewed sense-making from the perspective of our present problems and necessities.

Gramsci enters the debate making a distinction between a “war of maneuver” and a “war of position”. The concept of class struggle as war, described in military strategy terms, was prevalent in the Marxism of the time. What’s more, Gramsci was writing from Mussolini’s prison, and continually obliged to come up with new metaphors to evade censorship. Paradoxically, his use of cryptic and elusive language, rather than classical Marxist vocabulary, made Gramsci’s work a thousand times more useful as a source of inspiration for future readers.

Okay, so, the key features of the “war of maneuver” are: speed, limited appeal, and frontal attack. Gramsci makes his arguments via Trotsky’s “permanent revolution”, George Sorels’ general strike, Rosa Luxembourg´s worker insurrection and, particularly, the Leninist power grab. These images of revolutionary change clash, time and again, with European and Western reality: the bloody repression of the Spartacist movement in Germany (1918), the disbanding of worker’s councils in Italy during the Bienno Rosso (1919-20), and so on. To avert a predictable sense of frustration and to keep actively aspiring to social change, we have to reimagine revolution.

Writing behind bars, Gramsci reflects that the war of maneuver can only succeed where society is relatively independent from the State, and civil society (ie., institutions interrelated with State power: justice, media, etc.) is basic and unstructured, as was the case in Russia. By contradiction, Western Europe’s civil society was extremely solid, and acted as an “entrenchment and fortification to protect social order. It seems as if economic catastrophe has decisively breached the enemy position, but this remains a superficial effect, for behind it lies an efficient line of defense”.

Gramsci critiques the “historical mysticism” (revolution as a miraculous enlightenment) and economic determinism (the supposition that economic collapse will trigger the revolutionary process) and posits a new strategy, an alternate image for social transformation: the “war of position”. The defining feature of the war of position is the affirmation and development of a new vision of the world. Each of our daily actions, according to Gramsci, holds an implicit vision (or philosophy) of the world. Revolution disseminates a new vision – along with other expressions – of the world that slowly leaks power away from the old vision to, finally, displace it. This process is described by Gramsci as the “construction of hegemony”. No power will last long without hegemony, without control of the expressions of everyday life. It’d be domination sans legitimacy, power reduced to pure repression and fear. The taking of power must, therefore, be preceded by a “taking” of civil society.

Christianity and the Enlightenment

To illustrate his argument for another idea of revolution, Gramsci offers two examples: Christianity and the Enlightenment.  It’s quite curious: he utilizes a religious reform and an intellectual overhaul as models to conceptualise the political revolution he longs for. In both examples, the determining catalyst of change is a new definition of reality.

In the case of Christianity, it’s the idea that Christ has resurrected and there is life after death. Christianity coalesces around this “good news” that filters through every crack left behind by the old pagan world. The interesting feature is that the first Christians avoided power. Instead, their actions ultimately led power to come to them, as exemplified by the conversion of Emperor Constantine in the 4th Century A.D. The lesson of the first Christians would be: don’t fight directly for power, be the message-bearer of a new concept of the world, and, finally, the power shall fall (into your hands).

In the case of the Enlightenment, it’s the idea that all persons are of equal worth, as beings gifted with reason. The Enlightenment was the movement that spread this idea, in salons, clubs or encyclopediae. In the end, remarks Gramsci, once the French Revolution actually took place, it had already be won. Domination has no legitimacy because this new concept of the world has silently displaced the old, overtaking the powers of the Old Regime without them even noticing. The lesson from the Enlightened would be: the revolution is won before the revolution takes place, through the elaboration and expansion of a new image of the world.

These are the examples mentioned by Gramsci, who died in prison in 1937. But the 20th century has surely offered us other examples much closer to our own experience. Take, for example, the Gay Rights Movement. A movement both seen and unseen, formal and informal, political and cultural, that completely transforms the common perception regarding affective and sexual differences and goes on to effect legislative change. Or the Civil Rights Movement. Martin Luther King Jr. explained that the irresistible strength of the movement resided in overcoming the deeply internalised feelings of inferiority by confronting the opponents as equals (in civil disobedience campaigns, for example). An uprising in dignity that spurred modifications in the laws of the land.

Thus, the war of position, unlike the war of maneuver, is more an infiltration than an assault. A slow displacement, rather than an accumulation of forces. A collective and anonymous movement, rather than a minority and centralised operation. A form of indirect, everyday and diffuse pressure, rather than a concentrated and simultaneous insurrection (but, make no mistake, Gramsci doesn’t exclude insurrection at any stage, but subordinates it to the construction of hegemony). And, above all, based on the building and development of a new definition of reality. This, as explained in the words of the philosopher Cornelius Castoriadis as “what counts and what doesn’t count, what makes sense and what doesn’t, a definition not inscribed in books, but on the very being of things: the actions of human beings, their relations, their organization, their perception of what is, their affirmation and search for what counts, the materiality of the objects they produce, use and consume”.

15-M as cultural revolution

Let’s return to our first scene, keeping this detour to Gramsci in mind. I think that if fifty people are capable of stopping a foreclosure eviction, it’s because, in some way, it had already been stopped.  That is, 15-M, when taken as a new social climate rather than an organization or structure, has redefined reality. What before was unseen (the very fact of foreclosure evictions happening) is now seen. What before was seen (in fact, normalized) as a “routine foreclosure of an outstanding mortgage”, now feels like something intolerable. What once was presented as inevitable, now appears as something contingent. The 15-M climate, using Gramsci’s analysis, has led the institutions of civil society to a state of crisis: policemen who disobey orders and won’t take part in evictions, judges taking advantage of any crack in the legal code to favour the foreclosed, journalists and media who empathise and amplify their messages, etc. Ultimately, fifty people in direct connection with the climate of 15-M, both in regards to the what (what they’re fighting for) as to the how (the way they fight) are not just fifty people. They are accompanied by millions, unseen. It’s what the philosopher Alain Badiou calls “a majority minority”. An agent of change: capable of infecting because it is itself a carrier.

So, going back to our initial question, we can define strength as the capacity to redefine reality: what’s worthy and unworthy, possible and impossible, seen and unseen. 15-M’s climate probably hasn’t got much power (physical, quantitative, institutional or economic), but strength, definitely. It isn’t just a social or political change, but also – above all – a cultural (or even aesthetic) transformation, an adjustment in perception (the threshold of what is seen and what is unseen), in sensibility (what we consider compatible or intolerable in our existence), and in the idea of what’s possible (“yes, we can”) 2.

The import of all this hasn’t been well understood by those who are critical of 15-M’s excessively “emotional” slant, starting with Zygmunt Bauman, the famous sociologist. What we loosely label affective or emotional – or, the unconscious base of our communal living – is precisely what moves us to consider a person who doesn’t live nearby as our neighbour anyway, and to then show up at their door to protect them from a forced eviction. The feeling that each of our lives doesn’t result in a single, isolated self, but rather, is interconnected with many other unknown lives (“we are the 99%”).

Politics isn’t, first and foremost, a matter of making allegations and raising awareness; there is no one straw that breaks the camel’s back, and what’s bad can be tolerated indefinitely. Instead, it is a sort of shedding of the skin, by which we become sensitive to this or allergic to that. Nor has it much to do with convincing (discourse), or seducing (marketing), but rather with opening all sorts of spaces to experience another way of living, another definition of reality, another vision of the world. In the struggle for hegemony, the skin – yours, mine, everyone’s – is the battlefield.

Some references:

  • The basic ideas for this text, as always, arose from conversations with friends, in this case, specially with Juan, Leo and Ema. I presented them for the first time at the 15MP2P conference.
  • If you enjoyed this text, you may be interested in these others: “Waves and Foam” or “Seeing the Invisible: On Unicorns and the 15-M Movement”
  • Guerre de mouvement et guerre de position, Antonio Gramsci & Razmig Keucheyan, La Fabrique (2012).
  • The “Antonio Gramsci’s Commitment” chapter from the book The Company Of Critics: Social Criticism And Political Commitment In The Twentieth Century by Michael Walzer, (Basic Books, 1988)
  • I think that John Beasley Murray’s arguments against the idea of hegemony being reduced to a question of ideological discourse are essential. They can be found in his book Posthegemony Political Theory and Latin America, (Univ. of Minnesota Press, 2011). See here for more information.
  • The Introduction to L’Expérience du mouvement ouvrier by Cornelius Castoriadis (Union Générale d’Éditions, 1973)
  • On Martin Luther King, Jr., and the Civil Rights Movement, I found the “The Spiritual Discipline Against Resentment “ chapter from Christopher Lasch’s “The True and Only Heaven: Progress and Its Critics” (1991)  to be a very inspiring read.

