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Hacia un glosario para el procomún

Un Glosario 2

De entrada sabemos que es imposible congelar en una serie de términos finitos lo que en la práctica es mutante, vivo y denomina prácticas y saberes de muy diversos entornos. Sin embargo, fomentar el debate y la discusión puede ser una vía de acercamiento a ese lenguaje que necesitamos para nombrar y comunicarnos.”

¿Cómo nombrar lo que es de todos y a la vez de nadie? Así como nos cuesta definir qué es (¡y qué no es!) el procomún, nos da iguales quebraderos de cabeza utilizar palabras con las que nombrar lo común y lo colectivo. Después de la primera reunión de Un glosario para el procomún, nos vamos al verano con más dudas que respuestas, pero con la maleta llena de reflexiones, significantes y significados para pensar.

El pasado 23 de julio Guerrilla Translation convocó a través del Laboratorio del Procomún de Medialab-Prado a pensar sobre los términos que utilizamos en castellano para denominar lo que en inglés fácilmente se llama “commons”. Con motivo de la traducción a español del libro Think like a commoner. A Short Introduction to the Life of the Commons, de David Bollier, nos reunimos con activistas, periodistas, traductores, lingüistas y académicos para intentar configurar un glosario de términos habituales en lengua inglesa, pero menos extendidos o que tienen matices y connotaciones históricas diferentes en castellano.

coverDe entrada sabemos que es imposible congelar en una serie de términos finitos lo que en la práctica es mutante, vivo y denomina prácticas y saberes de muy diversos entornos. Sin embargo, fomentar el debate y la discusión puede ser una vía de acercamiento a ese lenguaje que necesitamos para nombrar y comunicarnos. Hace meses ya tuvimos un pequeño debate interno para traducir el vídeo y el texto ¿Qué es el procomún?, de Helene Finidori. Aunque nos decantamos por “procomún” incluso para el título, en el cuerpo de texto hay una serie de juegos lingüísticos, perífrasis y adaptaciones para referirnos a un mismo significante. Habitualmente nos topamos con estas mismas preguntas y aunque es complicado acotar respuestas, creemos que sirve más a todos compartir y pensar en común.

Aunque GT planteó algunos términos y expresiones habituales (commons, commoner, peer-to-peer, gift economy, sharing economy…), gran parte de la charla derivó hacia los significantes y no tanto hacia los significados. Era previsible  y de cualquier manera, un primer contacto para conocernos, charlar y plantear la cuestión sobre la mesa siempre es necesario. A la vuelta del verano volveremos a reunirnos con más preguntas y tal vez una serie de palabras clave sobre las que trabajar.

Si queréis averiguar más sobre los contenidos del libro, leed nuestra traducción de una entrevista a fondo con el propio David Bollier. Finalmente, estad atentos este otoño a nuestra campaña de crowdfunding en Goteo.org. La campaña no se limitará a la traducción del libro, dado que también impulsará una red de fabricación y distribución regional con la que imprimir copias del libro físico en nodos distribuidos del mundo hispanohablante.

El vídeo completo de la sesión se puede ver en el siguiente enlace: Vídeo del evento.

  • Texto: Carmen Lozano Bright

El gran escándalo invisible de nuestra época

El Gran escandalo invisible“Tumbar los cercamientos”: KMO, del C-Realm Podcast, entrevista a David Bollier

KMO, presentador del C-Realm Podcast, da la bienvenida a David Bollier, escritor e investigador independiente, para hablar del contenido de su último libro: Think Like a Commoner: A Short Introduction to the Life of the Commons 1. La conversación arranca con un análisis de la mal llamada Tragedia de los comunes de Garett Hardin, un texto que pretende demostrar que las personas no son capaces de autogestionar un recurso común. En realidad, el texto de Hardin solo acentúa la obsesión de la ortodoxia económica por validar sus propios fundamentos, proyectándolos sobre el mundo. Más adelante, Bollier habla del genoma humano como ejemplo de bien común amenazado hoy en día por el cercamiento de corporaciones que pretenden patentar secciones del ADN humano como propiedad intelectual. Esta entrevista se realizó originalmente en audio y, a continuación, presentamos la transcripción de nuestra traducción. 

KMO: Hoy estamos hablando con David Bollier, investigador e intelectual independiente dedicado al concepto del “procomún”, o “lo comunal”. David, bienvenido al C-Realm Podcast.

David Bollier: Es todo un placer.

KMO: Al hablar del “procomún”, “lo comunal” o “los comunes”, cualquiera que haya estudiado economía en la universidad probablemente pospone la palabra “comunes” a la frase “La tragedia de los…”.

David Bollier: Se trata de una gran calumnia y escándalo. Garett Harding fue el biólogo que firmó el célebre ensayo sobre el tema en 1968. “La tragedia de los comunes” se ha convertido en un tópico y no solo en el ámbito económico, sino en la ciencia política y la vida pública, especialmente desde que los conservadores lo adoptaran con tanta firmeza. Los dos términos están tan relacionados que parece algo insuperable pero, de hecho, Garret Harding no estaba describiendo un comunal sino una situación de “todos contra todos”, un desmadre donde no hay ni reglas, ni comunidad, y donde no se sanciona nada. Un comunal es, de hecho, una comunidad definida que gestiona recursos compartidos y, a menudo, de forma sostenible. Es un concepto muy distinto a lo que describía Harding.

KMO: Es como si el procomún, o esos supuestos “comunes” que describe, careciera de contexto histórico. Es un pastizal que aparece de golpe y unos rancheros, vaqueros o pastores —que no se conocen de antes ni han interactuado entre sí— también aparecen por arte de magia, tirando la casa por la ventana en su rol de seres racionales y económicos que maximizan su beneficio propio mediante un recurso limitado y al alcance de cualquiera. A decir verdad, me parece una situación verdaderamente estrafalaria.

David Bollier

David Bollier

David Bollier: Desde luego, pero no olvidemos que es el punto de vista normativo y convencional, dado que Harding proyectó sobre el mundo sus nociones económicas utilizando artimañas francamente ficticias, aunque enmarcadas dentro de una parábola muy convincente. Tienes toda la razón, es una abstracción sin base empírica y ha sido gracias al esfuerzo de estudiosos como Elinor Ostrom, Premio Nobel de economía del 2009, que hemos podido refutar la tesis de “La tragedia de los comunes” y así revelar —tras mucho trabajo de campo y mucha teorización creativa— las características base del diseño y el funcionamiento de los comunes que han prosperado y que siguen prosperando alrededor del mundo. Es el primer obstáculo a superar en cualquier conversación sobre el procomún: que no es necesariamente una tragedia. Sí, no cabe duda de que podemos sobreexplotar los recursos limitados, pero las cosas normalmente no funcionan así. Normalmente, cuando un grupo de individuos se reúne, se suele plantear lo siguiente: “… bien, tenemos intereses distintos, vamos a negociar, vamos a comunicarnos”. Muchos de los, mal llamados, experimentos del dilema del prisionero —al igual que la parábola de Harding— se basan en circunstancias que no se dan en la realidad, la gente no se porta así en la vida real.

KMO: Otra verdad falsa que aparece en los libros de texto de economía es la noción de que, antes de que hubiera dinero, la gente utilizaba el trueque pero con muchas dificultades, dado que tenían que encontrar lo que se ha denominado como “la doble coincidencia de necesidades” o algo por el estilo: yo tengo que tener exactamente lo que tú quieres y tú tienes que tener exactamente lo que yo quiero antes de que podamos comerciar. Los dos bienes deben tener el mismo valor aproximado para que ambas partes nos sintamos satisfechas con la ecuanimidad del trato, como si no tuviéramos relación alguna aun siendo miembros de la misma comunidad. Es más, cada vez que hagamos negocios entre nosotros, o cuidemos de las necesidades recíprocas, tenemos que cerrar el trato por completo y seguir nuestro camino sin ningún tipo de obligación o relación mutua más allá de ese momento, ni nada por el estilo. Esto ya lo describía Adam Smith en La riqueza de las naciones pero, curiosamente, ningún explorador, colonizador o investigador que haya viajado por el mundo —y que se haya encontrado con sociedades supuestamente primitivas o grupos tribales— se ha topado con ninguna tribu que opere según esa descripción del comportamiento económico del hombre primitivo propagada por Smith. Aun así, parece que estos 200 años desmintiendo la teoría de Smith no han servido de nada, ya que sigue presente en los libros de texto de económicas.

David Bollier: Eso es porque la profesión de economista está completamente ofuscada por la autovalidación de sus premisas centrales, queriendo proyectarlas sobre el mundo real y creyendo que así es como debería funcionar. La realidad es que, más allá de lo que describen como “economía de mercado”—es decir, la vida real— la gente hace todo tipo de cosas que no concuerdan con esos principios. Esa supuesta “economía de la subsistencia”, tan denigrada por los economistas que la tachan de “mera supervivencia”, es sencillamente una economía no mercantil donde hallamos un sinfín de arreglos sociales e intercambios, economías del obsequio y demás, donde ocurren cosas que no encajan con los principios de la economía convencional. Normalmente, ni siquiera nos muestran los límites ni las falacias descaradas de esas premisas económicas, pero me encanta el hecho de que Internet sea una especie de enorme prueba viviente, y refutación al mismo tiempo, del concepto de “Homo œconomicus”, dado que hay todo tipo de gente cooperando y compartiendo en la red, haciendo cosas que, bajo el punto de vista de un economista, carecen de sentido. Dicen que es imposible que nos comportemos de tal manera pero, ahí está… ahí está Wikipedia, ahí está Linux, ahí están las revistas académicas especializadas de acceso libre, y suma y sigue. Creo que ha llegado la hora de empezar a replantear nuestros preceptos básicos sobre qué constituye un ser humano y no solo “un ser humano” como individuo, sino ese individuo inscrito en el contexto de una comunidad y un colectivo más amplio.

El cercamiento del procomún es el gran escándalo invisible de esta época. Están cercándose cosas como el propio genoma humano, un 20% del cual es ahora propiedad de dueños de patentes privadas”.

KMOs

KMO, presentador del C-Realm Podcast

KMO: Hoy estamos charlando gracias a la presentación de un conocido mutuo, Stacco, que trabaja para Guerrilla Translation, pero también es parte de la P2P Foundation. Últimamente he hablando con mucha gente relacionada con la P2P Foundation sobre el potencial de un modelo de producción industrial redistribuida. Una producción industrial que no requiere de grandes inversiones de capital desde un principio, que se puede poner en marcha con una inversión inicial de varios miles de dólares en insumos nuevos. Cosas como impresoras 3-D u otros tipos de maquinaria de control informático que quizás impulsen una nueva clase de arreglo económico entre las personas. Esto es lo que describe Jeremy Rifkin en su nuevo libro The Zero Marginal Cost Society: The Internet of Things, the Collaborative Commons, and the Eclipse of Capitalism 2. El mensaje del libro de Rifkin es que el capitalismo, aun sin desaparecer por completo, tendrá cada vez menos presencia en nuestras vidas de aquí en adelante. Me pregunto si te parece una esperanza razonable.

David Bollier: Bueno, Rifkin dice que el capitalismo está en declive pero yo no estaría tan seguro. En lo que sí estoy de acuerdo es que esta tendencia hacia una producción distribuida otorgaría más independencia a aquellos individuos y grupos que la pusieran en práctica. De hecho, se convertirían en co-productores cada vez menos dependientes del capital… Y todo esto irá en aumento. Se trata de un movimiento incipiente que no se limita al ámbito del software libre, dado que también lo vemos en el diseño o en la fabricación abierta. Se construyen cosas como muebles, coches o maquinaria agrícola, con el respaldo de una comunidad global de diseño abierto, complementada por un modo de producción local capaz de modificar y cambiar esos diseños según las circunstancias. Todo esto bajo los principios del código abierto, es decir: modularidad, materiales locales, costes mínimos, productos personalizables y demás. Es una tendencia un tanto radical, ya que no se necesitan grandes concentraciones de capital para producir objetos prácticos con los que cubrir tus necesidades. Creo que derivará hacia un tipo de emancipación tanto económica como política, como argumenta Rifkin. Hasta dónde llegará y con qué problemas se encontrará… eso es discutible.

KMO: Te animo a especular sobre ambas cuestiones.

David Bollier, autor de "Think Like a Commoner"

David Bollier, autor de “Think Like a Commoner”

David Bollier: Bueno, creo que esas industrias actuales con enormes cantidades de capital e influencia política —y que dominan Washington por completo— no van a desaparecer fácilmente. Por otra parte, va ser muy difícil frenar el auge de la producción y comunicación distribuida sin desmontar Internet por completo. Dado que la economía depende tanto de un Internet abierto, no creo que eso vaya a ocurrir. Pero, como hemos visto con la industria musical, los cambios se suceden de manera imprevisible, con bastantes dificultades y mucho conflicto…  La vieja guardia no muere fácilmente. Me resulta difícil prever qué cauce seguirá esta transición pero sí creo que habrá muchas presiones externas, incluyendo el cambio climático, que pondrán de relieve no solo la importancia de los recursos locales y regionales por sí mismos, sino su relevancia en términos económicos o de rendimiento energético. Creo que estas tendencias estructurales generales irán intensificándose, especialmente ahora que gran parte del mundo está conectado a Internet y a las herramientas digitales. Es más, la satisfacción social de trabajar colaborativamente, huyendo parcialmente de la tiranía social del capitalismo convencional, se vuelve cada vez más relevante. Supongo que esa es mi perspectiva general de cara al futuro, pero creo que habrá bastante conflicto porque aquellos que tengan inversiones irrecuperables no las van a abandonar fácilmente. Utilizarán todo su poderío económico y político para frenar estas tendencias, de la misma forma que Hollywood y la industria musical han intentado prevenir que la informática distribuida prevalezca sobre su modelo de negocio.

KMO: Bueno, yo diría que tanto la industria musical como la cinematográfica han fracasado estrepitosamente en ese aspecto. La distribución digital es tan fácil y barata que, aun habiendo gente dispuesta a pagar por esos productos, otra gente… Bueno, hablando en plata, yo no tengo ni televisión por cable ni HBO, pero soy seguidor asiduo de varios programas de HBO que adquiero mediante… “métodos no convencionales”. No es muy difícil y sé que no soy el único que lo hace.

David Bollier: Sí, y mientras tanto la industria cinematográfica sigue cosechando ingresos históricos año tras año. No me acuerdo de las últimas cifras en miles de millones de dólares pero, muy a pesar de estas filtraciones o “piratería” o “utilización desautorizada”, el sector sigue creciendo. No sé si todas estas industrias masivas, centralizadas, van a colapsar, pero creo que su producción cultural no será tan dominante como antaño; quizás se conviertan en entidades menos relevantes dentro de un mundo distribuido. Es complicado hacer previsiones teniendo en cuenta los factores sociales; no se trata solo de tendencias económicas y tecnológicas, sino de nuestra respuesta social y cultural. ¿Veremos la consolidación de una cultura distribuida de producción entre pares orientada al procomún? ¿Se convertirá en algo inevitable debido a motivos económicos o energéticos? Ahora mismo todo es especulación.

KMO: Has mencionado cosas como Linux, un sistema operativo muy avanzado, elaborado mediante miles de aportaciones colaborativas de gente de todo el mundo y… es algo real y tangible. Este podcast se distribuye bajo una licencia Creative Commons. Hay gran variedad de cosas que se producen y distribuyen regularmente mediante modelos comunales, pero suelen ser intangibles… cosas como software o material mediático. Parece que el reto, y la gran esperanza, es que ese modelo del procomún también sea capaz de proveer un sustento material a las personas.

David Bollier: Bueno, es muy importante percatarse de que, en todo el mundo, hay alrededor de 2000 millones de personas que dependen de diversos recursos naturales comunales para su supervivencia cotidiana. Bosques, caladeros, aguas de riego, caza, tierras cultivables… Es algo que los economistas tradicionales suelen ignorar por completo dado que —cómo no— está más allá de la economía de mercado y, por tanto, ni siquiera merece su atención. Pero hay que señalar que ya existe un precedente operativo del paradigma del procomún a gran escala y a nivel global, aunque su grado de éxito es relativo, todo sea dicho. Aun así, creo que dentro de las sociedades industriales avanzadas tenemos la necesidad de, en primer lugar, reconocer que es un argumento que describe algo real, práctico, funcional y sostenible. En segundo lugar, tenemos que innovar para desarrollar nuevos tipos de instituciones basadas en el procomún capaces de facilitar y otorgar la autoridad y sanción legal necesaria a lo que llamamos “la comunalización” o, lo que es lo mismo, la práctica social de la autogestión de un recurso compartido para el beneficio de todos. Creo que esto marcará un antes y un después. Por ejemplo, el movimiento por la alimentación local ya ha estado trabajando en esto, los fideicomisos de terrenos comunitarios… También podríamos hablar de las monedas sociales que están emergiendo o de instituciones como el Alaska Permanent Fund 3, un fondo de fideicomiso que recibe, en concreto, ingresos derivados de la extracción petrolífera en Alaska. Estos ingresos van dirigidos a un fondo fiduciario en beneficio de todos los residentes de Alaska, que reciben una media de mil dólares al año. Existen cantidad de modelos basados en el procomún, algunos a escala pequeña y con características muy personales, y otros a mayor escala y con un fundamento político. Pero creo que, desde una perspectiva general, se trata de un ámbito en el que tenemos que desarrollar y extender muchas de estas innovaciones ya existentes, pero que aún no han recibido un reconocimiento adecuado.

La propia retórica de los economistas … ni siquiera reconoce la existencia del procomún o de recursos compartidos no sujetos a convenios de propiedad individuales o corporativos. Son muchos los acuerdos de propiedad colectivos que carecen de validez legal, aunque son esenciales para el abastecimiento básico de comunidades en todo el mundo”.

KMO: Antes, has hablado sobre la satisfacción de trabajar en un contexto P2P, o entre iguales, en contraste al trabajo dentro de una jerarquía corporativa. Háblanos más de eso.

David Bollier: Bueno, creo que el modelo al que nos acostumbramos en el siglo XX fue el de “mando y control”, en el que las jerarquías centralizadas eran agentes económicamente indispensables para la producción de los bienes de la sociedad moderna. Pero esto está cambiando y cada vez más. Hoy en día, podemos llegar a acuerdos voluntarios y crear nuestras propias reglas para producir bienes. De eso trata la producción entre pares, ya sea a través de la red o incluso con objetos físicos. Existen abundantes sistemas para llevar esto a cabo, las cooperativas son buen ejemplo de ello. Son sistemas en los que podemos colaborar mediante un contrato social específico. Creo que esto es mucho más satisfactorio, y que se ajusta mucho más a nuestras necesidades, que algo producido por conglomerados trasnacionales gigantes, dominados por un modelo de negocio que no se preocupa por mí, ni por mi localización, excepto como fuente de ingresos. Es más, no pueden satisfacer mis necesidades no mercantiles, esas mismas que no se corresponden con su modelo de negocio. Algunos ejemplos serían el poder gozar de un ecosistema saludable en mi zona, o disfrutar espacios abiertos que no estén asediados por la construcción. Son necesidades cualitativas, comunitarias, propias del ecosistema social y que escapan a la lógica del mercado. A las corporaciones todo eso les da igual. Partiendo desde una visión basada en el procomún creo que la coproducción no sólo va ser mucho más beneficiosa a nivel medioambiental, sino también más satisfactoria a nivel social, ya que cumple con nuestras necesidades y nos deja participar en algo más grande que nosotros, algo que nos importa. Supone una inversión emocional y social con la que forjar una identidad colectiva, una identidad que nos interesa proteger. Esto no ocurre cuando nos comportamos como consumidores que median sus transacciones comerciales con el dinero. El procomún empieza a redefinir cómo nos relacionamos entre nosotros y con nuestros recursos naturales de la manera más convincente. Prueba de ello es la multitud de ejemplos a nivel mundial de gente que ha adoptado espontáneamente varios proyectos centrados sobre algún tipo de comunal u otro.

KMO: Recuerdo cuando trabajaba en el entorno corporativo y me pasaba el día metido en un cubículo. De todo cuanto podía aportar a la corporación como ser humano, solo les importaba mi alfabetismo general y mi capacidad para articular conceptos, escribir a máquina, o desempeñar varias tareas informáticas básicas. Cualquier otra cosa que fuera parte de mí, que yo valorara o que hubiera cultivado en mí mismo, no les servía para nada. De hecho, suponía una molestia y tenía que hacer todo lo posible por minimizar, censurar o, básicamente, ocultar estas cosas en el trabajo. Era una situación deshumanizante, insatisfactoria, que me provocaba muchísima ansiedad y estrés, y también muchísimo rencor. Cuando encuentras una carrera o un modo de vida donde, en vez de encajar dentro de un molde predeterminado, descubres algo que funciona y lo desarrollas de verdad… te encuentras con una situación mucho más natural y mucho más relevante. Se trata de un ambiente verdaderamente satisfactorio pero me pregunto si, quizás, dentro de 20 o 30 años, cuando la “comunalización” —como tú lo llamas— sea una faceta bastante más enraizada en nuestros arreglos individuales y sociales, ¿crees que los libros de texto de economía seguirán pregonando la “tragedia de los comunes”? ¿Crees que seguirán siendo incapaces de mirar a su alrededor para darse cuenta de que ese mundo que describen no coincide con los modelos que utilizaron para representarlo y predecirlo?

Comparación del PIB de Norteamerica con América Latina Imagen de Cristian Wiesenfeld

Comparación del PIB de Norteamérica con el de América Latina. Imagen de Cristian Wiesenfeld

David Bollier: De hecho, ya vemos un intento de adaptación para acercarnos más a la realidad humana y social. Hablo de modificaciones como la economía conductual o el intento de ir más allá del PIB mediante un índice de felicidad y demás. Se trata de admisiones encubiertas de que el modelo de economía prevalente es muy limitado, por no decir erróneo. Creo que se debe a que la economía se ha convertido en una disciplina de tal rigor matemático y cuantitativo… que realmente querían hacer de ella una ciencia, una ciencia universal y ahistórica, pero han sido incapaces de admitir que los seres humanos somos criaturas variopintas e imprevisibles que funcionamos dentro de un contexto local. No se nos puede “enchufar” directamente a una matriz universal de conceptos intelectuales y creo que, en cierto sentido, la narrativa cultural actual describe nuestro desacoplamiento de estas “ficciones económicas”. Estamos recuperando nuestra humanidad a través de ciertas herramientas como Internet, y percatándonos de que la existencia humana va mucho más allá de aquello que encaja con nuestra identidad de mercado, una identidad incapaz de reconocer y mucho menos cuidar de esa humanidad. He leído que uno de los elementos determinantes del éxito del software libre es que siempre ha permitido un elemento lúdico. Es como decir que permite que los seres humanos se comporten como tal y que ahí está la fuente de inspiración para sus innovaciones. Hay una gran diferencia entre eso y algo que solo tiene relevancia cuando puede monetizarse o si es compatible con un producto o un activo. Creo que el gran reto —y éste es uno de los motivos por el que me atrae tanto el procomún— es otorgar un reconocimiento público y un poder funcional a estas nociones de la humanidad más inclusivas. No solo entre nosotros como individuos, sino interculturalmente hablando. Tenemos que celebrar la gran diversidad de la humanidad, no intentar hacerla encajar dentro de un sistema universal globalizado de activos estandarizados. Ya sabes, viajas por el mundo y te topas con los mismos restaurantes de comida rápida en Moscú, Bangkok, Doha y Nueva York. Creo que la gente está empezando a reafirmar las características locales distintivas de su historia cultural. Todo esto me parece muy positivo y creo que el procomún ayuda mucho en este sentido, facilitando una estructura coherente para reconocer lo importante que es todo esto, y por qué funciona.