1. [ “25-S” refers to the Occupy/Surround Congress protests of September 25 2012.]
2. [“Sí se puede” was originally used as the motto of the United Farm Workers and, notably, during  Cesar Chavez’s 24 day fast in Phoenix, Arizona (see here for more details). It was then taken, in its English version, by the Obama “Yes, we can!” 2008 campaign. Finally, the 15-M movement has reclaimed the phrase, back in its original Spanish form as a rallying cry to celebrate its successes. See this video, for example..]

Retomando el Mundo

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Guión de Douglas Rushkoff. Imágenes de Seth Kushner

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Introducción a “Sacred Economics”

sacred-economicsCharles Eisenstein

  • Cortometraje Dirigido por Ian MacKenzieProducido por Velcrow Ripper, Gregg Hill, Ian MacKenzie. Traducido por Luis Gómez. Sincronizado y editado por Stacco Troncoso -Guerrilla Translation Vídeo original 
  • Entrevista realizada por Xavi Pratt y Jordi Romero para Trash Icons. Traducida por Stacco Troncoso. Editada por Luis Gómez. – Guerrilla Translation. Entrevista original

Sacred Economics traza la historia del dinero, desde las ancestrales economías de la generosidad hasta el capitalismo moderno, mostrando cómo el sistema monetario ha contribuido a fomentar la alienación, la  competición y la escasez, a destruir la comunidad, y a depender del paradigma de crecimiento constante.

A día de hoy, estas tendencias han llegado a su extremo – pero tras su inevitable colapso, quizás hallemos la oportunidad de trascender hacia una forma de vida más conectada, ecológica y sostenible.

En el siguiente cortometraje y la entrevista que lo sigue, Eisenstein explica cuáles serían las características de un sistema económico acorde a los valores humanos, sociales y ecológicos.

Sacred Economics de Charles Eisenstein, un film de Ian MacKenzie

(Para activar la pista de subtítulos, pulsad el botón rectangular de la parte inferior derecha y elegir “Spanish – (Spain) -Guerrilla Translation!” Recomendamos ver el filme en calidad 720hd, alta-definición)

Cambiar la naturaleza del dinero. Trash Icons entrevista a Charles Eisenstein

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Durante siglos, el sistema monetario ha sido uno de los mayores factores contribuyentes a la alineación, competición y escasez que caracterizan al sistema financiero de nuestros tiempos. Entrevistando a Charles Eisenstein, autor de Sacred Economics y activista del decrecimiento, hemos averiguado que quizá haya luz al final del túnel.

1. Sostienes que el dinero precisa de una transformación profunda, capaz de regenerar un concepto tan profano para convertirlo en sagrado. ¿Qué hay detrás del concepto de Sacred Economics?

El libro comienza con la observación de que el dinero no es compatible con todo aquello que estamos empezando a percibir como “sagrado” como, por ejemplo, la restauración ecológica o la justicia social. Esta oposición, en el pasado, se daba por hecha. Asumíamos que la bondad, lo sagrado y todo eso eran conceptos ajenos al dinero, que las personas consagradas a buenos propósitos apenas tienen que ver con el dinero. Pero esto ya no es sostenible, dado que los comportamientos inducidos por el dinero están destruyendo el planeta. Tenemos que cambiar la naturaleza del dinero para que deje de ser el enemigo de la sostenibilidad, por no mencionar ya lo sagrado. El libro trata sobre cómo hemos llegado a este estado de crisis que nunca acaba de desaparecer por completo, y de cómo cambiar el sistema monetario y la economía que lo sostiene. Adicionalmente, explora la dimensión personal y comunitaria de dicha transición.

2. ¿Qué es la economía de la generosidad, y cómo puede favorecer el crecimiento y desarrollo de una comunidad?

La economía de la generosidad incluye la totalidad de las interacciones en que las personas cuidan de sus necesidades mutuas sin dinero de por medio. Por ejemplo, una madre que cocina para sus hijos está practicando la economía de la generosidad, dado que no cobra nada por hacerlo. Vecinos que ayudan a otros vecinos con sus proyectos, cuidando de los niños, ayudándose después de una catástrofe natural, todos estos son ejemplos de una economía de la generosidad o el regalo. Cosas como el couchsurfing, compartir cosas por Internet o el software de código abierto también forman parte de la economía de la generosidad.

La comunidad se forja a través de relaciones basadas en la generosidad. Si pagas por todas tus necesidades, difícilmente tendrás necesidad de quienes te rodean y no formarás parte de la comunidad. Pero, si vives entre personas que se ayudan entre sí para satisfacer sus necesidades, puedes mirar a tu alrededor y decir: “necesito a esta gente, nos necesitamos mutuamente”. Os habréis dado cuenta de que en épocas de crisis económica la gente forma comunidades más entrelazadas, ya que se ven obligados a depender los unos de los otros, llegado el momento en que no pueden seguir dependiendo del dinero.

3. ¿Cuáles son las características principales de la “economía de la separación” que tantos siglos lleva agobiando a la humanidad y nuestro planeta?

Las características principales son: la competición, la ansiedad, la escasez y el crecimiento infinito. Evidentemente, cierto grado de competición y escasez es inevitable, pero nuestro sistema crea mucho más de lo necesario. Pensemos, por ejemplo, en las actividades lúdicas. Desde los albores de la Revolución Industrial, los futuristas han estado prediciendo la inminente llegada de una “edad del ocio”, en la que la gente apenas tendría que trabajar para llevar una vida cómoda. Tan recientemente como en los ochenta, Alvin Toffler predecía una jornada laboral de 25 horas a la semana y 150 días de vacaciones. Pero, en vez de eso, siempre nos hemos decantado por consumir más en vez de trabajar menos y ésta ha sido una decisión forzada e impuesta por nuestro sistema económico. Y para empeorar las cosas, gran parte de ese consumo es ejercido por cada vez menos individuos. En gran parte, este consumismo no aporta nada al bienestar de la mayoría y/ni, desde luego, al bienestar del planeta. Uno de los temas centrales del libro es cuestionar el porqué de esta situación. La culpa no es de “la avaricia”. Puedes cabrear a la gente hablándoles de la codicia de los ricos, pero la realidad es que la avaricia es parte intrínseca del propio sistema. El “culpable” yace a un nivel más profundo, es un mal sistémico. No voy a repetir el argumento con pelos y señales pero, en esencia, un sistema monetario basado en la deuda sujeta a intereses, siempre necesita más crecimiento y, en ausencia del mismo, el sistema tenderá a concentrar la riqueza. Eso es lo que estamos viviendo hoy en día.

Dollah bill

4. En el libro hablas de la “economía del reencuentro”. ¿En qué se caracteriza?

Sus características principales son: la reclamación de los bienes comunes, una moneda con interés negativo, traspasar el cobro de impuestos por las ventas e ingresos sobre la contaminación y la extracción de recursos, una relocalización económica parcial, la economía entre iguales o p2p, una renta básica universal, y la economía de la generosidad. Ninguna de éstas se sostiene por sí misma, cada una actúa en sinergia con el resto.

5. Una de las temáticas centrales del libro es la transformación, que no abolición, del dinero. ¿Crees que puede haber un sistema monetario-económico que funcione? No tendría por qué ser una moneda física, podría ser una mezcla de varios formatos (moneda, digital, parcialmente basada en el regalo…). ¿Cómo lo llamarías?

Sí. No tiene por qué ser una moneda física ni un objeto en sí. Podría ser electrónico (como la práctica totalidad del dinero de hoy en día) o una mezcla. El dinero electrónico es la ola del futuro pero acarrea muchas cuestiones políticas, dado que permite que el gobierno monitorice todas las transacciones. Creo que es una tendencia inevitable pero, aún así, ni siquiera el dinero en efectivo es tan anónimo como les gustaría pensar a los libertarios, dado que cada vez se imprimen más billetes con chips RFID incorporados. En todo caso, creo que la pregunta clave es, ¿qué quieres decir con “un sistema monetario-económico que funcione?” ¿Que “funcione” en qué sentido? Para mí “que funcione” debe llevar implícito el no fomentar la degradación de la biosfera.

6. ¿Cuáles son los mayores inconvenientes de las economías de escasez, a largo plazo?

Son más que inconvenientes. Hay gente muriéndose de hambre en este planeta, aunque la producción global de alimentos podría dar de comer a todo el mundo. La comida está ahí; se están muriendo de hambre, porque hay escasez de dinero. En otros lugares, hay gente que dedica la totalidad de sus vidas a saldar su deuda.

7. ¿Qué fundamento hay detrás de la escasez artificial? ¿A quién le interesa potenciarla?

No creo que nadie haya decidido crear la escasez artificial de manera consciente. Es una cualidad intrínseca de nuestro sistema económico y, si profundizamos, también forma parte de nuestra visión básica del universo, la mitología de la civilización e incluso de nuestro concepto del “yo” o el ser. A nivel económico, la escasez es inherente a un sistema como el nuestro en el que siempre hay más deuda que dinero. Es algo que forma parte del proceso de creación de dinero. La escasez es, así mismo, fundamental para una visión de la vida que dice que somos individuos aislados en un universo “ajeno”. Separados así los unos de los otros, cuanto más tengas tú, menos tendré para mí mismo. Cuando nos vemos separados de la naturaleza, siempre nos encontraremos luchando contra ella e intentando extraer beneficios de este universo tan indiferente como hostil.