KMO: De nuevo, mucha gente, al pensar en el procomún, sigue pensando en “la tragedia de los comunes”. Pero, después de todo lo que he leído y las conversaciones que he tenido últimamente, ahora, al escuchar la palabra “procomún”, o “comunes” lo que me viene automáticamente a la cabeza es el “cercamiento de los comunes”. ¿Puedes darnos ejemplos contemporáneos donde comunes existentes y operativos tienen que defenderse de nuevos intentos de cercamiento?

David Bollier: Creo que el lenguaje que utilizamos para describir los cercamientos del procomún es de lo más importante, dado que ofrece una perspectiva sobre el comportamiento sistémico de los mercados. En concreto, que privatizan gran variedad de recursos comunes para convertirlos en artículos de consumo, recursos que, quizás, no deberían ponerse en venta en el mercado. El cercamiento nos ayuda a nombrar este proceso y eso es primordial. En cuanto a ejemplos contemporáneos, son innumerables. De hecho creo que el cercamiento del procomún es el gran escándalo invisible de esta época. Están cercándose cosas como el propio genoma humano, un 20% del cual es ahora propiedad de dueños de patentes privadas. Hay un sinfín de aspectos culturales que se están convirtiendo en marcas registradas, incluyendo nombres. Por ejemplo, McDonald’s es dueña de la marca registrada “Mc”. Esto supone que no puedes llamar a tu restaurante “McVegan” o “McSushi” porque son los propietarios de “Mc”. Estamos viendo una apropiación de terrenos insólita a nivel internacional, con inversores y fondos de capital de inversión usurpando enormes cantidades de territorio en África y Asia. Tierras que eran propiedad de tribus indígenas y comunidades tradicionales, o las utilizaban, pero, ahora, los gobiernos de estos países colaboran con los inversores para otorgarles títulos de propiedad de esas tierras indígenas, desplazando a estas gentes de sus comunales históricos. Es como una espeluznante repetición del cercamiento de tierras de Inglaterra, cuando se expulsaba a la gente de sus comunales rurales. Estas personas acababan en las ciudades industriales inglesas para convertirse en indigentes o esclavos del régimen, como describía Charles Dickens en sus muchas novelas. Esto está ocurriendo ahora mismo en África. Podría nombrar, literalmente, decenas de apropiaciones, muy a menudo violentas, de recursos compartidos. Es un proceso inherentemente violento, dado que se expulsa a la gente de la tierra por la fuerza, o se les coacciona a abandonar recursos que han utilizado tradicionalmente para su subsistencia cotidiana o doméstica, su sustento no comercial. Es un acto de desposesión muy dañino que se ha vuelto omnipresente a nivel mundial, dado que el capitalismo global está tan integrado y es tan poderoso que, muy a menudo, los comuneros tienen insuficientes recursos legales, económicos y demás, para resistir estos cercamientos. Es algo a lo que se le debería prestar mucha más atención, pero, antes, necesitamos un lenguaje para nombrarlo. El discurso económico y político convencional no nos permite nombrar el cercamiento del procomún, y esto no es ninguna casualidad.

Quizás se trate de un término novedoso para la conciencia general pero, para mí, sirve para describir una orientación distinta hacia el mundo que va más allá de conceptos como “consumidor”, “empleado” o incluso “sociedad civil”, porque no depende del Estado para cubrir necesidades o dictaminar normativas”.

KMO: Danos algún ejemplo del lenguaje retórico o propagandístico que se utiliza para “camuflar” el cercamiento del procomún.

David Bollier: Bueno, empezaría con la propia retórica de los economistas, que ni siquiera reconoce la existencia del procomún o de recursos compartidos no sujetos a convenios de propiedad individuales o corporativos. Son muchos los acuerdos de propiedad colectivos que carecen de validez legal, aunque son esenciales para el abastecimiento básico de comunidades en todo el mundo. Antes he hablado del procomún de subsistencia del que dependen miles de millones de personas. Creo que, en líneas generales, la narrativa del mercado libre es la que alimenta toda esta propaganda que muy concienzudamente deja de lado lo que ellos denominan “externalidades” y que, por tanto, no tienen en cuenta. “Externalidades” como la contaminación que provoca el calentamiento global, la destrucción de comunidades y modos de vida, etc. Todo este discurso sirve para ofuscar estos temas. Es una lección que aprendí en Washington, a finales de los 70. El mundo de los negocios deliberadamente inventó todo un léxico de análisis de costo-beneficio con el que falsear toda la legislación estatutaria para proteger el medio ambiente y la salud y seguridad de las personas. Urdieron así la noción de que esta jerga, donde se cuantifica la economía monetizada en contraposición al coste, era la única forma de determinar si habría que tomar medidas ante esas amenazas o no. Con el paso del tiempo, este discurso, en esencia, solo ha servido para tergiversar esas leyes y creo que eso es lo mismo que le ha pasado al procomún a lo largo de estos años: se ha vuelto invisible porque el lenguaje de la economía y la política no lo reconoce, convirtiéndolo en irrelevante. Esto supone que ni siquiera tienes que molestarte en diseñar un aparato propagandístico muy visible, ya que aquello que aparenta ser normativo y universal es lo que le resta toda visibilidad al procomún. Por tanto, el mero acto de hablar sobre el procomún es un acto político en sí mismo, dado que nombra cosas en un intento de reclamarlas para la utilización colectiva.

KMO: Supongo que muchas personas que trabajan en el contexto de un comunal y se benefician del mismo carecen del lenguaje apropiado para describirlo como tal. Pero también sé que hay gente que está muy dedicada a la idea de un procomún y que buscan implementarlo de varias maneras. Me pregunto qué medidas se pueden tomar desde un principio a la hora de establecer un nuevo comunal, o restaurar un comunal tras su cercamiento o después de que se haya echado a perder. ¿Hay alguna forma de construir un comunal que dificulte cualquier intento futuro de cercarlo?

David Bollier: Por eso creo que es tan importante comprender el discurso específico del procomún, dado que así se vuelve más visible y crea una conciencia propia entre los mismos comuneros. Es otra forma de entender sus relaciones mutuas y su relación con los recursos que utilizan, en contraposición a la ideología del mercado libre y la propiedad privada. Pero, más importante aún, has nombrado un reto muy importante: ¿Cómo pueden los comuneros gestionar sus recursos y sistemas sociales con el fin de protegerlos? Tenemos que entender que el procomún no se limita al recurso en sí, sino al sistema social que lo rodea y los valores y las prácticas para gestionarlo. Creo que deberíamos recuperar una tradición muy propia de los comunales ingleses. Todos los años celebraban una fiesta conocida como “tumbar los cercamientos”. Consistía en caminar por el perímetro de sus tierras comunales y, si veían cualquier intento de cercarlas con una valla o un cerco, lo tumbaban. Era un ritual divertido, además de práctico, que se celebraba todos los años para defender la integridad del procomún y de su comunidad, y para frustrar los cercamientos. Necesitamos más sistemas legales, tecnológicos y sociales para “tumbar los cercamientos” de hoy en día. Las licencias Creative Commons son una estrategia al respecto para mantener algo dentro del procomún y bajo nuestra protección. La Licencia Pública General de GNU 4, que protege tanto a Linux como a otros sistemas de software de código abierto, es otro ejemplo. Pero creo que, en general, el reto hoy en día es desarrollar análogos modernos para tumbar los cercamientos actuales, mientras desarrollamos la apreciación cultural y las prácticas sociales necesarias para proteger el procomún.

KMO: David, para mi última pregunta me gustaría que hablaras sobre algo que he visto en tu página web. De hecho, es la web de tu libro: www.thinklikeacommoner.com. El libro se titula “Pensar como un comunero: breve introducción a la vida del procomún” y, a la derecha de la imagen del libro, hay un texto que dice: “En nuestra era de mercados depredadores y democracias de postín, nuestras angustiadas instituciones políticas han perdido de vista a la gente real y las realidades prácticas. Pero, buscando en los márgenes, hallamos gente corriente reinventando modelos de gestión y suministro en términos propios. El procomún surge como una alternativa práctica y creíble a la corrupción del Estado mercantil. La belleza del procomún es que podemos construirlo entre todos, ahora mismo. Pero el gran reto es ser capaces de reconocer nuestros bienes comunes y, más importante aún, “pensar como un comunero”. ¿Crees que nos hemos olvidado de algo en esta discusión que, quizás, deberías recalcar explícitamente en relación a lo que quieres expresar con “Pensar como un comunero”?

David Bollier: Creo que podemos hablar de muchas otras cosas, pero lo primero que me viene a la mente según lees esas líneas es que, en realidad, el procomún es mucho más que una legislación o una agenda política. En realidad es una orientación hacia el mundo y hacia nosotros mismos. Es una manera de ser y de ver que incluye una cosmovisión, un sistema ético para entendernos y entender nuestra relación con el mundo y la naturaleza. Podríamos decir que es una identidad. Muchos de mis asociados internacionales a menudo se describen a sí mismos como comuneros y sin ningún tipo de artificio. Quizás se trate de un término novedoso para la conciencia general pero, para mí, sirve para describir una orientación distinta hacia el mundo, que va más allá de conceptos como “consumidor”, “empleado” o incluso “sociedad civil”, porque no depende del Estado para cubrir necesidades o dictaminar normativas. Se trata de hacer las cosas nosotros mismos, utilizando los recursos y herramientas disponibles para hacer cuanto podamos por crear modelos varios de producción, gobernanza y gestión de recursos estables y autosostenibles. Observándolo desde esta totalidad, se trata de un paradigma íntegro y basado en la experiencia práctica. Es mucho más que un objeto o un pastizal, como decía el propio Garret Hardin. Es una forma de ver el mundo en todas sus facetas que, personalmente, me parece muy liberadora porque realmente favorece alternativas esperanzadoras para el futuro en una época de previsiones políticas francamente deprimentes. Creo que pensar como un comunero es un acto de optimismo y esperanza, porque es algo que podemos hacer y que va más allá de la mera compensación de consolarse a uno mismo. Es algo que fomenta la solidaridad a la vez que satisface necesidades. Ese es mi pequeño discurso sobre lo que creo que supone pensar como un comunero.

Imagen de Carla Boserman

Imagen de Carla Boserman

KMO: Ahí hay encerrada una pequeña ironía, dado que un “comunero” o, bueno… digamos que “pensar como un comunero” no es algo muy común en nuestra civilización o, por lo menos, en las civilizaciones del primer mundo, donde ser comunero es sinónimo de ser un bruto, un paleto, o parte de la plebe… Alguien que carece de sofisticación, educación, conexiones, que ha fracasado en el intento de aprovechar todas las oportunidades de autoexaltación que ofrece la vida en un sistema de mercado capitalista. Pero tiene un significado muy distinto y tengo muchas ganas de propagar tu visión de lo que supone “ser un comunero”.

David Bollier: Acabas de señalar un aspecto muy importante: reorientar el significado de algo conlleva una conversación cultural, pero también una lucha. Evidentemente, como el término vivo que es, la palabra comunero se verá malinterpretada, y a veces adrede. Pero creo que es un intento de crear nuevos significados sociales relacionados con ese vocablo, de la misma forma que los gays reclamaron la palabra “queer” 5, para dotarla de un significado nuevo. Es este vacío en nuestro idioma y, por tanto, en nuestro entendimiento propio, lo que nos hace necesitar un vocabulario nuevo. El sentido de la palabra evolucionará por sí mismo, aunque yo tengo mis ideas propias sobre el significado de palabra comunero, especialmente en una época de capitalismo rampante y predatorio. Es el reto que nos espera.

KMO: David Bollier, articulas estas ideas con muchísima claridad y facilidad. Me encantaría volver a charlar contigo aquí en el C-Realm Podcast en un futuro cercano para retomar esta conversación y profundizar en ella.

David Bollier: Me parece genial, hagámoslo!

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NOTAS

1. Sobre el título…

Guerrilla Translation se encargará de la traducción de este libro de David Bollier por acuerdo con el autor. Nuestra labor se financiará a través de una campaña de crowdfunding con Goteo.org. No solo traduciremos el libro al español sino que, como parte de la campaña, crearemos una red de fabricación y distribución regional para imprimir copias del libro físico en nodos distribuidos a lo largo y ancho del mundo hispanohablante. El proyecto nos motiva mucho, dado que esa misma red se podrá utilizar más adelante para editar y distribuir otras obras (no necesariamente traducidas).

Aun así, traducir el título presenta varios problemas. La traducción más aproximada, sería “Piensa como un comunero: breve introducción a la vida del procomún”. Variedad no les falta a las traducciones que se han hecho del concepto moderno de “commons”. En esta traducción las hemos combinado según el contexto, pero sigue sin haber consenso sobre cómo deberían traducirse estos términos (“commons”, “commoner”, “commoning”).

Para dialogar sobre estas dudas, organizamos un evento en MediaLab Prado Madrid titulado “Un glosario para el procomún”. El evento fue muy interesante y nos ha dado muchas ideas, pero seguimos sin haber decidido el título.

Si queréis ver el vídeo del evento, aquí tenéis el enlace. Finalmente, estad atentos este otoño a la próxima campaña de crowdfunding para posibilitar la traducción y la edición del libro, y esta red de distribución para el procomún.

2. [The Zero Marginal Cost Society: The Internet of Things, the Collaborative Commons, and the Eclipse of Capitalism (La sociedad de costo marginal cero: el internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo) de Jeremy Rifkin (Palgrave Macmillan, 2014): Página web del libro]

3. [Fondo Permanente de Alaska: Artículo en Wikipedia]

4. [La Licencia Pública General de GNU, más conocida por su nombre en inglés GNU General Public License, es la licencia más ampliamente usada1 en el mundo del software y garantiza a los usuarios finales (personas, organizaciones, compañías) la libertad de usar, estudiar, compartir (copiar) y modificar el software. GNU General Public License en Wikipedia]

5. [La palabra queer o cuir tiene una tradición significante en inglés como ‘extraño’ o ‘poco usual’. … La utilización en referencia a la comunidad LGBT y los miembros que pertenecen a ésta ha modificado la definición y aplicación originales. Su empleo se considera polémico y ha sufrido cambios sustanciales a lo largo del siglo XX, al reclamarlo algunos gays, lesbianas, bisexuales y transexuales como una forma de autoafirmación”. Queer en Wikipedia]


Guerrilla Translation/Relacionado:¿Qué es el procomún?Helene Finidori Gemeingüeter GermanyHacia un procomún materialMichel Bauwens Dmytri Kleiner John RestakisRetomando el Mundo/ Douglas Rushkoff

FLOK Society: Visión de una economía post-capitalista

Playground BlocksDavid Bollier & Michel Bauwens

El fundador de la Fundación P2P, Michel Bauwens, ha grabado cuatro vídeos cortos en los que explica el pionero proyecto de investigación “FLOK Society“, desarrollado en Ecuador. FLOK significa “Free, Libre, Open Knowledge” (Conocimiento Libre y Abierto) y FLOK Society es un proyecto financiado por el gobierno de Ecuador para conceptualizar una transición estratégica del país hacia una economía post-capitalista funcional basada en el conocimiento. Como director de investigación del proyecto, Michel está investigando junto a su equipo, los retos prácticos de convertir la producción entre pares orientada al procomún en una realidad factible y generalizada en el contexto de la política y la legislación nacional.

Los cuatro vídeos –con una duración de entre cuatro y seis minutos cada uno– son un modelo de concisión. A continuación, resumiré el contenido de cada uno lo que espero os anime a verlos todos (podéis acceder a ellos a través de los enlaces insertados en los títulos).

Primera parte: FLOK Society

Bauwens destaca la importancia de que esta sea “la primera vez en la historia de la humanidad en la que un estado-nación solicita una propuesta de transición hacia una economía P2P”. Nos anima a ser conscientes de que “por cada actividad humana, existe un procomún de conocimiento que puede ser accesible a cada ciudadano, empresa, y funcionario público”. Este sistema de información abierta y compartible tiene poco que ver con el paradigma del conocimiento privativo, sólo accesible para quien se pueda permitir pagar el precio de la información registrada y patentada. El nuevo sistema podría adaptarse a la educación, a la ciencia, a la investigación médica y al entorno cívico, entre otros ámbitos.

Logo FLOKEl proyecto FLOK Society trabaja activamente en la búsqueda de lo que denomina “mecanismos de alimentación” que facilitan y empoderan la producción entre pares orientada al procomún. En lo que a educación abierta se refiere, los libros de texto y los recursos educativos abiertos ayudarían a las personas a introducirse en este sistema alternativo. Aun así, existen una serie de condicionantes materiales e inmateriales a tener en cuenta.

El hardware propietario es un ejemplo de condicionante material. Si los sistemas propietarios existentes fueran reemplazados por sistemas abiertos, cada usuario se gastaría una octava parte de lo que paga de media hoy en día. Dicho de otro modo, la cantidad de estudiantes que hoy pueden participar en la creación y divulgación de conocimiento, sería ocho veces mayor, explica Bauwens, algo que, ya de por sí, aportaría tremendos beneficios. En cuanto a los “condicionantes inmateriales” estaríamos hablando de la necesidad de innovaciones como la “certificación abierta” para reconocer las habilidades de aquellos que se forman en la periferia de las instituciones educativas tradicionales, como es el caso de las comunidades de hackers.

Segunda parte: Conocimiento tradicional

La protección de los beneficios que surgen de un conocimiento compartido suscita una serie de retos específicos para las sociedades tradicionales. Estas comunidades han compartido su conocimiento internamente durante generaciones pero, en las últimas décadas, las corporaciones multinacionales se han apropiado de este conocimiento, evadiendo cualquier tipo de compensación, para producir semillas patentadas y otros productos propietarios. No es de extrañar pues que las comunidades tradicionales e indígenas se muestren escépticas ante la idea de una “economía colaborativa”. La llevan practicando desde tiempos inmemoriales y su puesta en práctica presenta tremendas vulnerabilidades ante los fraudes de los agentes del mercado (“bio -piratería”).

Como solución, Bauwens propone que las comunidades adopten “licencias basadas en la reciprocidad” para crear “entidades de mercado éticas” dedicadas al bienestar de la propia comunidad y bajo sus propias condiciones. “La licencia de producción entre pares”, dice Bauwens “es un tipo de licencia que sólo permite a cooperativas, entidades sin ánimo de lucro, y agentes relacionados con el procomún, el acceso y la utilización del material licenciado”. Estas licencias prohibirían la capitalización del procomún por parte de entidades comerciales sin una reciprocidad explícita.

Tercera parte: Sistemas de creación de valor

Bauwens describe distintos tipos de “sistemas de creación de valor” para producir y distribuir riqueza. El modelo dominante de nuestra época es el que Bauwens llama el “capitalismo cognitivo”, en el que se obtienen plusvalías de una propiedad intelectual controlada por grandes empresas que venden sus productos con grandes márgenes de beneficio. Sólo una quinta parte de la capitalización de las grandes empresas consiste en valores materiales identificables, el resto son valores especulativos. Esto significa que hay una gran cantidad de “valor ausente” o de dimensión intangible. Y gran parte de él, explica Bauwens, procede claramente de la cooperación social que implica la creación de valor.

El “capitalismo netárquico” es otro de los sistemas de creación de valor descritos por Bauwens; se trata de la jerarquía de las redes abiertas utilizadas por capitalistas. Facebook es el principal ejemplo. Su enorme valor en bolsa proviene de una comunidad de usuarios cuya auto-organización y afán de compartir crea un “capital de atención” que Facebook después vende al sector publicitario. “Vemos un crecimiento exponencial del valor de uso generado por los propios usuarios”, dice Bauwens, “pero su monetización es dominio exclusivo de grandes plataformas privadas, como Facebook”.

Esto, a fin de cuentas, supone otra vía de explotación del procomún. Tengamos en cuenta que el crowdsourcing tiene un valor estimado de dos dólares por hora trabajada, muy por debajo del salario mínimo de un empleo convencional. “La gente tiene plena libertad para contribuir”, dice Bauwens, “pero los medios de monetización no están democratizados”.

Deberíamos, pues, empezar a construir una alternativa caracterizada por “una economía cívica P2P en la que el valor retorna a los creadores del mismo”. Tenemos que desarrollar nuevos tipos de entidades éticas de mercado capaces de producir una “acumulación cooperativa” en lugar de una “acumulación de capital”.

Cuarta parte: Sistemas tecnológicos

Previsiblemente, las redes P2P seguirán expandiéndose en el futuro. Aun así, surgen dudas en torno a la cuestión de si podrán las redes del procomún disfrutar de los beneficios de su propio trabajo, debido a que el propio diseño de la tecnología puede afectar al beneficiario.

Diagrama cuatro escenarios

Bauwens expone un esquema con cuatro cuadrantes. El cuadrante del “capitalismo netárquico” muestra un control centralizado sobre la arquitectura del sistema y la privatización tanto de la información personal del usuario, como de todas las ganancias derivadas. “Este sistema de creación de valor está inscrito en el propio diseño de su tecnología”, apunta Bauwens.

Otro cuadrante describe “un diseño anarco-capitalista” –capitalista pero distribuido, no centralizado. Sin embargo, dado que aún existe una escasez artificial a la hora de acceder a los recursos (como sería el caso de Bitcoin) se siguen imponiendo límites artificiales sobre aquellos que pueden beneficiarse. Si no tienes dinero, no puedes participar ni obtener un beneficio.

“Local y distribuido” es otro de los sistemas tecnológicos, en cuyo caso los beneficios se comparten entre todos. Algunos ejemplos serían el compartir bicicletas, coches, y conocimiento de manera abierta. Este es el valor del sistema ejemplificado en los movimientos de resiliencia local y las comunidades en transición o Transition Towns. 

Este último sistema indudablemente supone una mejora sobre las modalidades cognitivas y netárquicas del capitalismo, pero se ve limitado por su carácter exclusivamente local. No conecta con la dimensión global.

Para Bauwens, el cuadrante que mejor describe un escenario futuro deseable es aquel que combina la producción local con un procomún global para el beneficio de todos. La idea consiste en que lo pesado (la producción física) debería ser local, mientras que lo ligero (el diseño, el conocimiento) debería ser global. FarmHack, Open Source Ecology y otros sistemas de diseño distribuido para maquinaria agrícola o “hardware abierto” son buenos ejemplos.

Las características intrínsecas a este sistema de creación de valor favorecerían redes distribuidas de micro fábricas, en las que se podrían descargar diseños y planos de productos para su fabricación por, aproximadamente, una octava parte del coste de los productos patentados convencionales. Esta infraestructura favorecería, por ejemplo, la producción local de productos tecnológicos adecuados a granjas familiares o indígenas. Evidentemente, se trata de un diseño de sistema tecnológico muy distinto al control centralizado y a la inversión en patentes que corporaciones como Monsanto y Del Monte pretenden imponer a comunidades en todo el mundo.

Conclusión

No cabe duda de que hacer de esta visión una realidad demandará un gran esfuerzo a la hora de elaborar estrategias realistas y establecer las estructuras políticas y sociales para llevarlas a cabo. Pero, al desarrollar una visión coherente y detallada que aglutina tendencias existentes con anhelos populares, FLOK Society realiza una contribución inestimable a la visión del procomún y la producción entre pares.


Guerrilla Translation/Relacionado:Hacia un procomún materialMichel Bauwens Dmytri Kleiner John Restakis¿Qué es el procomún?Helene Finidori Gemeingüeter Germany:Strip Cuatro EscenariosCuatro escenarios futuros para la economía colaborativa/ Michel Bauwens

El dios que vive dentro del dinero

Life_NewbPeggy Nelson de HiLobrow entrevista a Douglas Rushkoff 

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Wall Street está ocupada por una miniciudad de tiendas de campaña 1, mientras que los instrumentos financieros canalizan cada vez más fondos hacia quienes ya son ricos. ¿Cómo hemos llegado a una situación en la que las corporaciones parecen tener mayor acceso legal (y financiero) a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad que el ciudadano medio? ¿Cómo hemos llegado a una situación en la que el dinero es invisible y está informatizado, pero se distribuye de manera más desigual que nunca?

No cabe duda de que no hemos llegado aquí de la noche a la mañana. En su libro Life Inc.(Vida S.A.) el autor y “ecólogo mediático” Douglas Rushkoff documenta el auge imparable de la corporación, desde sus orígenes a finales de la Edad Media y a través de su adolescencia en la Revolución Industrial, para llegar a su madurez virtual y global de hoy en día. Life Inc. no ha perdido relevancia desde su publicación en el 2009, dada la generalización del debate público sobre la economía y la creciente necesidad de lograr una perspectiva precisa y a largo plazo.

En esta entrevista, Rushkoff apunta hacia los orígenes renacentistas de la corporación y explica cómo nos ha amoldado a su imagen y semejanza. También revela por qué el dinero lleva un Dios incorporado y nos advierte sobre lo que realmente estamos comprando al meternos en una hipoteca. Pero, más allá de la retórica y más allá de contemplar el pasado, Rushkoff mira hacia el futuro para ofrecer ideas tan prácticas como provocativas; ideas para des-corporatizarnos y ocupar mejor nuestras vidas.

Vaal tiene hambre, hay que dar de comer a Vaal 2

vaalPeggy Nelson: La corporación no es un fenómeno reciente, se remonta a cientos de años atrás. ¿Cuál es la historia detrás del origen de la corporación? ¿De dónde vino y qué es exactamente?

Douglas Rushkoff: La corporación es resultado de dos innovaciones: la creación de una moneda centralizada y la creación de los monopolios privilegiados. A finales del siglo XIV, las clases altas –la aristocracia y los antiguos señores feudales– se estaban volviendo cada vez menos prósperos en relación a la gente normal. El incremento en la producción de la clase mercantil y de la gente que vivía en pueblos grandes y ciudades contrastaba con la disminución de la riqueza relativa de la aristocracia. Y esto suponía un problema: los aristócratas querían salvaguardar el sistema que tan buenos frutos les había dado durante quinientos años y en el que no tenían que “hacer nada” para ser ricos. De ahí les vino la idea de invertir de forma pasiva en las industrias de otros.

Digamos que soy el monarca. Si quiero ganar dinero a través de tu compañía de transporte marítimo, ¿cómo te convenzo para que me dejes invertir? Bueno, pues utilizo el poder que tengo como monarca para escribir un acta. Esto significa que yo te doy el monopolio de un sector y tú, a cambio, me das un 30% de las acciones de la compañía. El mercader elegido se libra de la competencia y obtiene protección ante la bancarrota, mientras que el rey recibe lealtad, dado que los monopolios de los mercaderes dependen de su permanencia en el trono. No le importa si unos pocos dentro de la clase mercantil se hacen tan ricos como él siempre que, como resultado, pueda seguir agrandando su propia riqueza.

Pero no estamos hablando aquí de la promoción del capitalismo de libre mercado. Se trata de la promoción del monopolio, de aquel capitalismo que no tiene que ver con el mercado. Supuso la inclusión de una serie de actores y una serie de sistemas que no tenían nada que ver con el mercado libre, y eso cambió la predisposición de los mercaderes para alejarles de la innovación. Dicho de otra forma, pasaron del, “¿cómo puedo innovar y mantener mi ventaja competitiva?” al “¿cómo puedo extraer riqueza del ámbito que controlo?”.

Entonces tenderían al conservadurismo, dado que querrían mantener lo que tenían sin arriesgarse a perderlo.

Conservadores en ese sentido, pero rapaces en otro. Digamos que ahora controlo las colonias. Mi objetivo es extraer su riqueza; quiero impedir que sus habitantes creen cualquier tipo de valor propio. Me parece muy bien que los colonizadores planten algodón, pero van a utilizar mis semillas, mis herramientas agrícolas, todo lo que van a utilizar es mío. Si eres granjero, te daré permiso para plantar el algodón, pero me lo tendrás que vender a mí y al precio que te imponga. No te permitiré convertir ese algodón en tejido. Fabricar es sinónimo de creación de valor. Y ahora vas a… ¿¡cómo se te ocurre!? ¿¡Que lo vas a convertir en ropa!? ¡Si esa ropa me la podrías haber comprado a mí! No, no, de eso nada, todo ese algodón es para mí. Lo voy a cargar en mi barco para traerlo a Inglaterra. Entonces, la fábrica textil, que es otro monopolio privilegiado del rey, convertirá el algodón en ropa para transportarlo de vuelta y vendértelo… con beneficios.

Entonces ¿siempre se trata de cultivos de exportación?

Así es, y si te niegas a ello, me lío a tiros.

¡Y lo hicieron!

¡Vaya si lo hicieron!

Rehabilitando la Edad Media sin ayuda de nadie

Por tanto, y durante tres siglos, la clase media y la clase mercantil tuvieron mucho éxito. Ciudades que habían estado sujetas a un feudalismo estricto —y que estaban hechas polvo desde la caída del Imperio Romano— empezaron a ganar independencia. Todo ello dependía de la utilización de las monedas locales —recibos de la cosecha– que la gente empleaba para sus transacciones. Serían el equivalente de lo que hoy en día llamamos monedas “caducas” 3 y se generaban a través del esfuerzo propio. Las comunidades crearon tantísimo valor que ni siquiera sabían qué hacer con él. Así que empezaron a invertir en infraestructura, en molinos de viento y de agua, y también en su futuro, construyendo catedrales y otras atracciones turísticas.

¿El dinero para construir las catedrales no provenía de Roma?

Resulta que no. El Vaticano y la Sede romana no construyeron las catedrales. Estas se financiaron a través de las monedas locales –un tipo de dinero muy distinto al que utilizamos hoy en día– que, como he dicho, estaban basadas en la cosecha, una comodidad que va perdiendo valor con el tiempo. La cosecha o bien se descomponía, o se la comían las ratas, o era muy cara de almacenar. Por tanto, había que gastar ese dinero lo antes posible, antes de que se devaluara. Y cuando la gente no para de gastar mucho dinero, la consecuencia es una economía que crece muy rápidamente.

Ahora, y a diferencia de una economía capitalista donde el dinero se acumula, en el caso de las monedas locales el dinero circula constantemente. Un mismo dólar puede dar de comer a tres personas, en vez de solo a una. Había tal cantidad de dinero en circulación que tuvieron que ingeniárselas para ver qué hacer con él, cómo volver a invertirlo. Ahorrar dinero no era una opción factible, no podías meterlo en el banco para que creciera porque, en vez de crecer, menguaría. Por eso pagaban tan bien a los trabajadores y acortaron la semana laboral hasta cuatro días por semana, y en algunos casos tres. E invirtieron en el futuro a través de la infraestructura; y empezaron a construir catedrales. No podían construirlas todas a la vez pero se lo plantearon con una perspectiva muy a largo plazo: la inversión de tres generaciones daría lo suficiente como para construir toda una catedral y sus bisnietos vivirían en una ciudad próspera. Así se construyeron las grandes catedrales, como la de Chartres. De hecho, algunos historiadores describen el final de la Edad Media como “La Edad de las Catedrales”.

Disfrutaban del mejor nivel de alimentación de la historia de Europa; las mujeres inglesas eran más altas de lo que son hoy en día y los hombres eran más altos que en cualquier otro periodo de la historia, hasta los años 70 u 80 del siglo pasado (el incremento reciente en el nivel de crecimiento se debe sobre todo a la introducción de hormonas en la cadena alimenticia). Aun así, la esperanza de vida estaba por debajo de la de hoy en día y carecían de medicina moderna, pero la gente de esa época disfrutaba de mejor salud y era más fuerte, aunque jamás se hable de ello hoy en día.

Eso ocurrió justo antes del nacimiento de la corporación y los monopolios privilegiados originales, antes de la creación de la moneda centralizada y la prohibición de las monedas locales. La centralización de todo esto empezó a provocar grandes cambios.

Parece que el oscurantismo de la Alta Edad Media no era tan oscuro como dicen.

Sí, creo que es pura desinformación. No soy muy dado a las teorías conspiratorias en temas como estos, pero creo que el motivo por el que celebramos el Renacimiento como el punto álgido de la cultura occidental tiene que ver más que nada con el marketing . Los monarcas renacentistas y los Estados-nación, junto a los poderes de la Era Industrial que les siguieron, no han dejado de beneficiarse de esta re-caracterización de una de las civilizaciones más prósperas de la historia de la humanidad como una época oscura, horrible y azotada por la peste bubónica.

Históricamente hablando, la peste sólo se extendió tras la invención de los monopolios privilegiados y la imposición de la moneda centralizada. Esta se convirtió en la única modena legal y, 40 años más tarde, llegó la epidemia. Así de rápido empobreció la gente. Ya no se les permitía beneficiarse de la tierra. Supuso el cambio de un modelo basado en la abundancia a uno basado en la escasez; de una economía basada en la producción anual de cosechas a una basada en el oro que el rey ponía en circulación.

Es una manera totalmente distinta de entender el dinero. La tierra deja de ser un terreno en el que los campesinos pueden cultivar comida, para convertirse en una inversión, en un activo de los ricos. Ya convertido en activo, empezaron con los cercamientos y las particiones de tierra. Eso significa que ya no permitían que la gente cultivara en las tierras comunales, imposibilitando el que siguieran viviendo de la agricultura de subsistencia. Si no te permiten practicar la agricultura de subsistencia, te tienes que buscar un trabajo y, por tanto, te vas a la ciudad para ponerte a disposición de un jefe que sólo quiere mano de obra barata y no cualificada para su proto-fábrica. Traes a toda la familia adonde está el trabajo, a la miseria, a un lugar abarrotado de gente y empobrecido, el caldo de cultivo perfecto para la peste y la muerte.

Hay un dios, y está presente en todo el dinero 

Dollar¿En qué estaba basado el dinero que emitía el rey? Si la otra moneda estaba basada en la cosecha, supongo que tendría una relación directa con la cantidad cosechada y, dado que esta se va pudriendo, la moneda se degradaría con ella…

¿La moneda del rey? Ni siquiera se trataba de oro: lo que fundamentaba esa moneda era el imprimátur del rey. Era la moneda del reino porque tenía su cara estampada en ella.

Eso es muy abstracto.

Lo es. Y, dado que la gente no se creía esa abstracción, porque estaba acostumbrada a que los recibos de la cosecha estuviesen basados en algo real, se necesitaban metales preciosos para legitimar la moneda del rey: plata u oro; tenían que utilizar algo valioso para que la gente creyera en ella.

Ahora, pasemos a la década de 1970. Después de cuatro o cinco siglos con esa creencia, Nixon se dio cuenta de que, ahora que la gente se lo cree, la moneda puede dejar de basarse en el metal para fundamentarse directamente en esa creencia. Fue entonces cuando empezaron a poner “confiamos en Dios” en los billetes, justo cuando se desligó del patrón oro.

¿Esa frase no había estado ahí siempre?

No, estaba en las monedas, pero no en los billetes. A fin de cuentas, lo único que queda es la creencia.

Seamos todos independientes… unidos 

ayn-rand-as-che¿Cómo encaja la idea del individuo en relación a estos hechos?

El corporativismo, con su impulso de la competencia entre individuos frente a fondos y recursos escasos, allanó el terreno para el individualismo y para un concepto exacerbado del ser. Soy “ecólogo mediático”, veo la sociedad y los medios como una ecología donde los cambios en un aspecto reflejan los cambios en otro. La noción del individuo se inventó, o reinventó, en el Renacimiento. Por eso fue, en parte, un renacimiento, un renacer de viejas ideas, el renacimiento de los ideales griegos. La definición griega de la persona —que siempre había sido “el ciudadano”, es decir, “el individuo en relación al Estado”— se remodeló en la de “el individuo”.

El primer individuo de la literatura renacentista fue el Doctor Fausto, que representa los límites extremos de la avaricia. Aquí nos encontramos con el nuevo individuo; ya no es ciudadano de una ciudad-Estado sino un individuo con perspectiva propia en relación a su entorno. El renacimiento trajo consigo la introducción de la perspectiva en la pintura y eso supone que el individuo es un ser autosuficiente y que su punto de vista es importante. También trajo consigo la lectura y eso supone que el individuo puede sentarse a solas en su estudio para tener una relación propia con la Biblia, en vez de reunirse en la plaza del pueblo o en la iglesia para que el cura le lea la Biblia, como parte de la congregación. Por una parte se trata de una bellísima celebración de la perspectiva y la consciencia individual pero, por otra, todo se debe al contexto de una nueva economía donde los individuos compiten entre sí para obtener trabajo, recursos, tierras y dinero escasos.

De acuerdo, y ahora te pregunto: ¿qué pasaba con los artistas?

Los historiadores dicen que los mecenas que patrocinaban a los grandes artistas fueron de lo mejor que ocurrió durante el renacimiento. Pero, antes del renacimiento, no necesitabas de ningún “mecenas” para ser artista. De hecho, podías vivir en la ciudad, dedicarte a lo tuyo, y ser un gran artista. El modelo renacentista del arte y el comercio no estaba basado en una condición universal preexistente. Cierto, el Vaticano podía encargar que se pintara una basílica, pero… sería muy interesante ver qué hubiera sido de Leonardo da Vinci o Miguel Ángel si, en vez de formar parte de una burocracia centralizada, hubieran trabajado como artistas independientes de andar por casa. Quizás hubieran sido incluso mejores artistas… nunca se sabe.

Llegados a este punto, ya tenemos individuos y corporaciones reconocibles.

La moneda del rey, o moneda centralizada, es la moneda del monopolio. El rey declaró que las monedas caducas eran ilegales. ¿Por qué? En primer lugar, es mucho más fácil aplicar impuestos a una moneda centralizada. Segundo, el rey podía restar la cantidad de oro que respaldaba a la moneda sin mayor inconveniente, podía restarle valor en función de sus deseos. Finalmente, dado que se trata de una moneda basada en la escasez, todo el mundo tiene que competir para obtenerla. Es una forma de ayudar a que los ricos amasen más poder sólo por el hecho de tener dinero, no por lo que puedan gastar, sino por lo que puedan acumular.

Y el dinero se convierte en un recurso.

Se convierte en un recurso por sí mismo. De hecho, es un recurso abstraído, literalmente es un derivado, se trata del primer derivado. La centralización hace que el dinero deje de ser una representación de algo real para convertirse en una clase de activo derivado. Hoy en día vivimos en una economía basada en los derivados financieros y nos ha llegado por medio de la banca centralizada. Ahora, prácticamente todo el mundo cree que los bancos inyectan dinero para impulsar la economía y que la mejor forma de arrancar un negocio es pidiendo un préstamo bancario. Pero, cómo se crea el dinero… pues, literalmente se crea gracias a los préstamos. Pero, por cada dólar creado mediante un préstamo, por cada dólar que ganas, existe un negativo en algún balance general en algún sitio.

¿La deuda va incorporada desde el principio?

Es que es deuda, el dinero que utilizamos es deuda. Funciona de la siguiente manera: para montar un negocio pides un préstamo de 100,000 $ al banco. Esto supone que vas a tener que devolver al banco, digamos, unos 200,000 $ o 300,000 $ cuando termines de pagarlo. ¿Y de dónde salen los otros 200,000 $? Salen de otra persona que también ha pedido un préstamo bancario de 100,000 $. ¿Y de dónde va a sacarlo? O bien acaba en la bancarrota, porque no puede devolverlo, o, de lo contrario, pide prestados otros 200,000 $ al banco. Entonces, tendrá que devolverlos, y con intereses. Al final ya ha pedido prestados un total de 300,000 $ y tendrá que devolver 900,000 $.

La masa monetaria tiene que crecer en función del interés. Hacemos negocios y obtenemos ingresos a un ritmo determinado e impulsado por la estructura de la deuda de la empresa, en vez de por la oferta y la demanda. A esto se refería Adam Smith. Adam Smith no era un libertario de libre mercado, no era un industrialista corporativo, tal y como le pintan en The Economist o en el Wall Street Journal. Smith dijo que las economías sólo funcionaban a cierta escala, que sólo funcionaban localmente, ya que vivía en un mundo donde todo el mundo era granjero. Y odiaba a las corporaciones, igual que odiaba al gobierno central, porque sabía que, a fin de cuentas, una economía basada en el interés no funciona. Y esto se debe a que la deuda no es un producto real. Ahí no hay nada. Nada. Pero se inventó precisamente para eso. La economía basada en la deuda se inventó para que quien ya tuviera dinero pudiera enriquecerse por el mero hecho de tenerlo, sólo sirve para eso. No digo que sea algo malévolo, sólo es una idea. La cuestión es que no funciona. Si la cantidad de personas que quiere ganar dinero solo porque lo tienen crece hasta tal punto que hay más gente dedicándose a eso que a producir cosas, la economía colapsará tarde o temprano.

Suena a una gran estafa piramidal.

¡Es que es una estafa piramidal! Ninguna de las compañías de las que estamos hablando son lo que aparentan ser, sólo son nombres adosados a una deuda. General Motors es el nombre de una deuda, Sony es el nombre de una deuda.

El New York Times…

…también es el nombre de una deuda. Todas son sociedades anónimas con acciones en bolsa, sujetas a índices de costo-beneficio. Por un lado están las acciones emitidas y, por otro, está el negocio en sí. Se trata de dos cosas distintas. En vez de ser una inversión en la compañía, las acciones son más bien un lastre para el sistema. Algún día tendrán que devolver todas esas deudas.

Yo, yo mismo, y mi corporación

monopolyLa deuda también tiene un componente emocional. Con eso quiero decir que, si estás endeudado conmigo, estás endeudado para siempre… o sea que ponte a trabajar de una vez y déjate de tonterías.

Poco a poco, con el tiempo, las corporaciones han querido extraer cada vez más valor de las personas, ya sea como trabajadores o como consumidores y, finalmente, como accionistas e inversores en nuestros propios planes de jubilación. En esencia, hemos externalizado nuestras propias vidas. Externalizo mi trabajo a una compañía. Externalizo mi consumo a una compañía; voy a Wal-Mart, después voy al Costco. Externalizo mis inversiones y mis ahorros a compañías, se los doy a Citibank, en vez de al banquero local, o a mi cooperativa financiera, o a mi restaurante, o a mis hijos, o a mi catedral. Todas nuestras interacciones están mediadas por las corporaciones – yo no trabajo para ti, ni tú trabajas para mí.

Hablemos de distintos tipos de valor. Ahora mismo utilizamos el dinero y lo medimos todo con esta métrica de color verde. Pero, como ya sabemos, existen otros tipos de valor, como son las relaciones personales; hay otras maneras de medir el valor…

Tenemos formas distintas de experimentar el valor, pero son muy difíciles de medir. Creo que, en el clima actual, todo aquello que la gente podría o debería valorar provoca ansiedad y nerviosismo.

¿En qué sentido?

Estar con un amigo, por ejemplo… De acuerdo, sólo me siento con un amigo si me he tomado un Paxil 4 o algo así, dado que parece que nos han aculturado para huir de la socialización. Solo puedo echar el rato contigo porque estamos trabajando, ¿no?

Claro, porque es productivo.

¡Y tan productivo! Y podemos medirlo porque se está grabando, ¿sigues grabando, no?

Estás diciendo que el dinero no tiene un valor imparcial.

No es sólo que el dinero no tenga un valor imparcial, sino que nuestro dinero ni siquiera es un dinero imparcial. La moneda que empleamos no es el único tipo de dinero que existe. Existen otros tipos, igual que existen otros medios de comunicación distintos, y todos fomentan comportamientos distintos. Los ordenadores estimulan ciertos comportamientos, la televisión fomenta ciertos comportamientos. Una moneda basada en oro promueve ciertos comportamientos, una moneda centralizada fomenta ciertos comportamientos y una moneda local y caduca basada en la cosecha estimula otro tipo de comportamientos. El dinero que utilizamos hoy en día conduce a un comportamiento muy específico y no es casualidad: conduce a la acumulación. Es una moneda que acumula interés con el paso del tiempo, por tanto es preferible acumularla antes que gastarla. Y eso está bien si esa es la herramienta que necesitas.

Pero, quizás, también tendría que haber otras herramientas en esa caja…

Es como si sólo tuviéramos un martillo y nos quejáramos de lo que nos cuesta atornillar cosas. La moneda centralizada favorece mucho la competición, es realmente perfecta para las grandes compañías. Wal-Mart y Citibank pueden conseguir dinero a menor coste; cuanto más grande eres, más cerca estás del almacén. Y los grandes no quieren monedas locales, no les interesa la creación de valor desde abajo ni el dinero basado en el trabajo —un dinero que se crea a través del esfuerzo en vez de los préstamos— dado que eso reduciría su monopolio sobre los medios de intercambio.