Es más, esta ideología de la separación nos amputa de nuestro ser verdadero, expandido y enriquecido mediante las relaciones íntimas que nos brinda la comunidad y la naturaleza. Al vernos amputados de semejante manera, cuando, por ejemplo, no reconocemos los rostros que nos rodean, no conocemos sus historias, no conocemos los nombres de los árboles, las colinas y las plantas que nos rodean… nos sentimos a solas en el mundo. Sentimos que no formamos parte. Esta es una manifestación muy primigenia de la escasez. El consumismo es una de las muchas respuestas a esa sensación de aislamiento.

8. ¿Puedes darnos algún ejemplo de mejoras en los índices de empleo o productividad ajenas a estas políticas de escasez?

Bueno, el mayor extremo de una política de escasez es lo que se ha dado por llamar “austeridad”. Mirando a Europa, es evidente que la austeridad crea más escasez, más desempleo y menos productividad. Podemos observar que los países que no han implementado políticas de austeridad tienen una situación económica mucho más favorable. Aún así, los tipos de estímulos monetarios y fiscales que se utilizan hoy en día sólo son un paso mínimo hacia una auténtica política de abundancia. Os podria dar unos cuantos ejemplos históricos, pero no hay muchos.

9. En el libro expones una serie de temas e ideas muy interesantes. ¿Podrías elaborar sobre ellas brevemente?

Monedas con interés negativo

Esto se implementaría mediante un impuesto de liquidez sobre las reservas bancarias. Básicamente, si el banco se queda con el dinero estancado en el BCE o la Reserva Federal, no sólo no se le aplicarán intereses sino que, además, deberá pagar un sobrecargo de, digamos, un 5%. Esto incentiva a dar préstamos a intereses muy bajos, quizás incluso a un interés del 0%. Permite que las personas y los países endeudados, refinancien sus deudas a un 0% de interes. También significa que, si tienes mucho dinero, no vas a poder contar con él para vivir de los intereses. La riqueza ya no sería cuestión de simplemente poseer mucho y seguir enriqueciéndose automáticamente.

Impulsar las monedas locales

Las monedas locales aíslan y protegen a las economías locales de las finanzas globales, siempre que haya una economía local de la que partir. Las monedas locales pueden ayudar a conectar recursos y necesidades en tiempos de escasez de la moneda nacional. Lo malo es que, hoy en día, muchas economías locales están devastadas y eso reduce el potencial de las monedas locales. Aun así, cuando todo se desmorona, las monedas locales brotan espontáneamente. Lo observamos en Argentina en el 2001-2002; y ocurrió constantemente a lo largo de la Gran Depresión.

Economía basada en los recursos

Se trata de un concepto del Movimiento Zeitgeist y, a decir verdad, no lo respaldo al 100%. La teoría es que deberíamos permitir que los ordenadores determinasen dónde y cómo distribuir los recursos, en vez de determinarlo a través de la demanda monetaria. Creo que, de implementarse, hallaríamos que la función interactiva de recolección de datos necesaria para distribuir los recursos acabaría siendo algo muy similar al dinero en sí.

La restauración de los bienes comunes

Los bienes comunes se refiere a aquello que debería ser propiedad pública, propiedad de todos y de ninguno. En un principio, por ejemplo, las tierras no estaban sujetas a la propiedad privada. A través de un proceso histórico que viene de largo, se han visto gradualmente divididas, saqueadas y privatizadas. A muchos pensadores esto les resulta injusto. Después de todo, nadie ha creado la tierra, ¿a razón de qué tiene alguien derecho exclusivo a la tierra y por por encima de cualquier otro? Lo mismo podemos decir de los bienes comunes, o el “procomún” cultural de las ideas, canciones, imágenes, inventos y demás. Aunque algunas son creaciones originales, siguen brotando de un entorno cultural y, por lo tanto, aún están endeudados con la labor creativa de cientos de generaciones.

Existe un cuerpo de teoría económica surgido a partir de esta perspectiva. Sostiene que no deberías lucrarte de la mera posesión de tierras, patentes, dinero etc, a menos que lo hagas de tal manera que también se beneficie el resto de la sociedad. Por tanto, la tierra y otros bienes rentables deberían estar sujetos a impuestos mediante un índice tasado con fin de contrarrestar aquella porción de las rentas que surgen de la mera posesión de un recurso escaso.

Activismo decrecentista

Es evidente que el crecimiento económico está destruyendo el planeta. Necesitamos un sistema que nos permita crecer en otras direcciones que no sean la cantidad de recursos que somos capaces de extraer y convertir en bienes y servicios. En el sistema actual, talar un bosque y excavar para extraer petróleo son contabilizados como crecimiento económico, mientras que preservar o restaurar estos bienes no lo es. Pero necesitamos más de lo último y menos de lo primero. Esto supone desarrollar un sistema económico que permita que las personas prosperen aún en ausencia de un crecimiento en la totalidad del consumo.

Hay mucha gente que cree que la palabra “prosperidad” o “abundancia” implica consumir cada vez más, pero existen otras visiones de la prosperidad. Por ejemplo, podríamos vivir en una sociedad donde hay más tiempo libre, con más objetos elaborados artesanalmente, casas menos opulentas pero más bellas, más bicis y menos coches, más compartir con los vecinos y menos trasteros llenos de chismes que no se utilizan. Todos estos cambios repercutirán negativamente sobre el PIB, pero enriquecerían las vidas de las personas en cada aspecto significativo. El decrecimiento no es sinónimo de estancamiento. Es un cambio de prioridades que se aleja de la idea de poseer más y más bienes y servicios cuantificables.

GIft Economy

10. En la sociedad actual, cada vez más conectada y con menos barreras informativas, ¿cómo difundirías los conceptos que has desarrollado en la última pregunta? ¿Quién crees que se beneficiaría al censurar ese mensaje?

La clave para difundir estas ideas reside en la disrupción de lo que yo llamo “la historia de la normalidad”. La gente cree que no hay alternativa, cree que nada va a cambiar, cree que la política y el dinero, tal y cómo los concebimos hoy en día, son inalterables. Pero, en un solo momento de empoderamiento de la humanidad, todo eso puede cambiar. Creo que una de las cosas más importantes que podemos hacer ahora mismo es prepararnos para ese momento. Cuando ese millón de personas que está en las calles tome conciencia de su poder, ¿qué va a hacer con él? De momento, aún cuando son capaces de derrocar un gobierno, siempre acaban instaurando un reemplazo que acaba implementando más o menos las mismas políticas.

11. ¿Qué opinas sobre el estado actual de la economía mundial? ¿Crees que ya ha llegado al límite o que las cosas pueden ir aún a peor?

Las cosas se van a poner mucho peor antes de que mejoren. El sistema político está ahí para garantizar que los endeudados sigan pagando y que los bancos y a los acreedores sigan cobrando cuanto más tiempo posible. Mientras haya bienes públicos o una riqueza social que vender al mejor postor, se seguirá vendiendo. Lo puedes observar ahora mismo en España. Para satisfacer a los acreedores lo están desmantelando todo: pensiones públicas, bienes naturales, servicios sociales… y el dinero va directo a los acreedores. Lo último que queda por subastar es a la juventud del país. Cuando ya no queden oportunidades para los jóvenes, se irán a Alemania o a cualquier otro lugar.

12. ¿Crees que ha habido alguna época en la que la humanidad haya disfrutado de un sistema económico mínimante justo para todos?

Sin duda. Las sociedades de cazadores-recolectores eran muy igualitarias. También hubo muchas sociedades campesinas matrifocales bastante egalitarias. Las sociedades del bienestar europeas tampoco eran terribles en cuanto a concentración de riqueza. Aún así no, para mí no hay precedentes que valgan a modo de ejemplo para una sociedad moderna.

Unity sans Convergence (Political Self-organization Models for Hyperlinked Multitudes)

15 MImage by Olmo Calvo

Madrilonia/@PinkNoiseRev

Translated by Stacco Troncoso, edited by Jane Loes Lipton –Guerrilla Translation!

Original text in Spanish

The 15-M movement seems to be at an impasse, unsure of how to make use of its multiple victories and enormous public support. To break out of this situation, numerous organizations, assemblies and collectives are repeatedly appealing to the ideal of unity (amongst the political left, the movement, the “bottom 99”) as a means of reaching the necessary levels of coordination needed for standing up to, and defeating, the government and markets. However, so far it doesn’t seem like their ideals-inspired efforts have led to any noticeable improvement in the organisational capacity of the movement. Prior to the birth of 15M, it was not uncommon to see initiatives by the political left coalescing around ideals of convergence, coordination and unity, with generally poor results. Our hypothesis is that these traditional modes of political organisation have grave shortcomings, needing urgent revision. What can we do when the old ways aren’t working anymore? Do we forfeit our experience? Go our separate ways? Surrender to the idea that revolution can only be chaotic and spontaneous? Nothing could be further from what we’re about to share here.