El problema de autodescribirnos según nuestro trabajo, o nuestro socialismo, o nuestra clase económica, es que la economía y el dinero que utilizamos sólo representan una parte de nuestro ser.

Claro, yo creo valor, pero ese valor que creo para mi comunidad va más allá de mi labor como panadero, por ejemplo. No sólo soy sastre. También soy el tipo que cuenta los mejores chistes en las fiestas, soy el tipo que tiene una hija preciosa…

Nunca son aspectos aislados, ni se pueden medir con una sola métrica.

Hogar, dulce brico-hogar

housesDesde la década de 1920 hasta la de 1970, se desarrolló toda una iconografía para convertir a las corporaciones en los héroes del pueblo. En vez de comprar cosas a gente que conozco, ahora confío más en el hombre de Quaker Oats 5 de lo que confío en ti. Esto es consecuencia de las campañas de relaciones públicas y del desarrollo de esta profesión.

¿Crees que la evolución de las relaciones públicas surgió naturalmente o que fue algo premeditado para asegurar que las cosas no se salieran de madre?

Tuvieron que hacerlo para que las cosas no se salieran de madre. Los avances más significativos en lo que a relaciones públicas se refiere siempre han coincidido con momentos de crisis. El movimiento obrero es un buen ejemplo; más allá de que la situación laboral fuera abominable, hay que señalar que la gente veía que la situación laboral era abominable. Surgió así la necesidad de reescribir la narrativa para que la gente pensara que los activistas del movimiento obrero eran personas malvadas y aterradoras. Todo para incitar a la gente a mudarse a los suburbios, a la periferia, y aislarse de esta vorágine de obreros, de “las masas”. O, volviendo al ejemplo de los Quaker Oats, antes la gente veía con desconfianza los productos que llegaban de fábricas lejanas. Aquí tenemos una caja de cartón normal y corriente, la han transportado desde muy lejos ¿por qué comprar esto en vez de comprárselo a alguien a quien conozco de toda la vida? Los medios de comunicación de masas  son imprescindibles para hacerte desconfiar de tu vecino, proyectar esa confianza a una entidad abstracta, la corporación, y creer que deparará un mañana mejor y todas esas cosas.

Lo empezaron a amañar más exageradamente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los soldados regresaban a casa. Franklin D. Roosevelt estaba compinchado con los de relaciones públicas. Los veteranos traumatizados volvían de la guerra y todo el mundo sabía que estaban totalmente jodidos y aterrorizados. Por aquel entonces ya sabíamos lo suficiente de psicología y psiquiatría para darnos cuenta de que estaban dañados, que sabían utilizar las armas y que… ¡eso era un problema! Si los veteranos hubieran regresado al mismo movimiento laborista que dejaron atrás antes de la Segunda Guerra Mundial, se habría provocado la hecatombe. Entonces se les ocurrió darles casas, hacerles sentirse bien, y eso provocó la creación de Levittown 6 y otros proyectos cuidadosamente diseñados con la ayuda de psicólogos y sociólogos. Vamos a meter a los veteranos en una casa, vamos a celebrar la familia nuclear.

Y el hogar deja de ser un compendio de relaciones para convertirse en un objeto.

La definición actual de hogar es sinónimo de “mi vivienda” cuando, anteriormente, significaba “el sitio de donde soy”. Nueva York es mi hogar, ¿cuál es el tuyo?

Claro, de dónde soy.

¿De dónde eres? No ¿en qué “estructura” vives? Pero tuvieron que redefinir el concepto de “hogar” y se gastaron mucho dinero público para lograrlo. Construyeron casas en vecindarios específicamente diseñados para aislar a las personas entre sí y prevenir que los hombres en particular se reunieran y organizaran en grupos. Estas urbanizaciones no tienen salas de reunión ni de fiestas. Querían tener a los hombres pendientes de sus jardines, que tuvieran tres árboles frutales y fueran expertos en bricolaje. Para la mujer, pondremos la cocina en la parte de atrás, para que pueda vigilar a los niños jugando en el patio trasero.

Y, dado que no hay porche, ya no ves pasar a los vecinos.

Todo tenía que ser individual, ¡y estaba todo planeado! Nadie va a seguir siendo un revolucionario si tiene que pagar una hipoteca. Con tal cantidad de deuda, ya es partícipe  del sistema. Cierto es que se ha llevado la peor parte de la economía basada en el interés, pero de aquí a 30 años puede ser propietario de su propia casa.

La libertad no sale gratis 

Freedom_isn__t_Free_Hablemos de tecnología. En lo que a administrar un sistema de bienes y servicios compartidos se refiere, internet puede ser bastante útil. Pero también da la impresión de que internet, y las máquinas y la tecnología en general, conllevan el riesgo de desplazar las relaciones verdaderas y podría suponer un obstáculo. ¿Dónde te sitúas en relación a estas ideas?

Para mí, la palabra que mejor describe lo digital es “discreción”. Por ejemplo, hablemos de sonido. Si nos fijamos en un sonido, por mucho que lo examinemos de cerca, sigue siendo algo real. Siempre podremos descubrir más fidelidad, más información. Si lo escaneo o lo convierto en un sample, he cogido ese sonido que existía en el mundo real para convertirlo en un número. Aquello que era un hecho en la naturaleza, en el mundo, se ha convertido en un número. Es un derivado de la realidad. Ese número encapsula toda la métrica y toda la información referente a ese sonido que soy capaz de incluir. Ahora puedo hacer copias de ese número y manipularlas. En este sentido, tenemos más opciones. Pero, en lo que al sonido original se refiere, el número sólo puede reproducir lo que yo le he dicho que reproduzca.

Sólo conoce lo que se supone que tiene que medir.

El proceso de reproducción también está ligado a la velocidad de muestreo, algo que, por necesidad, deja cosas fuera. Aunque la velocidad de muestreo sea muy buena —a nivel de super-mp3— y vaya más allá de mi capacidad auditiva consciente, sigue existiendo un espacio entre los samples. Lo mismo ocurre en un tubo fluorescente: hay un espacio entre destello y destello.

Ahora, la pregunta práctica es si es exactamente igual o no. Argumentaría que en muchas situaciones prácticas, sí es prácticamente igual, pero no puede decirse lo mismo de todas las situaciones prácticas. Es una recreación de una cosa, una aproximación y, sin meterme en rollos espirituales y hablar del Prana, del Chi y todo eso, sí que hay una diferencia.

Cuando tenía que investigar algo en la secundaria, me iba a la biblioteca a buscar un libro. Era imposible no ver los otros veinte libros que había en la estantería, pues tenía que leer el título en el lomo de veinte libros antes de encontrar el mío. Leyendo esos veinte lomos veía cosas que, quizás, no hubiera visto de otra manera y esto me daba ideas aleatorias para mi investigación, no predeterminadas. Veía esas cosas gracias al hecho de que algún bibliotecario, un ser viviente que había pasado por ahí, había tomado una serie de decisiones condicionadas por su trayectoria y sus influencias, además del caos típico de la vida cotidiana. Mientras tanto, si estoy en un entorno digital y ya sé qué libro quiero, lo escribo en Google y lo encuentro. No hay ningún otro.

Es como si esa libertad de elección tan concreta formara parte de un entorno muy controlado.

Sí, ¿de qué gama de elecciones dispongo? ¿Y quién determina esa variedad? La gente ni siquiera se da cuenta de esto. Por eso, cuando me fijo en la tecnología, digo: “Genial, cualquiera puede escribir en la red pero, la mayoría, no sabe programar”. Es decir, podemos introducir un texto en el recuadro donde se escribe en el blog, pero no estamos pensando en las predilecciones que son parte de la arquitectura de un blog diario y que tienden hacia reflexiones  cotidianas cortas, que no a la introspección…

Fíjate en las comunidades online. Voy a hacer migas con otra persona que tiene un Mini rojo del 2004 con techo corredizo, igual que el mío, en vez de hacerlas con mi vecino, que tiene un coche distinto; voy a buscar esa afinidad perfecta. Pero eso no es una relación verdadera, eso es una relación digital y es algo muy concreto. Las comunidades específicas no tardan en degenerar hacia comportamientos conformistas.

Por eso es un paraíso del consumidor, porque verdaderamente ensalza el concepto de grupos de afinidad cada vez más particularizados, elecciones de consumo cada vez más particularizadas.

La vida derivada, un (des)Reality Show

Derivados

Uno de los temas recurrentes que encontramos en el libro es que todo lo que aparenta tener sentido común en nuestra realidad —la economía, el dinero, lo que compramos y nuestros trabajos— es, en realidad, ciencia ficción. No vivimos dentro de una estructura económica “natural”, nos la hemos inventado.

La verdad es que tiene bastante que ver con Baudrillard. Solíamos vivir en un mundo real donde creábamos valor y comprendíamos ese valor mutuo que habíamos creado como individuos y grupos. Más adelante, nos desconectamos sistemáticamente del mundo real: de nosotros mismos, de los demás y del valor que creamos, para reconectar con un paisaje artificial de valores derivados de trabajar para corporaciones, dioses falsos y todo eso. En cierto sentido, es como los tres pasos de la vida en el simulacro de Baudrillard.

Llegados a este punto, y como diría Borges, hemos confundido el mapa con el territorio. Hemos confundido nuestros empleos con el trabajo. Hemos confundido nuestras cuentas bancarias con los ahorros. Hemos confundido nuestros planes de pensión con el futuro. Hemos confundido nuestras propiedades con nuestros bienes, y nuestros bienes con el mundo. Tenemos estos sitios que habitamos y que se convierten en propiedades que nos pertenecen. Después se convierten en hipotecas que debemos y después se convierten en préstamos respaldados por hipotecas financiados por nuestras pensiones, y después se convierten se convierten en paquetes de deuda, y suma y sigue.

Hemos estado viviendo en un mundo donde cuanto más lejos intervengas dentro de esta cadena de abstracciones, más riqueza tendrás.

La vía de escape 

hour7Entonces, dado que este sistema lo hemos creado nosotros, ¿no podríamos crear algo distinto?

Claro, ese era el objetivo inicial del código abierto. Creo que todos los aspectos de la intencionalidad y de la experiencia humana son, a fin de cuentas y si así lo elegimos, de código abierto. Por eso me interesé por la religión y el dinero, porque me parecieron los dos ámbitos donde la gente no aceptaría una premisa de código abierto. La religión… pues claro que no, ¡son verdades sagradas! Pero yo argumento que el judaísmo, en su concepción original, era una religión de código abierto. Escribí un libro sobre ello —se llama Nothing Sacred 7 — que fue y sigue siendo controvertido. Porque, si la Tora está abierta a la interpretación, si se trata del documento bello, multifacético, hiper-textual e hiper-dimensional que creo que es, entonces está a disposición de cualquiera. ¿Qué pasa entonces con la propiedad de la tierra, con el Estado israelita?

El dinero, cómo no, es el otro aspecto importante, sigue siendo la única cosa que no te dejan reproducir.

¿Has visto en algún sitio la reaparición de esa idea de la moneda dual, tan propia de la Edad Media?

Hemos visto su reaparición desde hace 10 o 20 años en sitios como Ithaca (Nueva York) y Portland (Oregón); sitios con comunidades alternativas y hippies y frikis y aparcamientos dedicados a los Grateful Dead y ese tipo de cosas. Podían experimentar con monedas locales porque tenían gente lo suficientemente rara como para aceptarlo.

Recientemente, y después de la recesión económica en Japón, las monedas duales han empezado a arraigar en comunidades no “alternativas”. Todo el mundo tenía tiempo pero nadie tenía dinero. Todo el mundo estaba dispuesto a trabajar pero no había compañías para darles trabajo. Y, dado que la única forma de trabajar que conocemos es externalizando nuestro empleo a una compañía, las cosas pintaban mal.

Una de las necesidades principales era dar asistencia social a los abuelos y bisabuelos que vivían fuera de las grandes ciudades. Nadie podía permitirse contratar a un asistente, a gente que les bañara, les diera paseos, les inyectara la medicina, el intravenoso o les pusiera el orinal. Entonces, si no puedes permitirte pagar por esos servicios, ¿qué haces? Y lo que hicieron fue implementar un sistema des-localizado de moneda complementaria donde te prestas como voluntario para cuidar de una persona mayor en tu zona durante cierta cantidad de horas. A cambio recibes cierto número de créditos que, más adelante, puedes utilizar para que alguien que viva cerca de tus abuelos pueda cuidar de ellos. ¡No había intercambio monetario! Es una moneda que, literalmente, se ha creado a partir del trabajo. Incluso después de que mejorara la economía y de que la gente recuperara sus seguros médicos, los ancianos preferían a los asistentes sociales que venían de la comunidad, y no a los que les mandaban las compañías.

Ahora se avecina algo similar en Estados Unidos, en los sitios donde las cosas van especialmente mal: Detroit, Lansing, Cleveland. Son ciudades que tienen recursos humanos, tienen terrenos y fábricas viejas. Tienen tiempo, tienen energía, pero no tienen dinero, ni son un reclamo para las corporaciones. ¿Qué opción les queda? Implementar una moneda local, hacerse favores mutuos. Yo te arreglo el coche y tú me devuelves el favor más adelante.

Promover negocios que dependen de un préstamo bancario es como decir que no confías en modelos de negocio sostenibles. Cualquier negocio que haya arrancado con un préstamo no es un negocio sostenible, porque ya está metido en el carrusel de la deuda y del interés. Esto es lo que le sigue confundiendo a Obama. Debería decir, Mirad, ya sé que la crisis económica es real; hay préstamos e hipotecas pero vamos a hacer algo al respecto. Lo más importante es que, en vez de gastar 5 billones de dólares del dinero de vuestros bisnietos en estos banqueros que la han cagado, vamos a ver cómo podemos gastar un pelín de dinero para reeducar a las comunidades sobre un desarrollo económico real y sostenible.”

¡Y es fácil! Cuando hablo con economistas, o con banqueros, todos me dicen: “Bueno, eso no funcionaría. Para que ocurra todo eso necesitas un banco que invierta en la comunidad.”

Pero la verdad es que no. No necesitas ningún banco.


Guerrilla Translation/Relacionado:Strip: Rushkoff in Real Life“El objetivo del juego no es tener un juego con objetivo”/ Douglas RushkoffStrip Capitalism works¡El capitalismo me funciona! Verdadero/FalsoSteve LambertRetomando el MundoDouglas Rushkoff


Notas del equipo de traducción.

1. [La entrevista original se publicó en noviembre del 2011, pocas semanas antes del desalojo de Zucotti Park.]

2. [“Vaal” es un monstruo de un episodio de la serie original de Star Trek que requiere los servicios constantes de sus “alimentadores”, los nativos de un planeta visitado por el Enterprise. Más información en este enlace.]

3. [Es decir, con una tasa de sobrestadía inherente.]

4. [“Paxil” es el nombre comercial de un fármaco antidepresivo e inhibidor selectivo de la recaptura de serotonina. Más información en este enlace.]

5. [Se trata del personaje que aparece en el logotipo de un tipo de copos de avena estadounidense para el desayuno. El logotipo lo diseñó Saul Bass, más conocido por sus secuencias de títulos de películas en los sesenta. Aquí tenéis más información sobre el Quaker Oat Man.]

6. [“Levittown” es el ejemplo arquetípico del suburbio norteamericano. Aquí tenéis un recuento histórico crítico sobre su creación.]

7. [ Nada sagrado en español. Aquí está la web del libro]
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De ciudades colaborativas a un mundo colaborativo

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Presentamos un texto de Adam Parsons, autor británico y editor de la página web Sharing the World’s Resources (Compartiendo los recursos del mundo). Parsons da buena cuenta de las distintas corrientes englobadas bajo el apelativo de “Economía/consumo colaborativo”, tanto las más entusiastas como las más críticas. Es una postura con la que nos sentimos identificados en Guerrilla Translation: pasar de un paradigma competitivo a uno colaborativo nos parece esencial, pero creemos que ese espíritu colaborativo se tiene que extender y calar en todos los aspectos de la economía, no sólo en el ámbito de la producción y la mutualidad de recursos, sino como parte del propio tejido empresarial. Parsons va más allá y propone extender lo mejor de estas prácticas al ámbito social y a lo largo del planeta para crear, en sus palabras: “…un auténtico revulsivo para que todas las naciones del mundo empezaran a compartir de forma masiva e inclusiva, tanto a nivel nacional como transnacional.”


Una red de ciudades asimiladas dentro de la economía colaborativa podría ser el germen de una red de regiones colaborativas y, con el tiempo,  de naciones colaborativas y así sucesivamente hasta llegar a un planeta colaborativo. Esta red global de economía colaborativa propiciaría un cambio de paradigma absoluto y cambiaría las reglas del juego, tanto para la humanidad como para el planeta. Bajo esta perspectiva, nos corresponde a todos investigar el potencial del movimiento colaborativo de efectuar una transformación social y económica lo suficientemente poderosa como para afrontar los retos del siglo XXI.”

Ahora que la economía colaborativa recibe cada vez más atención pública y mediática, empieza a surgir un valioso debate sobre su importancia general y la dirección que tomará en el futuro. Como paradigma emergente, no cabe duda de que el acto de compartir recursos crecerá y se transformará en los años venideros, especialmente dentro del contexto actual de recesión económica de carácter continuado, austeridad gubernamental y preocupaciones medioambientales. Prácticamente todo el mundo reconoce que se necesitan cambios drásticos en esta época de economías colapsadas en un planeta saturado. La vieja idea del sueño americano deja de ser factible en un mundo de afluencia creciente y donde se barajan previsiones de una población mundial de 9.600 millones de personas de aquí al 2050.

Por eso son cada vez más las personas que rechazan las actitudes materialistas que definieron las últimas décadas y que gradualmente se aproximan a una manera distinta de vivir basada en la conexión y el compartir, en vez de la propiedad y el consumo desmesurado. “Compartir más y ser dueño de menos” es la ética que subyace en un cambio discernible en las actitudes de las sociedades más prósperas, un cambio liderado por una generación joven, familiarizada con la tecnología, conocida como la “generación Y” o los milenarios.

oxfam-east-africa-a-family-gathers-sticks-and-branches-for-firewood_lAun así, muchos pioneros de la cultura colaborativa también se plantean una visión expandida del potencial del movimiento en relación a los problemas más urgentes del planeta, como el crecimiento de población, la degradación medioambiental y la seguridad alimentaria. Ryan Gourley, de A2Share, argumenta que una red de ciudades asimiladas dentro de la economía colaborativa podría ser el germen de una red de regiones colaborativas y, con el tiempo,  de naciones colaborativas y así sucesivamente hasta llegar a un planeta colaborativo: “Una red global de economía colaborativa propiciaría un cambio de paradigma absoluto y cambiaría las reglas del juego, tanto para la humanidad como para el planeta.” Bajo esta perspectiva, nos corresponde a todos investigar el potencial del movimiento colaborativo de efectuar una transformación social y económica lo suficientemente poderosa como para afrontar los retos del siglo XXI.

Las dos caras del debate sobre la colaboración

Poco puede argumentarse en contra de los aspectos beneficiosos de compartir recursos entre comunidades o municipios, pero ha surgido cierta controversia en torno a una visión más amplia del movimiento de la economía colaborativa y su papel a la hora de construir un mundo justo y sostenible. Muchos defensores del incipiente paradigma de colaboración económica en la urbe moderna mantienen que esta economía va más allá del couch-surfing, de compartir coches o de las bibliotecas de herramientas y que podría potencialmente trastocar los fundamentos individualistas y materialistas del capitalismo.

Otros proponentes ven la economía colaborativa como un primer paso crítico para allanar el camino hacia una prosperidad universal y respetuosa con los límites naturales de la tierra y para facilitar la transición hacia economías más locales y sociedades más igualitarias. Pero también hay mucha gente que ni siquiera se plantea si participar en la economía colaborativa —dentro de sus parámetros y prácticas actuales— constituye un acto político realmente capaz de hacer frente a la economía consumista actual y su cultura del individualismo. Varios comentaristas argumentan que la proliferación de nuevas iniciativas aglutinadas bajo el paraguas de “lo colaborativo” no representan nada más que “una continuación de la adaptación perpetua de los mecanismos de oferta y la demanda a nuevas tecnologías y nuevas oportunidades” y que la “economía colaborativa” como tal se ha convertido en un foco de atracción para intereses comerciales –un debate que adquirió aún más relevancia cuando Avis, la multinacional de alquiler de coches, compró Zipcar, empresa pionera en el sector de compartir vehículos.

En su columna para el Financial Times, el autor Evegeny Morozov ha llegado incluso a decir que la economía colaborativa tiene un efecto dañino sobre las condiciones de trabajo básicas y la igualdad, dado que se adecúa perfectamente a la lógica mercado, dista mucho de favorecer las relaciones humanas por encima de los ingresos, e incluso incrementa los peores excesos del modelo económico dominante.

Compartir como un camino para el cambio sistémico

beautiful-wind-turbine-for-renewable-electricity-generatorAunque reconciliar estas perspectivas polarizadas sería una tarea imposible, sigue habiendo buenos motivos para plantearse la dirección que tomará el nuevo movimiento colaborativo en los años venideros. Tal y como reconocen algunas de las mayores partidarias de la economía colaborativa, como Janelle Orsi y Juliet Schor, el movimiento ofrece tanto motivos para ser optimistas como una serie de obstáculos y preocupaciones. Por una parte, es sintomático de un cambio creciente en nuestros valores e identidades sociales que se ve reflejado en la transición de “consumidores” a “ciudadanos”. Por otra, nos ayuda a replantear nuestras nociones de propiedad y prosperidad en un mundo de recursos limitados, niveles escandalosos de desperdicios y enormes desigualdades económicas.

Igualmente, los críticos tienen todo el derecho a cuestionar si la economía colaborativa, tal y como la conocemos hoy en día, supone un reto a la injusticia de las estructuras de poder existentes, o si engendrará un movimiento ciudadano capaz de propulsar los cambios radicales que necesitamos para construir un mundo digno. En vez de reorientar la economía hacia una mayor igualdad y mejor calidad de vida, tal y como proponen autores como Richard Wilkinson, Herman Daly, Tim Jackson, o Andrew Simms, cabe considerar que muchas de las dinámicas colaborativas existentes —y gestionadas mediante redes P2P— corren el riesgo de caer presas de prácticas comerciales convencionales.

No se trata de un resultado inevitable, pero, mientras no promovamos la colaboración económica dentro de un contexto de derechos humanos, de lucha contra la desigualdad, de democracia, de justicia social y de cuidado del medio ambiente, todo pronunciamiento sobre el potencial paradigmático del movimiento colaborativo para solventar las crisis interrelacionadas que afectan al planeta carece de substancia.