The fact is that since the birth of 15M, we’ve spent more than two years experimenting with radically new modes of mass organization. Crowds capable of synchronizing en masse, to attack or to defend themselves at specific moments and with blinding speed; initiatives that detach from the movement at strategic junctures to then develop on their own, opening new spaces for confrontation; mechanisms capable of mobilising huge sectors of the population when they’re most needed…new forms of mobilisation that have come to stay. We’re rehearsing the mass social self-organisation methods of the future, and we’ve managed to create a scenario for hegemony and social conflict the likes of which we’d never have imagined. An understanding of the organisational models that have led us here is paramount for forging ahead.

The reductionist focus: unity as convergence.

In our opinion, most attempts to coordinate unity amongst “the movement” (or “the left”, or “pick-your-favourite-social-subject”) stem from a terribly reductionist mindset: unity as convergence. The simplest structural example would be organizations with tree-like dynamics, where decision-making and consensus-building processes are redirected to a series of increasingly centralised nodes within the overall structure, from “collective coordinating” assemblies for citywide initiatives to state level structures that coordinate the activities of local nodes. Any time convergence is mentioned, it goes hand in hand with an appeal towards promoting narrative and discourse; for example, reaching consensus on collectively created manifestos is used as an prime example of unity. In the end, it comes down to creating space that functions as the ultimate representative for the movement. A kind of centralised brain that, ultimately, both hierarchically coordinates and makes decisions on behalf of all the other spaces. The problem is that this vision of unity though convergence, within tree-like structures, doesn’t work, at least not in the hyperconnected societies of the XXI century.

Convergence can work at a reduced scale or in simple organizational structures. However, in more complex scenarios, it generally leads to heavy, slow, expensive, and high-maintenance structures. These are usually marred by rigidly determined, inside-outside distinctions that quickly face major difficulties when needing to add new participants at moments of peak activity. And yet today, despite knowing full well the limitations of this model, we are witnessing a revival of this so-called convergence. This is especially surprising when we take into account that most of the mass-scale mobilizations we’ve seen across the world in the last few year, from Arab Spring and 15M to Occupy Gezi, hardly bear any resemblance to this type of organization. On the contrary, they’re processes of coordination and synchronization of large groups without any apparent formal organizational structure. In the best of cases, centralised structures only arise when the movements are on the wane, or losing their power of assembly. Faced with this scenario, we need new modes of unity to create unifying processes in societies where technological networks grant us an enormous capacity for large-scale social auto-organization.

Liquid, de-centralised unity: a dynamic nucleus model.

How do you organise a system comprised of millions of parts, with no hierarchical structure nor centralised controlling organ? The field of neuroscience faces a similar problem. The brain is a highly distributed and interconnected organ, capable of organizing itself to enable a great variety of complex, coordinated behaviors. Hundreds of thousands of neurons in the human brain are capable of coordinating and forming a single structure, but it’s highly unlikely for this to happen by means of converging structures. Convergence in the brain isn’t a plausible scenario, as there’s no central area to centralise the rest. Besides, it has been demonstrated that models of neuronal convergence lose most of their efficacy at large scales due to problems arising from combinatorial explosion 1. An additional, and major, problem is that convergence strategies aren’t effective at adapting to new situations that require unexpectedly different behaviours (that is to say, they’re not good at improvisation).

On the contrary, the brain lacks any sort of static, centralised structure. “Unity of mind” is constituted through instances of grand-scale synchronization, whereupon different neuronal areas act transiently in coordination 2. These instances of synchronization have a limited lifespan so the brain doesn’t get stuck in a specific sync-mode. They dissolve after a certain period of time to make way for a new mindstate characterised by the synchronization of different neuronal areas (Graph 1). This mode of synchronization is known as the “dynamic nucleus” 3 and it functions in a decidedly un-convergent manner, as not all parts of the system function simultaneously. Instead, it acts as a pole of reference where different neural areas connect and disconnect at different times. Should the opposite happen and if synchronization extends uncontrollably, trapping different neural areas in the process, it can provoke serious neuronal disorders such as epilepsy attacks.

Graph 1. Dynamic nucleus as an organizational form. Different parts of the system sync temporarily to later dissolve and make way for new configurations, with no need for all parts to be constantly synchronised.

Dynamic nucleus and poles of reference in the 15M movement.

Do revolutions work like our brains do? Or, to put it another way, do we function as a collective brain when we enter a revolutionary climate? We’re still searching for answers even as new questions arise. For now, what we do know is that the mechanisms of unity in the human brain are very similar to the processes of distributed social mobilization we are witnessing. Regarding 15M, the movement has been a succession of different “dynamic nuclei” serving as poles of references during the periodic organisation of enormous processes of synchronized coordination: the summons for the initial protest by DRY, the encampments, the PAH, the Citizen Tides, the 25-S protests, etc. 4 Some of the reference poles have been global, others more local. Some have lasted weeks, others no more than a few days. Some have disappeared to rise again later, unexpectedly, and brimming with renewed strength. What they have in common is that they’ve all been capable of organising large sectors of the population — and not always the same ones — acting with coherent unity, as a great collective mind capable of overwhelming and seriously wounding the regime’s institutions.

But there remains a general perception that this is not enough. The old political parties still occupy the institutions, blocking any possible change. This is a fact, but we don’t think that the problem rests on the limits of this model of organized distribution. Rather, we think it’s a question of not having developed adequate mechanisms to act as poles of reference in a space with dynamics as particular as those of the electoral space. We believe it’s only a matter time until society organizes to dismantle the electoral space. There are, in fact, various initiatives underway with this purpose in mind.  We predict that only those who have understood the logic of distributed, networked processes of self-organisation and participation will succeed.

We’ve spent two years organising in radically new ways, and the results have been astounding. We’ve built structures that have generated total hegemony amongst the movement and over the most crucial axes of social conflict (housing, education, healthcare, democracy, etc.) Structures endowed with the sort of on-the-ground organization capable of scuttling any attempt to hide, repress or criminalize the movement. This has just begun. The same neuronal synchronization we’ve described organises itself at different nested levels, and through increasingly influential protocols of auto-organisation built on top of previous, smaller ones. We have a model of auto-organisation that works, we only need to replicate, improve and understand it more deeply, to extend it to new levels.

We’re convinced that in the coming months and years we’ll keep on seeing vast advances in forms of networked organisation. To improve on them, it is essential to keep formulating hypotheses to create new poles of reference capable taking in and coordinating other areas of conflict. To keep listening to and analysing the process, in order to identify and interpret points of rupture. Being able to experiment and strategically connect or disconnect components from our dynamic nucleus to claim victories. To construct the sort of unity that won’t get trapped in a determined configuration, but which constantly transforms to keep moving forward. We’re at an historic juncture; we’re taking the first steps towards the construction of a collective, fluid and distributed coordinated social mind. Insisting on obsolete modes of organisation is a error. We are rehearsing the methods of massive social auto-organisation of the future, and the perspectives are more than optimistic. The dying bipartisan regime is confounded and entrenched. We only have to keep syncing.

Footnotes and references:

1. [Malsburg, C. von der. (1995). Binding in models of perception and brain function. Current Opinion in Neurobiology, 5(4).]

2. [Varela, F., & Thompson, E. (2003). Neural Synchrony and the Unity of Mind: A Neurophenomenological Perspective. In The Unity of Consciousness. Oxford University Press.]

3. [Tononi, G., & Edelman, G. M. (1998). Consciousness and Complexity. Science, 282(5395), 1846–1851. doi:10.1126/science.282.5395.1846]

4. [These are all groups and collectives enmeshed within the 15 -M network. Briefly:

To read about these, and many other, initiatives taking place in Spain right now, read our translation of Bernardo Guitérrez’s “Spain’s Micro-Utopias: The 15M Movement and its Prototypes”]

This translation has been republished on:

Reclamando el crédito como bien común

CcommnImagenes: Marina Gullón

Reclamando el crédito como bien común/Hacia una sociedad-mariposa

Thomas H Greco

Traducido por Stacco Troncoso, editado por DFC – Guerrilla Translation!

Artículo original

Traducción a español iberomericano

Hoy en día, las monedas locales y los sistemas de intercambio alternativos se han convertido en un tema familiar en los medios de comunicación, incluso en los periódicos con más difusión, como el Wall Street Journal, The Guardian, y Der Spiegel, o en canales de televisión locales y nacionales. Estas reseñas están principalmente enfocadas sobre los intentos de mantener estas monedas circulando de manera local, y que el dinero no sea “drenado” de la zona, dado que así refuerzan la vitalidad de las economías locales y mejoran las perspectivas de los negocios de la zona en su lucha por competir con las grandes multinacionales.