De compartir localmente a hacerlo globalmente

Un planteamiento de lo colaborativo bajo el criterio de la sostenibilidad social, tal y como proponen muchos individuos o grupos como Shareable, supondría un auténtico revulsivo para que todas las naciones del mundo empezaran a compartir de forma masiva e inclusiva, tanto a nivel nacional como transnacional. Serviría para incrementar la igualdad, reconstruir comunidades, mejorar el bienestar, democratizar la gobernanza nacional y global, defender y promover el procomún global e incluso allanar el camino hacia estructuras internacionales más cooperativas que reemplazaran el paradigma actual de globalización neoliberal competitiva.

Aún no hemos llegado ahí, por supuesto, y es evidente que la acepción común de “colaboración económica” que conocemos hoy en día está primordialmente enfocada sobre dinámicas personales de dar y recibir entre individuos, o a través de plataformas comerciales online. Pero, el mero hecho de que la conversación se haya ampliado para incluir el papel de los gobiernos nacionales en cuestiones como compartir infraestructuras públicas, poder político y recursos económicos, representa un indicativo esperanzador de que el incipiente movimiento colaborativose mueve en la dirección adecuada.

También hay quien se plantea cuáles serían las implicaciones de una política de compartir recursos en países menos desarrollados y con altos índices de pobreza, y si el resurgimiento de la colaboración económica en países desarrollados, y a nivel global, puede suponer una solución ante la convergencia de crisis que nos afectan. Quizás, de aquí a un tiempo, el concepto de colaboración económica a escala global –impulsado por la conciencia de una inminente catástrofe ecológica, por los extremos en desigualdad y la mortalidad que provocan, y o por la intensificación de los conflictos en torno a los recursos naturales– sean el tema de conversación más habitual en cada reunión de amigos o dentro del propio entorno familiar.

Artículo traducido por Stacco Troncoso y editado por Rosana Fdez y Mamen Martín – Guerrilla TranslationTexto original, pubicado en Shareable

Imágenes de Free Grunge Textures, Oxfam East Africa / Foter y epSos.de / Foter

Dmytri Kleiner y la financiación del procomún material

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Tercer y último extracto de nuestra traducción del diálogo a tres bandas entre Michel Bauwens, Dmytri Kleiner y John Restakis. Hoy, Dmytri Kleiner, comunista de riesgo y especialista en tecnologías de descomunicación, intenta dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿Cómo vamos a crear empresas para beneficiar al procomún si no disponemos de capital para ponerlas en marcha?


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Dmytri Kleiner

Asimismo quise explicar en qué consistía el comunismo riesgo, mi propio proyecto que precede a la acuñación del término “producción entre iguales” pero que pueda aportarle muchos beneficios, dado que estamos hablando de lo mismo, aunque utilicemos términos distintos para describirlo. Como tecnólogo, siempre me he inspirado en las dinámicas de las redes entre iguales y en los proyectos de software libre. Todo esto influyó en la creación del  comunismo riesgo.  Dado que ya teníamos TCP/IP y demás para distribuir bienes inmateriales, me propuse crear un protocolo apto para la producción y distribución de bienes físicos. Internet es una plataforma muy eficaz para compartir, distribuir y crear riqueza inmaterial colectiva y para ayudarnos en nuestro afán de ser productores independientes basados en este procomún colectivo.

Henry George

Henry George

El objetivo del comunismo riesgo es seguir el mismo patrón con la riqueza material. Tiene influencia de muchas tradiciones, y no sólo de la tradición anarco-comunista. Uno es el ideal georgita de utilizar las rentas económicas como base fundamental de la distribución mutua de riquezas. En términos sencillos, esto significa que podemos distribuir las rentas pasivas. Bajo esto concepto, los trabajadores, además de obtener ingresos mediante la producción de bienes, agregan rentas por ser dueños de los medios de producción, por ser dueños de activos productivos.

Vivimos en una sociedad desigual porque tenemos una distribución desigual de activos productivos. Incluso si hablamos del movimiento cooperativo  —que siempre he admirado y que siempre he utilizado como ejemplo a seguir— es evidente que la distribución de activos productivos también es desigual. Lo mismo pasa en otros tipos de producción; si nos fijamos en la influencia social de los trabajadores del sector de la tecnología en contraposición a la de los trabajadores del sector agrícola, es evidente que el colectivo de trabajadores del sector tecnológico tiene mucho más peso e influencia que el de los trabajadores agrónomos. Hay desigualdad en el capital y en los recursos humanos de estas cooperativas. Este protocolo busca normalizar estas desigualdades sin necesidad de administración externa.

La reacción típica del comunismo de Estado ante el movimiento cooperativo es decir que las cooperativas se explotarían y se excluirían mutuamente. La solución pasa por crear cooperativas gigantes, como Mondragón, o Estados socialistas; pero entonces, como hemos visto a lo largo de la historia, surge algo llamado la clase administrativa, y esa clase administrativa que gobierna el conjunto de cooperativas de un Estado socialista se puede convertir en algo tan contraproducente y explotador como la propia clase capitalista. ¿Cómo creamos reciprocidad entre cooperativas y distribuimos sus ganancias sin engendrar una clase administrativa? Para esto me he inspirado en las teorías de Henry George y Silvio Gesell respecto a la idea de compartir las rentas.

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Silvio Gesell

El concepto es que las cooperativas seguirían siendo independientes, igual que las cooperativas de hoy en día. Serían productores independientes pero, en vez de ser dueños de sus propios bienes productivos, cada miembro de la cooperativa sería copropietario de estos bienes, junto a todos los demás miembros de todas las demás cooperativas enmarcadas dentro de Federación. Las cooperativas arrendan la propiedad de la comuna colectivamente. Esto se lleva a cabo a través de un protocolo, que no una estructura administrativa. Si la cooperativa requiere un activo como, por ejemplo, un tractor, la comuna central entra en funcionamiento como una especie de mercado de bonos. El planteamiento del bono sería: “Necesitamos un tractor y estamos dispuestos a pagar 200 dólares al mes por él en concepto de rentas”, y los demás miembros de la cooperativa pueden decir: “Sí, nos parece buena idea, es una buena distribución de estos bienes productivos y vamos a comprar estos bonos.” La comuna aprueba la venta de bonos, la cooperativa se lleva el tractor y el dinero generado por las rentas de éste se reinvierte en saldar los bonos.

Una vez recuperada la inversión, cualquier otro ingreso percibido por la renta del tractor, junto a todas las demás rentas acumuladas, se distribuye de manera equitativa entre todos los trabajadores, no sólo los trabajadores la cooperativa que lo ha pedido. Esto no se limita a tractores, podríamos decir lo mismo sobre edificios, tierras o cualquier otro activo productivo.

Esto supone que todos los ingresos pasivos, es decir aquella porción de ganancias derivada de la propiedad de bienes productivos, se distribuyen proporcionalmente entre todas las partes interesadas dentro de todas las cooperativas. Y ese es el protocolo básico del comunismo riesgo: pagas una renta sobre los activos productivos que utilizas, esa renta se divide equitativamente entre todos los miembros de la comuna, no entre las cooperativas independientes sino entre toda la comuna.

Esto supone que si utilizas la cantidad exacta per cápita de tu acción en estas propiedades, ni más ni menos, la cantidad que pagas en concepto de renta y lo que recibes como dividendo social será exactamente igual. Si eres un trabajador normal esto tendrá un funcionamiento previsible y constante pero, si ya no trabajas tanto —o bien por la edad o porque estás desempleado— utilizarás muchos menos bienes productivos que la persona media. En este último caso, recibirás mucho más en concepto de dividendos que lo que pagas por renta y, en ese sentido, sí es una especie de renta básica. Por el contrario, si eres un productor súper motivado y estás expandiendo tu capacidad productiva, entonces la cantidad que pagas por los activos productivos será mucho más alta de lo que recibes como dividendos, aunque, como has apuntado, también obtienes ingresos de la aplicación productiva de esa propiedad. El comunismo riesgo no busca controlar el producto de las cooperativas. El producto de las cooperativas es totalmente suyo para utilizar como quieran. No busca limitar el control o contabilizar o ni siquiera decirles cómo tienen que distribuir el producto o bajo qué condiciones. Lo que producen es totalmente suyo, se limita exclusivamente a la gestión colectiva del procomún de activos productivos.


Originamente traducido por Stacco Troncoso y editado por Mamen Martín y Rosana Fernández. La entrevista completa se puede leer aquí, y el extracto en el blog de la Fundación P2P está aquí.

John Restakis y las cooperativas sociales

Segundo extracto de nuestra traducción del diálogo a tres bandas entre Michel Bauwens, Dmytri Kleiner y John Restakis. En esta ocasión contamos con John Restakis, experto internacional en cooperativas, hablando sobre la transformación del modelo cooperativista tradicional y las nuevas cooperativas sociales de hoy en día.


Restakis
Históricamente hablando, las cooperativas normalmente se han dedicado a proveer servicios y apoyar a sus propios miembros. Si por “cooperativa” entendemos “empresas colectivas, democráticas y bajo control de sus miembros”, los miembros son los mayores beneficiarios de la cooperativa; ya sean cooperativas de consumo, de trabajadores o de ahorro y crédito. Ésa sido la tradición: la cooperativa está al servicio de sus miembros inmediatos. Esto ha cambiado en estos últimos 15 años y, en particular, en el sector de la asistencia social.

Las cooperativas de asistencia social surgieron en Italia a finales de los 70 como respuesta al fracaso del modelo de mercado que sustentaba los servicios públicos del país. Por eso las familias y los usuarios de los servicios sociales —primordialmente dentro de la comunidad de personas con discapacidad— empezaron a crear cooperativas para seguir beneficiándose de estos servicios. Es un modelo muy distinto a la asistencia social estatal. Lo más fascinante de estas cooperativas sociales es que, aunque tienen membresía propia, su misión no es sólo atender a las necesidades de sus miembros, sino proveer un servicio a toda la comunidad. Por tanto, son organizaciones de servicios comunitarios compuestas por los principales usuarios de tales servicios, ya sea asistencia médica, asistencia a drogodependientes, etc. Estas cooperativas sociales han tenido un auge explosivo en Italia. Creo que, en cierto sentido, se han apropiado del sector de la asistencia social en muchas comunidades y todo esto mediante contratos con los ayuntamientos. En Bolonia, por ejemplo, más del 87% de los servicios sociales de la ciudad se proporcionan a través de cooperativas sociales.

Estas cooperativas son organizaciones de gestión democrática y pertenecen a un modelo muy diferente, mucho más participativo y que está mucho más involucrado en el diseño de esa asistencia social que el modelo habitual gestionado por el Estado. El concepto tradicional de las cooperativas como algo primordialmente dirigido al beneficio y los intereses de sus propios socios se ha expandido para incluir una provisión de servicios a toda la comunidad. Esto expande la definición tradicional de “cooperativa” para incluir una serie de objetivos más acordes con el bien común, algo que, por supuesto, tiene mucho que ver con la filosofía y los valores del movimiento del procomún. La diferencia es que las cooperativas sociales siguen estructuradas en torno a los derechos de gestión (qué miembros tienen derechos de decisión, qué controlan dentro de la cooperativa, etc.) y sobre la propia operatividad de la organización. Se trata de una estructura legal incorporada y con el reconocimiento formal de las autonomías y del gobierno central. Gracias a ello, las cooperativas pueden negociar y forjar contratos con el gobierno para la provisión de estos servicios públicos. Una de las mayores ventajas del modelo cooperativo es que —aparte de disfrutar de una estructura de empresa democrática, independientemente de tratarse de cooperativas sociales o comerciales— también tiene una estructura legal que le permite firmar contratos y establecer acuerdos legales con el Estado en materia de servicios públicos. Este modelo de cooperativa de servicios sociales ha Estado creciendo en Europa. En Quebec se llaman cooperativas de solidaridad y están generando cada vez más cuota de mercado en servicios tales como la asistencia doméstica o la sanidad. También está creciendo en otras partes de Europa.

En conclusión, la economía social —es decir organizaciones con objetivos basados en unos principios de reciprocidad y de beneficios colectivos y sociales— está emergiendo como un agente muy importante en el diseño de suministro de servicios públicos. Esto surge como reacción al fracaso de los mercados públicos a la hora de gestionar servicios sociales, como el derecho a la vivienda, a la sanidad y a la educación a precios asequibles. El papel del Estado como proveedor de servicios públicos está en crisis y, por tanto, surge la pregunta: ¿qué pasa cuando el Estado no puede cumplir con su mandato como proveedor y gestor de servicios públicos y cuál es el rol de la sociedad civil y de la economía social ante esto? Las cooperativas sociales son parte de la respuesta y, en términos de soluciones cívicas,  suponen una reinvención ante lo que otrora eran las responsabilidades del Estado en el sector público. De momento lo dejó ahí, pero es representativo de la cantidad de iniciativas interesantísimas que están reinventando el modelo cooperativo y respondiendo a esta crisis de servicios públicos y al rol cambiante del Estado.


Originamente traducido por Stacco Troncoso y editado por Mamen Martín y Rosana Fernández. La entrevista completa se puede leer aquí, y el extracto en el blog de la Fundación P2P está aquí.

El futuro ahora

Neal Gorenflo de ShareableMichel Bauwens de la Fundación P2P y John Robb de Global Guerrillas entrevistan a David de Ugarte, de las Indias *

En esta entrevista, Neal Gorenflo, editor de la revista Shareable, John Robb de Global Guerrillas y Michel Bauwens de la Fundación P2P charlan con David de Ugarte, uno de los pioneros de la escena ciberpunk española, sobre su proyecto principal: “Las Indias”. Se trata de una cooperativa de trabajadores transnacional que supone la culminación de más de una década de trabajo teórico y práctico. Las Indias es la manifestación concreta de una filosofía socioeconómica muy peculiar que sintetiza diversas corrientes culturales y teóricas, incluyendo el ciberpunk, el anarquismo, la cultura de redes y el cooperativismo –todo filtrado a través de un matiz hispano.

Las Indias es un proyecto muy importante, dado que apunta hacia un posible futuro para todo aquel que piense más allá de las fronteras nacionales y quiera tomar control de su destino económico. Se trata de un futuro posible que aúna la lógica centenaria del cooperativismo, remezclándolo para la sociedad de redes globales y urbanitas de hoy en día.

Michel Bauwens: ¿Qué es Las Indias, de dónde viene y qué os distingue?

David de Ugarte: Las Indias es resultado del movimiento ciberpunk en español. Empezó como un grupo de derechos civiles que, a finales de los 90, adoptó muchas de las teorías de la “economía de la abundancia” de Juan Urrutia. No tardamos en relacionar la “abundancia” con la idea del empoderamiento en las redes distribuidas. Esto lo tenemos muy claro: Internet por sí solo no va a permitir la creación de un nuevo comunal, es la arquitectura distribuida P2P lo que lo permite. Ya lo decíamos en una de nuestras antiguas consignas: “Tras toda arquitectura informacional se esconde una estructura de poder”. La recentralización de las estructuras en torno a servidores propietarios, como los de Google, Twitter, Facebook, Megaupload etc., nos hace daño a todos; mientras que la blogosfera, los torrents, freenet y demás son herramientas para el empoderamiento.

El ciberpunk era, principalmente, una comunidad de ciberactivistas conversacional/virtual. Pronto se volvió transnacional y aportó grandes debates y teorías que nos ayudaron a comprender el impacto social y las posibilidades de las redes distribuidas.

En el 2002, fundamos la sociedad de Las Indias entre tres personas. Se trata de una consultora centrada en innovación, inteligencia y redes, dedicada a empoderar a organizaciones e individuos. Esta experiencia nos fue muy útil para comprender el contraste entre comunidades “reales” e “imaginadas”, además de las bases organizacionales de una democracia económica. Tras la disolución de Ciberpunk en 2007, dejamos nuestros objetivos bien claros en la “Declaración de Montevideo“: la construcción de un “filé” y de un espacio transnacional basado en la democracia económica que garantice la autonomía de nuestra comunidad y sus miembros.

Nos autodefinimos según cinco valores clave:

  • Arquitecturas de redes distribuidas como forma de generar abundancia, empoderamiento y asegurar una plurarquía lo más amplia posible y con un máximo de libertades individuales para todos los miembros de nuestra comunidad.
  • Transnacionalidad (incluyendo el rechazo explícito de las identidades nacionales y del universalismo) como consecuencia de centrar nuestra labor en las necesidades de la comunidad de personas que hacemos las Indias y su entorno real.
  • Democracia económica para construir una autonomía personal y comunitaria a través del mercado.
  • La ética hacker para alentar la generación de conocimiento desde y para el procomún, la deliberación en común, la pasión personal y el placer colectivo en el aprendizaje.
  • Devolucionismo: todo el conocimiento que hemos producido, ya sea mediante libros, software, contenidos o incluso recetas– se devuelve al procomún, generando así aún más abundancia.

Neal Gorenflo: ¿Cuál es la visión de las Indias? ¿Cómo conceptualizáis su desarrollo pleno de aquí a un futuro? ¿Qué busca en términos de la transformación del individuo, de las relaciones interpersonales y del planeta?

Neal Gorenflo

No tenemos una visión universalista. El proselitismo no es lo nuestro y creemos que la diversidad es una de las consecuencias más deseables de la libertad

Pero sí que tenemos una visión para el proyecto –la filé– que va unida a un deseo: ver la creación de un espacio trasnacional de democracia económica mucho más amplio. Concebimos una red de filés capaz de generar riqueza, cohesión social y garantizar la libertad de las personas –que no el poder de los gobiernos, con sus fronteras y sus pasaportes.

No es una visión inocente ni mucho menos utópica. Las redes distribuidas brindaron a nuestra generación la oportunidad de construir un nuevo mundo. Pero este nuevo mundo, basado en el procomún, la comunidad, la democracia económica y las redes distribuidas, no ha nacido de una tacada. Y el viejo mundo, basado en la generación artificial de escasez, las corporaciones, la desigualdad y las redes centralizadas, aún no ha muerto.

Me parece muy sintomático que la crisis europea se esté manifestando como una crisis de la deuda. Los gobiernos sofocan a la sociedad para alimentar a entidades privilegiadas –como las grandes corporaciones y aquellos que dependen de los ingresos públicos– que han capturado las rentas estatales o se dedican a acumularlas mediante legislaciones monopolísticas. Ahora mismo, nuestro objetivo principal, y el eje de nuestra visión, es poner freno a las consecuencias inmediatas de la descomposición en nuestro entorno.

MB: ¿Cuál es el funcionamiento interno de Las Indias ? ¿Cómo se financia?

Hay varios niveles de implicación y compromiso. Como filé somos, en realidad, una red. En la periferia están los empresarios individuales y sus iniciativas. En el centro están las cooperativas asociadas y, en el corazón de estas, los indianos.

Diferenciamos entre la comunidad (el corazón de la filé) y el grupo cooperativo.

Los indianos son comunidades parecidas a los Kibutz (no hay ahorros individuales, las propias cooperativas están bajo control colectivo y democrático, etc.) pero existen distinciones importantes, como son la ausencia de una ideología compartida nacional o religiosa, el estar distribuidos a través de varias ciudades en vez de concentrados en unas instalaciones y el entender que hay criterios por encima de la racionalidad económica.

John Robb: Háblanos de las cooperativas de la red de Las Indias. ¿Qué sinergias hay entre las distintas cooperativas?

En estos momentos contamos con tres cooperativas: las Indias -consultoría-, El Arte -nuestro laboratorio de nuevos productos- y Enkidu -software libre. Además de tres empresas participadas que en este momento emplean a casi una veintena de personas.

Todas son expresión de la diversidad de pasiones de nuestros miembros y dan respuesta a las distintas necesidades de nuestra comunidad y nuestro entorno.

MB: ¿Cómo os veis, vis-a-vis, dentro del sistema capitalista global actual? ¿Qué alternativas proponéis?

Michel Bauwens

Creemos que las cooperativas y la democracia económica (una sociedad de mercado libre de rentas) en combinación con un comunal liberado pueden suponer una alternativa al capitalismo y que podemos crearla a través de las redes distribuidas.

Pero somos demócratas económicos y no queremos que sea el Estado quien imponga la alternativa a este “capitalismo de amigotes” y a su cultura de la acumulación. De hecho, creemos que es incapaz de hacerlo. Tenemos que construirlo nosotros mismos y demandar que el Estado allane los obstáculos (como la propiedad intelectual, los contratos exclusivos para las corporaciones con conexiones políticas, etc.) que protegen las rentas de los grupos privilegiados ante la competencia en el mercado.

La alternativa no se va a construir a través de la regulación gubernamental, sino desde nuestras propias redes. Tampoco se superará el modelo de organización corporativa mediante la legislación o las elecciones, sino a través de la competencia.

NG: Vivimos en un mundo saturado por los medios corporativos. ¿Cómo mantenéis una cultura de cooperación en las Indias frente a este aluvión de mensajes consumistas fragmentarios? ¿Qué prácticas o artefactos espirituales o culturales os han sido útiles para enfrentarnos a esto?

David de Ugarte

Todos hemos pasado muchos años compartiendo cuchitriles en el centro la ciudad, caminando o yendo al trabajo en autobús, trabajando en condiciones precarias, tanto cuando estábamos en la facultad, como después de graduarnos… No se trata de una situación extraordinaria, es la realidad del mercado laboral en esta generación para los hijos de la clase media en España, Portugal y muchos países latinoamericanos.

Para muchas personas, esta experiencia dio lugar a una cultura muy particular que mezclaba una abundancia de consumo cultural inmaterial –adquirido en parte de manera gratuita y a través del Estado– con un acceso reducido al consumismo ejercido por nuestros mayores.

En 1996 tenía 26 años y estaba acabando la carrera de economía en Madrid. Trabajaba en un call center y ganaba 70.000 pts al mes trabajando ocho horas al día, desde las cuatro de la tarde a medianoche. Me gastaba 50.000 pts en el alquiler, unas 15.000 en comida, electricidad, teléfono y transporte público y otras 8.000 en una conexión de Internet. Como os imaginaréis, mi “tiempo libre” consistía en ir a la biblioteca, a los museos, a la filmoteca (100 pesetas para ver una película clásica), a cenas compartidas de bajo presupuesto y, como no, en navegar en la red.

Esta experiencia no tenía nada de extraordinario y es incluso más habitual hoy en día.

Esta dinámica de consumo cultural basado en bienes culturales públicos, libros baratos de segunda mano o reediciones populares de los mismos, junto al “quedar para cenar en casa”, hizo que el mundo P2P se convirtiera en la opción más lógica dentro de nuestro día a día cultural.

Pasados unos años, empezamos a ganar más dinero y logramos cierta autonomía pero, a día de hoy, seguimos creyendo que la buena vida es sinónimo de tener banda ancha, acceso a bienes culturales, buenos museos y buena comida en pisos cómodos y céntricos, pero tampoco demasiado caros… ninguno tenemos coche y nadie se ha comprado una casa.

Pero, no nos equivoquemos, no le rendimos culto a la austeridad. Sencillamente tenemos una cultura distinta y disfrutamos de cosas distintas. Ninguno tenemos televisión aunque muchos tenemos proyectores para ver vídeos que nos bajamos de Internet.

NG: En España se os ve muy ligados al movimiento ciberpunk, nacido en Estados Unidos a principios de los 80. ¿Cuál ha sido la influencia del ciberpunk, tanto en tu caso personal como en el de Las Indias? ¿Y cuál es la relevancia del ciberpunk hoy en día?

El activismo ciberpunk estaba muy influido por la literatura ciberpunk. Las obras clásicas del género (como “Islas en la Red” de Bruce Sterling o “Días verdes en Brunei” o incluso el post-ciberpunk de Neal Stephenson de “La era del diamante”) siguen ofreciendo modelos para analizar los temas más importantes del momento: el enfrentamiento entre las redes centralizadas y las redes distribuidas, o entre la democracia económica y el poder corporativo, etc.

El ciberpunk nos enseñó a debatir más allá de la tradición política: en vez de utilizar tesis y programas, empleamos modelos y mitos donde la autocrítica y la ironía son bienvenidas y el dogmatismo se vuelve prácticamente imposible.

MB: A nivel personal, creo que algunos de los conceptos más innovadores de las Indias son las filés y el neovenecianismo. Explícanos el significado de estos.

La filé es una comunidad que desarrolla una estructura económica basada en la democracia económica para consolidar su propia autonomía. Estos términos tienen un matiz importante: la filé es una comunidad con empresas, no una comunidad de empresas, ni una comunidad de propietarios de ciertas empresas. Las empresas son herramientas para lograr la autonomía de la comunidad —son un medio y no un fin— y siempre están supeditadas a las necesidades de la comunidad y sus miembros.

El neovenecianismo es la ideología de quienes ven la creación de filés como la evolución natural de sus comunidades y para que esta evolución, su diálogo, y su deliberación, esté libre de la influencia de la descomposición económica de los estados y los mercados en los que viven.

Las comunidades virtuales son trasnacionales por naturaleza. Las únicas fronteras que existen son las idiomáticas. Hace unos días vi un Tweet que decía “Cuando los guardias fronterizos canadienses me preguntaron de dónde era, me entraron ganas de decir ‘de Internet.’” Hay mucha gente que se siente igual. Pero esto provoca una especie de esquizofrenia: su vida se divide en dos, la virtual y la laboral. La filé reconcilia estas facetas vitales en torno a nuestra comunidad intencional virtual.

MB: ¿Qué significan para ti conceptos nuevos como la economía colaborativa (representada por Shareable), el P2P (Fundación P2P), el procomún y la resiliencia (Global Guerrillas), y cómo se relaciona Las Indias con ellos?

P2P es sinónimo de redes distribuidas, comunal digital, abundancia. ¡Es el significado de la vida!

La economía colaborativa habla de comunidad, de autonomía, de procomún, de economía del regalo, de alegría y de más abundancia. Este es el eje de nuestra propuesta: cómo hacer de la abundancia un modo de vida.

La resiliencia es, por una parte, el protocolo base y, por otra, la consecuencia de construir una comunidad o una economía compartida bajo una arquitectura P2P. Es nuestra mayor virtud y lo único que puede garantizar nuestra supervivencia, incluso bajo las presiones de la descomposición global.

JR: ¿Tenéis planes de entrar en el mundo de las micro finanzas o de crear un banco para acelerar el crecimiento cooperativo?

John Robb

Hemos hecho intentos serios en América para asociarnos a mutuales y cooperativas de crédito. La idea era aportar por nuestra parte conocimiento y criterios para crear cooperativas viables y productivas mientras las cooperativas de crédito ganaban socios estables y sólidos a medio plazo.

Sin embargo, una serie de accidentes y enfermedades cambió el curso de nuestros planes en 2012 y ese camino se vio truncado porque los indianos decidimos «reagrupamos» en Europa. Así que en el último año y medio hemos tenido que desarrollar esta idea de otras formas.

En septiembre de 2012 con una docena de pequeñas empresas industriales, muchas de ellas cooperativas, creamos Fondaki-SIP-ner. Una empresa de inteligencia pública que, sin ánimo de lucro, ayuda a PYMEs a encontrar nuevos mercados y desarrollar líneas de innovación, dos claves para que las empresas pequeñas y las cooperativas puedan enfrentar las consecuencias de la crisis sin destruir empleo y con él cohesión social. En enero de 2013, los indianos más jóvenes fundaron Enkidu, la primera cooperativa creada en el núcleo de nuestro grupo desde que empezó la crisis en 2008.

Y por supuesto mantenemos el foco en la globalización de los pequeños que creemos que es una de las claves ya hoy. En 2012, con la Garum Fundatio trabajamos en el desarrollo de «Bazar», un software libre para la creación de redes comerciales distribuidas. Es una línea que queremos retomar y que es complementaria al desarrollo de la Economía Directa, seguramente la oportunidad más importante para la generación de autonomía comunitaria a día de hoy.

JR: ¿Cuánto se tarda en formar a una persona normal en el modelo de negocio cooperativo? ¿Tenéis planes para educar sobre cooperativismo a través de la red para hacerlo crecer más rápido?

¡Pues lleva un tiempito! Por desgracia, la cultura dominante sigue anclada en la noción de que el mundo es un juego de suma cero y que los mercados están regidos por la ley de la jungla. Pero la verdad es que no tiene por qué ser así y nosotros, la gente normal, podemos crear algo distinto.

Por eso a finales de 2013 reenfocamos toda nuestra comunicación y en especial lasindias.com hacia la idea de «una vida interesante». Durante todos estos años, del Ciberpunk a 2012, nos había caracterizado una mirada que trataba de evidenciar el significado político de las tecnologías. Ese fue también el eje de nuestros libros desde «Como una enredadera y no cómo un árbol» en 2003 a «El modo de producción P2P» en 2012. Pero ahora nuestro foco debe ir a algo más básico, a una mirada ética empoderante sin la que las preguntas que buscábamos responder no tienen sentido. ¿Cómo se va a plantear nadie producir nada a partir del procomún si no se siente capaz de imaginar un futuro para su propia comunidad? ¿Cómo va a crear o integrarse alguien en una cooperativa si piensa que todo proceso de decisión colectiva es autoritario?

JR: ¿Cuál es la relación de las cooperativas de Las Indias con la comunidad física?

De hecho, tenemos un sentido de comunidad muy físico y a través de muchos niveles. Los indianos, el corazón de nuestra comunidad, intentamos trabajar juntos en la medida de lo posible, compartiendo oficinas o casas.

La comunidad que lo rodea, el agregado de nuestras familias y amigos más cercanos, es lo que más nos importa. Con esto quiero decir que puedes pasar más rato con tu gente de lo que harías en un trabajo normal; es una de nuestras prioridades en lo que la gestión de tiempo se refiere. Un modelo como el nuestro te otorga una seguridad que va más allá de ti mismo; sabes que los recursos en común también están ahí para tu familia y tu gente cuando los necesiten.

MB: ¿Dónde estará la humanidad de aquí a 20 años?

Espero ver grandes espacios transnacionales con libertad de movimiento y comercio, instigados por redes de democracias económicas construyendo un comunal más amplio y accesible a todos.

Veremos, espero, erosionarse esa idea, llamada capitalismo, según la cual es un único factor de producción -el capital- el que determina de quien es la propiedad de una empresa. Si hay una tendencia de fondo que se ha demostrado permanente a lo largo del último siglo es la reducción de la escala óptima de producción. En consecuencia, el capital ya no es tan escaso como lo era cuando el actual sistema económico nació. De hecho conforme el valor de la producción reside más y más en factores como la creatividad o el conocimiento, más disfuncional es toda forma organizativa piramidal y más evidente se hace la necesidad de formas cooperativas en las empresas.

Así, que espero vivir en una sociedad donde el capitalismo sea marginal pero con un mercado que no permita ni rentas ni privilegios, donde el conjunto de herramientas de producción pequeñas y ubicuas de hoy en día se complemente con grandes repositorios globales de diseños de dominio público tan innovadores y populares como lo es el software libre de hoy en día.

De veras, espero que, de aquí a veinte años, ya estemos viviendo en una sociedad transnacional, pero es algo que no está determinado historicamente y que no puede darse por hecho. Hay muchos agentes presionando hacia la recentralización: los lobbies de propiedad intelectual, las grandes empresas de Internet, inversores, la maquinaria estatal, los intereses globales, las mafias globales etcétera. Por tanto, también existe la posibilidad de que acabemos viendo el ascenso de un nacionalismo y un estatismo terminal, con toda la descomposición social que eso conlleva.

La elección entre una sociedad de libertad, basada en un mercado igualitario y un procomún robusto, y la descomposición global depende de nuestras acciones en esta década.


Guerrilla Translation/Relacionado:Hacia un procomún materialMichel Bauwens Dmytri Kleiner John RestakisRetomando el MundoDouglas Rushkoff“La misión de la Web 2.0 es destruir el aspecto P2P de Internet”Dmytri Kleiner


*. [El artículo original, publicado en Shareable, data de Febrero del 2012. Contactamos con Bauwens, Gorenflo y de Ugarte para preguntar si se había traducido desde el español. Resulta que no, que se había hecho directamente en inglés. En ese momento le propusimos a de Ugarte que fuera el editor de su propia entrevista y accedió. Por tanto, esto es una traducción y actualización del original en inglés.]

Hacia un procomún material

Cooperativismo, producción P2P, y financiación comunitaria en el contexto del procomún. KMO del C-Realm Podcast, entrevista a Michel Bauwens, Dmytri Kleiner y John Restakis

    • Traducido por Stacco Troncoso, editado por Mamen Martín y Rosana Fernández – Guerrilla Translation!
    • Imagen de Stacco Troncoso
    • Artículo original, en audio, en texto.
    • Descarga este artículo en PDF

¿Podemos llevar el modelo de producción P2P al terreno material? ¿Es obligatorio trabajar dentro de esquemas capitalistas para que colaboradores del procomún, activistas y demás puedan subsistir y dedicar su tiempo libre a estas actividades? ¿Cómo podemos crear empresas sociales si no tenemos capital para arrancarlas? ¿Acaso hay un modelo que nos permita ganarnos la vida, producir bienes y servicios e incluso competir con la hegemonía dominante…?

En esta fascinante conversación grabada por KMO del C-Realm Podcast, Michel Bauwens, Dmytri Kleiner y John Restakis se plantean estas preguntas y más, para hallar una serie de soluciones que combinan nuevos modelos de cooperativismo social con las dinámicas de producción entre iguales orientadas al procomún y los sistemas de financiación colectiva.

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Michel Bauwens, John Restakis, Dmytri Kleiner

KMO: Estás escuchando el C-Realm Podcast y hoy hablaremos desde Quito, Ecuador, con Dmytri Kleiner, Michel Bauwens y John Restakis. Os voy a presentar a cada uno individualmente. Dmytri Kleiner es un “comunista de riesgo” 1 y el autor del “Manifiesto Telekomunista”. Dimytri bienvenido al C-Realm.

Dmytri: Gracias, KMO.

KMO: Háblanos un poco de ti mismo.

Dmytri: Formo parte de un colectivo llamado Telekommunisten. Nos dedicamos a proyectos artísticos que investigan la economía política de la información y, especialmente, la evolución de Internet y las redes sociales. Como parte de ello presentamos muchos textos, entre los que encontramos el “Manifiesto Telekomunista”, que trata sobre la historia del copyright, las redes y las plataformas de comunicación desde una perspectiva materialista.

KMO: También tenemos a Michel Bauwens creador de la Fundación P2P, cuyo objetivo es fomentar una sociedad basada en el procomún dentro de un marco estatal y económico  reformado. Bienvenido de nuevo al C-Realm Podcast.

Michel: Gracias, es un honor.

KMO: Y por último, John Restakis, autor de Humanizing the Economy: Cooperatives in the Age of Capital. (Humanizar la economía: cooperativas en la era del  capital). John bienvenido al C-Realm Podcast. Háblanos un poco de ti mismo.

John: Sí, llevo unos dieciocho o diecinueve años trabajando con el movimiento cooperativista canadiense. Hasta este verano he sido el director ejecutivo de la Asociación de Cooperativas de la Columbia Británica y también me dedico a escribir y dar conferencias sobre economía cooperativa y globalización. He trabajado mucho en el desarrollo del modelo cooperativo en Canadá e internacionalmente, estudiando tanto su evolución como la creación de nuevos tipos de mercados como respuesta a este paradigma neoliberal, fallido y omnipresente.

KMO: Michel, vamos a empezar contigo. Los tres estáis en Quito, Ecuador como ponentes en una conferencia. ¿Qué nos puedes contar sobre la conferencia y por qué os han invitado a vosotros específicamente? ¿Qué váis a aportar al diálogo?

Michel: John y yo estamos aquí trabajando en el proyecto FLOKSociety. “FLOK” significa “Free/Libre Open Knowledge” Society (Sociedad de conocimiento libre, abierto y común). Todo surgió a raíz de un discurso de hace unos meses en el que el presidente, Rafael Correa, planteó un reto a juventud ecuatoriana: desarrollar y defender una sociedad del conocimiento abierto, libre y basado en el procomún. Existe un acuerdo firmado por tres organismos oficiales: el Ministerio del Conocimiento y Talento Humano, el SENESCYT, que es un secretariado de innovación abierta y ciencia, y la Universidad de Posgrado Estatal en IAEN. Estas tres organizaciones nos han pedido desarrollar un programa de transición para dirigir Ecuador hacia un modelo basado en el procomún. Soy el director de investigación del proyecto y John Restakis es el coordinador de corrientes de investigación orientadas a la innovación institucional. Eso es una parte, la otra es la conferencia que has mencionado antes. Se llama “Minga por la libertad tecnológica” y trata sobre la soberanía tecnológica. Ahora que sabemos que están vigilando y monitorizando todo lo que hacemos —especialmente si se trata de la inteligencia norteamericana o británica—  nos planteamos la siguiente pregunta: ¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Qué podemos hacer para mantener nuestra privacidad y proteger nuestras comunicaciones del espionaje sistemático? Dmytri y yo somos ponentes en la conferencia. Yo, básicamente, voy a introducir el proyecto FLOKSociety ante un público compuesto por activistas comprometidos con el software libre aquí en Ecuador. Dmytri, ¿quieres decir algo más sobre la conferencia?

Web de FLOKSociety

Dmytri: Por supuesto. Estoy aquí porque soy parte de la comunidad del software libre. Tengo una larga trayectoria como desarrollador informático y he venido a presentar un análisis crítico ante una comunidad que, a menudo, cree que la tecnología es capaz de resolver todos nuestros problemas. Es una actitud bastante frecuente dentro de la comunidad de software libre, expresada en frases como “si somos capaces de programar mejor software, superaremos cualquier obstáculo” o “el motivo por el que no hemos vencido a Facebook es porque no podemos programar algo mejor”. Mi análisis del problema sigue otros cauces; lo veo como un problema tanto económico como político y creo que los modos de comunicación que empleamos tienen una relación muy estrecha con los modos de producción que los financian. Me han invitado aquí para expresar esa opinión ante este grupo.

Michel: John, ¿quieres añadir algo?

John: No, solamente expresar que soy parte del equipo de investigación del que Michel acaba de hablar para el proyecto de FLOKSociety. No soy parte de la conferencia y tampoco soy nada “tecnológico”. Es más, me resulta bastante difícil seguir la temática de estas conferencias. Mi propia investigación trata sobre la legislación pertinente a esta transición hacia una economía basada en el conocimiento abierto y el procomún. Llegados aquí, le quiero devolver la palabra a Michel. Michel, quizás puedas desarrollar un poco el marco de la conversación para reflejar los temas de los que estábamos hablando el otro día.

Michel: Quiero empezar hablando un poco sobre los problemas y las cuestiones que surgen en torno a la producción entre iguales, o P2P, en el marco de la sociedad y economía neoliberal-capitalista actual. Podríamos describirlo de la siguiente manera: contamos con la tecnología necesaria para escalar las dinámicas de grupos pequeños a nivel global y crear grandes comunidades productivas y autogestionadas en torno a la producción colaborativa de conocimiento, código y diseño. El problema es que no podemos ganarnos la vida con ello.

Michel Bauwens

La situación es que hay comunidades donde algunos perciben un salario mientras que el resto trabaja de forma voluntaria, pero todas utilizan metodologías abiertas para crear un procomún. Cosas como Linux, Arduino, Wikipedia y todo eso… Pero esto conlleva un problema, dado que solo te puedes ganar la vida trabajando para el capital. Se está produciendo un procomún, y cada vez más,  pero sin disfrutar de lo que Marx denominaba como “la reproducción social”. Dado que no podemos subsistir en este ámbito, quisiera proponer una solución muy relacionada con el trabajo de Dmytri Kleiner. Hace unos años, Dmytri propuso la creación de una licencia producción entre iguales. Yo la interpreto de la siguiente manera: La licencia declara que solo puedes utilizar nuestro procomún si eres recíproco con él hasta cierto punto. Es decir, en vez de tener un procomún totalmente abierto (donde se permite que las multinacionales se lucren con nuestro esfuerzo para seguir fortaleciendo al capital) la idea es mantener la acumulación de beneficios dentro del ámbito del procomún. Imagina que tienes una comunidad de productores y, por encima de ella, una coalición empresarial de cooperativas éticas asociadas y empresas de solidaridad social.

La idea es tener un procomún inmaterial de código y conocimiento, pero el “trabajo material”, es decir, la labor de trabajar para clientes y ganarte la vida, la haces a través de cooperativas. El resultado sería una especie de “cooperativismo abierto”. Se trataría de la combinación, convergencia y síntesis de la producción entre iguales y la producción cooperativista. Esa es la idea básica y ya vemos ejemplos de ello en las cooperativas solidarias y las nuevas formas de cooperativismo.  John, me gustaría que nos hablaras un poco de todo esto.

John: Sí, cómo no. En primer lugar quiero constatar, que, aunque he trabajado dentro del sector cooperativo canadiense durante los últimos dieciocho o diecinueve años, sigo siendo un novato en lo que yo llamo el “nuevo movimiento del procomún”. Y es gracias a la interacción con Michel y otra gente de este mundillo que me estoy percatando del alcance y la vitalidad que hay en este nuevo movimiento. Para mí la gran pregunta siempre ha sido cómo reimaginar y reinterpretar el modelo cooperativo para dar respuesta a la crisis actual y a lo que nos depare el futuro.

John Restakis

Históricamente, el movimiento cooperativo tiene mucha trayectoria y ha alcanzado unos logros formidables en países de todo el mundo, tanto del norte como del sur. Pero, hasta ahora, no ha habido una conexión directa con este movimiento emergente del procomún, que comparte muchos de los valores y principios del movimiento cooperativista tradicional. Uno de los temas que más me interesa es cómo forjar lazos y salvar diferencias entre el movimiento cooperativista global y las iniciativas orientadas hacia el procomún, también a nivel internacional. Existe una carencia de diálogo entre ambos y creo que hay una gran necesidad de convergencia entre el movimiento cooperativista internacional e histórico y este nuevo prototipo del procomún, que está hallando su voz como nuevo paradigma para las relaciones sociales, las relaciones de producción y los nuevos modelos económicos, tal y como ha descrito Michel.

Esta reinterpretación del modelo cooperativo posee unas características muy peculiares que pueden dotar al movimiento del procomún de más fuerza, estabilidad e influencia. Este último, por lo que veo, sigue principalmente enfocado en el ámbito tecnológico. Es cierto que tiene un componente entre iguales o P2P muy importante pero, aun así, hay escasez de conocimientos en cuanto a estructuras cooperativas o a protocolos formales de propiedad legal basados en la reciprocidad y la cooperación. Quiero plantear una visión del procomún dotada de las estructuras organizativas y legales necesarias para conferirle más poder económico, influencia de mercado y mayor fluidez a la hora de conectar con modos de organización más duraderos a largo plazo.

Michel: Quiero añadir que, a nivel personal, veo ejemplos de esto casi a diario. Los jóvenes, los desarrolladores del software libre o código abierto,  toda la gente que está en espacios de co-working, hackerspaces o makerspaces… siempre que se plantean cómo ganarse la vida, piensan en “Start ups” o empresas incipientes. Están muy influidos por la atmósfera neoliberal dominante que  ha caracterizado a su generación y tienen una especie de impulso genérico. Dicen: “vamos a empezar un start-up” y se ponen a buscar capital riesgo. Es un camino muy peligroso, el capital riesgo típicamente exige una serie de controles y garantías: tienen derecho a cerrar toda empresa cuando les dé la gana o si creen que no van a ganar suficiente dinero. Te prohíben seguir trabajando en el mismo sector después de que la compañía haya fracasado y te imponen cláusulas de confidencialidad, con lo que ni siquiera tienes libertad de expresión para hablar de tus experiencias negativas. Es una situación muy común. Tengamos en cuenta que, de todas las empresas financiadas con capital riesgo, solo sale adelante una de cada diez. Estas compañías se vuelven multimillonarias, pero es un sistema en el que los que triunfan arrasan con todo.

Esta generación de jóvenes desconoce la existencia de otras fórmulas para crear y gestionar una empresa. Creo que también ocurre lo mismo a la inversa. Hay muchas cooperativas que se están “neoliberalizando”, por decirlo de alguna manera. Se han convertido en empresas competitivas que contienden con otras cooperativas y empresas normales y ni comparten sus conocimientos, ni fomentan un procomún de diseño o de código. Privatizan y patentan el conocimiento que han generado, igual que cualquier empresa competitiva privada. Aún no se han dado cuenta de que hay una nueva forma de ser más competitivo: mediante la cooperación dentro de un procomún de conocimiento abierto. Este es el lado humano de este problema y podríamos solucionarlo beneficiándonos del conocimiento y la experiencia mutua de ambos sectores. Los dos están creciendo paralelamente; después de la crisis de 2008 hemos visto la consolidación de la economía colaborativa, junto a una explosión en la economía de producción entre iguales, pero también hay una revitalización en el sector cooperativo. John, antes de que hable Dmytri me gustaría que hablarás sobre las cooperativas de solidaridad y cómo integran la noción del procomún y el bien común dentro de la propia estructura cooperativa.

John: Históricamente hablando, las cooperativas normalmente se han dedicado a proveer servicios y apoyar a sus propios miembros. Si por “cooperativa” entendemos “empresas colectivas, democráticas y bajo control de sus miembros”, los miembros son los mayores beneficiarios de la cooperativa; ya sean cooperativas de consumo, de trabajadores o de ahorro y crédito. Ésa sido la tradición: la cooperativa está al servicio de sus miembros inmediatos. Esto ha cambiado en estos últimos 15 años y, en particular, en el sector de la asistencia social.