Todo esto se trata de un fenómeno positivo, pero que evade un análisis más profundo sobre los problemas que afectan a nuestras comunidades y a nuestro mundo en general. Pues los problemas a los que se enfrentan nuestras comunidades, y la civilización en general, tienen su origen en la mismísima naturaleza del dinero y los mecanismos según los cuales se crea y se distribuye mediante la intervención del cártel más poderoso que jamás ha existido. Los regímenes globales del dinero y la banca han sido diseñados para centralizar el poder y concentrar la riqueza en las manos de una élite gobernante; se trata de un proceso que viene de muy atrás en el tiempo y que se ha hecho cada vez más efectivo (en exclusivo beneficio de  esa élite).

En todas las economías desarrolladas, las profesiones están muy especializadas. Apenas elaboramos o construimos nosotros mismos aquello que necesitamos. Esta situación provoca que el intercambio de bienes y servicios sea una necesidad de subsistencia. Pero el trueque primitivo es ineficaz y depende de una coincidencia  entre carencias y necesidades – “yo tengo algo que quieres tú y tú tienes algo que yo quiero.” Si una de las dos partes no tiene lo que quiere la otra, no hay  trueque posible.  El dinero se inventó para facilitar intercambios más allá de la cercanía inherente de una comunidad local -donde priman las transacciones informales- y así el dinero facilita un modo de comercio que es ocasional y impersonal.

El dinero es, en primer lugar y ante todo, un medio de intercambio, una especie de substituto que permite que el vendedor suministre algo de valor para el comprador, a cambio de dinero, y después, usar el vendedor ese dinero recibido para obtener del mercado aquello que necesite para sí mismo, o para otros.

En la antigüedad, se usaron como moneda materiales útiles para la comunidad. Yo, por ejemplo, no tengo necesidad  de poseer tabaco pero, al saber que hay muchos que lo desean, lo puedo aceptar como pago a cambio de mis manzanas. Lo mismo se puede decir del oro y la plata, que, en el transcurso del tiempo, se convirtieron en los materiales predilectos como medio de intercambio.

Pero el dinero ha evolucionado con el tiempo; el dinero ya no es “una cosa”. Es crédito dentro de un sistema de contabilidad que se manifiesta principalmente a través de “depósitos” en los bancos y, secundariamente y en pequeñas cantidades, en forma de papel moneda. Toda moneda nacional se apoya en el crédito colectivo de todos los que están obligados por la ley aceptarlo como tal.

En otras palabras, hemos tolerado la privatización del bien común del crédito, y de tal manera que sólo podemos acceder a éste cuando pedimos a un banco a que nos conceda un “préstamo”. Para poder crear dinero es requisito previo que alguien contraiga una deuda.  Pero no se está prestando nada; la banca sencillamente crea el dinero basado en la promesa de que el “prestatario” va a devolverlo. Resumiéndolo a mi manera,  hemos entregado nuestro crédito colectivo a la banca para, después, suplicarle que nos preste parte  de vuelta–y les pagamos intereses por ese privilegio. El resultado es una escasez crónica de dinero dentro del sector productivo de la economía, aún cuando se otorga dinero a los gobiernos centrales para sostener un déficit público con el que financiar guerras, rescates bancarios, y todo tipo de derroches inútiles.

Pero el peor aspecto del sistema monetario es su requisito intrínseco de crecimiento continuo–lo que yo llamo el imperativo del crecimiento. Esto proviene del hecho de que el dinero se crea sobre una base de deuda sujeta a intereses, de tal manera que la cantidad a devolver se va incrementando con el paso del tiempo. Pero el interés compuesto es una función de crecimiento exponencial y eso significa que la deuda no crece de forma estable y regular, sino de forma cada vez más acelerada. El sistema monetario global precisa de la expansión continua de la deuda a fin de evitar un colapso financiero. Por eso los ciclos de burbujas y colapsos son cada vez más extremos, y la competencia entre prestatarios por un suministro insuficiente de dinero conlleva un incremento acelerado  en la expoliación medioambiental y la degradación social.

El crédito “de origen Comunitario” ha sido el aspecto más ignorado de los aspectos del “Bien Común” pero es el más crucial, porque el crédito es el mismísimo cimiento y medio de subsistencia del dinero moderno, y el dinero es el medio esencial para el intercambio de bienes y servicios. Aquél que controla el dinero controla virtualmente todo aquello que existe en el mundo material. La privatización del bien común del crédito no sólo ha permitido que unos pocos hayan explotado al resto, también ha provocado una expansión económica mucho más allá de cualquier límite razonable, a la par que ha causado conflictos por el control de recursos en todo el planeta.

En el pasado, las estructuras del poder mundial estaban basadas en los “acuerdos” de defensa de los intereses comunes de las autoridades políticas y religiosas. Los reyes, emperadores y príncipes dependían de la jerarquía eclesiástica para legitimar su mandato. Siempre que el pueblo dependiera de la Iglesia, y sus sacerdotes, para su salvación y posterior admisión en el reino de los cielos, éste aceptaba dócilmente el estado de las cosas. Pero, según empezaron a cambiar las creencias, las autoridades eclesiásticas perdieron prácticamente toda su influencia. Hoy en día, la estructura de poder global está basada en los “acuerdos” de defensa de los intereses comunes entre autoridades políticas y financieras. Incluso en países nominalmente democráticos, son los banqueros y los financieros -y sus súbditos en los medios de comunicación, la educación, la medicina y otros campos- los que seleccionan a los líderes políticos y determinan el desarrollo de la política pública. Mientras el pueblo dependa del dinero que crea la banca para su “salvación” material y admisión al reino de “la buena vida”, este estado de las cosas continuará provocando que las masas –los avalistas de la deuda gubernamental– continuen hundiéndose cada vez más rápido en as arenas movedizas de la esclavitud por endeudamiento.

Ese interés que ha de pagarse para “ tomar prestado” nuestro propio crédito del banco no es el único elemento parasitario de este sistema. Otro es la inflación del suministro de dinero que acompaña el gasto de déficit público por parte del gobierno. Prácticamente todos los gobiernos nacionales gastan constantemente mucho más de lo que ingresan, extrayendo recursos reales de la economía a cambio del dinero “falso” que la banca crea para ellos bajo la tutela de la ley. Esta devaluación de la moneda inevitablemente conlleva a un aumento del precio de las necesidades básicas en el mercado. A este “drenaje” de recursos económicos le podemos añadir los salarios obscenos y las primas y “bonus” que estos privilegiados se otorgan a sí mismos por gestionar el sistema, además de los rescates financieros periódicos que obtienen de los gobiernos.

La situación, para cualquiera que se haya molestado en observarla de cerca, es muy clara: el sistema monetario y bancario, basado tal y como está en la usura y la centralización del poder y la riqueza, ha provocado una serie interminable de miserias e injusticias sobre la raza humana y toda la naturaleza del planeta Tierra. Es un sistema que no puede reformarse; sólo puede ser superado.

¿Superar el actual sistema monetario?

Las buenas noticias son que no tenemos por qué ser las víctimas de un sistema que, sin lugar a dudas, nos está fallando. Tenemos en nuestras manos el poder de reclamar el Bien Común del crédito. Lo podemos hacer de manera pacífica y sin necesidad de atacar este régimen tan arraigado y poderoso. Tan sólo requiere que cada uno de nosotros tome el control de nuestro propio crédito y lo entregue a aquellos individuos y negocios merecedores del mismo, a la vez que lo mantenemos lejos de las manos de aquellos que no lo merecen; y que entreguemos nuestro talento, dedicación y energía a aquellas iniciativas que repercutan positivamente sobre la capacidad de adaptación  de la comunidad, su sostenibilidad, su auto-suficiencia y, el bien común en general.

Todos hemos sido condicionados en la búsqueda del dinero como medio con el que mantener a nuestras familias y a nosotros mismos para suplir las necesidades materiales de la vida. Pero el dinero se ha convertido en un instrumento del poder, un ardid que permite a unos pocos controlar el desarrollo de los asuntos humanos. Mientras sigamos atrapados en esta persecución constante del dinero, todos seremos meras marionetas al servicio de esos titiriteros–esa pequeña élite que, concediéndoles la mejor de las intenciones, actúan desde una perspectiva miope del exclusivo interés propio, presos del error y la ignorancia.

Quizás vean la luz algún día, pero no nos podemos permitir el lujo de esperar. La respuesta está en aprender a compartir, a cooperar, y a organizar para crear lo que a mí me gusta describir como “la Sociedad Mariposa”. Las monedas y los sistemas de intercambio comunitarios suponen una caja de herramientas esencial a la hora de forjar comunidad–y auto-suficiencia, pero tienen que ser diseñados de tal forma que nos permitan ser menos dependientes del dinero “político” y de la banca. Un medio de intercambio privado debería crearse tomando como base el valor creado e intercambiado entre productores locales, especialmente cuando se trata de aquellos negocios pequeños y medianos que forman la base de cualquier economía. Esto supone que una moneda debe ser gastada al ponerse en circulación, que no vendida a cambio de más dinero. Podemos ser capaces de organizar estructuras nuevas para el dinero, la banca, y las finanzas, libre de intereses y descentralizadas. Estructuras que no estén controladas por la banca ni por los gobiernos centrales, sino por individuos y empresas que se asocian y organizan dentro de redes de comercio no monetizadas.