Cooperativa social Cadiai, Bolonia

Las cooperativas de asistencia social surgieron en Italia a finales de los 70 como respuesta al fracaso del modelo de mercado que sustentaba los servicios públicos del país. Por eso las familias y los usuarios de los servicios sociales —primordialmente dentro de la comunidad de personas con discapacidad— empezaron a crear cooperativas para seguir beneficiándose de estos servicios. Es un modelo muy distinto a la asistencia social estatal. Lo más fascinante de estas cooperativas sociales es que, aunque tienen membresía propia, su misión no es sólo atender a las necesidades de sus miembros, sino proveer un servicio a toda la comunidad. Por tanto, son organizaciones de servicios comunitarios compuestas por los principales usuarios de tales servicios, ya sea asistencia médica, asistencia a drogodependientes, etc. Estas cooperativas sociales han tenido un auge explosivo en Italia. Creo que, en cierto sentido, se han apropiado del sector de la asistencia social en muchas comunidades y todo esto mediante contratos con los ayuntamientos. En Bolonia, por ejemplo, más del 87% de los servicios sociales de la ciudad se proporcionan a través de cooperativas sociales.

Estas cooperativas son organizaciones de gestión democrática y pertenecen a un modelo muy diferente, mucho más participativo y que está mucho más involucrado en el diseño de esa asistencia social que el modelo habitual gestionado por el Estado. El concepto tradicional de las cooperativas como algo primordialmente dirigido al beneficio y los intereses de sus propios socios se ha expandido para incluir una provisión de servicios a toda la comunidad. Esto expande la definición tradicional de “cooperativa” para incluir una serie de objetivos más acordes con el bien común, algo que, por supuesto, tiene mucho que ver con la filosofía y los valores del movimiento del procomún.  La diferencia es que las cooperativas sociales siguen estructuradas en torno a los derechos de gestión (qué miembros tienen derechos de decisión, qué controlan dentro de la cooperativa, etc.) y sobre la propia operatividad de la organización. Se trata de una estructura legal incorporada y con el reconocimiento formal de las autonomías y del gobierno central. Gracias a ello, las cooperativas pueden negociar y forjar contratos con el gobierno para la provisión de estos servicios públicos. Una de las mayores ventajas del modelo cooperativo es que —aparte de disfrutar de una estructura de empresa democrática, independientemente de  tratarse de cooperativas sociales o comerciales— también tiene una estructura legal que le permite firmar contratos y establecer acuerdos legales con el Estado en materia de servicios públicos. Este modelo de cooperativa de servicios sociales ha Estado creciendo en Europa. En Quebec se llaman cooperativas de solidaridad y están generando cada vez más cuota de mercado en servicios tales como la asistencia doméstica o la sanidad. También está creciendo en otras partes de Europa.

Cooperativa social-sanitaria Sollievo, Bolonia

En conclusión, la economía social —es decir organizaciones con objetivos basados en unos principios de reciprocidad y de beneficios colectivos y sociales— está emergiendo como un agente muy importante en el diseño de suministro de servicios públicos. Esto surge como reacción al fracaso de los mercados públicos a la hora de gestionar servicios sociales, como el derecho a la vivienda, a la sanidad y a la educación a precios asequibles. El papel del Estado como proveedor de servicios públicos está en crisis y, por tanto, surge la pregunta: ¿qué pasa cuando el Estado no puede cumplir con su mandato como proveedor y gestor de servicios públicos y cuál es el rol de la sociedad civil y de la economía social ante esto? Las cooperativas sociales son parte de la respuesta y, en términos de soluciones cívicas,  suponen una reinvención ante lo que otrora eran las responsabilidades del Estado en el sector público. De momento lo dejó ahí, pero es representativo de la cantidad de iniciativas interesantísimas que están reinventando el modelo cooperativo y respondiendo a esta crisis de servicios públicos y al rol cambiante del Estado.

Michel: Antes de dar paso a Dmytri me gustaría reiterar uno de los problemas clave que quizás pueda solucionarse mediante sus propuestas. John acaba de hablar de servicios públicos, pero ¿qué pasa con la producción material? Aquí surge el siguiente problema: tenemos un procomún de información, relacionado con el código de software y el diseño, que es cada vez más accesible. Por tanto, si trabajas en algunos de estos sectores y tienes acceso a redes, te puedes costear tu subsistencia, aunque sea de mala manera, y podrás seguir creando conocimiento gracias a tus esfuerzos y tus conexiones. Pero la situación cambia cuando hablamos de la producción directa de objetos físicos como, por ejemplo, dentro del movimiento de hardware abierto.

En el movimiento de software libre nos topamos con entidades democráticas, como la Apache Foundation o la GNU Foundation, que son organizaciones que protegen a la comunidad. Pero en el ámbito del hardware no hay nada parecido porque ahí hay que comprar material, máquinas, plástico o metal. Hay gente que dice que la economía del hardware abierto es una “economía de caramelo” porque jamás obtendrás nada a cambio de tus esfuerzos —a menos que estés trabajando para alguna de estas empresas incipientes de hardware abierto. Dmytri tiene una visión del procomún que incorpora la producción material y me gustaría que nos explicará en qué consiste. También utiliza un concepto que me resulta algo provocativo: el “comunismo riesgo”. Cuando hablamos de “riesgo” o de “inversión” en este contexto, suele ser dentro del contexto del capital ¿no es así? Dmytri, háblanos más sobre tu proyecto.

Dmytri: En los 90 fui parte del movimiento anti-globalizador anarco-comunista, pero también me ganaba la vida como asesor tecnológico en un entorno principalmente impulsado por el desmadre puntocom. Creía apasionadamente en lo que ahora llamamos “producción entre iguales” aunque, por entonces, ese término no existía. Lo que llamamos “producción entre iguales” o “producción P2P” describe las dinámicas de cooperación interpersonal en el ámbito de la red o del software libre. Creí que esto transformaría las relaciones sociales de todo el planeta y que por fin se cumplirían todos los sueños de la tradición anarco-comunista. Pero todo eso se vino abajo en los primeros años del nuevo milenio con el estallido de la burbuja puntocom y la represión masiva de la administración de George Bush en contra de las protestas. Estoy hablando de Seattle, Quebec City, Miami etc. De repente, nuestro “movimiento imparable” se vio detenido y dejé de creer en ese idealismo tan al pie de la letra.

Me di cuenta de que esta red que estábamos construyendo —es decir, Internet y la comunidad del software libre— se construyó gracias a nuestro trabajo asalariado para la burbuja, gracias al capitalismo. Todo fue financiado por el capital riesgo. Tras darme cuenta de que el capital riesgo no financiaría las relaciones sociales artísticas y anarco-comunistas que veíamos como parte inherente de estas plataformas, supe que necesitábamos algo distinto. Y ese “algo” lo bauticé como “Comunismo riesgo”, con la intención de desarrollarlo y ver cómo llegar hasta ahí. Conocí a Michel tras atender a unas charlas de Benkler y Lessig en la conferencia de Wizard of OS 4, allá por el 2006 y escribí un ensayo criticando sus perspectivas llamada “The creative anti-commons and the poverty of networks,” 2 jugando un poco con los términos que utilizaban.

Lawrence Lessig y Yochai Benkler

Mi crítica se basa en que ambos describen la producción entre iguales de manera muy distinta a nuestro concepto de lo que, en esencia, es el mismo ideal. Aunque no lo describíamos con esos términos, “producción entre iguales” es un término de Benkler, pero estábamos hablando de lo mismo. Su concepto de producción entre iguales, especialmente el de Benkler, es de algo inherentemente inmaterial. Se trata de un modo de producción que sólo puede compaginarse con la producción de riqueza inmaterial. Eso, desde mi punto de vista materialista, no es un modo de producción, porque un modo de producción debe, en primer lugar, reproducir sus insumos productivos y tiene que reproducir su capital, su trabajo y la riqueza natural que produce.

Desde un punto de vista materialista, es evidente que todo el valor de cambio derivado de estos bienes inmateriales acabará en manos de los  mismos dueños de riqueza material que han existido a lo largo de la historia. Así comenzó mi diálogo con Michel para llegar a otra definición de “producción entre iguales”. En vez de definirla como algo inherentemente inmaterial, la defino como una red de productores independientes compartiendo un procomún colectivo de bienes productivos. Es una definición de producción entre iguales mucho más compatible con la tradiciones anarco-sindicalistas y anarco-comunistas. También es una descripción más acertada de las tecnologías P2P que inspiraron el término “producción entre iguales”.

Asimismo quise explicar en qué consistía el comunismo riesgo, mi propio proyecto que precede a la acuñación del término “producción entre iguales” pero que pueda aportarle muchos beneficios, dado que estamos hablando de lo mismo, aunque utilicemos términos distintos para describirlo. Como tecnólogo, siempre me he inspirado en las dinámicas de las redes entre iguales y en los proyectos de software libre. Todo esto influyó en la creación del  comunismo riesgo.  Dado que ya teníamos TCP/IP y demás para distribuir bienes inmateriales, me propuse crear un protocolo apto para la producción y distribución de bienes físicos. Internet es una plataforma muy eficaz para compartir, distribuir y crear riqueza inmaterial colectiva y para ayudarnos en nuestro afán de ser productores independientes basados en este procomún colectivo.

Henry George

El objetivo del comunismo riesgo es seguir el mismo patrón con la riqueza material. Tiene influencia de muchas tradiciones, y no sólo de la tradición anarco-comunista. Uno es el ideal georgita de utilizar las rentas económicas como base fundamental de la distribución mutua de riquezas. En términos sencillos, esto significa que podemos distribuir las rentas pasivas. Bajo esto concepto, los trabajadores, además de obtener ingresos mediante la producción de bienes, agregan rentas por ser dueños de los medios de producción, por ser dueños de activos productivos.

Vivimos en una sociedad desigual porque tenemos una distribución desigual de activos productivos. Incluso si hablamos del movimiento cooperativo  —que siempre he admirado y que siempre he utilizado como ejemplo a seguir— es evidente que la distribución de activos productivos también es desigual. Lo mismo pasa en otros tipos de producción; si nos fijamos en la influencia social de los trabajadores del sector de la tecnología en contraposición a la de los trabajadores del sector agrícola, es evidente que el colectivo de trabajadores del sector tecnológico tiene mucho más peso e influencia que el de los trabajadores agrónomos. Hay desigualdad en el capital y en los recursos humanos de estas cooperativas. Este protocolo busca normalizar estas desigualdades sin necesidad de administración externa.

Silvio Gesell

La reacción típica del comunismo de Estado ante el movimiento cooperativo es decir que las cooperativas se explotarían y se excluirían mutuamente. La solución pasa por crear cooperativas gigantes, como Mondragón, o Estados socialistas; pero entonces, como hemos visto a lo largo de la historia, surge algo llamado la clase administrativa, y esa clase administrativa que gobierna el conjunto de cooperativas de un Estado socialista se puede convertir en algo tan contraproducente y explotador como la propia clase capitalista. ¿Cómo creamos reciprocidad entre cooperativas y distribuimos sus ganancias sin engendrar una clase administrativa? Para esto me he inspirado en las teorías de Henry George y Silvio Gesell respecto a la idea de compartir las rentas.

El concepto es que las cooperativas seguirían siendo independientes, igual que las cooperativas de hoy en día. Serían productores independientes pero, en vez de ser dueños de sus propios bienes productivos, cada miembro de la cooperativa sería copropietario de estos bienes, junto a todos los demás miembros de todas las demás cooperativas enmarcadas dentro de Federación. Las cooperativas arrendan la propiedad de la comuna colectivamente. Esto se lleva a cabo a través de un protocolo, que no una estructura administrativa. Si la cooperativa requiere un activo como, por ejemplo, un tractor, la comuna central entra en funcionamiento como una especie de mercado de bonos. El planteamiento del bono sería: “Necesitamos un tractor y estamos dispuestos a pagar 200 dólares al mes por él en concepto de rentas”, y los demás miembros de la cooperativa pueden decir: “Sí, nos parece buena idea, es una buena distribución de estos bienes productivos y vamos a comprar estos bonos.” La comuna aprueba la venta de bonos, la cooperativa se lleva el tractor y el dinero generado por las rentas de éste se reinvierte en saldar los bonos.

Una vez recuperada la inversión, cualquier otro ingreso percibido por la renta del tractor, junto a todas las demás rentas acumuladas, se distribuye de manera equitativa entre todos los trabajadores, no sólo los trabajadores la cooperativa que lo ha pedido. Esto no se limita a tractores, podríamos decir lo mismo sobre edificios, tierras o cualquier otro activo productivo. Esto supone que todos los ingresos pasivos, es decir aquella porción de ganancias derivada de la propiedad de bienes productivos, se distribuyen proporcionalmente entre todas las partes interesadas dentro de todas las cooperativas. Y ese es el protocolo básico del comunismo riesgo.

Michel: Dmytri, quiero asegurarme de haberte entendido bien, y que también te hayan entendido los oyentes. Es como una renta básica ¿no? Tienes un salario por estar trabajando pero, adicionalmente, obtienes rentas de todas las fuerzas productivas que son propiedad común de todos los miembros de esta cooperativa productiva unificada.

Dmytri: Exacto, pagas una renta sobre los activos productivos que utilizas, esa renta se divide equitativamente entre todos los miembros de la comuna, no entre las cooperativas independientes sino entre toda la comuna. Esto supone que si utilizas la cantidad exacta per cápita de tu acción en estas propiedades, ni más ni menos, la cantidad que pagas en concepto de renta y lo que recibes como dividendo social será exactamente igual. Si eres un trabajador normal esto tendrá un funcionamiento previsible y constante pero, si ya no trabajas tanto —o bien por la edad o porque estás desempleado— utilizarás muchos menos bienes productivos que la persona media. En este último caso, recibirás mucho más en concepto de dividendos que lo que pagas por renta y, en ese sentido, sí es una especie de renta básica. Por el contrario, si eres un productor súper motivado y estás expandiendo tu capacidad productiva, entonces la cantidad que pagas por los activos productivos será mucho más alta de lo que recibes como dividendos, aunque, como has apuntado, también obtienes ingresos de la aplicación productiva de esa propiedad. El comunismo riesgo no busca controlar el producto de las cooperativas. El producto de las cooperativas es totalmente suyo para utilizar como quieran. No busca limitar el control o contabilizar o ni siquiera decirles cómo tienen que distribuir el producto o bajo qué condiciones. Lo que producen es totalmente suyo, se limita exclusivamente a la gestión colectiva del procomún de activos productivos.

Michel: Dmytri, según recuerdo tu teoría consta de tres elementos constitutivos. Uno es el comunismo riesgo, ¿cuáles son los otros dos? Y, quizás, puedas hablarnos un poco sobre la licencia de producción entre iguales que he mencionado al principio.

Dmytri: Cómo no. Esta primera parte, la del comunismo riesgo, surge como reacción a las teorías de Benkler, mientras que la licencia de producción entre iguales se basa… bueno no es que se base en ello, ya data de antes, pero dentro de los parámetros de esta conversación se basa en mi crítica de Lessig. Las tres partes constituyentes del comunismo riesgo se han desarrollado mediante muchas conversaciones con gente que trabaja en cooperativas, economistas y demás. Como concepto creemos que funcionaría, el problema es que asume que ya poseemos el capital que queremos distribuir, pero esto no se corresponde con la realidad de la mayoría de los trabajadores del mundo. ¿Cómo cambiar esto? Llegados aquí, el comunismo riesgo se convierte en un paraguas donde el propio comunismo riesgo solo es uno de los tres elementos constituyentes. Los otros dos serían la contra-política y las finanzas insurreccionalistas. 

El concepto de “contra-política” proviene de un conflicto omnipresente en las comunidades socialistas y comunistas, y también dentro de cualquier comunidad activista: ¿Expresamos nuestro activismo través del Estado o intentamos lograr nuestros objetivos a través de una sociedad alternativa?

Michel: Política prefigurativa…

Dmytri Kleiner

Dmytri: Política prefigurativa en contraposición a la política estatal. La contra-política pretende demostrar que esto es un dilema falso ya que el concepto de política pre figurativa presupone la posesión de un capital con el que crear estas empresas prefigurativas o cooperativistas, start-ups, etc. Como materialista opino que, si vendes tu labor en el mercado, lo único que obtendrás a cambio será suficiente para subsistir y poco más. Por tanto ¿de dónde vas a sacar el capital para crear una empresa? Creo que el único motivo por el que disfrutamos de un excedente salarial que sobrepasa la mera subsistencia es gracias a la lucha social organizada y la lucha política. Nos hemos organizado en el movimiento laborista, en el movimiento cooperativo y en otros foros sociales para luchar por estos derechos. Gracias a esto disfrutamos de ingresos que van más allá de la subsistencia y nos dan la opción de plantear alternativas prefigurativas. Crear un espacio para la política prefigurativa presupone lidiar con el Estado y luchar tanto en el parlamento como en los foros públicos y sociales.

Mi propuesta contra-política no tiene que ver con el ideal clásico leninista de apropiarse del Estado para imponer nuevas relaciones sociales desde arriba y pasar por un Estado intermediario de socialismo hasta, finalmente, lograr el comunismo. Es un concepto muy problemático y creo que ese tipo de soluciones no funcionan. Pero si nos planteamos nuestra mediación con el Estado como una forma de proteger la posibilidad de tener sociedades alternativas y proteger los beneficios que hemos logrado hasta ahora; es decir, los servicios, bienes y beneficios públicos; tenemos que admitir que el Estado provee una serie de funciones sociales que son necesarias y no podemos librarnos de ellas. En lo que a estos servicios se refiere, sólo nos libraremos del Estado cuando tengamos nuevas cooperativas distribuidas y nuevas formas de proveer estos servicios. La capacidad de concebir la existencia de estas cooperativas no las convierte automáticamente en realidad. Sólo podremos librarnos del Estado cuando estas alternativas ya estén funcionando. Por tanto, necesitamos alternativas para proporcionar cosas como la educación, el cuidado infantil, la sanidad y estar prevenidos ante los errores humanos y los ciclos económicos; todas esas funciones sociales de las que ahora se encarga el Estado y que son socialmente necesarias.

Michel: ¿Qué nos dices de las finanzas insurreccionalistas, tu tercera propuesta?

Dmytri: En la comunidad activista existe una especialización un poco extraña llamada “economía alternativa” que, según qué grupo de activistas, merece el mismo respeto que las teorías conspiratorias. Son muchos los que opinan que las monedas sociales y otras alternativas son irrelevantes en el contexto de la problemática social. Las finanzas insurreccionalistas van más allá del análisis de la creación y distribución del capital para incluir un aspecto esencial: la intensidad con la que lo empleamos. Tenemos que estudiar el papel del dinero, el papel de la deuda, el papel de las interacciones económicas y modelarlos para utilizar el capital de forma más intensiva. Cualquiera que tenga nociones básicas de economía capitalista sabe que la cantidad de dinero que hay en la economía se expande a través de instrumentos financieros como los préstamos, las valores y otros estratagemas con los que el capital y, en concreto, el capital financiero, aumenta su rendimiento mercantil por encima de la norma y, a menudo, con consecuencias desastrosas.

No estoy proponiendo que el momento cooperativo se adhiera a ese desenfreno especulador y de derivados que desencadenó la crisis financiera, pero tenemos que ir más allá de esta situación de “gasto lo que gano”. Tenemos que encontrar formas de crear liquidez, de superar los ciclos económicos y, para lograrlo, tendremos que usar la economía alternativa. A veces ni siquiera se trata de economía alternativa en la acepción típica de la palabra; paradójicamente me he inspirado mucho en gente como Michael Milken y los magnates ladrones de los 80,  que son famosos por sus…

Michel: Bonos basura.

Dmytri: [Risas] Por los bonos basura, exacto. También fueron el espejo financiero de la desindustrialización de occidente. El procedimiento consistía en emitir bonos basura, es decir bonos de baja calificación crediticia, y utilizarlos para comprar empresas infravaloradas y, en esencia, despojarles de los activos, ya fueran tierras o capital. Las arrasaban por completo y las cerraban; entonces vendían los activos, repagaban las acciones y se quedaban con unos beneficios desmesurados. Acto seguido, repetían el procedimiento.

Michael Milken,el rey de los bonos basura

Me parece fascinante… por una parte hicieron algo horrible con consecuencias muy graves. Pero, por otra parte es inspirador, porque lograron los objetivos que la izquierda organizada jamás ha alcanzado: apropiarse de los medios de producción industrial. Me parece que deberíamos tomarlo como inspiración y plantearnos que, bueno, si ellos fueron capaces de apropiarse de estas instalaciones industriales para desplumarlas y quedarse con sus bienes, ¿por qué no podemos apropiarnos nosotros de ellas y mutualizarlas? La gran ironía es que Milken y su estirpe se financiaron echando mano de los fondos de pensión de los trabajadores, esos mismos ahorros que obtuvieron gracias a la lucha social. Los sindicatos se enfrentaron a los patrones para que los trabajadores pudieran ahorrar —toda una reivindicación en sí misma—  y guardar esos ahorros en fondos de pensión… para que Milken y los suyos vendieran sus fondos de pensiones y utilizasen ese dinero para desguazar las fábricas donde estaban trabajando.

Michel: Pasamos la palabra John por si quiere aportar algo en relación a las ideas de Dmytri.

John: Sí, se me ocurren varias cosas. Creo que el comunismo riesgo, o cualquier modelo para agregar fondos basado en la captura de rentas, es un proyecto muy sugerente. Ya se están empleando modelos muy similares en algunas cooperativas que comparten maquinaria. Por ejemplo, en Quebec existe un tipo de cooperativa que permite que los productores pequeños y medianos agreguen capital para comprar maquinaría y utilizarla mutuamente. No sigue el mismo procedimiento descrito por Dmytri y creo que todo el apartado de emisión de bonos es muy interesante y me encantaría verlo en acción. No se trata solo de compartir maquinaria, sino también de compartir servicios y crear fondos de crédito agregados para prestarse mutuamente e invertir en sus granjas y negocios. Sería muy interesante introducirlo dentro de ese contexto para ver cómo lo pondrían en práctica. Dmytri también ha hablado de minimizar la preponderancia de la clase gestora en estos sistemas. Esto varía según qué cooperativa y qué federación pero, en general, los modelos de organización con los que se gestionan estos fondos de capital y material común son, comparativamente, bastante más líquidos de lo normal. También exigen más responsabilidades a la junta directiva que representa los intereses de los miembros de la cooperativa.

La segunda observación tiene que ver con la tensión que hay en la izquierda, o dentro del activismo en general, entorno a cómo relacionarse con el mercado y con el capital. Me he topado con esto en numerosas ocasiones dentro del activismo social y hay gente que se echa atrás de inmediato en cuanto les propones plantear una estrategia para el capital y los mercados. Creo que es una de las cosas más importantes que he aprendido del cooperativismo, porque yo antes pensaba igual. Fui activista y educador social durante muchos años hasta que, poco antes de llegar a la cuarentena,  empecé a comprender qué eran las cooperativas y por qué eran tan importantes. Esta toma de contacto con el cooperativismo me hizo replantear por completo todos mis conceptos sobre economía, el capital y el mercado.

Antes, y al igual que mucha gente, creía que la economía era básicamente una disciplina “vendida” que solo servía a los intereses de las élites existentes. Más adelante, al comprender que las cooperativas representaban un modelo económico más acorde con las necesidades del pueblo, cambié de opinión por completo en lo que al mercado se refiere dentro del contexto del cambio social.

Una de las cosas más importantes que podemos hacer es recapturar y reinterpretar el concepto de capital y mercado para enfocarlos hacia el bien común.  A eso se dedican las cooperativas y otros sistemas similares: reclaman el mercado y me parece una tarea fundamental en la educación y propugnación de un ideario social que va más allá de la política y la mera protesta. Debemos replantearnos y reclamar la economía para crear modelos de mercado que pertenezcan a la comunidad y al pueblo, y no solo a las corporaciones. Históricamente, el mercado siempre ha sido mucho más que una propiedad corporativa y el concepto de capital iba más allá de la  acumulación de riquezas para las grandes fortunas. El capital puede ser capital para el bien común, y lo mismo podría decirse de los mercados. Necesitamos encontrar formas y modelos para llevar ese ideal a la práctica. Eso es lo que propone el movimiento P2P, es lo que propone el movimiento cooperativista, ahora tenemos que encontrar formas de conjugar a ambos.

Dmytri: Totalmente de acuerdo.

Janice Figueredo, investigadora de FLOKSociety

Michel: Yo también, y creo esto nos da pie a expresar ciertas conclusiones. Querría hacer referencia al proyecto aquí en Ecuador. Hay muchos países que cuentan con ministerios de economía social o de economía de solidaria que sólo actúan como agentes marginales. Lo que estamos planteando es convertir la economía social en algo super-productivo,  super-competitivo  super-cooperativo. Paradójicamente, y como ya sabéis, el gran capital está invirtiendo grandes cantidades de dinero en iniciativas de producción P2P, mientras que las cooperativas se quedan cruzadas de brazos, esto es lo que queremos cambiar. El proyecto FLOKSociety, aquí en Ecuador, propone una reorganización estratégica para que que la economía social juegue un papel fundamental, en vez de funcionar como un mero añadido al paradigma neoliberal existente. Para finalizar, quiero decir que la Fundación P2P tiene una cooperativa propia que podría funcionar como incubadora para las propuestas de Dmytri. Espero que no estuvieran borrachos al decirlo, pero tanto John como Dmytri se han comprometido a colaborar con este proyecto. KMO no sé si tendrás alguna pregunta creo que estamos llegando al final de nuestro tiempo.

KMO, presentador del C-Realm Podcast

KMO: [Risas] Efectivamente, hemos llegado a final del tiempo establecido. He estado tomando apuntes y tengo muchas preguntas.  Pero creo que lo mejor será entrevistaros individualmente en el futuro cercano para continuar el diálogo.

Michel: Sé que ha sido una charla muy densa y pido disculpas a tus oyentes. ¡Esperemos que no se hayan dormido! …Pero estamos hablando del ADN de un sistema estratégico, por eso creo que es importante haber tenido ocasión de conversar juntos y comparar nuestras perspectivas.

KMO: Ha sido un placer poder formar parte de ello y tengo muchas ganas de volver a escucharlo, porque esto es una mina de información. Dmytri Kleiner, Michel Bauwens, John Restakis, gracias por vuestra labor y por haber participado en el C-Realm Podcast.

Michel: También quiero dar las gracias a Bethany Horne, por facilitar este encuentro y a Clara Robayo de Radialistas.net 

Agradecimientos a Gregorio Abascal y Juan Domingo Sánchez Estop por su ayuda en esta traducción.


Guerrilla Translation/Relacionado:¿Qué es el P2P?Michel Bauwens¿Qué es el procomún?Helene Finidori Gemeingüeter Germany“La misión de la Web 2.0 es destruir el aspecto P2P de Internet”Dmytri Kleiner


N.de.T.

1. [Venture Communism en el original, juego de palabras (y por admisión del propio Kleiner, como explica más adelante en la entrevista) sobre Venture Capitalism o “Capital Riesgo”]

2. [“Creative Anti-procomún” juego de palabras con el nombre de la licencia Creative Commons.]

Occupy, la deuda y los límites históricos del capitalismo

Arthur de Grave y Benjamin Tincq entrevistan a David Graeber

Es ineludible pagar las deudas contraídas… ¿no es así? David Graeber, antropólogo y figura destacada dentro del movimiento Occupy, cree que es hora de cuestionar la validez de este planteamiento moral. Graeber propone una nueva perspectiva sobre la deuda y recupera el concepto del jubileo de la deuda.

Conocido –a su pesar– como “antropólogo anarquista”, David Graeber fue uno de los primeros partícipes de Occupy Wall Street, donde creó el proyecto de Strike Debt (Tacha la Deuda), descrito por la revista Shareable como “el primer rescate financiero P2P”. Desde entonces se ha unido a la facultad de antropología de la London School of Economics. ¿Has oído hablar de los “curros inútiles”? Graeber acuñó el término en un artículo que se ha vuelto viral en las últimas semanas, y que se ha traducido a más de 14 idiomas.

En su libro “En deuda: Una historia alternativa de la economía”, Graeber analiza los fundamentos básicos del sistema económico actual, basado en la deuda y el crédito, y presenta un análisis tan perturbador como influyente en la red. Al igual que Charles Eisenstein, Graeber está redefiniendo nuestras nociones sobre el capitalismo, la deuda y el dinero, y proponiendo alternativas para un sistema mejor.

La mayoría de los economistas creen que los sistemas económicos de la antigüedad se basaban en el trueque. Tú, sin embargo, argumentas lo contrario.

¡Exactamente! Todo el mundo conoce el relato del trueque primitivo. La primera persona en divulgarlo fue Adam Smith. Tampoco le podemos echar la culpa, dado que por aquella época no contaba con ningún tipo de información etnográfica fiable sobre las dinámicas sociales y monetarias de estas sociedades. Sus teorías sobre el trueque y el intercambio directo estaban basadas en sus propias deducciones: la gente llamaba la puerta del vecino y decía: “Te voy a dar veinte gallinas a cambio de esa vaca, diez cabezas de flecha por ese arado…”. Evidentemente, en una economía como la que describe Smith, no tardarías en toparte con un gran problema: ¿qué pasa si nadie quiere tus gallinas? Así, transacción tras transacción, el dinero emergió gradualmente para resolver ese problema de falta de liquidez.

Es un cuento muy bonito pero tiene un problema: ¡es totalmente falso! Asume que las comunidades tienden a comerciar con lo que los economistas han dado en llamar “transacciones inmediatas” y entre desconocidos. No hay ningún tipo de crédito. Al examinarlo detenidamente veremos que es absurdo: digamos que tu vecino tiene una vaca que necesitas para un festín mientras que tú no tienes nada que ofrecerle… en ese momento. Pero bueno, dado que es tu vecino, lo más lógico es que tarde o temprano tengas algo que le sea de utilidad. Ahora todos sabemos que le debes algo, y puede que regrese un año más tarde para reclamarte una vaca, o incluso pedirte que tu hija se case con su hijo. De hecho, te podría pedir cualquier cosa y existen muchos motivos por los que al vecino le conviene que estés endeudado con él. Lo que encontramos en estas comunidades pequeñas son series de deudas informales. Distintos tipos de deuda y jerarquías de favores. Lo único que no vas a encontrar es un equivalente matemático exacto y esto último es lo que caracteriza al dinero.

 El trueque normalmente surge cuando se agota el dinero en comunidades acostumbradas a utilizar dinero en metálico.

Graeber

David Graeber

En conclusión, el problema no tiene que ver con que el dinero proceda del trueque, dado que el trueque normalmente tiene lugar entre personas que jamás volverán a verse. El quid de la cuestión es: ¿por qué tipo de proceso se empiezan a cuantificar estas series de deudas informales? ¿En qué contexto empiezan las personas a realizar cálculos matemáticos para obtener equivalencias perfectas? En situaciones potencialmente violentas. Imagínate una pelea de bar donde le cortan la oreja a alguien. Los códigos de conducta de las sociedades pre-estatales a menudo contaban con plazos y condiciones muy detalladas para el pago de multas por haber roto una nariz, cortado una oreja, herido una pierna, etc. En estos casos las multas impiden que se cometan otros actos violentos. Es un contexto en el que la gente exige exactamente lo que se le debe. Si alguien mata a tu hermano y no tienes muchas ganas de perdonarle, el código legal dice que te debe veinticinco vacas, pero puede darse el caso de que no tenga suficientes vacas para pagarte. Llegados aquí, vas a exigir un equivalente exacto con el que empezar a hacer cálculos.

Históricamente hablando, así es como creemos que emergió el dinero. El mito tradicional es falso: de hecho, en los primeros recuentos históricos sobre sistemas monetarios complejos de la antigua Mesopotamia, lo que hallamos es un sistema de crédito. Los sumerios no tenían balanzas lo suficientemente precisas como para pesar pequeñas cantidades de dinero; nadie llegaba al mercado con pepitas de metal. El crédito era lo más habitual dentro de las transacciones normales. El trueque normalmente surge cuando se agota el dinero en comunidades acostumbradas a utilizar dinero en metálico. La Rusia de los años noventa es buen ejemplo de ello.

En tu libro también dices que todas las revoluciones y movimientos sociales de la historia surgen a raíz de la deuda. Lo primero que hacían era destruir cualquier registro sobre la deuda. ¿Crees que estamos en una situación similar ahora mismo?

La verdad es que sí. Moses Finley dice que, desde la antigüedad, hay una demanda revolucionaria que es constante: cancelar la deuda y redistribuir las tierras. La página de We are the 99% llevó a cabo un estudio y esas eran las demandas más generalizadas. Ya no se trata tanto de exigencias radicales de autogestión o dignidad laboral, sino de la cancelación de las deudas y la devolución de los mecanismos básicos de sustento. Es como si la deuda hiciera las veces de foco moral para una rebelión, un foco con implicaciones radicales y capaz de movilizar coaliciones que no existirían en otras circunstancias.

Por un lado, la ideología de la deuda es una de las herramientas más poderosas jamás creadas para justificar situaciones de desigualdad exorbitante y, no sólo se les da un tamiz moralmente aceptable, sino que además hacen creer que la víctima tiene la culpa. Pero cuando todo estalle, estallará a lo grande. Ha ocurrido una y otra vez en la historia de la humanidad, y creo que este es uno de los aspectos más extraordinarios de Occupy Wall Street.

Por un lado, la ideología de la deuda es una de las herramientas más poderosas jamás creadas para justificar situaciones de desigualdad exorbitante y, no sólo se les da un tamiz moralmente aceptable, sino que además hacen creer que la víctima tiene la culpa.

Los estudiantes son uno de los colectivos más grandes dentro del movimiento y lo que vienen a decir es: “somos los niños buenos, pedimos un préstamo y estudiamos mucho para entrar en la universidad. Hemos seguido las reglas. Y aquí estamos. Pero  a nosotros no nos han rescatado. Por el contrario, los banqueros –los que nos han traicionado y mentido, además de destruir la economía mundial– se han beneficiado de un rescate gubernamental, mientras que nosotros vamos a pasar el resto nuestras vidas escuchando que somos una banda de vagos irresponsables porque les debemos dinero. ¡Eso no tiene ningún sentido!”

Más interesante aún es que hace 40 años ni un obrero ni un funcionario del transporte público se hubiesen hecho eco de los problemas de un estudiante universitario endeudado. Pero hace dos años comprobamos que la clase obrera apoyó a Occupy de forma masiva. Eso sólo se puede comprender entendiendo el poder que ejerce la deuda y el tipo de indignación que es capaz de suscitar. Facilita alianzas de clase que no habrían existido de otra manera. Tras el 2008, los ciudadanos estadounidenses se esforzaron al máximo por dejar atrás la deuda, pero hay dos categorías de deudas inextricables: los préstamos estudiantiles y las hipotecas basura. Tanto los estudiantes como los pobres de la clase obrera se encontraron en una situación relativamente parecida, y por eso formaron estos lazos de unión dentro del movimiento. ¡Así de poderosa es la deuda!

En la antigüedad, si no podías devolver una deuda podían forzarte a vender a tus hijos e hijas como esclavos. ¿Está esto relacionado con tu artículo sobre los “curros inútiles”?

Si alguien te contratara para lanzar una piedra por encima de un muro para, acto seguido, ir al lado contrario para tirarla de vuelta, y así durante todo el día, nos parecería absurdo. Pues resulta que casi todos nuestros trabajos son igual de inútiles. Cuando escribí el artículo sobre los “curros inútiles” estaba hablando hipotéticamente. Yo no trabajo en el sector corporativo pero cuando hablo con gente de ese sector les veo muy agobiados y de forma muy específica. ¡Pregúntale a cualquier abogado corporativo sobre su contribución a la sociedad! Parece que hay un tipo de trauma moral muy específico como consecuencia de tener un empleo que, en el fondo, sabes que ni siquiera debería existir. Hay millones y millones de personas atrapadas en esta situación. Curiosamente, me recuerda un poco al tipo de trabajos obligatorios e inútiles que se inventaban en la Unión Soviética –justo lo que, en teoría, jamás debería ocurrir en el capitalismo. Pero, aun así, se han inventado todos esos trabajos que ni siquiera deberían existir y la gente que los desempeña es plenamente consciente de ello.

En The Economist se ha criticado tu hipótesis.  Según ellos, estos trabajos sólo existen para gestionar la creciente complejidad de la economía global. ¿Cómo respondes a eso?

Mi respuesta es muy sencilla. Hay un ejemplo perfecto para contradecir su argumento: las universidades. Están añadiendo cada vez más cargos administrativos. Más decanos asistentes, más asesores de publicidad, etcétera. Si lo comparamos con cómo estaban las cosas hace 40 años, ahora tenemos cuatro veces esa cantidad de puestos administrativos. ¿Acaso la enseñanza es cuatro veces más complicada que antes? La producción no se ha vuelto más complicada, solamente hemos añadido más capas para repartir el botín. Estos trabajos inútiles son, en esencia, un tipo de renta: distribuimos parte de los beneficios de la extracción financiera a un grupo social que recibe un salario a cambio de aparentar que anda muy ocupado.

Una de las soluciones que propones es la organización de un jubileo de la deuda. ¿Cómo lograrlo en términos prácticos? ¿Cómo construir un nuevo sistema sin caer en los mismos errores?  

DebtCuando hablo de un jubileo de la deuda, lo veo más bien como una limpieza conceptual, no una solución práctica. Si nos damos cuenta de que el dinero no es más que un acuerdo social, podemos hacerlo desaparecer o volver a crearlo, hacer lo que nos dé la gana con él. Evidentemente, nadie elimina completamente todas las deudas. Siempre hay mecanismos que deben permanecer activos. Pero no me cabe la menor duda de que hay economistas profesionales capaces de proponer estrategias factibles: gente como Michael Hudson y Steve Keen ya han propuesto modelos concretos.

Evidentemente, tendríamos que mantener las pensiones. Uno de los aspectos más pérfidos del neoliberalismo es que coacciona a la gente a ser cómplice del sistema debido a la privatización de los fondos de pensiones. Tenemos que regresar al sistema de pensiones públicas. Pero eso son detalles técnicos que creo que podemos solventar si tenemos a la gente apropiada trabajando en ello. Los problemas económicos no son tan difíciles de resolver, aunque no se puede decir lo mismo de los políticos.

Si hablas con gente sincera de la clase dominante, verás que saben perfectamente que tarde o temprano habrá algún tipo de cancelación de la deuda. No hay manera de evitarlo.

Si hablas con gente sincera de la clase dominante, verás que saben perfectamente que tarde o temprano habrá algún tipo de cancelación de la deuda. No hay manera de evitarlo. La pregunta es: ¿cómo se va a realizar? ¿Será de forma honesta, donde los gobernantes admiten que van a cancelar las deudas, o van a encontrar alguna forma de ingeniárselas para volver a engañarnos? A lo largo de la historia hemos visto ejemplos de ambos. En la antigua Mesopotamia las cancelaciones de la deuda se empleaban a menudo para evitar estallidos sociales y preservar las estructuras básicas de la autoridad. Pero no olvidemos que la democracia griega y la República romana también fueron resultado de la quita de deudas. Es crucial que, en vez de discutir sobre si va a haber una cancelación de la deuda o no, hablemos sobre cómo va a llevarse a cabo.

En mi opinión, no hay manera de mantener el sistema financiero existente sin socavar los principios básicos del capitalismo. Creo que el capitalismo ha llegado a los límites de su potencial histórico. Lo único que me preocupa es que el siguiente sistema sea aún peor.

¿Crees que la descentralización del proceso de creación de dinero sería un buen punto de partida?

Ya hay mucha gente experimentando con monedas sociales y complementarias y veo en ello mucho potencial. Está claro que no es la única solución, pero me parece un elemento esencial dentro de cualquier solución. Antes de descartar el dinero por completo, creo que habría que experimentar con nuevos tipos de dinero. Jamás nos libraremos de él por completo. Pero si el dinero, en esencia, no es más que un cupón de racionamiento, creo que es preferible racionar lo menos posible y, como poco, eliminar el dinero en ciertos aspectos de la vida.

Pero el dinero está tan enraizado en nuestros cerebros…

La gente adopta distintas formas de dinero cuando no les queda otra: si el sistema monetario existente colapsa, hay que hacer algo. En épocas de quiebra económica puede pasar cualquier cosa.

A todo esto, ¿qué te parece la idea de una renta básica universal e incondicional para toda la ciudadanía?

La idea esencial detrás de la renta básica es que, dado que todos estamos produciendo valor constantemente, se vuelve necesario desligar el concepto de productividad del lugar de trabajo. Si proporcionas una renta básica emites un mensaje muy poderoso: nadie se quiere quedar ahí sentado sin dar palo al agua; confiamos en que busques una actividad provechosa. Este concepto del trabajo como algo moralmente intocable es una de las herramientas más detestables que ostenta el poder, y no hace sino agravar el fenómeno de los curros inútiles.

La verdad, es que el capitalismo ya ni siquiera se justifica a sí mismo. Se supone que es un sistema que mejora la calidad de vida de los pobres, haciendo que las desigualdades sean aceptables. Pero ya no es así. Se supone que produce más seguridad. Pero tampoco es así. Se supone que fomenta la democracia. Pero esto ya no ocurre. Todas las justificaciones positivas clásicas ya no son pertinentes. Ya sólo quedan los argumentos morales: que trabajar es bueno y que las deudas hay que pagarlas, no hay alternativa. Hemos llegado a un punto en el que estos argumentos sólo conducen a la autodestrucción del sistema. El barco se está hundiendo por sobrecarga de trabajo y de deuda.

Has estado muy activo en Occupy Wall Street desde sus principios. En su reciente libro ‘Swarmwise’, Rick Falkvinge compara el Partido Pirata [sueco] a Occupy. Una de las mayores diferencias que señala es que no tenéis ni líderes ni demandas específicas. ¿Cómo obtener resultados sustanciales con un liderazgo totalmente descentralizado?

Pero si en Occupy teníamos muchísimos líderes: ¡más de 100.000! La verdad es que todo depende de la estrategia. Tenemos una estrategia a largo plazo: estamos intentando transformar la cultura política. Para lograrlo, hay que crear nuevas instituciones, nuevos hábitos y nuevas sensibilidades. Esto es un objetivo ya ambicioso de por sí. Pero también supone dejar de centrarse en resultados concretos e inmediatos (aunque esto no excluye que no los alcancemos por el camino). De hecho, apostamos por una estrategia basada en deslegitimizar.

Me gusta utilizar la analogía de Argentina: lo que acabó con el reino del FMI en Latinoamérica fue el impago argentino. Antes de que el gobierno de Kirchner llegara al poder, se sucedieron tres gobiernos distintos, cada uno de ellos derrocados por levantamientos populares. El propio Kirchner tampoco era un radical, sino un socialdemócrata bastante apaciguado. Pero tuvo que hacer algo radical porque el movimiento social deslegitimizó por completo a toda la clase política. La gente empezó a organizarse y a crear su propia economía alternativa. Es un ejemplo perfecto de no necesitar la clase política para nada pero, aun así, seguir obteniendo resultados políticos.

Llegó un punto en el que los políticos eran tan odiados por todos que ni siquiera podían ir a un restaurante. Tenían que ir disfrazados o la gente les tiraba comida. Llegados aquí, la clase política no tuvo otra opción sino enfrentarse a la mismísima idea de que las instituciones políticas ya no tenían relevancia alguna en la vida del pueblo. Tuvieron que tomar una decisión radical que no hubieran tomado bajo otras circunstancias. Esta es la estrategia básica que estamos siguiendo con Occupy: en vez de impulsar candidatos y hacer reivindicaciones, estamos creando un sistema político propio capaz de funcionar sin políticos y que los políticos nos demuestren que aún tienen algún tipo de utilidad.

En vez de impulsar candidatos y hacer reivindicaciones, estamos creando un sistema político propio capaz de funcionar sin políticos y que los políticos nos demuestren que aún tienen algún tipo de utilidad

Norteamérica ha llegado a un punto de inflexión con Occupy. En Estados Unidos tenemos un largo historial de represión de movimientos sociales pero, históricamente, los movimientos que se han reprimido más violentamente han sido los de la clase obrera o los de personas de color, no los de blancos de clase media… O no sin provocar algún tipo de escándalo por parte de la izquierda moderada y la progresista (pensemos en la época de McCarthy, las protestas estudiantiles de los 60 etc.). Está claro que Occupy fue un movimiento muy diverso, pero también había muchos blancos de clase media y se llevaron sus palizas como todos los demás.

Pero esta vez parece que no le importaba nadie: las alianzas regionales entre los liberales y los radicales están rotas. Por otra parte, creo que hemos logrado más en dos años que cualquier otro movimiento social que se me ocurra en la misma cantidad de tiempo: la idea de clase social y del poder basado en clases ha vuelto a la agenda –a esto se refiere el eslogan “Somos el 99%”– y hemos denunciado la corrupción inherente al sistema político estadounidense. Hemos cambiado el ámbito político: recordemos que, al planear su campaña, Mitt Romney veía su trayectoria financiera de Wall Street como algo positivo… En Nueva York ya estamos empezando a ver las consecuencias políticas: Bill de Blasio, quien tiene toda probabilidad de ser el próximo alcalde, apoya a Occupy. Parece que nuestra estrategia está funcionando después de todo.


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