En resumen: cualquier grupo de personas puede organizarse para adjudicar un sistema de crédito colectivo entre sí mismos y libre de interés. Se trata de la mera extensión de una práctica habitual en muchos negocios: vender en base a una cuenta abierta– “Te mando el género ahora, y ya me pagarás más adelante”, sólo que no estaría organizada sobre una base bilateral, sino dentro de una comunidad de múltiples compradores y vendedores. Este sistema debería llevarse a cabo a una escala lo suficientemente grande e incluyendo una cantidad suficientemente amplia de bienes y servicios. Sistemas como éste pueden evitar las disfunciones inherentes en los sistemas monetarios y bancarios convencionales. Pueden abrir el camino a relaciones más armoniosas y mutuamente benéficas con las que propiciar la construcción de una verdadera democracia económica.

Compensación mutua de crédito – Comerciar sin dinero

Lo que estoy describiendo no es un sueño utópico sino una realidad demostrada y bien establecida. También conocido como “compensación mutua de crédito”, se trata de un proceso empleado por cientos de miles de negocios en todo el mundo, miembros de una multitud de sistemas de trueque comercial que proveen la contabilidad necesaria, junto a otros servicios, para el comercio sin dinero. En este proceso, las cosas que vendes te permiten pagar por las cosas que compras sin tener que utilizar el dinero como mecanismo de cambio. En vez de andar persiguiendo dólares, utilizas lo que tienes para pagar por lo que necesitas.

A diferencia del trueque tradicional, que depende de la coincidencia de requisitos y necesidades entre dos comerciantes que poseen bienes que necesitan mutuamente, la compensación mutua de crédito ofrece un sistema de contabilidad para créditos de comercio, una especie de moneda interna que permite que los comerciantes vendan a ciertos miembros mientras que compran de otros. Se estima que hay más de 400,000 compañías en el mundo que intercambian más de 12.000 millones de dólares en bienes y servicios siguiendo estas directrices y sin utilizar ningún tipo de moneda nacional.

Quizás, el mejor ejemplo a largo plazo de un intercambio de compensación de crédito sea la Cooperativa-círculo económico WIR[1]. Creada como organización de auto-ayuda en Suiza y en medio de la Gran Depresión de 1929, WIR provee un medio para que sus asociados puedan seguir comprando y vendiendo entre ellos, independientemente de que haya una escasez de francos suizos en circulación. Durante los últimos tres cuartos de siglo a través de épocas buenas y malas, WIR (ahora conocida como el Banco WIR) ha continuado prosperando. Sus más de 60,000 miembros a lo largo de Suiza intercambian aproximadamente 2.000 millones de dólares en bienes y servicios todos los años, pagándose entre ellos no con dinero oficial suizo, sino con sus propias unidades de contabilidad, los créditos WIR.

El Crédito del Bien Común: una revolución pacífica para una sociedad más feliz.

Credit CommonsEl desafío para cualquiera de estas redes es, por supuesto, obtener suficiente escala para ser verdaderamente útiles. Cuanto más grande sea la red, más oportunidades se crearán para el intercambio sin dinero. Puede que, al iniciar esta andadura, se requiera cierto grado de ayuda para encontrar esas oportunidades, pero según se vayan conociendo los miembros entre sí, y sepan lo que puede ofrecer cada uno, los beneficios de la participación se harán cada vez más evidentes y atractivos. Al igual que Facebook, Twitter, MySpace y otras redes que son puramente sociales, las redes de comercio sin dinero eventualmente experimentarán un crecimiento exponencial que marcará un antes y un después revolucionario en el empoderamiento político y económico. Será una revolución discreta y pacífica y no provocada por protestas en las calles o peticiones dirigidas a políticos que sirven a sus “amos”, sino trabajando juntos para ostentar un poder que ya es nuestro–aplicar los recursos que tenemos para apoyar la productividad propia y otorgar crédito allá donde se necesite.

A través de la participación en una red de intercambio abierta, transparente y democrática, los miembros disfrutarán de beneficios como:

    • Una fuente de crédito fiable y amistosa,  libre de intereses y controlada por la comunidad.
    • Menos necesidad de dólares, euros, libras, yenes o cualquier otro dinero “político” y escaso.
    • Incremento en ventas.
    • Una clientela leal.
    • Proveedores fiables.
    • Una comunidad más próspera y viva.

¿Qué se necesita para que las redes de compensación mutua de crédito se vuelvan virales y crezcan rápidamente, de la misma forma que lo han hecho las redes sociales? Esa es la pregunta clave, y la respuesta sigue siendo difícil. Mientras que el WIR ha sido un éxito incontestable, parece haberse visto intencionadamente limitado y destinado a no propagarse más allá de las fronteras suizas. Y, mientras que el fenómeno del trueque comercial ha sido  y sigue siendo significativo, con un crecimiento constante durante los últimos 40 años, sigue teniendo una repercusión mínima al compararse con la totalidad de la actividad económica.

Bajo los sistemas con los que operan hoy en día, las redes de intercambio comercial se limitan a sí mismas y, típicamente, imponen una serie de obligaciones sobre sus miembros. Éstas incluyen cuotas de participación onerosas, membresía exclusiva, escala y rango limitado en cuanto a los bienes y servicios disponibles en cada intercambio, la utilización de software propietario y una estandarización insuficiente de operaciones que limita la habilidad de los miembros de un sistema de intercambio a la hora comerciar con los miembros de otros sistemas similares.

Prácticamente todos los sistemas de intercambio comercial son pequeños, locales, y operados con afán de lucro. La escala pequeña, el control local, y el modelo de empresa independiente son todos características deseables. Pero si hablamos de construir un nuevo sistema de intercambio se necesita algo más. Lo que el mundo necesita ahora mismo es un medio de pago controlado localmente pero con utilidad global. Esto supone otorgar a los miembros del intercambio comercial local la habilidad de comerciar con miembros de otros intercambios fácilmente, de manera barata y sin apenas asumir riesgos.A continuación propongo una serie de medidas necesarias para que el comercio sin dinero basado en la compensación mutua de crédito se vuelva viral:

    1. Los miembros han de poner a disposición de la red, no sólo las mercancías de menos demanda o los servicios de lujo, sino todo su catálogo de bienes y servicios y a sus precios habituales. Esto afianzará el valor de los créditos de comercio interno y les dará una utilidad verdaderamente práctica.
    2. Como cualquier “portador del bien común” los sistemas de intercambio deberían abrir sus puertas a cualquiera que desee participar en los mismos, sin trabas y sin un exceso de requisitos previos.
    3. Las líneas de crédito (es decir, el privilegio de tener un descubierto en la cuenta monetaria) han de definirse según la habilidad y la voluntad de cada miembro de actuar con reciprocidad, una reciprocidad cuantificada, por ejemplo, por su historial de ventas dentro de la red.
    4. Los sistemas de intercambio han de ser operados por y para los miembros y de manera transparente, abierta, y con capacidad de adaptación.
    5. Los miembros han de ejercer sus responsabilidades para proveer la supervisión adecuada de aquellos designados para gestionar las transacciones.
    6. Ha de haber una estandarización mínima en los intercambios comerciales para asegurar que los créditos internos mantengan un valor comparable.

Cuando los sistemas de intercambio hayan optimizado su diseño y operatividad, se convertirán en modelos a seguir para los siguientes sistemas. En ese momento experimentarán una fase de crecimiento rápido, llevándonos eventualmente hasta una red de comercio local similar a Internet que hará que el dinero se vuelva obsoleto y permitirá la emergencia de una sociedad más libre y armoniosa.

Referencias y recursos (en inglés)

Paginas web:

Videos:

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[1]  WIR, abreviación de “Wirtschaftsring-Genossenschaft”, también significa “Nosotros” en alemán.”

 

Cuatro escenarios futuros para la economía colaborativa

Cuatro Escenarios (2)Imagen de Stacco Troncoso

MICHEL BAUWENS

  • Traducido y subtitulado por Stacco Troncoso. Editado por Luis Gómez – Guerrilla Translation!
  • Vídeo grabado y editado por Sébastien Loix. Agradecimientos a Paka McDirham por su ayuda.

Discurso de clausura en OuiShare Fest por parte de Michel Bauwens, fundador de la Foundation for P2P Alternatives (más conocida como “P2P Foundation“), en el que introduce cuatro escenarios potenciales para la economía colaborativa.

Después del vídeo encontraréis un breve ensayo de Michel en el que describe los cuatro cuadrantes.

Para activar los subtítulos, pulsar sobre el rectángulo la parte inferior derecha.

LOS CUATRO ESCENARIOS, por Michel Bauwens

Ensayo Original:

Este pequeño ensayo pretende mostrar de un modo sencillo los posibles escenarios económicos futuros utilizando dos ejes, o polaridades, que dan lugar a cuatro escenarios distintos:

DOS EJES/CUATRO CUADRANTES

El primer eje describe la polaridad entre el control centralizado y el control distribuido de la infraestructura, mientras que el segundo muestra una orientación hacia la acumulación y circulación del capital, en contraste con una segunda orientación hacia la acumulación y circulación del procomún.

Los cuatro cuadrantes de los escenarios futuros

1/Capitalismo Netárquico

La primera combinación (arriba-izquierda) es el Capitalismo Netárquico, y presenta una combinación del control centralizado de la infraestructura con una orientación hacia la acumulación de capital. El capital netárquico es aquella fracción del capital que permite y facilita la cooperación y las dinámicas P2P, pero a través de plataformas propietarias y con un control centralizado. Aunque los individuos comparten de todo a través de estas plataformas, no tienen ni control, ni poder de decisión, ni copropiedad sobre el diseño y protocolo de las  redes/plataformas en cuestión, dado que son propiedad de un tercero. Podemos poner como ejemplo a Facebook o Google. Normalmente, bajo las condiciones del capitalismo netárquico, aunque son los usuarios quienes crean y comparten directamente el valor de uso, el intercambio monetizado queda en manos de los propietarios del capital. Esto, a corto plazo, entra dentro de los intereses de los propietarios o sus accionistas pero, a largo plazo, crea una crisis de valor para el capital, dado que los creadores del valor ni se ven recompensados, ni ven un aumento en su poder adquisitivo para adquirir aquellos bienes necesarios para el funcionamiento de la economía física.

2/Capitalismo Distribuido

La segunda combinación, (abajo-izquierda) denominada “capitalismo distribuido”, permite un control distribuido pero sigue enfocada sobre la acumulación de capital. La irrupción de la moneda P2P Bitcoin y las plataformas de crowdfunding, como Kickstarter, son representativas de este modelo. Bajo este modelo, las infraestructuras P2P están diseñadas para permitir la autonomía y participación de  agentes múltiples, pero el enfoque principal sigue siendo la generación de ingresos. Cada uno de los ordenadores que participan en Bitcoin tiene la habilidad de producir el capital circulante, lo que provoca que los grandes bancos centralizados pierdan su poder de intermediación . A pesar de ello, sigue siendo un sistema enfocado al comercio e intercambio mediante una moneda diseñada para un sistema apoyado en la escasez y que, por tanto, ha de ser obtenida a través de la competitividad. Adicionalmente, Kickstarter, funciona como un mercado a la inversa, con una inversión de prepago. Bajo estas condiciones, cualquier procomún es un producto colateral o una consecuencia del sistema, y las motivaciones personales surgen a raíz del intercambio, el comercio y los ingresos. Podemos observar muchas características P2P dentro de este contexto, en el que se fomenta un capitalismo más inclusivo, distribuido y participativo. Aunque podría considerarse como parte de un modelo empresarial posicionado en contra de los monopolios y los intermediarios depredadores, se sigue tratando de un contexto dirigido hacia el ánimo de lucro. El sistema de distribución descrito en este cuadrante carece de un enfoque local, dado que se trata de una visión de economía virtual donde los pequeños actores pueden tener un impacto mundial y crear agregados globales de pequeños contribuyentes.

3/Comunidades Resilientes

Las llamadas “Comunidades de Resiliencia” (Cuadrante inferior-derecho) se caracterizan por un control distribuido y enfocado al procomún. Sus objetivos suelen incluir la relocalización y restauración de las comunidades locales. A menudo, se basa en la expectativa de un futuro marcado por grandes carencias en cuanto a energía y recursos o, en el mejor de los casos, mayor escasez de ambos. Como solución, se propone una serie de estrategias “salvavidas”. Iniciativas como el movimiento decrecentista, las Transition Towns o Ecoaldeas, y las redes de iniciativas locales comunitarias, entran dentro de este contexto. En su vertiente más extrema, son estrategias salvavidas dirigidas a la supervivencia de pequeñas comunidades en el contexto de un caos generalizado.

Se puede argumentar que estas iniciativas están marcadas por el abandono de un afán transformador a gran escala, dado que la feudalización de la integridad territorial se considera prácticamente inevitable. A pesar de la posible existencia de una dinámica colaborativa global expresada a través de la red, sigue siendo un enfoque local. Normalmente se considera que la movilización política y social a gran escala no es un fin realista y que está destinada al fracaso. En el contexto de nuestro eje, contraponiendo el afán de lucro con el de fomentar el  procomún, estos proyectos están decididamente enfocados hacia la generación de valor dentro de la comunidad.

4/Procomún Global

La modalidad del “Procomún global”, (arriba-derecha) se posiciona en contra del enfoque exclusivamente local, para centrarse sobre un procomún global. Los defensores y partícipes de este escenario argumentan que el procomún ha de ser creado y defendido a escala global y transnacional. Aunque se trata de un modelo de producción distribuido y, por tanto, facilitado a nivel local, las micro-fábricas que forman parte del mismo son parte de una red a escala global. El beneficio obtenido a través de esta cooperación mutualizada global  repercute tanto en el diseño del producto, como en las mejoras de la maquinaria productiva del procomún. Toda empresa distribuida se ve bajo el contexto de las filés transnacionales, es decir, alianzas de empresas éticas que operan en solidaridad con un procomún de conocimientos específicos. Adicionalmente, la movilización política y social a escala regional, nacional, y transnacional, se considera parte de la lucha por la transformación institucional. Las empresas participativas son vehículos para que la gente de a pie apoye el procomún global, además de su propia subsistencia. Este último escenario no da por hecho la inevitabilidad de una regresión social generalizada, y apuesta por una abundancia sostenible para toda la humanidad.

Four Scenarios for the Sharing EconomyImagen de CollaborativeConsumption.com

DISCUSIÓN

Estos cuatro escenarios difieren en su visión del enfoque primordial asignado a la acumulación de valor. Las opciones son:

  1. Valor enfocado hacia el beneficio de accionistas globales..

  2. Valor enfocado hacia una red de pequeñas empresas con ánimo de lucro.

  3. Valor enfocado hacia la comunidad local.

  4. Valor enfocado hacia el procomún transnacional.

Cada uno de estos escenarios tendrá un efecto diferente en cuanto a organización temporal, espacial y prioridades. El tiempo y el espacio global-local coexistirán en distintas configuraciones según el escenario prevalente.

Los cuatro escenarios dan por hecho la existencia de infraestructuras que facilitan el P2P, junto a la presencia de una serie de recursos mutuos, inmateriales o materiales, con los que obtener economías de ámbito. De hecho, mientras que las economías de escala son ventajosas en épocas dominadas por una abundancia de recursos y energía (por ejemplo: la producción de unidades múltiples favorece la competitividad); las economías de alcance se vuelven esenciales en épocas de escasez de energía y recursos (es decir, es necesario “hacer más con menos”). El código abierto (Open Source) supone una mutualización de recursos inmateriales, como el conocimiento, que se vuelven accesibles para toda la humanidad, que no fragmentados y privatizados a través de la propiedad intelectual. La mutualización de recursos físicos potencia la eficacia útil en cuanto a energía y recursos, a la vez que evita periodos de inactividad en el uso y los desperdicios inherentes a la fragmentación.

Las nuevas modalidades de producción P2P son globales-locales (o “glocales”). Aunque permiten una producción a escala local a través de micro fábricas y utilizando tecnologías de fabricación distribuidas, toda la información relativa al producto y a la maquinaria se puede compartir a nivel global. Como regla general puede decirse que el principio es “mantener cerca lo que es pesado, y lejos lo que es ligero”. Se maximiza la cooperación inmaterial, mientras que se minimiza el transporte global de bienes materiales. En estos cuatro escenarios, el factor diferencial entre estrategias es, en primer lugar, la motivación subyacente de cada modelo de cooperación. Es decir, ¿están motivados por la acumulación de capital, o por mejorar la circulación del procomún?. Y, en  segundo lugar, ¿dónde recae el control?: ¿Se trata un control distribuido mediante la asignación libre entre iguales, capaces de afectar la ordenanza y el diseño de sus infraestructuras cooperativas, o se trata de un diseño infraestructural exclusivamente en manos de plataformas centralizadas de propiedad privada?

En el primer escenario de capitalismo netárquico, el control y la gobernanza recaen sobre una única jerarquía propietaria. Mientras, en el capitalismo distribuido el control recae sobre una red de empresarios partícipes en un sistema con ánimo de lucro. Dentro del modelo de la comunidad local, el control recae dentro de un territorio geográfico específico y dependiente del modelo de gobierno de la comunidad que lo haya iniciado. En el modelo del procomún global-local, el poder de decisión recae sobre un modelo triárquico en el que se encuentran: a) la comunidad que practica la autogestión social de los recursos, b) asociaciones que trabajan para el beneficio de la comunidad y gestionan las infraestructuras físicas de  cooperación (como, por ejemplo, la multitud de fundaciones de software abierto) y c) la alianza empresarial que coopera en torno a este mismo procomún.

En el último modelo, es esencial que la orientación hacia el procomún esté garantizada por nuevos modelos de gestión en las empresas participantes. Pongamos por ejemplo el caso de Linux, un procomún mayoritariamente corporativo donde el código abierto es parte integral del proceso de acumulación de capital de las empresas participantes (y con ánimo de lucro). Un contramodelo necesitaría la creación de empresas éticas, simpatizantes con el procomún y gestionadas por los propios comuneros – que también controlarían sus propias decisiones y serían propietarios. Estas empresas estarían estructuradas legalmente para tener obligación de apoyar la circulación del procomún. Sugerimos un modelo de propiedad plural, combinando la propiedad del fabricante (un rediseño de la sociedad cooperativa para la edad P2P) con la propiedad del usuario (el reconocimiento de que los usuarios de las redes también crean valor). El proceso finaliza con un retorno financiero para los fundadores de las empresas éticas que han facilitado esta dinámica. Este modelo permite la obtención de ingresos, pero la maximización de los mismos sigue siendo un tema tabú.

Los modelos de producción P2P están motivados por una combinación de orientaciones temporales y espaciales en competición mútua. Normalmente, la acumulación de valor común será un proceso continuo de auto-asignación libre y bajo el contexto del objetivo común de cada comunidad. Aún así, el trabajo por contrato de obra seguirá viéndose influido por las restricciones temporales y a corto plazo propias del capitalismo. La organización espacial será distinta dependiendo de las ventajas relativas de los enfoques locales y globales.

Los espacios de co-working, o trabajo compartido, típicamente empleados por empresarios que favorecen modos de trabajo distribuidos, se caracterizan por la elección libre de lugar y por alquilar un “tiempo” más que “un espacio”, junto a otros marcadores. El tiempo motivado por la comunidad, el tiempo motivado por el procomún y el tiempo distribuido -en oposición al tiempo centralizado y con ánimo de lucro- coexistirán y se verán organizados según la dominancia de cualquiera de los cuatro escenarios. La organización espacial estará influenciada por esas mismas dinámicas contradictorias.


Guerrilla Translation/Relacionado:
“La misión de la Web 2.0 es destruir el aspecto P2P de Internet”/ Dmytri KleinerStrip: Rushkoff in Real Life“El objetivo del juego no es tener un juego con objetivo”/ Douglas Rushkoff
https://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/10/factory-e1383171595590.jpgEl desempleo es la cura de todos los males/ Paul B. Hartzog


Esta traducción también ha aparecido en:

Money & Life

Money & Life 2

Katie Teague/Stormcloud Media

Traducido y subtitulado por Stacco Troncoso, editado por Paka McDirham – Guerrilla Translation!

Money & Life es un ensayo-documental de larga duración narrado en torno a varias preguntas claves: ¿Qué es exactamente el dinero? ¿Qué tipo de relación tenemos con él? ¿Supone la crisis económica actual una oportunidad irrepetible para re-examinar nuestra relación con el dinero?

Con intervenciones de Bernard Lietaer, Thomas Greco, Charles Eisenstein, John Robbins, Vandana Shiva y muchos más, Money & Life traza los orígenes y evolución del sistema monetario hasta llegar a la crisis actual y los motivos que la han provocado. Tras cuestionar los preceptos básicos de esta tecnología que llamamos “dinero”, ofrece una serie de observaciones, alternativas y propuestas para rediseñar el sistema monetario.

Para activar los subtitulos, pulsar sobre el rectángulo la parte inferior derecha. Recomendamos ver el docu en HD 720p

Para más información sobre el documental y las alternativas que describen, visitad Money & Life.com

Agradecimientos a Miki Mestres, Luis Gómez y Antonio Beceiro por su labor como “Beta-watchers”.

Propuesta sobre los pasos siguientes para las redes emergentes del Procomún y el P2P

Chamber of the Commons

Imagen de SEIER+SEIER

Michel Bauwens

Traducido por Stacco Troncoso, editado por Alicia Aguirre de Cárcer – Guerrilla Translation!
Artículo original en el blog de la P2P-Foundation.

“En resumen, necesitamos una alianza del procomún para fomentar su poder político y civil e influir sobre todos los niveles de la sociedad; necesitamos filés con las que reforzar nuestra economía al margen del sistema dominante de maximización de ganancias; y necesitamos una Cámara del Procomún para formalizar una política territorial junto a las condiciones legales e infraestructurales necesarias para estimular la creación de una economía política afín a los valores humanos y ecológicos. Por separado no serían suficientes, pero unidas podrían formar una triada sólida para el propiciar el cambio necesario.”

El reciente éxito de una movilización global en países de habla hispana (más de 500 participantes y colectivos de 23 países en más de 50 ciudades) para el mapeo colectivo de iniciativas orientadas al procomún y modeladas en el P2P, ha mostrado que hay un afán a pie de calle por fomentar la colaboración mutua y acentuar las oportunidades de iniciar un cambio social. Me gustaría añadir la hipótesis de que, no sólo se está construyendo una nueva modalidad dentro de la imaginación colectiva sino, potencialmente, una nueva vertiente política. Creo que, para construir y obtener más infraestructuras cívicas con las que facilitar y empoderar la productividad social autónoma, tenemos que unir fuerzas y crear una nueva serie de instituciones políticas, sociales y económicas con las que inducir resultados “de transición”. Es decir, preparar el terreno para la transición a una civilización y economía política en la que la asociación libre y ecológica entre productores autónomos y ciudadanos se vuelva lo normal.

Creo que ha llegado el momento de comenzar la construcción de las tres coaliciones institucionales siguientes:

 * La institución cívica/política: La Alianza del Procomún.

Una alianza del procomún es una coalición, un lugar de encuentro y una red para asociaciones, sistemas y lugares sin ánimo de lucro y orientados al P2P y el procomún. Estas alianzas pueden ser tópicas, locales, transnacionales, etc…. Un ejemplo sería la iniciativa Paris Communs Urbains, en la que se pretende crear un plataforma común para iniciativas urbanas de procomún en la región parisina; otro ejemplo parisino/francés sería la red de cultura libre Libre Savoirs, actualmente desarrollando una serie de propuestas legislativas entorno a derechos digitales. (Ambos proyectos llegaron a mi atención de mano de Lionel Maurel).

Una alianza del procomún es un lugar de encuentro y una plataforma para formular propuestas institucionales para mejorar las infraestructuras cívicas del procomún.

* La institución económica: el « Filé » Global-local del P2P/Procomún

Un filé (una propuesta formulada por lasindias.net) es una coalición de empresas éticas, impulsoras de la comunidad y orientadas al procomún, que operan y comercian en el mercado para facilitar el sustento de “procomuneros” y trabajadores colaborativos involucrados en la producción social. La utilización de una licencia de producción colaborativa mantiene el valor de los intercambios creados en el procomún, a la vez que fortalece la existencia de una contra-economía más autónoma, que rehúye de la lógica destructiva de la maximización de ingresos, y centrada en el incremento de beneficios, no sólo locales, sino también extendidos a procomún global emergente. Las filés crean economías integradas entorno al procomún, dotando a éstas de mayor autonomía y asegurando la reproducción social de sus agrupaciones. Las filés globales con un excedente de producción y capaces de generar un estado de bienestar para sus integrantes, podrán gradualmente erguirse como un contrapoder a la hegemonía corporativa imperante.

* La Institución política-económica: La Cámara del Procomún

De manera análoga a las cámaras de comercio que operan en las infraestructuras del tejido empresarial-lucrativo, la Cámara del Procomún actúa exclusivamente a favor de las necesidades de las coaliciones de empresas éticas emergentes y afines al procomún (es decir, las filés), pero siempre bajo un enfoque territorial. Su objetivo es definir las necesidades convergentes de las nuevas empresas del procomún e interconectar con legisladores locales para expresar y obtener sus necesidades infraestructurales, políticas y legales.

En resumen, necesitamos una alianza del procomún para fomentar su poder político y civil e influir sobre todos los niveles de la sociedad; necesitamos filés con las que reforzar nuestra economía al margen del sistema dominante de maximización de ganancias; y necesitamos una Cámara del Procomún para formalizar una política territorial junto a las condiciones legales e infraestructurales necesarias para estimular la creación de una economía política afín a los valores humanos y ecológicos. Por separado no serían suficientes, pero unidas podrían formar una triada sólida para el propiciar el cambio necesario.   

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